Redux

El pop “futurista”

Posted in Uncategorized by Iván Conte on octubre 2, 2008

Bob Stanley habla sobre las cosas (discos, pelis, libros, etc) que más le han gustado en los últimos meses y, curiosamente, escoje el “Paris is Burning” de Ladyhawke, el disco de Sebastien Tellier, y el single “Electric Feel” de MGMT. Coincido en destacar a estos tres nombres entre lo medianamente interesante de los últimos meses, y de hecho es más que probable que los tres aparezcan en alguna de mis listas de lo mejor del año, si las hago. Pero me pasa lo mismo que a él;

Creo que este es un buen momento para el pop electrónico. El único problema, y creo que ha sido mi problema con el pop electrónico desde hace unos años ya, es que no es realmente, genuinamente nuevo. Es muy difícil imaginar cómo sonaría la música en el futuro. Quizás es simplemente que ya tengo una edad, pero siempre das por sentado que la música va a avanzar hacia adelante y que va a sonar “futurista” en el futuro.

Esto de hacerse mayor y sentirse cada vez menos inspirado por las novedades, que cada vez nos parecen menos “innovadoras”, es algo de lo que también habla Derek Walmsley en su editorial para el número de octubre de la revista Wire. Este editorial me ha gustado mucho porque Derek Walmsley explica que es natural que

según absorbes más y más datos al envejecer, es menos probable encontrarse con música que logre dinamitar esas experiencias acumuladas con el tiempo.

Para Walmsley, esto no significa que las “epifanias musicales” dejen de ocurrir, sino que ocurren con menos frecuencia y, de hecho, al final resultan ser más significativas porque se basan en desmontar ideas preconcebidas, asumidas como naturales, sobre la música.

Lo que más me gusta del editorial de Walmsley es que es una llamada a perseverar, a no dejarse vencer por la sensación de que todo ha sido ya dicho antes y mejor. Si uno tiene una intención aventurera a la hora de escuchar música, quizás simplemente solo sea una cuestión de esforzarse un poco más, o de replantearse los límites de nuestro criterio musical. En este sentido, plantearse qué es lo que hace que el pop siga siendo una palabra malsonante me parece un muy buen punto de partida, un hilo del que podría tirar o no, ya veremos.

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Ladyhawke

Posted in Uncategorized by Iván Conte on septiembre 30, 2008

Estos últimos días he estado escuchando el disco de debut de Ladyhawke, al tiempo que me rascaba la cabeza pensando una manera de explicar mis impresiones acerca del mismo. Como parece que me cuesta más de lo normal, creo que lo mejor será simplemente decir en una frase que escucha tras escucha he ido perdiendo el interés por un disco que rinde homenaje a la estética sonora de los ochenta con demasiada fidelidad. El argumento de su autenticidad -aireado en esta entrevista– tampoco me convence, porque al final es la excusa para que el público en principio reticente al pop se anime a decir que le gusta Ladyhawke sin miedo al ridículo. El caso es que, de todos modos, al principio pensaba que su pop “auténtico” quizás podría servir para reivindicar el New Pop tal y como fue definido por gente como Paul Morley a comienzos de los años ochenta para reivindicar que el pop, a pesar de sus superficies brillantes y de aspecto artificial, era tan capaz como el rock de provocar respuestas complejas en el oyente. Pero me temo que para disfrutar de el primer disco de Ladyhawke hay que ser más poptimista que Newpopista, hay que creer más en el poder euforizante de una buena colección de estribillos (de hecho, en este disco los vais a encontrar, “Dusk Till Dawn” a la cabeza) que en la capacidad del pop para expresar, por ejemplo, esa alienación social que sí es muy patente en la entrevista que enlazo más arriba o en cualqueira de los grupos celebrados por Paul Morley en las páginas del NME de la época . No hay nada en este disco que no haya sido previamente asimilado por el público al que va dirigido. Eufóricamente nostálgico, su acumulación de referentes sonoros le convierte en una versión hiperrealista de lo que podría ser un disco de pop en los ochenta. Lo que aquí se celebra es el deseo de conformarse en ser el extremo receptor, como consumidor, de un producto cultural acabado, sin aristas, y bien asimilado por un amplio espectro cultural. De modo que el atractivo (culpable para algunos, con el aliviante plus de la autenticidad para otros) es más o menos el mismo que el que pueden tener emisoras como Kiss FM o M80.

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Kanye West “Love Lockdown”

Posted in Uncategorized by Iván Conte on septiembre 15, 2008

“Love Lockdown” es el single sorpresa con el que Kanye West parece estar tanteando la reacción del público ante la perspectiva de un nuevo disco en el que, según rumores, no rapea en ninguna canción y la referencia estética es Coldplay, algo que al menos se cumple en esta canción, cuya principal característica es el uso  del Auto-Tune, un efecto vocal que acerca el hip hop al pop en el 2008 y que el propio West ya había usado en su aparición en el single “Put On” de Young Jeezy, y que también ha sido empleado recientemente por Lil Wayne pero sobre todo abusado por T-Pain que se ha convertido en uno de los sonidos más característicos del hip hop reciente, emborronando la procedencia humana de las voces, convirtiéndolas en sonidos de expresividad robótica y futurista que en esta canción funcionan muy bien sobre el soporte de una línea de bajo austera y severa, un piano definitivamente muy Coldplay y un ritmo cercano al Nyabinghi que explota en el estribillo y en los segundos finales, que suenan como una sesión de vudú futurista. Las producciones recientes de Kanye West en discos ajenos -sobre todo las que aparecen en el disco de Lil Wayne- me hicieron pensar que West quizás había conseguido una fórmula con la que tirar hacia adelante con el piloto automático -al igual que le ha pasado a Timbaland– pero al menos con esta canción ha dado un volantazo a su carrera que ha avivado de nuevo la expectación en torno a lo que pueda dar de sí en su cuarto disco.

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Montañas fichan por Tres Pies

Posted in Uncategorized by Iván Conte on septiembre 12, 2008

Aprovechando que ya se puede hablar del fichaje de Montañas por parte del sello Tres Pies, subo unas fotos que llevaba tiempo queriendo subir de su último concierto hasta la fecha, en un Víctor Club (¿o es Víctor Bar? ahora mismo no lo recuerdo; Jairo, sáqueme de la duda!!!) llenísimo de gente (bueno, llenísimo no; lo siguiente), en Gijón. Las fotos, hechas por Helena Exquis, creo que dan una buena idea de lo altamente disfrutables que son sus directos. Lo he dicho ya por ahí y a quien me quiera oir: son mi grupo español favorito del año.

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Ladyhawke

Posted in Uncategorized by Iván Conte on septiembre 11, 2008

Parece inevitable el inminente triunfo pop de Ladyhawke, al menos de momento el favor crítico ya se lo ha ganado de manera casi unánime gracias a los singles que han precedido a su disco de debut, a editar en breve. Me ha sorprendido leer esta entrevista en The Guardian, en la que sale retratada como una chica enfermiza, maniática y retraída (¡con síndrome de Asperger!), amante de la música y de las innovaciones tecnológicas en el campo de la producción musical, con un pasado de adolescente que empleaba el acohol como método de socialización… Vaya, un auténtico catálogo de clichés del artista de personalidad problemática tan del gusto del rockismo -con esta descripción parecería que lo suyo es el folk o el rock, casi parece que estemos hablando de Cat Power, por ejemplo- que muy probablemente le permitirá ganarse a ese espectro de público que reacciona con desconfianza ante las personalidades pop con una imagen pública aparentemente brillante y carente de problemas como Rihanna, por ejemplo,o Britney Spears antes de su caída en desgracia, y que también suele ser el mismo tipo de público que rechaza cualquier solista o grupo que salga en el vídeo bailando, de modo que celebrarán el poco interés de Ladyhawke por bailar, a pesar de que la propia Briney Spears ya hiciese gala de la misma desgana en los videoclips de su último y muy atormentado disco. A esto hay que sumarle una estética musical orientada casi exclusivamente a recordar los ochenta de una manera bastante apañada, idealista, hiperrealista en el mismo sentido que Donnie Darko;  parece incluso que Ladyhawke o Richard Kelly -el director de Donnie Darko-, reflejan mejor la década de los ochenta que los artistas en los que se inspiran. Ironías de la producción cultural contemporanea tan dependiente del reciclaje. Más sobre esto otro día, que ahora me tengo que ir a trabajar. Pero, vaya, la canción me parece formidable.

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The Monochrome Set – “Volume, Contrast, Brilliance” (la cara B)

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 23, 2008

Algo que no mencioné al hablar de la cara A de este vinilo es que The Monochrome Set se caracterizan por una formación cambiante en torno a los guitarristas Bid y Lester Square. El primero de origen hindú y el segundo canadiense. Algo que han cuidado siempre ha sido la sección rítmica, ya sea con Jeremy Harrington (bajo) y J. D. Haney (batería), en los inicios, o con Andrew Warren (bajo) a partir de 1980 y Lexington Crane (batería), a partir de 1981 hay que reconocer que la solidez rítmica es una constante, de tal modo que las distintas combinaciones no se hacen notar y, de hecho ese es uno de los aspectos que hacen este disco tan disfrutable a pesar de ser una recopilación de singles y grabaciones en emisoras de radio. Al fin y al cabo, se puede escuchar como un disco más de la banda, pues a pesar de que les muestra probando territorios diferentes, la visión de conjunto que ofrece es lo suficientemente coherente y, sobre todo, consistente, como para aplaudir con entusiasmo la edición –a precio medio- de este vinilo por parte de Cherry Red.
Una vez despachada la impresionante e imprescindible cara A, en la que se suceden sin respiro siete grandes canciones de la banda, hay que decir que la cara B no es tan contundente aunque tampoco se queda muy lejos en cuanto a pegada. No hay esa sobreabundancia de hallazgos melódicos y rítmicos, esa fluidez de paisajes sonoros que servían de escenario ideal a las letras de las canciones de la primera cara. Pero es que el inicio de este disco es absolutamente triunfal, y conseguir que le des la vuelta al vinilo y que la escucha de la cara B no decaiga ya es todo un triunfo.
Y no, insisto, no solo no decae sino que aquí todavía hay bastantes hilos en los que enzarzarse. En primer lugar se trata de canciones con un sonido algo más oscuro, y de hecho las letras ofrecen una visión de la humanidad más lóbrega. Hay varias canciones escritas desde el punto de vista de un personaje desagradable: “Fun for All the Family”, en la que la primera persona de la narración es ni más ni menos que un miembro de la familia real española quejándose a Goya por retratarles demasiado verazmente. Por otra parte, en “Ici Les Enfants” se nos cuenta el apasionado amor de un hombre de mediana edad por un muchacho de 12 años. Estoy seguro de que a más de uno se habrá quedado helado al leer las letras de estas canciones, aunque son totalmente coherentes con el catálogo de cretinos retratados a lo largo de sus primeros discos (es decir; pederastas, dictadores, las clases altas, miembros de la familia real), personajes que tienen en común poseer el poder sobre otro individuo o conjunto de individuos, algo que añade mucha grandeza a estas canciones. Muchas de las canciones aquí recogidas parecen apuntar a una crítica de la hegemonía, aunque es difícil determinar dónde está el límite entre la broma y la crítica, si lo hay, aunque este es un aspecto que hace que la banda sea más atractiva, al evitar la obviedad en sus canciones. Antonio Gramsci describió con detalle cómo la hegemonía es una de las más importantes características de las relaciones humanas en el siglo XX, relación que se hizo más insoportable cuanto más se afianzaba el capitalismo a lomos de la expansión colonial de los países europeos. Si menciono todo esto es porque Bid, recordemos, es de origen indio, y aunque no se trate de un grupo que persiguiese la influencia hindú -¿temporalmente quemada en la época del post-punk tras el abuso que se hizo en los sesenta de su simbología en occidente?- es relevante tener en cuenta su feroz crítica a este tipo de relaciones que Margaret Thatcher convertiría en la filosofía oficial del Reino Unido durante su mandato. A pesar de que las canciones de The Monochrome Set parecen referirse a una época pasada, si se leen las letras de las canciones incluidas en este disco de un tirón se puede obtener un retrato de cierta complejidad acerca de las relaciones de poder en las sociedades capitalistas occidentales de los setenta y ochenta. No he encontrado muchas entrevistas con la banda por ninguna parte –lo que demuestra lo infravalorados que están- y no he podido comprobar hasta qué punto apoyaban ideas marxistas como otros compañeros de generación. Es probable que incluso respondiesen a preguntas directas sobre el tema con alguna broma, pues sus entrevistas solían ser una auténtica locura. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que dichas ideas tenían una circulación muy amplia entre las bandas del post-punk.


En cuanto a las canciones, abre la cara “He’s Frank”, una de sus singles del 79, en el que subrayan con un marcador negro su filia por la Velvet Underground. De hecho, la voz de Bid, que siempre se caracterizó por un tonillo entre caradura e interesante, suena aquí en ocasiones muy similar a la de Lou Reed. Es, por lo demás, una de esas canciones con las que a uno le apetece bailar, bailar y golpetear con los pies y las manos, de modo que, sí, es un buen inicio de cara. De hecho, es de mis favoritas del álbum, y eso que la reciente revisión que ha hecho Norman Cook con Iggy Pop como estrella invitada es bastante apagada y, curiosamente, no me invita ni a bailar ni a golpetear ni nada. El buen humor continúa con la frenética batería que va pavimentando el camino de los demás instrumentos en “Fun for All the Family” y los chasquidos de dedos que se añaden a la estructura rítmica de “Lester Leaps”. “Ici Les Enfants” evidencia otro de los ingredientes mágicos de la banda; la francofilia, cuyos ecos están presentes en el título pero sobre todo en la interpretación vocal de Bid y en el formato de canción, con la creciente tensión en el estribillo disuelta al final del mismo, y de manera muy efectiva y acertada, en ecos, como si se tratase de una remezcla dub (¿escucharían dub? Pues también es probable). El final de la canción, un recitado sobre un ruidoso fondo de guitarras, es también reseñable como manera de construir una gran canción con sorpresas sonoras en su desarrollo. Desde luego, el componente de originalidad e inventiva en las canciones de The Monochrome Set es más elevado de lo que parece a simple vista, una escucha atenta de cualquiera de estos temas revela pequeños detalles que fortalecen el conjunto. La francofilia vuelve a estar presente en “Alphaville”, “Fat Fun” es una canción que podrían haber firmado los Buzzcocks, en especial ese estribillo minimal, en el que se pronuncian las dos palabras del título a toda pastilla, y con su letra filogay (rama bear) retoman su vena provocativa.


Volume, Contrast, Brilliance
es, desde luego un disco que hay que tener, a ser posible en vinilo, porque te da las claves necesarias para escuchar y disfrutar a una banda que sonaba totalmente engrasada y cohesionada, con una fortísima, desconcertante, provocadora y divertida personalidad que se materializó en varios puñados de grandes canciones. Es totalmente incomprensible que el revival post-punk haya pasado de puntillas por ellos.

The Monochrome Set — “Volume, Contrast, Brilliance” (la cara A)

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 15, 2008

Uno de mis eternos debates es si merece la pena entrar en la discografía de un grupo mediante un grandes éxitos. Supongo que depende del contexto, y hay grupos que soportan mejor que otros la escucha de sus temas más reseñables de un tirón, en muchos casos porque mediante esa escucha se puede entrever ese hilo genial del que hablaba Sisa en la celebrada entrevista publicada en el Rockdelux recientemente. Luego hay también quien tiene una gruesa discografía, aunque no conviene adentrarse en ella más allá del grandes éxitos. Lo que se conoce como grupo de singles, vaya, que tampoco está tan mal. Y no voy a dar nombres porque este tipo de clasificaciones son siempre muy discutibles. El caso de Volume, Contrast, Brilliance es distinto. Se trata de una colección de sus primeros singles y grabaciones de temas destacados en distintas emisoras de radio, sazonados por comentarios radiofónicos entre canción y canción. Es un disco perfecto para los que todavía no han esuchado ninguno de sus álbumes, porque recoge diversos momentos de una banda en pleno proceso de evolución. Dicho de otra manera, la escucha de este disco no justifica que dejes sin escuchar su más que notable discografía, además, es algo de lo que te das cuenta mientras escuchas el disco; piensas: “Tengo que encontrar la grabación en estudio de esta maravilla”. Todas las pistas de la grandeza de la banda están en esta recopilación editada por Cherry Red, pero no agota, ni mucho menos, las satisfacciones provocadas por escuchar discos redondos como Strange Boutique.
Volume, Contrast, Brilliance empieza bien. Muy bien. En “Eine Simphonie des Grauens” (una sinfonía del horror, subtítulo del Nosferatu de Murnau en su versión original, por cierto) ejemplifican su personalidad sonora mediante una superposición de instrumentos que en principio descolocan, aunque con las escuchas se va descubriendo que cada elemento está donde debería estar. Todo encaja y a la vez todo suena anguloso en esta canción, incluso afilado. La base rítmica apunta a la pista de baile, y esto quiere decir que estamos ante un ejemplo de post-punk bailable que no renuncia a sonar agresivo ¡ese bajo, que parece que te va a pegar un latigazo en la cara de un momento a otro! Y, sobre todo, hay que destacar la eficaz combinación de tensión y tirantez instrumental con líneas melódicas entrecruzadas, e incluso con rastros de psicodelia. Todo esto le va bien a la letra de amor loco post-morten, con líneas tan redondas e inquietantes como “Mi cadaver te ama, casémonos”, tampoco resulta tan sencillo encontrar bandas que suelten cosas de ese tipo sin sonar ridículos ni pretenciosos, menos mal que a The Monochrome Set iban más por el camino de la juerga que por el de la oscuridad mórbida transitada por colegas de generación.
“The Jet Set Junta” es otra de las canciones más conocidas de la banda. Aquí aparece en una versión ligeramente diferente, grabada en una emisora de radio. Pero el frenesí casi de dibujos animados de las onomatopeyas en la letra, y de la batería y los teclados suenan de maravilla. Un aspecto que pocas veces se trata al hablar de ellos es, ya que menciono los dibujos animados, su sentido del humor. Un vistazo a las fotografías promocionales y a las disparatadas entrevistas de la época nos hace darnos cuenta de que este era un grupo muy divertido. Es una auténtica lástima que el adjetivo divertido solo se emplee con grupos en los que este aspecto es muy obvio –Devo, por ejemplo- lo de Monochrome Set quizás tenía más con marear la perdiz, jugar con su representación en los medios, con la ironía y el sarcasmo, ambos tan británicos. Una auténtica locura que siempre debería ser bienvenida pero que en ocasiones provoca miradas por encima del hombro dentro de la música, el motivo es un misterio para mí, no me pregunten. Viva el humor de The Monochrome Set, porque además es tan absurdo y británico como el de los Monthy Python. Aquí se dedican a ridiculizar las dictaduras a lo bestia, meter en una misma frase una referencia a las ejecuciones y a los casinos – Rattle, rattle, goes the bullet round and round the roulette wheel– identificando a ambos como señales distintivas del violento lujo en el que viven los dictadores, en un entorno musical que invita, o más bien obliga, a bailar, es una genialidad. Estos juegos con las imágenes chocantes también les caracteriza y les pone de nuevo en la tradición de los grandes humoristas británicos rompe-tabús, que llega hasta los creadores de Little Britain.
“Love Zombies” -más menciones a seres de ultratumba, después de la canción que abre el disco-  tiene un gran título, inolvidable al igual que la larga introducción instrumental, con el bajo machacándote el oído a base de bien. Ya lo he dicho y seguro que lo volveré a decir antes de terminar la entrada: qué originales eran sus ritmos, qué bien aguantaban el peso sus líneas de bajo, qué texturas tan interesantes las de las guitarras. Le sigue en la cara A uno de sus primeros singles, “Silicon Carne”, con sus parones y reanudaciones de la canción y otra de sus memorables letras. “The Ruling Class” viene precedida, como todas las canciones, de un corte de un locutor radiofónico hablando de ellos. En este caso, nos encontramos con un ejemplo de cómo tomaban el pelo a los periodistas cuando preguntaban a Bid sobre el supuestamente contexto principesco de su familia, a lo que Bid suelta sin despeinarse que sus antepasados eran reyes indios. Bid hundía el dedo en la llaga de la fascinación británica por el exótico Oriente, superpoblado en su imaginación por personajes de sangre real.  En “Viva Death Row” terminan haciendo referencia al “I%92ve Got You Under My Skin” y, para cerrar la cara A del vinilo editado por Cherry Red a precio reducido en 1983, la juguetona “The Man With The Black Moustache” -título que me encanta, como Man with a man moustache que soy, aunque reconozco que me jode bastante que de repente sean tendencia los bigotes, I was a man with a black moustache before they were men with black moustaches y todo eso, ¡y tengo testigos!- grabada en una sesión para Capital Radio.

Mañana hablamos de lo que viene en la cara B.

El libro de Vainica Doble

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 13, 2008

Nunca estarán de moda porque huelen como esas canciones suyas que tan cuidadosamente envuelven, sin ocultarla, la amargura. Jaime Chávarri

Hace unos meses, hablando con Joan Vich, no sé muy bien cómo surgió en la conversación el libro escrito por Fernando Márquez “El Zurdo” sobre Vainica Doble, publicado en su 1983 por la extinta Ediciones Júcar. Joan me contó que era un libro difícil de encontrar, muy buscado por los seguidores de Carmen y Gloria. Yo recordaba haberlo visto en anteriores ediciones de la Semana Negra, en un puesto que hay todos los años y en el que se pueden encontrar montones de restos del stock de la mencionada editorial. Y, efectivamente, el pasado viernes me pasé por la Semana Negra y ahí estaba el libro, a 1.95 euros, de modo que me compré las seis copias que había (y otros cuatro libros de otra temática, como podéis ver en la foto) y me pasé una hora de lo más entretenida llamando a gente para regalárselos. Todos me dijeron “sí, sí, por supuesto” inmediatamente. Yo no había leído el libro antes, me lo he ventilado de una sentada durante el día de ayer, y entiendo por qué es tan celebrado.

Hay una manera inequívoca de saber si un libro sobre música es bueno o malo; si te hace tener unas ganas irreprimibles de escuchar las canciones de las que se habla, funciona. Eso es lo que ocurre con este libro, que me ha hecho volver a escuchar los discos de Carmen y Gloria casi como si fuesen nuevos, a pesar de que me los sé prácticamente de memoria. Este libro está estructurado alrededor de tres entrevistas en las que se van haciendo repaso a prácticamente todos los momentos reseñables de su peculiar carrera. La primera entrevista se centra en el contexto familiar del que proceden Vainica Doble, asimismo se empieza a apuntar que a lo largo de su carrera tuvieron muchos benefactores pero también, como se ve en las siguientes entrevistas, mucha gente que les hizo daño, sobre todo los empleados de las miopes discográficas. Más allá del detallado comentario de los pocos conciertos (muchos de ellos frustrados), las apariciones en televisión (también frustradas la mayor parte de ellas), las bandas sonoras (con resultados, como no podía ser menos, frustrantes en algunos casos, sobre todo en Furtivos), y el reconocimiento de influencias como la  Incredible String Band o los Rolling Stones, lo más interesante del libro está en detalles como la pequeña discusión entre Carmen y Gloria provocada por el contenido feminista de su canción “Mari Luz”; a Gloria le parecía que la canción se refería a una situación (la de muchachas forzadas a casarse con ingenieros) que ya no se daba. También es curioso comprobar que ellas con lo que más disfrutaban era con la composición de la música, cuando creo que muchos las recuerdan principalmente por sus letras. Quizás a que no nos hallamos fijado tanto en su música -a pesar de que sí que es cierto que han procurado escoger el estilo que mejor iba con la idea de cada canción- contribuye algo que en mi opinión es el único pero en sus carreras, y es que casi siempre han tenido muy mala suerte con la producción, aunque queda claro en este libro que ellas lucharon con insistencia para que sus discos sonasen como ellas imaginaban. Pero, claro, las relaciones con las discográficas fueron como fueron en su caso. El libro llega hasta El Tigre del Guadarrama, y al final se puede ver a unas Vainica Doble desencantadas, que habían tirado la toalla tras decidirse a entrar en el juego de las promociones que siempre habían evitado, con el fin de intentar vivir de la música. Como ya sabemos, no lo consiguieron. Es más, tras editar Taquicardia en el año 84, todavía tendrían que sufrir el horror de grabar el horroroso Carbono 14 antes de despedirse por todo lo alto con ese En familia que afortunadamente sí les salió bien.

Entre los “extras” que vienen con el libro, aparte de unas cuantas fotografías, destaca el cartel para unos frustrados conciertos, y textos de gente cercana que no podía faltar, como Jaime de Armiñán o Caballero Bonald. Al final, Fernando Márquez hace un comentario de todos los LPs y sus singles más reseñables, desde una óptica muy personal, y también se incluyen muchas de sus magníficas letras, una valiosa discografía y una escalofriante coda:

El día que las Vainica Doble cumplan su eternamente prometida jubilación, se habrá iniciado el Fin del Mundo

Dos de las cosas que más me gustan de las canciones de Vainica son la fuerza narrativa de sus letras y lo bien que encajan con su entorno más inmediato, el que sirve de contexto a sus historias. Precisamente estos dos aspectos son algunos de los que más me gustan del primer disco en solitario de Lidia Damunt, que es una delicia narrativa enraizada en el Mar Menor y sus olas, un paisaje geográfico que es un personaje más de los que aparecen en sus letras y… y… ¡eh, eh, frena, Iván! que En la isla de las bufandas se merece una entrada en exclusiva y no únicamente esta referencia al final de otra entrada.

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Edwyn Collins en directo

Posted in Uncategorized by Iván Conte on junio 19, 2008

Supongo que al igual que le ocurre a mucha gente, no estoy muy al día de la evolución en el complicado estado de salud de Edwyn Collins, de modo que cuando me enteré de que está haciendo conciertos, me llevé una gran alegría. Hoy he visto en Pitchfork un vídeo de un reciente concierto suyo en Londres en el que interpreta “Blue Boy”, una de las joyas del repertorio de Orange Juice. No os esperéis una buena calidad de imagen o de audio, pero el vídeo sí que permite  intuir que la capacidad de la voz de Collins para emocionar y alegrarle a uno el día no está demasiado tocada.

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Young Marble Giants @ Primavera Sound

Posted in Uncategorized by Iván Conte on junio 2, 2008

Otro día hablaré con más calma del Primavera Sound, pero es que no me he podido resistir a enlazar aquí el primer vídeo que alguien ha subido a youtube del perfecto concierto que ofrecieron Young Marble Giants en el Auditorio. Y cuando digo perfecto quiero decir P-E-R-F-E-C-T-O.  Y lo mejor es que inmediatamente después vimos a Throbbing Gristle con su capacidad de aturdir intacta.

En el momento en que Alison Statton da unas palmas antes de ponerse a cantar, más o menos en el minuto 1:00 de este video… tuve que hacer los mayores esfuerzos que he hecho jamás para no echarme a llorar. ¡Si todavía me cuesta escucharles en este video y mantener el tipo, a pesar de que la calidad de sonido del video no refleja lo bien que sonaron!