Redux

Montañas fichan por Tres Pies

Posted in Uncategorized by Iván Conte on septiembre 12, 2008

Aprovechando que ya se puede hablar del fichaje de Montañas por parte del sello Tres Pies, subo unas fotos que llevaba tiempo queriendo subir de su último concierto hasta la fecha, en un Víctor Club (¿o es Víctor Bar? ahora mismo no lo recuerdo; Jairo, sáqueme de la duda!!!) llenísimo de gente (bueno, llenísimo no; lo siguiente), en Gijón. Las fotos, hechas por Helena Exquis, creo que dan una buena idea de lo altamente disfrutables que son sus directos. Lo he dicho ya por ahí y a quien me quiera oir: son mi grupo español favorito del año.

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The Monochrome Set – “Volume, Contrast, Brilliance” (la cara B)

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 23, 2008

Algo que no mencioné al hablar de la cara A de este vinilo es que The Monochrome Set se caracterizan por una formación cambiante en torno a los guitarristas Bid y Lester Square. El primero de origen hindú y el segundo canadiense. Algo que han cuidado siempre ha sido la sección rítmica, ya sea con Jeremy Harrington (bajo) y J. D. Haney (batería), en los inicios, o con Andrew Warren (bajo) a partir de 1980 y Lexington Crane (batería), a partir de 1981 hay que reconocer que la solidez rítmica es una constante, de tal modo que las distintas combinaciones no se hacen notar y, de hecho ese es uno de los aspectos que hacen este disco tan disfrutable a pesar de ser una recopilación de singles y grabaciones en emisoras de radio. Al fin y al cabo, se puede escuchar como un disco más de la banda, pues a pesar de que les muestra probando territorios diferentes, la visión de conjunto que ofrece es lo suficientemente coherente y, sobre todo, consistente, como para aplaudir con entusiasmo la edición –a precio medio- de este vinilo por parte de Cherry Red.
Una vez despachada la impresionante e imprescindible cara A, en la que se suceden sin respiro siete grandes canciones de la banda, hay que decir que la cara B no es tan contundente aunque tampoco se queda muy lejos en cuanto a pegada. No hay esa sobreabundancia de hallazgos melódicos y rítmicos, esa fluidez de paisajes sonoros que servían de escenario ideal a las letras de las canciones de la primera cara. Pero es que el inicio de este disco es absolutamente triunfal, y conseguir que le des la vuelta al vinilo y que la escucha de la cara B no decaiga ya es todo un triunfo.
Y no, insisto, no solo no decae sino que aquí todavía hay bastantes hilos en los que enzarzarse. En primer lugar se trata de canciones con un sonido algo más oscuro, y de hecho las letras ofrecen una visión de la humanidad más lóbrega. Hay varias canciones escritas desde el punto de vista de un personaje desagradable: “Fun for All the Family”, en la que la primera persona de la narración es ni más ni menos que un miembro de la familia real española quejándose a Goya por retratarles demasiado verazmente. Por otra parte, en “Ici Les Enfants” se nos cuenta el apasionado amor de un hombre de mediana edad por un muchacho de 12 años. Estoy seguro de que a más de uno se habrá quedado helado al leer las letras de estas canciones, aunque son totalmente coherentes con el catálogo de cretinos retratados a lo largo de sus primeros discos (es decir; pederastas, dictadores, las clases altas, miembros de la familia real), personajes que tienen en común poseer el poder sobre otro individuo o conjunto de individuos, algo que añade mucha grandeza a estas canciones. Muchas de las canciones aquí recogidas parecen apuntar a una crítica de la hegemonía, aunque es difícil determinar dónde está el límite entre la broma y la crítica, si lo hay, aunque este es un aspecto que hace que la banda sea más atractiva, al evitar la obviedad en sus canciones. Antonio Gramsci describió con detalle cómo la hegemonía es una de las más importantes características de las relaciones humanas en el siglo XX, relación que se hizo más insoportable cuanto más se afianzaba el capitalismo a lomos de la expansión colonial de los países europeos. Si menciono todo esto es porque Bid, recordemos, es de origen indio, y aunque no se trate de un grupo que persiguiese la influencia hindú -¿temporalmente quemada en la época del post-punk tras el abuso que se hizo en los sesenta de su simbología en occidente?- es relevante tener en cuenta su feroz crítica a este tipo de relaciones que Margaret Thatcher convertiría en la filosofía oficial del Reino Unido durante su mandato. A pesar de que las canciones de The Monochrome Set parecen referirse a una época pasada, si se leen las letras de las canciones incluidas en este disco de un tirón se puede obtener un retrato de cierta complejidad acerca de las relaciones de poder en las sociedades capitalistas occidentales de los setenta y ochenta. No he encontrado muchas entrevistas con la banda por ninguna parte –lo que demuestra lo infravalorados que están- y no he podido comprobar hasta qué punto apoyaban ideas marxistas como otros compañeros de generación. Es probable que incluso respondiesen a preguntas directas sobre el tema con alguna broma, pues sus entrevistas solían ser una auténtica locura. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que dichas ideas tenían una circulación muy amplia entre las bandas del post-punk.


En cuanto a las canciones, abre la cara “He’s Frank”, una de sus singles del 79, en el que subrayan con un marcador negro su filia por la Velvet Underground. De hecho, la voz de Bid, que siempre se caracterizó por un tonillo entre caradura e interesante, suena aquí en ocasiones muy similar a la de Lou Reed. Es, por lo demás, una de esas canciones con las que a uno le apetece bailar, bailar y golpetear con los pies y las manos, de modo que, sí, es un buen inicio de cara. De hecho, es de mis favoritas del álbum, y eso que la reciente revisión que ha hecho Norman Cook con Iggy Pop como estrella invitada es bastante apagada y, curiosamente, no me invita ni a bailar ni a golpetear ni nada. El buen humor continúa con la frenética batería que va pavimentando el camino de los demás instrumentos en “Fun for All the Family” y los chasquidos de dedos que se añaden a la estructura rítmica de “Lester Leaps”. “Ici Les Enfants” evidencia otro de los ingredientes mágicos de la banda; la francofilia, cuyos ecos están presentes en el título pero sobre todo en la interpretación vocal de Bid y en el formato de canción, con la creciente tensión en el estribillo disuelta al final del mismo, y de manera muy efectiva y acertada, en ecos, como si se tratase de una remezcla dub (¿escucharían dub? Pues también es probable). El final de la canción, un recitado sobre un ruidoso fondo de guitarras, es también reseñable como manera de construir una gran canción con sorpresas sonoras en su desarrollo. Desde luego, el componente de originalidad e inventiva en las canciones de The Monochrome Set es más elevado de lo que parece a simple vista, una escucha atenta de cualquiera de estos temas revela pequeños detalles que fortalecen el conjunto. La francofilia vuelve a estar presente en “Alphaville”, “Fat Fun” es una canción que podrían haber firmado los Buzzcocks, en especial ese estribillo minimal, en el que se pronuncian las dos palabras del título a toda pastilla, y con su letra filogay (rama bear) retoman su vena provocativa.


Volume, Contrast, Brilliance
es, desde luego un disco que hay que tener, a ser posible en vinilo, porque te da las claves necesarias para escuchar y disfrutar a una banda que sonaba totalmente engrasada y cohesionada, con una fortísima, desconcertante, provocadora y divertida personalidad que se materializó en varios puñados de grandes canciones. Es totalmente incomprensible que el revival post-punk haya pasado de puntillas por ellos.

The Monochrome Set — “Volume, Contrast, Brilliance” (la cara A)

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 15, 2008

Uno de mis eternos debates es si merece la pena entrar en la discografía de un grupo mediante un grandes éxitos. Supongo que depende del contexto, y hay grupos que soportan mejor que otros la escucha de sus temas más reseñables de un tirón, en muchos casos porque mediante esa escucha se puede entrever ese hilo genial del que hablaba Sisa en la celebrada entrevista publicada en el Rockdelux recientemente. Luego hay también quien tiene una gruesa discografía, aunque no conviene adentrarse en ella más allá del grandes éxitos. Lo que se conoce como grupo de singles, vaya, que tampoco está tan mal. Y no voy a dar nombres porque este tipo de clasificaciones son siempre muy discutibles. El caso de Volume, Contrast, Brilliance es distinto. Se trata de una colección de sus primeros singles y grabaciones de temas destacados en distintas emisoras de radio, sazonados por comentarios radiofónicos entre canción y canción. Es un disco perfecto para los que todavía no han esuchado ninguno de sus álbumes, porque recoge diversos momentos de una banda en pleno proceso de evolución. Dicho de otra manera, la escucha de este disco no justifica que dejes sin escuchar su más que notable discografía, además, es algo de lo que te das cuenta mientras escuchas el disco; piensas: “Tengo que encontrar la grabación en estudio de esta maravilla”. Todas las pistas de la grandeza de la banda están en esta recopilación editada por Cherry Red, pero no agota, ni mucho menos, las satisfacciones provocadas por escuchar discos redondos como Strange Boutique.
Volume, Contrast, Brilliance empieza bien. Muy bien. En “Eine Simphonie des Grauens” (una sinfonía del horror, subtítulo del Nosferatu de Murnau en su versión original, por cierto) ejemplifican su personalidad sonora mediante una superposición de instrumentos que en principio descolocan, aunque con las escuchas se va descubriendo que cada elemento está donde debería estar. Todo encaja y a la vez todo suena anguloso en esta canción, incluso afilado. La base rítmica apunta a la pista de baile, y esto quiere decir que estamos ante un ejemplo de post-punk bailable que no renuncia a sonar agresivo ¡ese bajo, que parece que te va a pegar un latigazo en la cara de un momento a otro! Y, sobre todo, hay que destacar la eficaz combinación de tensión y tirantez instrumental con líneas melódicas entrecruzadas, e incluso con rastros de psicodelia. Todo esto le va bien a la letra de amor loco post-morten, con líneas tan redondas e inquietantes como “Mi cadaver te ama, casémonos”, tampoco resulta tan sencillo encontrar bandas que suelten cosas de ese tipo sin sonar ridículos ni pretenciosos, menos mal que a The Monochrome Set iban más por el camino de la juerga que por el de la oscuridad mórbida transitada por colegas de generación.
“The Jet Set Junta” es otra de las canciones más conocidas de la banda. Aquí aparece en una versión ligeramente diferente, grabada en una emisora de radio. Pero el frenesí casi de dibujos animados de las onomatopeyas en la letra, y de la batería y los teclados suenan de maravilla. Un aspecto que pocas veces se trata al hablar de ellos es, ya que menciono los dibujos animados, su sentido del humor. Un vistazo a las fotografías promocionales y a las disparatadas entrevistas de la época nos hace darnos cuenta de que este era un grupo muy divertido. Es una auténtica lástima que el adjetivo divertido solo se emplee con grupos en los que este aspecto es muy obvio –Devo, por ejemplo- lo de Monochrome Set quizás tenía más con marear la perdiz, jugar con su representación en los medios, con la ironía y el sarcasmo, ambos tan británicos. Una auténtica locura que siempre debería ser bienvenida pero que en ocasiones provoca miradas por encima del hombro dentro de la música, el motivo es un misterio para mí, no me pregunten. Viva el humor de The Monochrome Set, porque además es tan absurdo y británico como el de los Monthy Python. Aquí se dedican a ridiculizar las dictaduras a lo bestia, meter en una misma frase una referencia a las ejecuciones y a los casinos – Rattle, rattle, goes the bullet round and round the roulette wheel– identificando a ambos como señales distintivas del violento lujo en el que viven los dictadores, en un entorno musical que invita, o más bien obliga, a bailar, es una genialidad. Estos juegos con las imágenes chocantes también les caracteriza y les pone de nuevo en la tradición de los grandes humoristas británicos rompe-tabús, que llega hasta los creadores de Little Britain.
“Love Zombies” -más menciones a seres de ultratumba, después de la canción que abre el disco-  tiene un gran título, inolvidable al igual que la larga introducción instrumental, con el bajo machacándote el oído a base de bien. Ya lo he dicho y seguro que lo volveré a decir antes de terminar la entrada: qué originales eran sus ritmos, qué bien aguantaban el peso sus líneas de bajo, qué texturas tan interesantes las de las guitarras. Le sigue en la cara A uno de sus primeros singles, “Silicon Carne”, con sus parones y reanudaciones de la canción y otra de sus memorables letras. “The Ruling Class” viene precedida, como todas las canciones, de un corte de un locutor radiofónico hablando de ellos. En este caso, nos encontramos con un ejemplo de cómo tomaban el pelo a los periodistas cuando preguntaban a Bid sobre el supuestamente contexto principesco de su familia, a lo que Bid suelta sin despeinarse que sus antepasados eran reyes indios. Bid hundía el dedo en la llaga de la fascinación británica por el exótico Oriente, superpoblado en su imaginación por personajes de sangre real.  En “Viva Death Row” terminan haciendo referencia al “I%92ve Got You Under My Skin” y, para cerrar la cara A del vinilo editado por Cherry Red a precio reducido en 1983, la juguetona “The Man With The Black Moustache” -título que me encanta, como Man with a man moustache que soy, aunque reconozco que me jode bastante que de repente sean tendencia los bigotes, I was a man with a black moustache before they were men with black moustaches y todo eso, ¡y tengo testigos!- grabada en una sesión para Capital Radio.

Mañana hablamos de lo que viene en la cara B.

Edwyn Collins en directo

Posted in Uncategorized by Iván Conte on junio 19, 2008

Supongo que al igual que le ocurre a mucha gente, no estoy muy al día de la evolución en el complicado estado de salud de Edwyn Collins, de modo que cuando me enteré de que está haciendo conciertos, me llevé una gran alegría. Hoy he visto en Pitchfork un vídeo de un reciente concierto suyo en Londres en el que interpreta “Blue Boy”, una de las joyas del repertorio de Orange Juice. No os esperéis una buena calidad de imagen o de audio, pero el vídeo sí que permite  intuir que la capacidad de la voz de Collins para emocionar y alegrarle a uno el día no está demasiado tocada.

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Montañas

Posted in Uncategorized by Iván Conte on junio 16, 2008

Un grupo que, por cierto, encajaría perfectamente en el catálogo de Producciones Doradas es Montañas, un nuevo grupo asturiano que nos tiene a algunos algo revolucionados. Yo me he perdido sus dos primeros conciertos por distintos motivos (laborales en el caso del primero; estaba viendo a Guiller Momonje cuando daban su segundo concierto) pero el tercero, como teloneros de Los Punsetes el 2 de Agosto en Oviedo es una cita imprescindible. Por cierto, que parece mentira que todavía haya gente que se anime a hacer conciertos en Oviedo, teniendo en cuenta todos los obstáculos que les ponen en la actualidad (por ejemplo, los conciertos tienen que terminar antes de…¡las diez de la noche!), y las actividades de La Antigua Estación en particular, organizando conciertos de grupos asturianos muy interesantes, me parece especialmente loable.

Pero a lo que iba, que es a hablar de Montañas. Así los describía un amigo en un email y a mí ahora mismo no se me ocurre mejor manera de hacerlo:

Montañas para mí son Siniestro total 1ª época + Beat Happening +Bananas + Feelies y, joder , lo que dicen en la hoja de prensa de “En Montañas reflejamos lo que nos gusta y lo que no nos gusta de Asturias” es una declaración de intenciones de lo más emotivo.”

Cuando un Myspace está hecho con el suficiente cuidado, la lista de amigos destacados también da buenas pistas sobre las coordenadas del grupo. En la de Montañas aparecen Thelemáticos, Anticonceptivas, Chiquita y Chatarra, Grande-Marlaska y Le Mot, entre otros. Curiosamente, con muchos de estos grupos comparten el tener al menos un miembro asturiano residiendo fuera de Asturias, quizás como reflejo de una generación asturiana forzada a convertirse en una diáspora que, en algunos casos, ha servido para estrechar lazos de amistad y colaboración en bandas a pesar de la distancia y, en el caso de Montañas, para inspirar los chistes privados recogidos en los títulos de estas canciones. Títulos cuya explicación daría para otra entrada. Por ejemplo, el título de la canción que aparece en el primer vídeo, “Yo conduzco, ella me guía”, está sacado de una frase que aparece en pegatinas de miles de coches asturianos y que hace referencia a la Virgen de Covadonga (!), estoy seguro de que cualquier asturiano que reconozca la referencia se reirá sonoramente al leerlo. Montañas no tienen nada grabado de momento, que yo sepa, aparte de la canción de 30 segundos que aparece en su Myspace, pero deberían hacerlo más pronto que tarde.

Todos los vídeos pertenecen a su primer concierto, en La Antigua Estación.

“Yo conduzco, ella me guía”

“FIDMA”

“Gatín y Nube”

“Andrín”

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The Wedding Present “Seamonsters”

Posted in Uncategorized by Iván Conte on junio 9, 2008

La explosión nuclear que provoca el final de una relación, según Gedge y Albini

De un festival como el Primavera no sales sin que te afecte por un tiempo. Entre secuelas de otros tipos, de las cuales no es el momento ni el lugar adecuado para hablar de ellas, la oportunidad que he tenido de ver a Shellac dos veces en pocos días (la primera en el festival barcelonés, la segunda en Gijón) me ha despertado un hambre atroz por sentir su mano en los discos que escucho últimamente. Ese fue el principal motivo que me llevó a recuperar y ponerme el cd Seamonsters de The Wedding Present repetidas veces durante este fin de semana. Algo que también me ha servido para ponerme en el estado de ánimo adecuado para recibir El Rey con los brazos abiertos. Por cierto, que el nuevo disco de la banda también ha sido producido por Steve Albini.

La producción de este disco de The Wedding Present es un éxito, no simplemente porque la firme Albini, sino porque logra llevar a otro nivel los aspectos más característicos de la estética de The Wedding Present, al tiempo que el sello del estadounidense es inconfundible. Seamonsters es uno de esos raros ejemplos en los que un encuentro entre dos sonidos (el hardcore estadounidense y el indie-pop-C86 británico) consiguen que el resultado refleje lo mejor de ambos mundos. Gracias al productor/ingeniero de sonido estadounidense, las capas de guitarras ruidosas piden más que nunca que subas el volumen de tu equipo, y de hecho, se trata de un disco que suena más matizado cuanto más alto lo pones. El hecho es que la grabación de Steve Albini es formidable, todo suena brillante, afilado y crudo, a pesar de los innumerables ganchos melódicos que hay repartidos por todo el disco, y es algo que le va muy bien al personaje que David Gedge va perfilando en sus canciones, siempre girando alrededor del momento en el que una relación se rompe y todavía no se entiende muy bien por qué. Este es un sentimiento que desemboca en frustración y, en este disco de The Wedding Present, en tormentas sonoras. Pero lo mejor es que entre los instrumentos hay espacio para que el oyente y los propios instrumentos puedan respirar, un espacio por el que moverse con la tensión apenas contenida pero gradualmente desatada en forma de sutiles crescendos que caracteriza la estructura de muchas de las canciones de este disco.

Casi se podría hablar del sonido de cada uno de los instrumentos que aparecen en este disco, empezando por la voz, que según el propio Gedge fue grabada con hasta tres micrófonos, uno de ellos situado en el suelo y el otro de manera estratégica para captar la respiración de Gedge. No es de extrañar, entonces, que su voz suene en este disco especialmente tridimensional y granulosa, capaz de transmitir la emoción de unas letras que retratan a un sujeto con los nervios de punta. Curiosamente, en algunos de los temas su voz recuerda a un hipotético Ian Curtis capaz de firmar temas de post-punk-pop y, desde luego, esa voz limitada pero retorcida para conseguir los efectos emocionales deseados es muy post-punk.

Las guitarras son la principal marca de fábrica de Albini, y aquí se produce un interesante juego dinámico entre las atronadoras guitarras eléctricas a las que nos tiene acostumbrados y el sonido de las guitarras acústicas, especialmente en canciones como “Rotterdam”, “Carolyn” o “Heather”. Por lo demás, hay que destacar cada uno de los momentos en los que dichos instrumentos entran en bloque en la canción, formando una masa de sonido, ejemplos de esto los encontramos en “Dalliance”, en “Suck”, o en “Lovenest”. En ocasiones, esos bloques de guitarras crean texturas que, si bien sería exagerado comparar con las de My Bloody Valentine (supongo que los métodos de producción y mezclas son muy diferentes), lo cierto es que puntualmente consiguen ese mismo efecto de psicodelia sexual. Esto ocurre, por ejemplo, cuando llega la tormenta eléctrica en los finales de “Dare” o “Curduroy”.

La sección rítmica del disco merece un párrafo aparte y es una de las claves del éxito del álbum. El bajo y la batería suenen tan interesantes como para sostener una escucha alrededor de dichos instrumentos. Cojamos, por ejemplo, “Suck”, en la que el trepidante repiqueteo, repetido como un loop al final de la canción, consigue un efecto inmediato sobre tu estado de ánimo. Mucho cuidado con escuchar esta canción, porque te puede llevar a un viaje emocional del que no saldrás inmune. “Suck”, por cierto, dio bastante de que hablar en su momento por las referencias sexuales de su título y letra. Volviendo al tema de la batería, estas suenan, además de con esa sequedad que caracteriza a Albini (en este sentido “Blonde” es muy significativa) arrolladoras, como un sólido torbellino sobre el que construir un tejido rítmico muy dinámico junto al bajo. Incluso en “Dalliance” el ritmo apunta directamente a la pista de baile. Esta canción, por cierto, abre el disco de manera inmejorable, con Gedge susurrando y los instrumentos sonando bajos en la mezcla, hasta que entran las guitarras en llamas que subrayan la rabia y la frustración del personaje que Gedge sitúa en la primera persona de sus canciones.

Insisto, si este trabajo es un órdago es por conseguir que dos engranajes básicos del hardcore y el indie-pop como Steve Albini y David Gedge logren un sonido totalmente engrasado, consiguiendo de esta manera una clara cima en ese terreno musical que explora los límites entre punk y pop. A veces suenan como una banda de hardcore que hubiese decidido hacer un disco de pop, pero no olvidemos que el pop rápido de los Weddos siempre tuvo un toque de agresividad tanto en su sonido como en sus letras. Uno de los mejores discos de pop de la década de los noventa. Y no me preguntéis si prefiero este disco o el “George Best”.

Young Marble Giants @ Primavera Sound

Posted in Uncategorized by Iván Conte on junio 2, 2008

Otro día hablaré con más calma del Primavera Sound, pero es que no me he podido resistir a enlazar aquí el primer vídeo que alguien ha subido a youtube del perfecto concierto que ofrecieron Young Marble Giants en el Auditorio. Y cuando digo perfecto quiero decir P-E-R-F-E-C-T-O.  Y lo mejor es que inmediatamente después vimos a Throbbing Gristle con su capacidad de aturdir intacta.

En el momento en que Alison Statton da unas palmas antes de ponerse a cantar, más o menos en el minuto 1:00 de este video… tuve que hacer los mayores esfuerzos que he hecho jamás para no echarme a llorar. ¡Si todavía me cuesta escucharles en este video y mantener el tipo, a pesar de que la calidad de sonido del video no refleja lo bien que sonaron!