Redux

Las entradas más vistas del 2010

Posted in Uncategorized by Iván Conte on diciembre 30, 2010

Una lista curiosa. Queda demostrada la popularidad de las listas, la entrada-resumen del 2010 fue la  más vista en este blog durante el 2010, y de largo, a pesar de haberla subido al blog hace menos de un mes. Sorprende que las dos entradas sobre Moon Wiring Club -una de ellas sobre un mix- hayan atraído tantas visitas. También me ha sorprendido, porque no es un disco fácil ni que haya interesado a mucha gente, la presencia de Dolphins into the Future. Finalmente, me alegra ver que las dos entradas con las que yo mismo quedé más contento -las de OPN y la de Kanye West-, las únicas que soy capaz de releer sin avergonzarme demasiado, también han estado entre las más visitadas.

Pues esto ha sido todo en el 201o, un año excelente en lo musical, y lleno de cambios en lo personal. Nos vemos a principios de enero del 2011, cuyo primer esperadísimo disco, el de James Blake, ya circula por ahí.

Feliz año a todos/as y gracias por pasaros de vez en cuando, a nadie le gusta hablar solo  🙂

1. 30 discos del 2010

2. Die Antwoord – ‘Evil Boy’

3. Ariel Pink’s Haunted Graffiti – Before Today

4. Moon Wiring Club – Striped Paint for the Last Post

5. Vampire Weekend – Contra

6. Salem – King Night

7. Moon Wiring Club – Asda mix

8. Oneohtrix Point Never – Returnal

9. Dolphins into the Future – The Music of Belief

10. Kanye West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy

canciones navideñas 2010

Posted in Uncategorized by Iván Conte on diciembre 24, 2010

Algunas canciones navideñas publicadas este año por gente que me gusta, hayan sacado buen disco o no este 2010.

Si se os ocurre alguna más, podéis ponerlas en los comentarios.

¡Feliz navidad!

Kanye West – ‘Christmas in Harlem’

Dam Funk – ‘Tis the Season’

Mariah Carey – ‘Oh Santa’

Sufjan Stevens – ‘Barcarola (You Must be a Chrismas Tree)’

Kanye West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy

Posted in hip hop, LPs, pop mainstream by Iván Conte on diciembre 12, 2010

El quinto disco de Kanye West es la culminación de una inteligente y a todas luces efectiva campaña de marketing que ha durado todo el 2010, durante el cual el productor y rapero estadounidense ha hecho de todo: actuaciones sorpresa en sitios insospechados como las oficinas de facebook, cabrearse en entrevistas, animar twitter con sus tonterías y, sobre todo, regalar un montón de canciones que le han servido para comprobar su recepción e ir tomando decisiones en consecuencia hasta desembocar en un disco que lo tiene todo para gustar a casi todo el mundo.

En My Beautiful Dark Twisted Fantasy cada detalle, desde los samples hasta las colaboraciones, han sido estudiados minuciosamente por un West más perfeccionista y ambicioso que nunca. Así, no es de extrañar que la inspiración para ‘Runaway’ partiese del Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick, pues rapero y director comparten megalomanía y perfeccionismo maniático hasta el punto de caer antipáticos. Más allá de esta similitud, la película póstuma de Kubrick le va como anillo al dedo a este disco, ya que ambos ofrecen una exploración desquiciada del ego masculino dañado en un entorno de decadente opulencia. Esta opulencia se refleja en el disco sobre todo en su aspecto visual, como por ejemplo en los vídeos  de ‘Power’ y ‘Runaway’, que apuntan a la opulencia de la aristocracia de la vieja Europa y al mal gusto de los nuevos ricos respectivamente.

Músicalmente, la opulencia se manifiesta en el exceso y la épica, en los arreglos de cuerda y de piano, así como en su intención de asimilar cualquier música susceptible de hacer sonar más grande su música: desde King Crimson a Aphex Twin pasando por el últimamente reivindicado Mike Oldfield. Hablando de esos samples, es evidente el impacto de este disco solamente si tenemos en cuenta que ya existen playlists con los temas sampleados, cuya escucha permite comprobar que ya no podremos volver a oírlos sin acordarnos de su presencia en este disco porque West los ha fagocitado para su disco. Y qué decir de las colaboraciones: uno de los puntos más claramente a favor es que absolutamente ninguna de las colaboraciones es irrelevante, todos están en estado de gracia y todos aportan su granito de arena a que el disco sepa a esfuerzo  de un colectivo y, por qué no decirlo, a celebración del presente y el futuro de la música negra, que inevitablemente pasa por este clásico instantáneo. Algunos hasta roban el protagonismo como en el muy comentado caso de Nicki Minaj, cuya feroz participación en ‘Monster’ es uno de los momentos álgidos del disco. Y pese a todo el exceso en este disco, hay que destacar que haya tenido la sangre fría de dejar fuera muchas de las canciones procedentes de las mismas grabaciones, regaladas con periodicidad semanal a lo largo del verano y el otoño en su web. Muchos de estos temas tienen el suficiente interés como para demostrar que Kanye West está en racha, pero el disco se beneficia por no alargarse más de lo debido. Podría haber editado un doble cd, pero no tendría sentido, el tracklist, tal y como está, es casi redondo.

En un contexto de crisis económica mundial, West ha reinventado el disco como blockbuster –se rumorea que el presupuesto ha superado los tres millones de dólares- un poco a la manera de Michael Jackson. No por casualidad el difunto cantante es una fijación para West en los últimos tiempos. Con Michael Jackson le une la ambición de fusionar la música negra y el pop blanco, reflejada aquí en algunas de las colaboraciones y en muchos de los samples, procedentes de artistas blancos como Mike Oldfield o Elton John. Prince también intentó una mezcla parecida con el funk y el rock en la etapa de Purple Rain, la de mayor éxito comercial y crítico. Lo que distancia a West de Jackson y Prince es que el primero es consciente de sus debilidades y contradicciones y las ha usado para hacer el disco definitivo sobre el desquiciamiento provocado por la fama, algo que los dos últimos siempre se esforzaron por esconder bajo la alfombra. Y esto es lo que hace a este disco tan especial. No es, de hecho, la primera vez que se pone música a un cortocircuito mental con resultados notables, ya que Britney Spears hizo su mejor trabajo bajo la misma premisa en Blackout, pero West llega mucho más allá al subrayar sus contradicciones y usarlas como un elemento narrativo más. Además, la aceptación de su esquizofrénico punto de vista se puede ver también como un reflejo del cortocircuito del capitalismo: el lujo ya no es capaz de ocultar las grietas y miserias interiores. De este modo, es probable que nadie como él haya hecho más por aumentar los registros del hip hop mainstream en los últimos años: la glorificación caricaturesca del gangsta rap fue desmontada en el audaz movimiento de mostrarse vulnerable en 808s and Heartbrake, abriendo un terreno que ha hecho posibles las carreras de sus protegidos Kid Cudi y Drake, y ahora que sabe que su ego es lo mejor y lo peor de sí mismo, que es un genio y un cretino al mismo tiempo, sus letras han ganado en interés por ello.

Musicalmente este disco es una versión corregida y aún más épica de todos sus logros anteriores, lo que hace que parezca el grandes éxitos de Kanye West. Aunque dedica poco espacio al tipo de producciones que le caracterizaba en sus inicios como en el caso de ‘Devil In A New Dress’, aquí podemos encontrar, mejorados, el crossover hip hop / pop de Graduation y el registro intimista de 808s and Heartbreak, dos discos que en su momento provocaron división de opiniones y dudas acerca del futuro de la carrera de Kanye West, pero que ahora debería estar claro que eran pasos sin los cuales no existiría este disco. Es difícil destacar uno o dos temas, dado que la media se mantiene muy alta durante todo el disco, pero la atención ha de centrarse en el tramo medio que va de ‘Monster’ a ‘Runaway’, pasando por un ‘All of the Lights’ con un beat que algunos han visto como herencia del juke comentado aquí hace unos días a propósito del disco de DJ Roc. Pero quizás el tema más redondo sea ‘Monster’, porque suena a hip hop en un estado de excitación tal que realmente parece que West puede hacer con él lo que quiera. Todo en este tema, desde los beats hasta las ya comentadas colaboraciones, está tan inspirado que es casi inevitable volver a escucharla antes de continuar con el disco. Y para terminar, ese final festivo y concienciado –sample de un joven Gil Scott-Heron en el año de su resurrección artística mediante- con ‘Lost in the World’ y ‘Who Will Survive in America’ que poco tienen de hip hop pero que sirven para cerrar el disco de una manera muy emocionante y dejando ganas de más.

De todos modos, al contrario que la mayoría, yo si le encuentro algunos peros al disco. En primer lugar, ‘Gorgeous’ me sobra, debido a una guitarra un tanto patillera y a un Kid Cudi que está menos inspirado que en sus apariciones en 808s and Heartbreak.  Por otra parte tanta épica  -¿no es esto hip hop para estadios?- me acaba saturando en ocasiones, es más, tengo la sensación de que me acabaré cansando de estas canciones cuando su épica deje de provocarme las mismas sensaciones que en las primeras escuchas. Y finalmente, para ser sincero, pues me siguen pareciendo mejores sus dos primeros discos. Pero quizás esto se deba a que ya han pasado unos años de la edición de estos discos y la perspectiva les favorece. Ahí , en esos discos que Kanye West hizo para continuar el trabajo que ya llevaba haciendo durante los años anteriores como productor para otros, West sí que reinventó el hip hop a su manera. Habrá que ver cómo trata el tiempo a éste, pero, ¿Realmente es un disco mejor, más importante que los de Big Boi, The-Dream o Janelle Monae? El hecho de que sea una culminación de su carrera necesariamente reduce la sensación de estar escuchando algo realmente innovador, algo que sí que han conseguido discos englobados en las etiquetas hypnagogic pop, juke o witch house. Lo que está claro, en cualquier caso, es que ha conseguido revolucionar el final del año, y que habrá que estar muy atentos a lo que hace él y el impacto que este disco pueda tener en el futuro.

DJ Roc – The Crack Capone

Posted in electrónica, juke, LPs by Iván Conte on diciembre 7, 2010

El principal motivo por el cual Planet Mu ha sido uno de los sellos más interesantes durante el 2010 -según Fact– tiene que ver con el hecho de que apostaron, y acertaron, con la edición discográfica fuera de EEUU de discos de juke. El juke, que es el último paso en la evolución de la música electrónica de Chicago, combinando elementos de  (ghetto) house, Miami bass, hip hop y R’n’B, tendría un lugar de honor en el repaso del 2010 aún sin la labor del sello Planet Mu, debido a su impacto a ambos lados del atlántico en discos esenciales como el King Night de Salem o el ‘Wut’ de Girl Unit, pero han sido discos como The Crack Capone los que han permitido centrar la atención en DJs como el propio Roc o DJ Nate, a través de cuyos discos se puede atisbar el presente, pasado y futuro de uno de los sonidos más excitantes del planeta en estos momentos. Y eso aún teniendo en cuenta las comprensibles reservas de Andrew Nosnitsky en el número de octubre de la Wire, en donde protestaba por la edición de estos discos por primar a un solo autor frente al carácter eminentemente colectivo del juke y que, por tanto, ofrecen una visión incompleta del mismo. Quizás sea cierto, así como también es posible que el juke se debería escuchar en formato mixtape, que es lo que más se acerca al modo en que es experimentado por su público natural, formado por cierto en su mayor parte por bailarines de footwork, el equivalente al breakdance en el juke. Por tanto, estamos ante una música funcional, que cambia para acomodar nuevos pasos de baile. Pero esto no quiere decir que desde el juke no puedan salir discos disfrutables a pesar de la descontextualización, pues las mismas reservas se podían expresar con respecto al hip hop en sus inicios y, sin embargo, nadie dudaría ahora que el paso a formatos que le eran en principio ajenos como el single o el LP fueron un rotundo éxito.

Así las cosas, The Crack Capone –Crack se refiere a su modo de mezclar- es un más que sólido disco, enm realidad imprescindible para entender el 2010 en toda su complejidad. Y complejidad es precisamente lo que se esconde en estos 20 cortes de entre apenas dos y tres minutos de duración, en los que se suceden los momentos climáticos a un ritmo vertiginoso más allá de los 150 bpm. La complejidad es, aquí, doble: por un lado horizontal mediante los inesperados y constantes cambios de tempo que hacen que se tenga la sensación de ir avanzando a trompicones y que sin duda están ahí como un reto para los bailarines y que convierten su escucha atenta en un ejercicio agotador, y por el otro vertical mediante la acumulación de ritmos, samples que definen el carácter –exultante y/o emocionante- de muchos de los temas, voces troceadas y sintes. Y entre toda la complejidad, también hay espacio para el silencio, de modo que el juke según DJ Roc es algo escueto  y austero al mismo tiempo que frenético, urgente y crudo debido al hecho de haber escapado de casi todos los radares mainstream o underground a lo largo de sus dos décadas de desarrollo en la ciudad estadounidense.

Entre lo nás destacado de The Crack Capone se encuentran temas como ‘Let’s Get It Started’, con su magistral uso del silencio y samples de algo tan trillado como la sintonía de The Twilight Zone, las infiltraciones en el mainstream, samples de Kid Cudi y Lady Gaga mediante en ‘IMake Her Say’, el sedoso acento R’n’B de ‘I Can’t Control the Feeling’,  el exabrupto de ‘Fuck Dat’, la reducción a la mínima expresión de ‘Girl When You Dance’, compuesta casi exclusivamente de ritmo, sample vocal y línea de bajo, la referencia al propio proceso en ‘Make Crack Like This’, o la emocionante ‘Take His Ass Out’.

Hay tantas cosas interesantes en este disco que, aún ofreciendo supuestamente una visión parcial del juke resulta uno de los más importantes del 2010 debido a que será la primera exposición a dicho sonido para miles de personas, sobre todo en el continente europeo. Qué repercusiones tendrá esto en la música solo lo sabremos durante los próximos meses, aunque teniendo en cuenta que en Pitchfork veían huellas del juke hasta en el mismísimo My Beautiful Dark Twisted Fantasy, tenemos juke para rato y probablemente lo escucharemos todavía en muchas más partes durante el 2011. Lo dicho: el pasado, presente y futuro de la música pasan, entre otros, por este disco.

Kid Cudi – ‘Man on the Moon: the End of the Day’

Posted in Uncategorized by Iván Conte on octubre 1, 2009

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En la primera mitad de este año, dos sorprendentes singles parecían indicar el futuro del hip hop. Uno era el ‘Best I Ever Had’ de Drake, y el otro ‘Day n’ Nite’ de Kid Cudi. Los dos apostaban por ampliar temáticamente el hip hop hacia terrenos más emocionales e introspectivos, mezclando hip hop, electrónica y pop. Ambos singles, además, funcionaron muy bien en cuanto a ventas, y aunque no llegaron al número uno se pasaron un montón de semanas entre los diez más vendidos. En definitiva, parecía que el público aprobaba esta nueva orientación. Y la crítica también parecía ser receptiva, porque muchos señalaron en su momento a ambos singles entre los claros destacados del año.

Ahora Drake ha publicado un EP en el que se recogen los temas más destacados de la mixtape que le hizo famoso, una mera estrategia para sacar más dinero mientras prepara el disco, que no tiene sentido si tenemos en cuenta que se puede descargar la mixtape gratuitamente con el consentimiento, es de suponer, del propio Drake. Kid Cudi también se hizo famoso con una mixtape, pero su primer LP se centra en material nuevo, y los resultados son muy desiguales, provocando opiniones tan extremas como el suspenso que le ha dado hoy mismo Pitchfork o la adhesión casi incondicional de David Broc en Playground.

Pero, ¿qué es lo que hace tan especial a Kid Cudi? ¿Por qué había tantas esperanzas puestas en él? Pues principalmente por replegar el hip hop mainstream hacia una dimensión más personal, cubriendo temas como la alienación, la soledad, la vulnerabilidad, aumentando el abanico expresivo del hip hop… Algo muy complicado de conseguir, pero que ‘Day n Nite’ lograba a la perfección con una letra introvertida, paranoica y alucinada muy bien transmitida por el flow relajado de Kid Cudi. A eso hay que añadir el indudable buen oído para las melodías de Cudi, de hecho se dio a conocer antes de meter ‘Day n Nite’ en la lista de ventas porque los ganchos melódicos más claros del 808s and Heartbreak de Kanye West (los de ‘Welcome to Heartbreak’, ‘Heartless’ y ‘Paranoid’) son suyos. La conexión con West es inevitable también, pues Cudi es su protegido, al igual que Drake, dos figuras que pretenden plantar sus ideas en el terreno fértil del discutido cuarto disco de Kanye West.

Y sin embargo… Man On The Moon no ha sido la consagración que se esperaba. La primera señal de alerta fue el single ‘Make Her Say’, una incomprensible, bochornosa e irritante broma a costa del ‘Poker Face’ de Lady Gaga. Una vez escuchado el disco, creo que el problema básico surge del hecho de que Cudi ya no está en ese momento en el que se siente solo e incomprendido, que es la situación vital que llenaba de vida y hacía reconocibles las experiencias contadas en su mixtape o en ‘Day n Nite’. El sitio en el que está ahora Cudi es otro; se sabe en una situación para triunfar, y por cada verso sobre su soledad o sus traumas familiares, tenemos otro en el que se pavonea sobre el éxito que va a conseguir, es ilustativo en este sentido las continuas referencias a cómo los sueños se hacen realidad.No es solo una cuestión de autenticidad, pero si se tiene la pretensión de cambiarle la cara al hip hop, habría sido preferible hacerlo a conciencia.

Así las cosas, en vez de un Original Pirate Material tenemos una mezcla de los tres primeros discos de The Streets, lo que quiere decir que hay cosas muy buenas y otras cosas que no tanto. Musicalmente Man on the Moon es un disco conceptual. Cudi ha dicho en entrevistas que se ha inspirado mucho en la ciencia ficción, y eso se nota no solo en el título sino en el uso de los sintes, aunque no llega a enlazar con la temática del afrofuturismo, quizás porque la dimensión social se queda un poco al margen. Así que quizás lo que hay que hacer es recuperar la mixtape y no obsesionarse con este disco un tanto fallido –pero no un desastre, hay más de uno y de dos temas memorables, como ‘Soundtrack 2 My Life’, ‘Sky Might Fall’ o ‘Up, Up & Away’, a los que merece la pena prestar la atención.

Lo más curioso de todo es que he estado escuchando este disco al mismo tiempo que el nuevo álbum de un Raekwon con la maquinaria engrasada al máximo que representa una forma de hip hop que ya asociamos con el pasado -¿quién no siente nostalgia escuchándolo por los viejos gloriosos tiempos en los que Wu-Tang Clan eran lo más?- un hip hop con la vista puesta en las calles  más que en el dormitorio. El disco de Raekwon es sobresaliente, pero no quiero decir con esto, ni mucho menos, que su opción sea la más auténtica, ni que el hip hop se está estropeando por la relativa reducción de testosterona y trepidación urbana introducida por Kanye West, Drake o el propio Kid Cudi. El disco de Raekwon es un caso de ‘el que tuvo, retuvo’, el de Kid Cudi un intento fallido de continuar con la interesantísima y fructífera revisión del hip hop liderada por J Dilla, Sa-Ra o el propio Kanye West.

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El regreso del soul psicodélico

Posted in hip hop, lecturas recomendadas by Iván Conte on julio 10, 2009

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But Sa-Ra are not alone: it is possible to hear their music as the culmination of an anti-gangsta tendency – including J Dilla, OutKast and Kanye West – that has quietly coalesced in hip-hop over the past decade. In fact, it is difficult to classify West’s last album, 808s and Heartbreak (2008), with its strange electronic melancholy and uncanny auto-tuned singing, as straightforwardly a hip-hop record at all. Instead, West and Sa-Ra are perhaps best considered a return to psychedelic soul, the genre synthesised from out-there rock, jazz and funk by Sly Stone and developed by the Motown sonic conceptualist Norman Whitfield in his experimental productions for the Temptations and the Undisputed Truth.

Quien dice esto es Mark Fisher en este magnífico artículo, en el que desarrolla la idea básica detrás de su crítica al disco de Sa-Ra en The Wire, acerca de cómo la psicodelía está presente en Outkast, J-Dilla, Kanye West y Sa-Ra y cómo estos son exponentes de una alternativa al gangsta rap, cuyas conexiones con el neoliberalismo también son trazadas en este artículo. Si esto significa que en los próximos meses veremos algún disco más que vaya en la dirección de liberar la mente para que el culo la siga -a la manera de Funkadelic / Parliament– por mí encantado, y no es que el gangsta rap me haya parecido un horror -me parece un género sintomático del neoliberalismo, no una simple celebración del mismo, y pensar que genera violencia es pensar de una manera paternalista; si yo no me he puesto a pegar tiros tras escuchar a Dr Dre, ¿por qué debería pensar que un chaval negro lo va a hacer? Me parece muy simplista pensar que el gangsta hip hop es la causa de males sociales.  De todos modos, los cuatro nombres mencionados por Fisher forman un poker de lujo para la música negra de esta década. Es imposible entender los 00 sin discos como Stankonia, Donuts o 808s and Heartbreak, y tiene sentido agruparlos.

Por cierto, al artículo llegué a través del twitter de anhh.

Sa-Ra Creative Partners – Nuclear Evolution: The Age of Love

Posted in hip hop, LPs by Iván Conte on julio 3, 2009

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New Amerikah Part One (4th World War) de Erykah Badu fue una de las sorpresas más agradables del año pasado. No solo porque en los anteriores años la cantante no se había dejado ver demasiado, sino porque reanimaba  un soul que ella misma se encargó de renovar en los inicios de su carrera. Detrás de siete de las canciones de ese disco estaban Sa-Ra Creative Partners, privilegiados productores que han trabajado también con Common, Dr Dre o Herbie Hancock entre muchos otros y que ahora por fin presentan su primer disco propiamente dicho.

En Nuclear Evolution: The Age of Love –por cierto, tremendo título, como el del disco de Erykah Badu, ofrecen una vuelta de tuerca más al soul mediante una psicodelia que tiene efectos esponjosos sobre buena parte de los sonidos con los que están construidos las canciones. Los sintes suenan reblandecidos, resbaladizos tal y como corresponde a un disco de la era post-J-Dilla. La conexión con el fallecido productor de hip hop también permite establecer lazos con productores de wonky e incluso con Joker, pues todos ellos están explorando similares territorios estilísticos a ambos lados del atlántico, estableciendo un interesantísimo diálogo y abriendo fascinantes territorios sonoros de la mano de innovaciones tecnológicas.

Uno de los elementos más representativos de este disco son las líneas de bajo, que dan (musculado) cuerpo a casi todas las canciones, como si fuese una sólida espina dorsal alrededor de la cual resbalan los sintes y tropiezan los ritmos, creando por el camino novedosas y fluidas alianzas sintéticas y orgánicas, analógicas y digitales. Sirva como ejemplo de este último punto la relación de algunos de los instrumentos empleados en la grabación del disco (lo que sigue es un corta-y-pega de las notas del disco según aparecen en discogs);

Akai MPC 3000, EMU SP 1200, Maestro Rhythm King, JoMox, Percussion, Electric Guitar, Fender Rhodes, Hohner Clavinet C, Wurlitzer Electric Piano, Yamaha Grand Piano, Gretch Drums, Zildgian Cymbals, Roland Juno 106, Juno-6, Jupiter-8 & SH-101, MOOG (THE SOURCE, VOYAGER, & MICROMOOG), Sequential Circuits Prophet 5, Yamaha SK-30, & Arp String Ensemble & Omni…

Con muchos de estos sintes consiguen un sonido espacial, que también permite relacionarlos con la tradición de afrofuturismo, que en su caso es una reivindicación de la ambición de mirar siempre hacia adelante e innovar en cuanto a sonidos y técnicas de producción tomando elementos de la tradición o prolongando propuestas de productores afines.  Esta capacidad omnívora, imprevisible porque no sabes con qué estilo te van a sorprender en el siguiente corte, sitúa su disco en paralelo a otros ambiciosos e históricos álbumes de música negra caracterizados por un generoso minutaje, conciencia social y amplios horizontes estilísticos como pueden ser el Sign O The Times de Prince o el Stankonia de Outkast. De hecho, el álbum de Sa-Ra tiene en común con Stankonia el servir de equivalente en esta década al There’s A Riot Going On de Sly & The Family Stone, a quienes, reveladoramente, versionan en este disco. Es  muy llamativo, en este sentido, que esta décadaque está a punto de terminar parece enmarcada entre la publicación de los discos de Outkast y Sa-Ra, porque ambos son discos conceptualmente muy parecidos y que funcionan como espejos de una sociedad estadounidense en estado de crisis.

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Con 23 canciones, algo más de hora y media de duración, y renunciando a recurrir a ganchos melódicos demasiado obvios, es un disco que requiere paciencia para ir reconociendo los distintos componentes y puntos de referencia. Su carácter oblicuo probablemente le aleje de un mainstream que en la presente década ha sido un hervidero de buenas ideas, empezando por la declaración de intenciones que fue el ‘Get Ur Freak On’ del mágico combo formado por Missy Elliot y Timbaland. Una de las tácticas habituales en las  canciones que conforman Nuclear Evolution: The Age of Love tiene que ver con cómo las letras son interpretadas por uno, dos, tres e incluso más vocalistas, cuyas voces aparecen superpuestas en capas o interactuando, pero prácticamente siempre con un carácter relajado e incluso un poco narcótico que es característico del tono del disco, algo que contribuye a crear esa desconcertante sensación esponjosa de  la que hablaba antes al caracterizar el tipo de psicodelia que practican Sa-Ra.

Resulta inevitable pensar en las incertidumbres y dudas razonables provocadas por el escenario de crisis económica total en el que se sitúa el arranque de la era Obama al escuchar este disco. Esta idea es, precisamente, el punto de partida de la crítica que sobre este disco ha escrito Mark Fisher y que aparece en el número de julio de la Wire. Si entendemos el disco de Erykah Badu como un precedente directo del álbum de Sa-Ra, la preocupación por la realidad social es evidente. Además, el disco se ha publicado de manera oportuna en un momento en el que la desorientación psicodélica permite canalizar de manera muy adecuada esa mezcla de cauto optimismo, franco escepticismo, desencanto e incluso miedo con la que estamos claramente inaugurando una nueva etapa en la historia de occidente.

El disco, a pesar de los múltiples enfoques desde los que se puede contemplar –tantos como canciones- tiene una inaudita unidad y coherencia de tono. No importa que la canción tome elementos del funk, del soul, del jazz, del hip hop o de mil y una cosas más, pues cada una de estas canciones suena a Sa-Ra y solamente a Sa-Ra, lo cual es muy revelador respecto de la solidez de su propuesta y sobre todo de que el trío angelino se ha tomado muy en serio su primer álbum en condiciones (el anterior, titulado The Hollywood Recordings,  era una mezcla de temas nuevos y ya conocidos, que se editó para contestar a sus fans mientras ellos lidiaban con problemas en sus contratos con multinacionales).

Otro de los aspectos que hacen de este un disco tan interesante en el presente momento de derrumbe del capitalismo es que se distancia de la hipermasculinidad y glorificación del capitalismo que han sido las señas de identidad más visibles y estereotipadas del hip hop durante muchos años, al menos en su faceta mainstream. Precisamente, Sa-Ra tienen puntos de conexión con dos de las figuras que más han hecho por reconstruir la masculinidad y la relación con la industria y el mainstream en los pasados años, y es que el trío estuvo durante un tiempo bajo la protección de Kanye West, quien con sus canciones de corazones rotos en Heartbreak & 808s proyectó una masculinidad muy diferente de la habitual. No es casualidad, claro, que en la infame parodia de Kanye West en South Park apareciesen también Sa-Ra.  En cuanto al capitalismo, la producción de Sa-Ra es heredera, al igual que la de Flying Lotus, de J-Dilla, quien dio la espalda a la industria –o la industria se la dio a él en un momento dado, que parece que fue un poco de todo- y se decidió a publicar su música en pequeños sellos independientes. En definitiva, Nuclear Evolution: The Age of Love es uno de los discos más excitantes que he escuchado en lo que llevamos de año

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Kid Cudi ‘Day’N’Nite’

Posted in hip hop by Iván Conte on marzo 9, 2009

‘Dan’n’Nite’, el primer single de Kid Cudi, se editó por primera vez en el 2007, aunque no ha tenido videoclip hasta hace unas semanas, coincidiendo con el relanzamiento del single de cara a calentar motores a un LP de debut que debería estar en nuestras orejas en algún momento del verano. Muchos ya habréis escuchado a Kid Cudi sin saberlo, pues él ha sido uno de los que ayudaron a Kanye West en su 808s and Heartbreak; canta en ‘Welcome to Heartbreak’ y es el coautor de  ‘Heartless’ -uno de los mayores éxitos de la carrera de West, lleva meses en el top 10 de la lista de singles estadounidense-. De hecho, Kid Cudi se ha convertido en algo así como el protegido de West en los últimos tiempos. Y aunque Cudi se mantiene alejado del Autotune, tienen algunas cosas en común que justifican su papel en el último disco de Kanye West. Al igual que este en su último disco, Cudi propone un hip hop introspectivo, relativamente alejado de la pista de baile, buscando reflejar los sentimientos de soledad, frustración y alienación urbana, con un punto de vista entre derrotado y alucinado. Eso es lo que hace precisamente en ‘Dayn’n’Nite, una canción sorprendentemente efectiva dado lo escueto de sus componentes; un ritmo pausado, uno sintes que encajarían en un grupo de synth-pop tipo Junior Boys y el melódico y agradable flow de Kid Cudi. Cudi, al igual que West, plantea una vía de escape a las dos opciones a las que parece reducirse el hip hop actual; el hip hop festivo y el hip hop concienciado.  A continuación, podéis ver el videoclip de la canción y, después, el videoclip del remix que han hecho Crookers y que también ha tenido bastante repercusión. Procedente de Cleveland, pero radicado en la actualidad en Brooklyn, habrá que ver qué es lo que hace en su primer disco. Mientras tanto, y si este single os sabe a poco, por Internet circula una estimable mixtape llamada A Kid Named Cudi.

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Young Jeezy – The Recession

Posted in hip hop, Uncategorized by Iván Conte on octubre 30, 2008

El nuevo disco de Young Jeezy se presenta, si hacemos caso a su título, como el reflejo de la recesión económica que este año ha provocado una fisura en el, hasta hace unos pocos meses, hiper-acelerado y descontrolado sistema neoliberal. La estrategia empleada es curiosa, porque Jeezy ha escogido expresar el contenido político empleando algunos estereotipos del cine heroico-catastrófico. Así, las líneas de teclados tienen el ímpetu de los himnos nacionales, abunda la testosterona, sobre todo en el fraseo del propio Jeezy, los piano climáticos, algún elegíaco coro infantil y los frecuentes gritos y comentarios en segundo plano que contribuyen a una atmósfera tensa y apocalíptica que se mantiene a lo largo de todo el disco. Si el referente fílmico es el de los blockbusters de Hollywood, la referencia dentro del propio hip-hop es, claro está, la del gangsta-rap.

El disco comienza con “Introduction”, producido por DJ Toomp. Es este un productor que siempre resulta interesante, y que se caracteriza por una serie de sonidos distintivos, el más  llamativo de los cuales son unos sintes euforizantes. El suyo es un estilo fácilmente reconocible, pero maleable para adecuarse y subrayar la atmósfera gangsta rap de TI, el desamor según Kanye West o la efervescencia del Amor en Mariah Carey. Aquí pone su estilo al servicio de este gangsta-rap politizado. Le siguen una serie de temas que se mueven por los mismos terrenos sonoros ya descritos. Por eso es de agradecer que “Circulate” esté a la mitad del disco, para romper con la monotonía. Además, en los temas que aparecen entre “Introduction” y “Circulate” Jeezy se olvida del tema que él mismo se ha impuesto para su disco, y se dedica a rapear sobre los tópicos del gangsta-rap. Sin embargo, “Circulate” cuenta con un acertado sampler del tema “Let the Dollar Circulate” de Billy Paul, que le permite conectar con la tradición de música soul concienciada de los setenta. Las cuerdas y coros femeninos de la siguiente canción, “Word Play”, contribuyen a mantener el ambiente elegante de este optimista tramo medio del disco que funciona como una balsa de oxígeno.  Algunas de las partes cantadas por Billy Paul en “Circulate” se mantienen, permitiendo justificar la elección del tema; su letra puede aplicarse, casi al 100%, a la situación actual;

Sound like the countrys going broke
The industrys going up in smoke
Politicians talking crazy
Or they just bein to lazy
Is it all because of watergate?

Por cierto, que este sample fue usado también por J DIlla en el tema “Dollar”, de Steve Spacek. En esta canción también se puede escuchar una de las frases más comentadas del disco, ese “Looking at my watch like it’s a bad investment” que, junto con otras frases del disco, parece cuestionar las aspiraciones capitalistas de algunas estrellas del rap, entre las que él mismo se incluye. Eso sí, estamos lejos de una autocrítica rigurosa, pues un vistazo a todas las letras del disco nos da un resultado bastante contradictorio. No es ya solo que casi ninguna canción hable en realidad de la crisis, sino que mientras que en “What they Want” dice “hoes ain’t shit, the money ain’t nothing”, y que en “Crazy World” suelta “I think Bush try to punish us”, en “Vacation” se declara el “Gangsta of the year”, y en “What they Want” también dice “I can show you how to make a mill right now” (“mill” significa un millón de dólares). Esto queda enparte compensado por algún que otro vibrante momento narrativo en el que sabe construir la tensión dramática, por ejemplo, en “Don’t You Know” cuenta lo siguiente:

I’m praying while I’m driving, it’s making me religious
In the head lights behind me, it’s making me suspicious
And maybe I’m trippin’, and maybe I’m not
Maybe it’s nothing, just hope it ain’t the cops.

Mientras que en “Amazin'” resume en una sola frase su pertenencia a las tradiciones de rap sureño y gangsta-rap respectivamente: “Forever clubbin’, forever thuggin'”, que resumen mejor este disco que cualquiera de sus escasos momentos políticos.

Entre lo peor del disco está “My President”, con Nas, también incluído en el disco de este último. Víctor Lenore señala en su crítica al disco de Nas en el RDL que esa canción peca de obviedad, que parece una cuña publicitaria para Obama. Lo peor es que la canción ocupa el último lugar en el disco.

Su ambición, la de servir de banda sonora a la recesión económica, es grande y muy interesante, pero se materializa demasiado poco en el disco, y en esas pocas ocasiones no consigue sortear la obviedad y reflejar la atmósfera en la que nos estamos moviendo ahora mismo. Quizás de lo que habla el disco es de hacer autocrítica y de resistir en los malos momentos, y eso es lo que hace de este un disco especial. Aunque, para qué nos vamos a engañar, el disco será recordado porque en su primer single Kanye West estrenó su Autotune y sus nuevas obsesiones temáticas; la soledad en la cumbre, la muerte de su madre, y en general esa nueva imagen de rapero bajo de defensas que es inaudito en un terreno en el que la arrogancia siempre ha cotizado al alza. Quizás por eso funciona tan bien su participación en “Put On”, porque funciona como si se hubiese colado en la canción para que, por contraste con lo que cuenta Young Jeezy, esta canción resulte una de las más tridimensionales, emocionalmente hablando, del año. Tengo mucha curiosidad por escuchar entero el nuevo disco de Kanye West, y sobre todo por ver qué efecto tiene en el hip-hop.


El capitalismo de Kanye West.

Posted in electrónica, hip hop, techno by Iván Conte on octubre 24, 2008

1. Estoy releyendo la reedición de este año del Energy Flash de Simon Reynolds, y me está gustando no solo tanto, sino más que la primera vez, quizás porque la primera vez quedé un poco aturdido por el torrente de nombres, canciones y discos de los que hice una nota mental para investigar en algún momento. Por supuesto, pocas veces me puse a investigar, de ahí que no me quedase más remedio que volver a ventilármelo desde el principio, algo que estoy haciendo, ya digo, con mucho gusto.

El caso es que, leyendo uno de los comentarios a esta entrada sobre el escaso impacto comercial del hip hop  en España, me encontré con una crítica a Kanye West por representar el arribismo cultural y económico. Es una crítica habitual a las grandes estrellas de la música negra, pero es necesario intentar encontrar un contexto para evitar caer en condenas precipitadas y, sobre todo, hechas desde nuestra posición cultural.

Simon Reynolds explica muy bien en su libro el contexto cultural en el que nació el techno detroitiano, y no se diferencia demasiado de la actitud de Kanye:

Atkins, May and Saunderson belonged to a new generation of Detroit area black youth who grew up accustomed to affluence.

(…)

Eddie Fowlkes remembers that kids from the posher West Side of Detroit “were more into slick clothes and cars, ‘cos the West Side kids had more moeny than the kids on the East Side. They had more opportunity to travel, get books, and get things. They were into stuff like Cartier and all the shit they read about in GQ. So you had black kids on teh West Side dressing like GQ, and it all kind of snowballed into a scene, a culture.” According to Jeff Millls (…) American Gigolo was a hugely influential movie on these Euro-fashion-obsessed black youth, just for the chic lifestyle of Richard Gere‘s lead character, his massive wardrobe of scores of shirts and shoes.

Es decir, que el Techno primigenio fue el producto de unos niños bien que lograron impulsar una cultura popular vibrante, capaz al mismo tiempo de articular la alienación provocada por la sociedad hiper-tecnificada glorificada por su sofisticado estilo de vida, como, en una segunda oleada de productores, recolocar sus significantes para terminar siendo una representación musical de la opresión sufrida por la población negra por parte de la propia sociedad capitalista (sobre todo mediante Underground Resistance o Drexciya). Toda música es susceptible de ser apropiada por otra comunidad cultural y adaptada a sus propios objetivos. Por ejemplo, Reynolds también cuenta que en la coda del segundo verano del amor inglés (1988, y parte del 1989) el techno fue integrado en las raves ilegales, y que Derrick May se cabreó mucho al ver que su música se había asociado de esta manera con una cultura en la que el consumo de drogas era un elemento tan destacable. Esta capacidad de la música para ser tan maleable y representar cosas diferentes según quién la usa es la prueba de que no es conveniente condenar a una música porque represente algo con lo que no estamos de acuerdo. Al fin y al cabo, el capital subcultural está en continua circulación y transformación, y a pesar de que entender el contexto ayuda a entender la música, no estamos obligados a comprar “el paquete completo”.

Además, hay que tener en cuenta el siguiente punto:

2. Hablando de los MCs de grime que este año habían conseguido dar el salto al mainstream en el Reino Unido (Wiley, Dizzee Rascal, y ese eterno candidato frustrado que es Kano), Martin Clark decía en su blog lo siguiente:

But, while I don’t think it will probably be their most essential work, I still support the MCs’ right to want that success: just look at where many of them have come from. Think about the message it gives to the entire grime community if everyone of their most visible acts continually fails.

3. Otro aspecto en común entre Kanye West y los pioneros del Detroit Techno es la eurofilia. Se trata de otro elemento que se puede entender como parte de su ostentación de una sofisticación o un estatus económico determinado. Mientras que los segundos flipaban con Kraftwerk o el techno-pop más gélido de las islas británicas (John Foxx, Gary Numan, etc.), Kanye West hace lo propio con Coldplay y Keane. De hecho, es de sobras conocido que Coldplay gusta mucho al público negro estadounidense, no es casualidad que su nuevo single, “Lost”, haya aparecido ahora con una remezcla en la que rapea Jay-Z. Será interesante ver cómo se refleja el gusto de West por los mencionados grupos británicos en su nuevo -y a priori muy controvertido- disco.

Quizás sea simplificar un poco, pero creo que también hay un componente racial muy importante, se puede entender de manera similar el orgullo racial provocado por las victorias de Ali y el triunfo económico de Kanye West; ambos son ejemplos de triunfo en un juego para el que ellos no han escrito las reglas; el boxeo el primero, el capitalismo el segundo.

Todo esto es mucho más complejo, claro. Pero bueno, de alguna manera había que empezar a tirar del hilo.