Redux

Kanye West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy

Posted in hip hop, LPs, pop mainstream by Iván Conte on diciembre 12, 2010

El quinto disco de Kanye West es la culminación de una inteligente y a todas luces efectiva campaña de marketing que ha durado todo el 2010, durante el cual el productor y rapero estadounidense ha hecho de todo: actuaciones sorpresa en sitios insospechados como las oficinas de facebook, cabrearse en entrevistas, animar twitter con sus tonterías y, sobre todo, regalar un montón de canciones que le han servido para comprobar su recepción e ir tomando decisiones en consecuencia hasta desembocar en un disco que lo tiene todo para gustar a casi todo el mundo.

En My Beautiful Dark Twisted Fantasy cada detalle, desde los samples hasta las colaboraciones, han sido estudiados minuciosamente por un West más perfeccionista y ambicioso que nunca. Así, no es de extrañar que la inspiración para ‘Runaway’ partiese del Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick, pues rapero y director comparten megalomanía y perfeccionismo maniático hasta el punto de caer antipáticos. Más allá de esta similitud, la película póstuma de Kubrick le va como anillo al dedo a este disco, ya que ambos ofrecen una exploración desquiciada del ego masculino dañado en un entorno de decadente opulencia. Esta opulencia se refleja en el disco sobre todo en su aspecto visual, como por ejemplo en los vídeos  de ‘Power’ y ‘Runaway’, que apuntan a la opulencia de la aristocracia de la vieja Europa y al mal gusto de los nuevos ricos respectivamente.

Músicalmente, la opulencia se manifiesta en el exceso y la épica, en los arreglos de cuerda y de piano, así como en su intención de asimilar cualquier música susceptible de hacer sonar más grande su música: desde King Crimson a Aphex Twin pasando por el últimamente reivindicado Mike Oldfield. Hablando de esos samples, es evidente el impacto de este disco solamente si tenemos en cuenta que ya existen playlists con los temas sampleados, cuya escucha permite comprobar que ya no podremos volver a oírlos sin acordarnos de su presencia en este disco porque West los ha fagocitado para su disco. Y qué decir de las colaboraciones: uno de los puntos más claramente a favor es que absolutamente ninguna de las colaboraciones es irrelevante, todos están en estado de gracia y todos aportan su granito de arena a que el disco sepa a esfuerzo  de un colectivo y, por qué no decirlo, a celebración del presente y el futuro de la música negra, que inevitablemente pasa por este clásico instantáneo. Algunos hasta roban el protagonismo como en el muy comentado caso de Nicki Minaj, cuya feroz participación en ‘Monster’ es uno de los momentos álgidos del disco. Y pese a todo el exceso en este disco, hay que destacar que haya tenido la sangre fría de dejar fuera muchas de las canciones procedentes de las mismas grabaciones, regaladas con periodicidad semanal a lo largo del verano y el otoño en su web. Muchos de estos temas tienen el suficiente interés como para demostrar que Kanye West está en racha, pero el disco se beneficia por no alargarse más de lo debido. Podría haber editado un doble cd, pero no tendría sentido, el tracklist, tal y como está, es casi redondo.

En un contexto de crisis económica mundial, West ha reinventado el disco como blockbuster –se rumorea que el presupuesto ha superado los tres millones de dólares- un poco a la manera de Michael Jackson. No por casualidad el difunto cantante es una fijación para West en los últimos tiempos. Con Michael Jackson le une la ambición de fusionar la música negra y el pop blanco, reflejada aquí en algunas de las colaboraciones y en muchos de los samples, procedentes de artistas blancos como Mike Oldfield o Elton John. Prince también intentó una mezcla parecida con el funk y el rock en la etapa de Purple Rain, la de mayor éxito comercial y crítico. Lo que distancia a West de Jackson y Prince es que el primero es consciente de sus debilidades y contradicciones y las ha usado para hacer el disco definitivo sobre el desquiciamiento provocado por la fama, algo que los dos últimos siempre se esforzaron por esconder bajo la alfombra. Y esto es lo que hace a este disco tan especial. No es, de hecho, la primera vez que se pone música a un cortocircuito mental con resultados notables, ya que Britney Spears hizo su mejor trabajo bajo la misma premisa en Blackout, pero West llega mucho más allá al subrayar sus contradicciones y usarlas como un elemento narrativo más. Además, la aceptación de su esquizofrénico punto de vista se puede ver también como un reflejo del cortocircuito del capitalismo: el lujo ya no es capaz de ocultar las grietas y miserias interiores. De este modo, es probable que nadie como él haya hecho más por aumentar los registros del hip hop mainstream en los últimos años: la glorificación caricaturesca del gangsta rap fue desmontada en el audaz movimiento de mostrarse vulnerable en 808s and Heartbrake, abriendo un terreno que ha hecho posibles las carreras de sus protegidos Kid Cudi y Drake, y ahora que sabe que su ego es lo mejor y lo peor de sí mismo, que es un genio y un cretino al mismo tiempo, sus letras han ganado en interés por ello.

Musicalmente este disco es una versión corregida y aún más épica de todos sus logros anteriores, lo que hace que parezca el grandes éxitos de Kanye West. Aunque dedica poco espacio al tipo de producciones que le caracterizaba en sus inicios como en el caso de ‘Devil In A New Dress’, aquí podemos encontrar, mejorados, el crossover hip hop / pop de Graduation y el registro intimista de 808s and Heartbreak, dos discos que en su momento provocaron división de opiniones y dudas acerca del futuro de la carrera de Kanye West, pero que ahora debería estar claro que eran pasos sin los cuales no existiría este disco. Es difícil destacar uno o dos temas, dado que la media se mantiene muy alta durante todo el disco, pero la atención ha de centrarse en el tramo medio que va de ‘Monster’ a ‘Runaway’, pasando por un ‘All of the Lights’ con un beat que algunos han visto como herencia del juke comentado aquí hace unos días a propósito del disco de DJ Roc. Pero quizás el tema más redondo sea ‘Monster’, porque suena a hip hop en un estado de excitación tal que realmente parece que West puede hacer con él lo que quiera. Todo en este tema, desde los beats hasta las ya comentadas colaboraciones, está tan inspirado que es casi inevitable volver a escucharla antes de continuar con el disco. Y para terminar, ese final festivo y concienciado –sample de un joven Gil Scott-Heron en el año de su resurrección artística mediante- con ‘Lost in the World’ y ‘Who Will Survive in America’ que poco tienen de hip hop pero que sirven para cerrar el disco de una manera muy emocionante y dejando ganas de más.

De todos modos, al contrario que la mayoría, yo si le encuentro algunos peros al disco. En primer lugar, ‘Gorgeous’ me sobra, debido a una guitarra un tanto patillera y a un Kid Cudi que está menos inspirado que en sus apariciones en 808s and Heartbreak.  Por otra parte tanta épica  -¿no es esto hip hop para estadios?- me acaba saturando en ocasiones, es más, tengo la sensación de que me acabaré cansando de estas canciones cuando su épica deje de provocarme las mismas sensaciones que en las primeras escuchas. Y finalmente, para ser sincero, pues me siguen pareciendo mejores sus dos primeros discos. Pero quizás esto se deba a que ya han pasado unos años de la edición de estos discos y la perspectiva les favorece. Ahí , en esos discos que Kanye West hizo para continuar el trabajo que ya llevaba haciendo durante los años anteriores como productor para otros, West sí que reinventó el hip hop a su manera. Habrá que ver cómo trata el tiempo a éste, pero, ¿Realmente es un disco mejor, más importante que los de Big Boi, The-Dream o Janelle Monae? El hecho de que sea una culminación de su carrera necesariamente reduce la sensación de estar escuchando algo realmente innovador, algo que sí que han conseguido discos englobados en las etiquetas hypnagogic pop, juke o witch house. Lo que está claro, en cualquier caso, es que ha conseguido revolucionar el final del año, y que habrá que estar muy atentos a lo que hace él y el impacto que este disco pueda tener en el futuro.

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Kid Cudi – ‘Man on the Moon: the End of the Day’

Posted in Uncategorized by Iván Conte on octubre 1, 2009

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En la primera mitad de este año, dos sorprendentes singles parecían indicar el futuro del hip hop. Uno era el ‘Best I Ever Had’ de Drake, y el otro ‘Day n’ Nite’ de Kid Cudi. Los dos apostaban por ampliar temáticamente el hip hop hacia terrenos más emocionales e introspectivos, mezclando hip hop, electrónica y pop. Ambos singles, además, funcionaron muy bien en cuanto a ventas, y aunque no llegaron al número uno se pasaron un montón de semanas entre los diez más vendidos. En definitiva, parecía que el público aprobaba esta nueva orientación. Y la crítica también parecía ser receptiva, porque muchos señalaron en su momento a ambos singles entre los claros destacados del año.

Ahora Drake ha publicado un EP en el que se recogen los temas más destacados de la mixtape que le hizo famoso, una mera estrategia para sacar más dinero mientras prepara el disco, que no tiene sentido si tenemos en cuenta que se puede descargar la mixtape gratuitamente con el consentimiento, es de suponer, del propio Drake. Kid Cudi también se hizo famoso con una mixtape, pero su primer LP se centra en material nuevo, y los resultados son muy desiguales, provocando opiniones tan extremas como el suspenso que le ha dado hoy mismo Pitchfork o la adhesión casi incondicional de David Broc en Playground.

Pero, ¿qué es lo que hace tan especial a Kid Cudi? ¿Por qué había tantas esperanzas puestas en él? Pues principalmente por replegar el hip hop mainstream hacia una dimensión más personal, cubriendo temas como la alienación, la soledad, la vulnerabilidad, aumentando el abanico expresivo del hip hop… Algo muy complicado de conseguir, pero que ‘Day n Nite’ lograba a la perfección con una letra introvertida, paranoica y alucinada muy bien transmitida por el flow relajado de Kid Cudi. A eso hay que añadir el indudable buen oído para las melodías de Cudi, de hecho se dio a conocer antes de meter ‘Day n Nite’ en la lista de ventas porque los ganchos melódicos más claros del 808s and Heartbreak de Kanye West (los de ‘Welcome to Heartbreak’, ‘Heartless’ y ‘Paranoid’) son suyos. La conexión con West es inevitable también, pues Cudi es su protegido, al igual que Drake, dos figuras que pretenden plantar sus ideas en el terreno fértil del discutido cuarto disco de Kanye West.

Y sin embargo… Man On The Moon no ha sido la consagración que se esperaba. La primera señal de alerta fue el single ‘Make Her Say’, una incomprensible, bochornosa e irritante broma a costa del ‘Poker Face’ de Lady Gaga. Una vez escuchado el disco, creo que el problema básico surge del hecho de que Cudi ya no está en ese momento en el que se siente solo e incomprendido, que es la situación vital que llenaba de vida y hacía reconocibles las experiencias contadas en su mixtape o en ‘Day n Nite’. El sitio en el que está ahora Cudi es otro; se sabe en una situación para triunfar, y por cada verso sobre su soledad o sus traumas familiares, tenemos otro en el que se pavonea sobre el éxito que va a conseguir, es ilustativo en este sentido las continuas referencias a cómo los sueños se hacen realidad.No es solo una cuestión de autenticidad, pero si se tiene la pretensión de cambiarle la cara al hip hop, habría sido preferible hacerlo a conciencia.

Así las cosas, en vez de un Original Pirate Material tenemos una mezcla de los tres primeros discos de The Streets, lo que quiere decir que hay cosas muy buenas y otras cosas que no tanto. Musicalmente Man on the Moon es un disco conceptual. Cudi ha dicho en entrevistas que se ha inspirado mucho en la ciencia ficción, y eso se nota no solo en el título sino en el uso de los sintes, aunque no llega a enlazar con la temática del afrofuturismo, quizás porque la dimensión social se queda un poco al margen. Así que quizás lo que hay que hacer es recuperar la mixtape y no obsesionarse con este disco un tanto fallido –pero no un desastre, hay más de uno y de dos temas memorables, como ‘Soundtrack 2 My Life’, ‘Sky Might Fall’ o ‘Up, Up & Away’, a los que merece la pena prestar la atención.

Lo más curioso de todo es que he estado escuchando este disco al mismo tiempo que el nuevo álbum de un Raekwon con la maquinaria engrasada al máximo que representa una forma de hip hop que ya asociamos con el pasado -¿quién no siente nostalgia escuchándolo por los viejos gloriosos tiempos en los que Wu-Tang Clan eran lo más?- un hip hop con la vista puesta en las calles  más que en el dormitorio. El disco de Raekwon es sobresaliente, pero no quiero decir con esto, ni mucho menos, que su opción sea la más auténtica, ni que el hip hop se está estropeando por la relativa reducción de testosterona y trepidación urbana introducida por Kanye West, Drake o el propio Kid Cudi. El disco de Raekwon es un caso de ‘el que tuvo, retuvo’, el de Kid Cudi un intento fallido de continuar con la interesantísima y fructífera revisión del hip hop liderada por J Dilla, Sa-Ra o el propio Kanye West.

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