Redux

El capitalismo de Kanye West.

Posted in electrónica, hip hop, techno by Iván Conte on octubre 24, 2008

1. Estoy releyendo la reedición de este año del Energy Flash de Simon Reynolds, y me está gustando no solo tanto, sino más que la primera vez, quizás porque la primera vez quedé un poco aturdido por el torrente de nombres, canciones y discos de los que hice una nota mental para investigar en algún momento. Por supuesto, pocas veces me puse a investigar, de ahí que no me quedase más remedio que volver a ventilármelo desde el principio, algo que estoy haciendo, ya digo, con mucho gusto.

El caso es que, leyendo uno de los comentarios a esta entrada sobre el escaso impacto comercial del hip hop  en España, me encontré con una crítica a Kanye West por representar el arribismo cultural y económico. Es una crítica habitual a las grandes estrellas de la música negra, pero es necesario intentar encontrar un contexto para evitar caer en condenas precipitadas y, sobre todo, hechas desde nuestra posición cultural.

Simon Reynolds explica muy bien en su libro el contexto cultural en el que nació el techno detroitiano, y no se diferencia demasiado de la actitud de Kanye:

Atkins, May and Saunderson belonged to a new generation of Detroit area black youth who grew up accustomed to affluence.

(…)

Eddie Fowlkes remembers that kids from the posher West Side of Detroit “were more into slick clothes and cars, ‘cos the West Side kids had more moeny than the kids on the East Side. They had more opportunity to travel, get books, and get things. They were into stuff like Cartier and all the shit they read about in GQ. So you had black kids on teh West Side dressing like GQ, and it all kind of snowballed into a scene, a culture.” According to Jeff Millls (…) American Gigolo was a hugely influential movie on these Euro-fashion-obsessed black youth, just for the chic lifestyle of Richard Gere‘s lead character, his massive wardrobe of scores of shirts and shoes.

Es decir, que el Techno primigenio fue el producto de unos niños bien que lograron impulsar una cultura popular vibrante, capaz al mismo tiempo de articular la alienación provocada por la sociedad hiper-tecnificada glorificada por su sofisticado estilo de vida, como, en una segunda oleada de productores, recolocar sus significantes para terminar siendo una representación musical de la opresión sufrida por la población negra por parte de la propia sociedad capitalista (sobre todo mediante Underground Resistance o Drexciya). Toda música es susceptible de ser apropiada por otra comunidad cultural y adaptada a sus propios objetivos. Por ejemplo, Reynolds también cuenta que en la coda del segundo verano del amor inglés (1988, y parte del 1989) el techno fue integrado en las raves ilegales, y que Derrick May se cabreó mucho al ver que su música se había asociado de esta manera con una cultura en la que el consumo de drogas era un elemento tan destacable. Esta capacidad de la música para ser tan maleable y representar cosas diferentes según quién la usa es la prueba de que no es conveniente condenar a una música porque represente algo con lo que no estamos de acuerdo. Al fin y al cabo, el capital subcultural está en continua circulación y transformación, y a pesar de que entender el contexto ayuda a entender la música, no estamos obligados a comprar “el paquete completo”.

Además, hay que tener en cuenta el siguiente punto:

2. Hablando de los MCs de grime que este año habían conseguido dar el salto al mainstream en el Reino Unido (Wiley, Dizzee Rascal, y ese eterno candidato frustrado que es Kano), Martin Clark decía en su blog lo siguiente:

But, while I don’t think it will probably be their most essential work, I still support the MCs’ right to want that success: just look at where many of them have come from. Think about the message it gives to the entire grime community if everyone of their most visible acts continually fails.

3. Otro aspecto en común entre Kanye West y los pioneros del Detroit Techno es la eurofilia. Se trata de otro elemento que se puede entender como parte de su ostentación de una sofisticación o un estatus económico determinado. Mientras que los segundos flipaban con Kraftwerk o el techno-pop más gélido de las islas británicas (John Foxx, Gary Numan, etc.), Kanye West hace lo propio con Coldplay y Keane. De hecho, es de sobras conocido que Coldplay gusta mucho al público negro estadounidense, no es casualidad que su nuevo single, “Lost”, haya aparecido ahora con una remezcla en la que rapea Jay-Z. Será interesante ver cómo se refleja el gusto de West por los mencionados grupos británicos en su nuevo -y a priori muy controvertido- disco.

Quizás sea simplificar un poco, pero creo que también hay un componente racial muy importante, se puede entender de manera similar el orgullo racial provocado por las victorias de Ali y el triunfo económico de Kanye West; ambos son ejemplos de triunfo en un juego para el que ellos no han escrito las reglas; el boxeo el primero, el capitalismo el segundo.

Todo esto es mucho más complejo, claro. Pero bueno, de alguna manera había que empezar a tirar del hilo.

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