Redux

Loops, número 1

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 30, 2009

Loops Cover.qxd

Bueno, pues ya he terminado de leer el primer número de Loops, la nueva publicación semestral que es una aventura conjunta del sello Domino y de la magnífica editorial Faber and Faber. Hay una cosa que tengo que decir antes que nada, quizás porque resume mi opinión acerca de este primer número, y es que cuando leí el índice me desilusioné un poco porque había demasiados artículos –una gran mayoría, en realidad- que trataban sobre el pasado. De todos modos, una vez terminada la lectura, he de decir que las reticencias se disiparon simplemente por la alta calidad media de los artículos. Sí que es cierto que sigo echando en falta más artículos que traten la actualidad, algo que puede que remedien en el segundo número en el que ya se anuncia, entre otros contenidos, algo sobre los Dirty Projectors –definitivamente la debilidad del año para gran parte de la prensa musical, y sin embargo un disco al que no le acabo de encontrar la grandeza. Culpa mía, sin duda, seguiré intentándolo.

Un punto claramente a favor es el hecho de que, aunque algunos de los artículos que pensaba que más me iban a gustar al final no me parecieron para tanto me encontré con muchos otros que me sorprendieron muy gratamente. Entre las decepciones destacaría  el artículo de Simon Reynolds sobre bandas sonoras de ciencia ficción, quizás demasiado general aunque reconozco que el tema es complejo y de todos modos aprendí cosas como por ejemplo el origen de la canción que el ordenador HAL 9000 canta mientras está siendo desconectado en 2001: una odisea del espacio.

Luego también tengo sentimientos encontrados acerca de algunos de los mejores artículos que aparecen en este número, como los de Rob Young –sobre el folk y la brujería, en el que de paso cuestiona la autenticidad del folk británico- o el de Amanda Petrusich –sobre los coleccionistas de blues- porque revelan uno de los puntos más controvertidos de Loops, tal y como está planteado en este número, y que no es otro que hay más de uno y de dos artículos que sirven de adelanto a libros que sus autores publicarán sobre los mismos temas en los próximos meses, por supuesto sobre todo en la propia Faber and Faber. Nada que objetar en cuanto a la calidad de algunos de los textos, ya digo, y de hecho me he llevado una gran alegría al enterarme de que Rob Young está escribiendo un libro sobre el folk británico, que seguro será estupendo, y me ha parecido un descubrimiento el enfoque heterodoxo con el que Amanda Petrusich se acerca al mundo de los coleccionistas de blues, empezando porque ella es una chica en un terreno muy masculinizado. Sin embargo,  el adelanto del libro de ficción de Nick Cave, o los descartes del England’s Dreaming Tapes de Jon Savage no están a la altura de lo que sus autores pueden ofrecer, y en este caso sí que me parecen publicidad poco disimulada. En el terreno de los adelantos, también destacaría el original artículo de Geeta Dyal sobre cómo la relación entre Brian Eno y la comida refleja su enfoque de la producción musical y que sirve de adelanto a su esperadísimo libro -que le ha costado años escribir- centrado en el disco Another Green World.

Por lo demás, me gustó mucho la idea del artículo de Matthew Ingram, intentando reivindicar que la crítica de la música electrónica preste más atención y sea más detallista en cuanto a la importancia de los instrumentos empleados. Un auténtico descubrimiento ha sido, por otra parte, la recopilación que se hace del blog de Maggoty Lamb, alias bajo el que se esconde un periodista musical que prefiere mantener el anonimato debido al tema de su blog; retratar, mes a mes, la decadencia de la prensa musical británica. Su blog es fascinante, y tiene un montón de ideas con las que estoy de acuerdo –como por ejemplo cuando explica por qué le parece que los discos de Bon Hiver y Fleet Foxes fueron sobrevalorados en las listas de lo mejor del pasado año. Finalmente, otro artículo destacado es el de Anwyn Crawford, quien muestra su incomodidad ante el enfoque poptimista de críticos como Frank Kogan o Sasha Frere Jones porque, según ella, aunque reivindican los gustos de las adolescentes, ofrecen una imagen de la adolescente muy restrictiva, abriendo una polémica a la que sería interesante que Kogan y Frere Jones contestasen.

El primer número de Loops ofrece un balance muy positivo. Es natural que en los primeros números haya cosas que no nos gusten, pero en cualquier caso sí que se convierte en un refugio para un tipo de escritos que, salvo en The Wire –por cierto, la única publicación que Maggoty Lamb salva de la quema- no tienen sitio en la actual prensa musical y que en las discusiones sobre el estado de la crítica musical siempre son reivindicados como el tipo de cosas que debería publicar una buena revista para contrarrestar el hecho de que Internet le gana por goleada a la hora de seguir la actualidad musical.

Anuncios

Lecturas recomendadas 2009 #4

Posted in hardcore continuum, Uncategorized by Iván Conte on mayo 8, 2009
  • Simon Reynolds, vuelve a hablar del hardcore continuum. Ya sabéis que la polémica del año entre los críticos ingleses es determinar los límites de esa teoría, o decidir si debería tenerlos, y hasta el momento las distintas participaciones no aburren, entre otras cosas porque demuestra que músicas como el jungle, el UK Garage, el grime o el dubstep siguen provocando ideas y discusiones que enriquecen nuestra percepción de estas músicas. Aquí podéis leer la contribución de Martin Clark. Finalmente, en el blog Lwr End Spsm se citan unas palabras escritas acerca del tema por nada menos que Paul Gilroy, uno de los más reputados críticos acerca de la experiencia negra en el Reino Unido, y una auténtica rara avis en el contexto académico al seguir de cerca las músicas creadas por la juventud negra británica. Incluso dedicó un capítulo de uno de sus libros al primer disco de The Streets.Por cierto, no os perdais los comentarios, son una joya si queréis saber algo más sobre el UK Funky.
  • Otra polémica reciente tiene que ver con la opinión negativa de Mark Fisher acerca de Sonic Youth, expresada primero en una crítica en el número 303 de la revista Wire, pero desarrollada con más detalle en esta entrada de su blog. Hombre, Fisher a veces es un poco estalinista, pero su idea es bastante sólida. Él argumenta que Sonic Youth con mejores gustos que discos, aquí un ejemplo:

It seems to me that Sonic Youth’s very long career has been based almost exclusively on their being “people of good taste” – curators, in other words, who can turn a notionally ignorant audience on to cool stuff. I think this is subtly but decisively different from being a portal: a portal is itself intensifying, there is a mutual process of libidinization between the portal and what it opens onto, whereas SY now derive practically all their credibility from gesturing to artists more marginal than them.

  • La respuesta de simon Reynolds es también muy interesante, e incluye otra idea con la que estoy totalmente de acuerdo, de lo cual me alegro porque hacía tiempo que no estaba de acuerdo con sus opiniones.

if Music was just about “good music” I could spend the rest of my life listening to what I’ve already got and what’s already been made that I’ve not got around to hearing… what Music in the capital M sense needs to do is give us new concepts, new sensations, to create both new disagreements and new convergences/communalities…

  • Entrevista a The Caretaker en Fact, repasando la trayectoria del autor de mi segundo disco favorito del año pasado. Atención al link (legal) de descarga de otro de sus trabajos. Me resulta absolutamente imposible resumir en un par de frases lo mucho que me gustan todos los proyectos de este hombre, así que mejor leed la entrevista, y espero que os comunique tantas ideas y emociones como en mi caso sobre cosas tan resbaladizas como los límites de la identidad humana y la percepción del tiempo. Y si no, pues supongo que lo intentaré poner por escrito cuando escuche su próximo disco, que tiene un título estupendo -Sadly, The Future Is No Longer What It Once Was- y será publicado con su nombre real, que es James Leyland Kirby.

Como siempre, si hay algún artículo que os apetezca recomendar, podéis usar los comentarios.

Lecturas recomendadas 2009 #1

Posted in electrónica, hardcore continuum, lecturas recomendadas, wonky by Iván Conte on enero 19, 2009

En la sección de cartas de la Wire -supongo que del mes de febrero, número que todavía no me ha llegado- Joe Muggs ha abierto una interesante discusión que seguro que traerá cola durante bastante tiempo. El origen está en la eufórica crítica que Muggs dedicó al Lord for £39 de Neil Landstrumm en el número de diciembre, cuestionada al mes siguiente por Simon Reynolds en base a que, según él, Muggs tuvo que esforzarse para disimular que el disco en cuestión no es más que un pastiche post-rave.

En su carta -que se puede leer en este hilo del foro dissensus– Muggs apunta a una serie de cuestiones muy interesantes, de entre las cuales me quedo ahora mismo con la conexión entre la vitalidad del wonky y el hecho de que la mayoría de los productores asociados con esta etiqueta no procedan de Londres -lugar desde el que emana toda la música del ‘ardkore continuum, concepto que Muggs aprovecha para cuestionar. Es como sí el cruce de géneros que es el wonky -entre el grime, el dubstep, el hip hop, el funky…- pusiese en crisis una manera de entender la evolución (lineal) de la música electrónica en el Reino Unido en parte capitaneada por Reynolds.

Si echáis un vistazo a mis listas de lo mejor del año pasado, entenderéis que me haya llamado tanto la atención en esta carta; aparte de un buen puñado de singles de wonky entre mis favoritos del 2008, el propio disco de Neil Landstrumm ocupó el cuarto lugar en mi lista de álbumes (¡pero no recibió ni un solo voto entre los lectores!), Flying Lotus el sexto y Zomby el décimo, aunque este último sí que se podría definir como un (descarado) pastiche rave. Ya dije en su momento que aunque el wonky tardó en convencerme, ahora mismo cada vez me gusta más, y el hecho de que todavía sea complicado definirlo y provoque este tipo de debates lo hace todavía más excitante. Habrá que estar muy atentos a cómo contesta Simon Reynolds.

El capitalismo de Kanye West.

Posted in electrónica, hip hop, techno by Iván Conte on octubre 24, 2008

1. Estoy releyendo la reedición de este año del Energy Flash de Simon Reynolds, y me está gustando no solo tanto, sino más que la primera vez, quizás porque la primera vez quedé un poco aturdido por el torrente de nombres, canciones y discos de los que hice una nota mental para investigar en algún momento. Por supuesto, pocas veces me puse a investigar, de ahí que no me quedase más remedio que volver a ventilármelo desde el principio, algo que estoy haciendo, ya digo, con mucho gusto.

El caso es que, leyendo uno de los comentarios a esta entrada sobre el escaso impacto comercial del hip hop  en España, me encontré con una crítica a Kanye West por representar el arribismo cultural y económico. Es una crítica habitual a las grandes estrellas de la música negra, pero es necesario intentar encontrar un contexto para evitar caer en condenas precipitadas y, sobre todo, hechas desde nuestra posición cultural.

Simon Reynolds explica muy bien en su libro el contexto cultural en el que nació el techno detroitiano, y no se diferencia demasiado de la actitud de Kanye:

Atkins, May and Saunderson belonged to a new generation of Detroit area black youth who grew up accustomed to affluence.

(…)

Eddie Fowlkes remembers that kids from the posher West Side of Detroit “were more into slick clothes and cars, ‘cos the West Side kids had more moeny than the kids on the East Side. They had more opportunity to travel, get books, and get things. They were into stuff like Cartier and all the shit they read about in GQ. So you had black kids on teh West Side dressing like GQ, and it all kind of snowballed into a scene, a culture.” According to Jeff Millls (…) American Gigolo was a hugely influential movie on these Euro-fashion-obsessed black youth, just for the chic lifestyle of Richard Gere‘s lead character, his massive wardrobe of scores of shirts and shoes.

Es decir, que el Techno primigenio fue el producto de unos niños bien que lograron impulsar una cultura popular vibrante, capaz al mismo tiempo de articular la alienación provocada por la sociedad hiper-tecnificada glorificada por su sofisticado estilo de vida, como, en una segunda oleada de productores, recolocar sus significantes para terminar siendo una representación musical de la opresión sufrida por la población negra por parte de la propia sociedad capitalista (sobre todo mediante Underground Resistance o Drexciya). Toda música es susceptible de ser apropiada por otra comunidad cultural y adaptada a sus propios objetivos. Por ejemplo, Reynolds también cuenta que en la coda del segundo verano del amor inglés (1988, y parte del 1989) el techno fue integrado en las raves ilegales, y que Derrick May se cabreó mucho al ver que su música se había asociado de esta manera con una cultura en la que el consumo de drogas era un elemento tan destacable. Esta capacidad de la música para ser tan maleable y representar cosas diferentes según quién la usa es la prueba de que no es conveniente condenar a una música porque represente algo con lo que no estamos de acuerdo. Al fin y al cabo, el capital subcultural está en continua circulación y transformación, y a pesar de que entender el contexto ayuda a entender la música, no estamos obligados a comprar “el paquete completo”.

Además, hay que tener en cuenta el siguiente punto:

2. Hablando de los MCs de grime que este año habían conseguido dar el salto al mainstream en el Reino Unido (Wiley, Dizzee Rascal, y ese eterno candidato frustrado que es Kano), Martin Clark decía en su blog lo siguiente:

But, while I don’t think it will probably be their most essential work, I still support the MCs’ right to want that success: just look at where many of them have come from. Think about the message it gives to the entire grime community if everyone of their most visible acts continually fails.

3. Otro aspecto en común entre Kanye West y los pioneros del Detroit Techno es la eurofilia. Se trata de otro elemento que se puede entender como parte de su ostentación de una sofisticación o un estatus económico determinado. Mientras que los segundos flipaban con Kraftwerk o el techno-pop más gélido de las islas británicas (John Foxx, Gary Numan, etc.), Kanye West hace lo propio con Coldplay y Keane. De hecho, es de sobras conocido que Coldplay gusta mucho al público negro estadounidense, no es casualidad que su nuevo single, “Lost”, haya aparecido ahora con una remezcla en la que rapea Jay-Z. Será interesante ver cómo se refleja el gusto de West por los mencionados grupos británicos en su nuevo -y a priori muy controvertido- disco.

Quizás sea simplificar un poco, pero creo que también hay un componente racial muy importante, se puede entender de manera similar el orgullo racial provocado por las victorias de Ali y el triunfo económico de Kanye West; ambos son ejemplos de triunfo en un juego para el que ellos no han escrito las reglas; el boxeo el primero, el capitalismo el segundo.

Todo esto es mucho más complejo, claro. Pero bueno, de alguna manera había que empezar a tirar del hilo.

El futuro, sugerido por el BBC Radiophonic Workshop

Posted in electrónica by Iván Conte on octubre 8, 2008

La recuperación y canonización de obras producidas en el seno del BBC Radiophonic Workshop rivaliza desde hace unos cuantos meses en buena salud e interés con las de pop africano. Dos artículos imprescindibles para orientarse son este de Simon Reynolds, que es una versión mucho más larga de un artículo publicado no hace mucho por The Guardian, y este de Martin Clark en Fact. Precisamente el de Martin Clark tiene una frase que me viene muy bien para volver sobre aquello que decía hace unos días con motivo de la entrevista a Bob Stanley sobre el poder de la música para proyectar visiones del futuro:

If you want to grasp what postmodernity is, compare the original recording of the Dr Who theme with the current version. Nearly fifty years after the theme first appeared, the original still sounds futuristic: chilly yet exhilarating, it resembles Acid House beamed back in time into the living rooms of the early 1960s. The new version, complete with soaring strings, seems older, more conservative, more recognisably ‘musical’. What you can hear in this melancholy comparison is the retreat of modernism from British everyday life, the decline of a popular avant-garde.