Redux

Treme

Posted in Uncategorized by Iván Conte on diciembre 27, 2010

En primer lugar, tengo que decir que no hablaría de esta serie aquí, a pesar de ser mi serie favorita de entre las estrenadas en el 2010, si no fuese por la fuerte conexión que tiene con la música. La que muchos esperaban como la continuación lógica de The Wire ha defraudado, en su primera temporada, a mucha gente, quizás porque la serie renuncia a la contundencia de un arco dramático como los desarrollados en las cinco temporadas de The Wire, pura dinamita con mecanismo de relojería que explotaba una y otra vez al final de cada temporada para revelar cómo el capitalismo está infiltrado en todas las instituciones estadounidenses, con efectos devastadores. Como el punto de partida de Treme es el huracán Katrina, supongo que era de esperar una diatriba anti Bush, pero David Simon ha decidido ser más sutil que nunca, dejando que las situaciones presentadas en estos trece capítulos hablen por sí solas, huyendo del tremendismo y evitando grandes gestos dramáticos e incluso relegando algunos de ellos a inquietantes elipsis. Así, Treme se presenta como una depuración de la idea de The Wire de la ciudad como personaje: aquí ni hay un arco dramático ni pasa gran cosa aparentemente, algunas situaciones se resuelven rápidamente y otras se alargan unos capítulos, otras llegan a su climax unos cuantos capítulos antes del final, y si hay que parar la serie para dedicar un capítulo a un día de fiesta en Nueva Orleans, se para. Porque Simon en esta ocasión ha querido llevar los límites de la ficción televisiva aún más allá, a un territorio que quiere aproximarse lo más posible al ritmo de la vida, siendo el objetivo principal retratar en profundidad una serie de personajes representativos del Nueva Orleans contemporáneo. En este sentido es reveladora la cita que hace el personaje interpretado por John Goodman, hacia el final de la temporada, a Kate Chopin y su idea de que la vida carece de resoluciones como las de la ficción.

También han sido muy criticados los personajes blancos, sobre todo los masculinos, por antipáticos, pero creo que es algo deliberado, porque ellos representan esa conflictiva actitud del hombre blanco que llega a una ciudad con una vibrante escena musical negra con la idea de preservar sin cambios la idea romántica que de ella tiene, sin darse cuenta de que para los músicos locales la música es algo vivo, que reacciona a lo que sucede alrededor y que, irremediablemente, cambia. Particularmente cargante para muchos es el personaje interpretado por Steve Zahn (David McAlary), aunque a mí me divierte y me recuerda -de lejos- al protagonista de Odio, la serie de cómics de Peter Bagge. Además, hay más actores, y sobre todo actrices, que están soberbios: a Melissa Leo, por ejemplo, no le haría falta decir una sola palabra, sus miradas y gestos son suficientemente expresivos, ¡y qué decir de absolutamente todos los actores y actrices negros! les toca la parte más difícil, la más tocada por el huracán, y la mezcla de indignación, humanidad y orgullo que destilan merecería que todos y cada uno de ellos se llevasen uno de esos premios que, paradójicamente, se le negará a esta serie por su excesivo carácter crítico, como ya sucedió con The Wire.

Musicalmente, la serie no se queda en los guiños de músicos importantes en la historia de Nueva Orleans que van apareciendo en la serie, y va retratando los distintos conflictos a los que se encuentra sometida en la actualidad, desde los músicos callejeros hasta las estrellas blancas que viajan a Nueva Orleans en busca de eso llamado autenticidad.

Y qué decir, claro, de su cabecera, como siempre en HBO una pequeña obra maestra que resume a la perfección el espíritu de la seria.

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