Redux

Toro y Moi – Underneath the Pine

Posted in chillwave, críticas publicadas, LPs, pop, psicodelia by Iván Conte on febrero 21, 2011

En Playground

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Jon Brooks – Music for Thomas Carnacki

Posted in hauntology, LPs by Iván Conte on febrero 9, 2011

En su evocación fantástica de añejas y fallidas utopías británicas, de futuros que podrían haber sido nuestro presente y que nos resultan a la vez familiares e inquietantemente extraños,  la hauntology siempre tiene algún paralelismo con el steampunk, aspecto subrayado sobre todo por la discografía de Moon Wiring Club, no por casualidad autor de la fantasmagórica y excelente portada de este disco de John Brooks (más conocido por su alias The Advisory Circle), que es la segunda referencia del sello Cafe Kaputt, comandado por el propio Brooks, esta conexión también está muy presente. O más bien habría que decir que lo que evocan Jon Brooks o Moon Wiring Club es el período eduardiano, fascinado  por la electricidad y el optimismo social y recordado ahora nostálgicamente como una breve época de esplendor antes de las dos guerras mundiales. También es la época en la que proliferaron autores infantiles como JM Barrie, hasta el punto de que la idea de la infancia perdida británica –antes de las guerras, antes de la pérdida del imperio-  también se asocia con esta época. La hauntology desde el principio se postuló como una exploración de los recuerdos de infancia de una generación de ingleses que fueron niños en los setenta y que crecieron fascinados por los extraños sonidos electrónicos que se podían escuchar en series y programas de información pública de la BBC. La extrañeza que les provocaban esos sonidos es usada ahora para recrearse en presentes alternativos, y en este sentido no resulta extraña esta subrama eduardiana dentro de la hauntology. La conexión, en el caso de este disco de Jon Brooks, tiene que ver con el hecho de que se trata de una revisión de la figura literaria de Thomas Carnacki, protagonista de una serie de historias cortas escritas por William Hope Hodgson centradas en tramas detectivescas con aspectos sobrenaturales. Esto explica el uso espectral que se hace de la electrónica en este disco, e incluso de instrumentos como el piano, y que también se puede relacionar con la visión entre atraída y desconfiada que provocaba la electricidad en aquella época, la misma evocada por la library music del BBC Radiophonic Workshop unas décadas más tarde.

Como ilustración sonora de una época y en particular de estos relatos pertenecientes al género de la literatura popular fantástica, Music For Thomas Carnacki funciona a la perfección. La corta duración de los temas, pocos superan los tres minutos, remite a la idea de banda sonora incidental, de modo que muchos de estos cortes se encargan de crear atmósferas entre preciosistas y tenebrosas, con algún momento destacado por su emotividad –sobre todo en los temas con piano- e incluso algún apunte melódico (‘There And Somewhat Free’, ‘House Among the Laurels’, ‘Moontime the Embankment’ o la semioculta melodía de ‘An Expiration of Sorts’ son buenos ejemplos). Las excepciones las encontramos precisamente en algunos de los momentos más destacados del disco, como los más de cinco minutos pulsantes y orquestales de ‘Carnacki Theme Three’, A pesar de contar con 28 cortes, el disco se escucha muy bien de un tirón, y es de hecho una nueva joya de la hauntology.

James Blake – James Blake

Posted in art pop, críticas publicadas, dubstep, LPs by Iván Conte on febrero 7, 2011

La crítica, en Playground.

Demdike Stare – Triptych

Posted in críticas publicadas, electrónica, hauntology, LPs by Iván Conte on enero 24, 2011

James Ferraro – Night Dolls With Hairspray

Posted in críticas publicadas, hypnagogic pop, LPs by Iván Conte on enero 19, 2011

Con la crítica de este disco de James Ferraro me estreno en Playground, a cuyos responsables agradezco que hayan pensado en mí. Me gustaría agradecer a Javier Blánquez por la insistencia -el año pasado no podía ser- y a Ariana Diaz Celma por la  decisiva mediación. Y ¡eh, me hace ilusión empezar con James Ferraro! no había escrito todavía sobre él, y ya era hora ¿no?

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Kanye West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy

Posted in hip hop, LPs, pop mainstream by Iván Conte on diciembre 12, 2010

El quinto disco de Kanye West es la culminación de una inteligente y a todas luces efectiva campaña de marketing que ha durado todo el 2010, durante el cual el productor y rapero estadounidense ha hecho de todo: actuaciones sorpresa en sitios insospechados como las oficinas de facebook, cabrearse en entrevistas, animar twitter con sus tonterías y, sobre todo, regalar un montón de canciones que le han servido para comprobar su recepción e ir tomando decisiones en consecuencia hasta desembocar en un disco que lo tiene todo para gustar a casi todo el mundo.

En My Beautiful Dark Twisted Fantasy cada detalle, desde los samples hasta las colaboraciones, han sido estudiados minuciosamente por un West más perfeccionista y ambicioso que nunca. Así, no es de extrañar que la inspiración para ‘Runaway’ partiese del Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick, pues rapero y director comparten megalomanía y perfeccionismo maniático hasta el punto de caer antipáticos. Más allá de esta similitud, la película póstuma de Kubrick le va como anillo al dedo a este disco, ya que ambos ofrecen una exploración desquiciada del ego masculino dañado en un entorno de decadente opulencia. Esta opulencia se refleja en el disco sobre todo en su aspecto visual, como por ejemplo en los vídeos  de ‘Power’ y ‘Runaway’, que apuntan a la opulencia de la aristocracia de la vieja Europa y al mal gusto de los nuevos ricos respectivamente.

Músicalmente, la opulencia se manifiesta en el exceso y la épica, en los arreglos de cuerda y de piano, así como en su intención de asimilar cualquier música susceptible de hacer sonar más grande su música: desde King Crimson a Aphex Twin pasando por el últimamente reivindicado Mike Oldfield. Hablando de esos samples, es evidente el impacto de este disco solamente si tenemos en cuenta que ya existen playlists con los temas sampleados, cuya escucha permite comprobar que ya no podremos volver a oírlos sin acordarnos de su presencia en este disco porque West los ha fagocitado para su disco. Y qué decir de las colaboraciones: uno de los puntos más claramente a favor es que absolutamente ninguna de las colaboraciones es irrelevante, todos están en estado de gracia y todos aportan su granito de arena a que el disco sepa a esfuerzo  de un colectivo y, por qué no decirlo, a celebración del presente y el futuro de la música negra, que inevitablemente pasa por este clásico instantáneo. Algunos hasta roban el protagonismo como en el muy comentado caso de Nicki Minaj, cuya feroz participación en ‘Monster’ es uno de los momentos álgidos del disco. Y pese a todo el exceso en este disco, hay que destacar que haya tenido la sangre fría de dejar fuera muchas de las canciones procedentes de las mismas grabaciones, regaladas con periodicidad semanal a lo largo del verano y el otoño en su web. Muchos de estos temas tienen el suficiente interés como para demostrar que Kanye West está en racha, pero el disco se beneficia por no alargarse más de lo debido. Podría haber editado un doble cd, pero no tendría sentido, el tracklist, tal y como está, es casi redondo.

En un contexto de crisis económica mundial, West ha reinventado el disco como blockbuster –se rumorea que el presupuesto ha superado los tres millones de dólares- un poco a la manera de Michael Jackson. No por casualidad el difunto cantante es una fijación para West en los últimos tiempos. Con Michael Jackson le une la ambición de fusionar la música negra y el pop blanco, reflejada aquí en algunas de las colaboraciones y en muchos de los samples, procedentes de artistas blancos como Mike Oldfield o Elton John. Prince también intentó una mezcla parecida con el funk y el rock en la etapa de Purple Rain, la de mayor éxito comercial y crítico. Lo que distancia a West de Jackson y Prince es que el primero es consciente de sus debilidades y contradicciones y las ha usado para hacer el disco definitivo sobre el desquiciamiento provocado por la fama, algo que los dos últimos siempre se esforzaron por esconder bajo la alfombra. Y esto es lo que hace a este disco tan especial. No es, de hecho, la primera vez que se pone música a un cortocircuito mental con resultados notables, ya que Britney Spears hizo su mejor trabajo bajo la misma premisa en Blackout, pero West llega mucho más allá al subrayar sus contradicciones y usarlas como un elemento narrativo más. Además, la aceptación de su esquizofrénico punto de vista se puede ver también como un reflejo del cortocircuito del capitalismo: el lujo ya no es capaz de ocultar las grietas y miserias interiores. De este modo, es probable que nadie como él haya hecho más por aumentar los registros del hip hop mainstream en los últimos años: la glorificación caricaturesca del gangsta rap fue desmontada en el audaz movimiento de mostrarse vulnerable en 808s and Heartbrake, abriendo un terreno que ha hecho posibles las carreras de sus protegidos Kid Cudi y Drake, y ahora que sabe que su ego es lo mejor y lo peor de sí mismo, que es un genio y un cretino al mismo tiempo, sus letras han ganado en interés por ello.

Musicalmente este disco es una versión corregida y aún más épica de todos sus logros anteriores, lo que hace que parezca el grandes éxitos de Kanye West. Aunque dedica poco espacio al tipo de producciones que le caracterizaba en sus inicios como en el caso de ‘Devil In A New Dress’, aquí podemos encontrar, mejorados, el crossover hip hop / pop de Graduation y el registro intimista de 808s and Heartbreak, dos discos que en su momento provocaron división de opiniones y dudas acerca del futuro de la carrera de Kanye West, pero que ahora debería estar claro que eran pasos sin los cuales no existiría este disco. Es difícil destacar uno o dos temas, dado que la media se mantiene muy alta durante todo el disco, pero la atención ha de centrarse en el tramo medio que va de ‘Monster’ a ‘Runaway’, pasando por un ‘All of the Lights’ con un beat que algunos han visto como herencia del juke comentado aquí hace unos días a propósito del disco de DJ Roc. Pero quizás el tema más redondo sea ‘Monster’, porque suena a hip hop en un estado de excitación tal que realmente parece que West puede hacer con él lo que quiera. Todo en este tema, desde los beats hasta las ya comentadas colaboraciones, está tan inspirado que es casi inevitable volver a escucharla antes de continuar con el disco. Y para terminar, ese final festivo y concienciado –sample de un joven Gil Scott-Heron en el año de su resurrección artística mediante- con ‘Lost in the World’ y ‘Who Will Survive in America’ que poco tienen de hip hop pero que sirven para cerrar el disco de una manera muy emocionante y dejando ganas de más.

De todos modos, al contrario que la mayoría, yo si le encuentro algunos peros al disco. En primer lugar, ‘Gorgeous’ me sobra, debido a una guitarra un tanto patillera y a un Kid Cudi que está menos inspirado que en sus apariciones en 808s and Heartbreak.  Por otra parte tanta épica  -¿no es esto hip hop para estadios?- me acaba saturando en ocasiones, es más, tengo la sensación de que me acabaré cansando de estas canciones cuando su épica deje de provocarme las mismas sensaciones que en las primeras escuchas. Y finalmente, para ser sincero, pues me siguen pareciendo mejores sus dos primeros discos. Pero quizás esto se deba a que ya han pasado unos años de la edición de estos discos y la perspectiva les favorece. Ahí , en esos discos que Kanye West hizo para continuar el trabajo que ya llevaba haciendo durante los años anteriores como productor para otros, West sí que reinventó el hip hop a su manera. Habrá que ver cómo trata el tiempo a éste, pero, ¿Realmente es un disco mejor, más importante que los de Big Boi, The-Dream o Janelle Monae? El hecho de que sea una culminación de su carrera necesariamente reduce la sensación de estar escuchando algo realmente innovador, algo que sí que han conseguido discos englobados en las etiquetas hypnagogic pop, juke o witch house. Lo que está claro, en cualquier caso, es que ha conseguido revolucionar el final del año, y que habrá que estar muy atentos a lo que hace él y el impacto que este disco pueda tener en el futuro.

Forest Swords – ‘Dagger Paths’

Posted in hypnagogic pop, LPs by Iván Conte on diciembre 7, 2010

Aunque tienen algunos puntos en común en sus planteamientos teóricos, geográficamente, el hypnagogic pop se asocia a EEUU y la hauntology al Reino Unido. Sin embargo, Forest Swords, el proyecto de Matthew Barnes que ha debutado este 2010 con Dagger Paths –disco del año, según Fact– se ha gestado desde Inglaterra. Cabría preguntarse si es adecuado utilizar la etiqueta hypnagogic pop si no fuese por sus evidentes conexiones estéticas con Sun Araw y la primera edición de este disco, a principios del año, en Olde English Spelling Bee. Además, este LP ha tenido el privilegio, junto al New Age Outlaws de Dylan Ettinger, de ser reeditado tan solo unos meses más tarde, durante los cuales su recepción se ha ido calentando en Internet hasta desembocar en la entusiasta recepción de sus reediciones, un fenómeno que supongo que irá en aumento si se confirma la tendencia de este nuevo underground que apuesta por ediciones ultralimitadas, en ocasiones de apenas unos cientos de copias en vinilo o casete, pero cuya demanda impone una edición más normalizada en CD, en ambos casos para aquellos usuarios que todavía se resisten a persistir del formato físico.

Es comprensible que el impacto de este Dagger Paths haya ido aumentando a lo largo del año, pues es un disco que se va fijando en la memoria a medida que se suceden las escuchas, con sus repetitivas y decididamente pegadizas melodías de guitarra de ambientes a lo Ennio Morricone. Sin embargo, el mayor impacto del disco es consecuencia de la originalidad de su propuesta. En este sentido, es iluminador que haya quien hable de Forest Swords como de un proyecto en cierto modo parecido al de Burial, no solo por el uso de las voces reminiscentes de la música rave, sino también por el tono emocional del disco, aunque aquí hay más dramatismo que en los LPs del productor londinense de dubstep, así como por la estética de tapices sonoros con expresivos silencios y elementos tomados de multitud de procedencias. Así, Barnes ha conseguido encontrar un terreno propio entre el post-rock, la música rave, el blues, el hip hop, el R’n’B o el dub. Pero que nadie espere encontrar ninguno de estos elementos de manera evidente, si acaso con la única excepción del dub, que constituye la espina dorsal del disco mediante contundentes líneas de bajo y efectos de sonido como el reverb y el eco que nos retrotraen a la época del dub jamaicano más terroso y pre-digital. Incluso hay pasajes,como hacia la mitad de ‘Miarches’ en los que la música se reduce a bajo, batería y efectos sonoros, la esencia de la música jamaicana. El R’n’B aparece citado de manera directa con una versión muy particular de una canción de Aaliyah en ‘If Your Girl’, todavía más peculiar, pero en la misma onda de dub lo-fi, que la realizada por Hype Williams hace unos meses a partir de uno de los mayores hits de Sade. El ‘If Your Girl Only Knew’ original de Aaliyah se convierte aquí en un corte atmosférico, emocionalmente gélido y contenido, que conserva del original, básicamente, su línea de bajo, alrededor de la cual Barnes construye su propia canción. Es de destacar que esta línea de bajo podría ser confundida con una de las creadas por el propio Barnes en el resto de las canciones, lo que demuestra lo bien asimiladas que tiene sus referencias.

Hay que destacar también cómo nombres que están reformulando el underground en el Reino Unido como Forest Swords o Hype Williams tienen una saludable falta de prejuicios a la hora de establecer límites entre estilos musicales, y cómo toman elementos de músicas blancas y negras por igual. Pero lo de Forest Swords no tiene mucho que ver con la generación de productores electrónicos como Hudson Mohawke o Rustie, que expresan su falta de prejuicios y el acceso instantáneo a toda la historia de la música con producciones atestadas de elemntos sonoros. Aquí, en cambio, predomina un ritmo más pausado ni mejor ni peor que la de los productores anteriormente mencionados, simplemente una vía diferente de reflejar musicalmente los nuevos modos de consumir música, sin tantas barreras estilísticas como en anteriores décadas.

Dagger Paths suena como un cruce entre las texturas abstractas de Flying Saucer Attack –cuyo Further se ha disparado en cotización en los últimos meses-, el dub y la claridad melódica del pop. En este sentido, lo que están haciendo estos grupos se puede conectar con el post-punk inglés de principios de los ochenta en su vertiente más arty, de hecho, tienen la ventaja de contar con 25 ó 30 años más de evolución de hip-hop y R’n’B, lo que evita que se tenga la sensación, al escucharlos, de pensar que lo suyo es un ejercicio de recuperación de un punto concreto en la historia de la música. Es decir, lo suyo comparte métodos con el post-punk, pero trabaja también con elementos contemporáneos, algo que hace prever un futuro muy interesante en este aspecto.

DJ Roc – The Crack Capone

Posted in electrónica, juke, LPs by Iván Conte on diciembre 7, 2010

El principal motivo por el cual Planet Mu ha sido uno de los sellos más interesantes durante el 2010 -según Fact– tiene que ver con el hecho de que apostaron, y acertaron, con la edición discográfica fuera de EEUU de discos de juke. El juke, que es el último paso en la evolución de la música electrónica de Chicago, combinando elementos de  (ghetto) house, Miami bass, hip hop y R’n’B, tendría un lugar de honor en el repaso del 2010 aún sin la labor del sello Planet Mu, debido a su impacto a ambos lados del atlántico en discos esenciales como el King Night de Salem o el ‘Wut’ de Girl Unit, pero han sido discos como The Crack Capone los que han permitido centrar la atención en DJs como el propio Roc o DJ Nate, a través de cuyos discos se puede atisbar el presente, pasado y futuro de uno de los sonidos más excitantes del planeta en estos momentos. Y eso aún teniendo en cuenta las comprensibles reservas de Andrew Nosnitsky en el número de octubre de la Wire, en donde protestaba por la edición de estos discos por primar a un solo autor frente al carácter eminentemente colectivo del juke y que, por tanto, ofrecen una visión incompleta del mismo. Quizás sea cierto, así como también es posible que el juke se debería escuchar en formato mixtape, que es lo que más se acerca al modo en que es experimentado por su público natural, formado por cierto en su mayor parte por bailarines de footwork, el equivalente al breakdance en el juke. Por tanto, estamos ante una música funcional, que cambia para acomodar nuevos pasos de baile. Pero esto no quiere decir que desde el juke no puedan salir discos disfrutables a pesar de la descontextualización, pues las mismas reservas se podían expresar con respecto al hip hop en sus inicios y, sin embargo, nadie dudaría ahora que el paso a formatos que le eran en principio ajenos como el single o el LP fueron un rotundo éxito.

Así las cosas, The Crack Capone –Crack se refiere a su modo de mezclar- es un más que sólido disco, enm realidad imprescindible para entender el 2010 en toda su complejidad. Y complejidad es precisamente lo que se esconde en estos 20 cortes de entre apenas dos y tres minutos de duración, en los que se suceden los momentos climáticos a un ritmo vertiginoso más allá de los 150 bpm. La complejidad es, aquí, doble: por un lado horizontal mediante los inesperados y constantes cambios de tempo que hacen que se tenga la sensación de ir avanzando a trompicones y que sin duda están ahí como un reto para los bailarines y que convierten su escucha atenta en un ejercicio agotador, y por el otro vertical mediante la acumulación de ritmos, samples que definen el carácter –exultante y/o emocionante- de muchos de los temas, voces troceadas y sintes. Y entre toda la complejidad, también hay espacio para el silencio, de modo que el juke según DJ Roc es algo escueto  y austero al mismo tiempo que frenético, urgente y crudo debido al hecho de haber escapado de casi todos los radares mainstream o underground a lo largo de sus dos décadas de desarrollo en la ciudad estadounidense.

Entre lo nás destacado de The Crack Capone se encuentran temas como ‘Let’s Get It Started’, con su magistral uso del silencio y samples de algo tan trillado como la sintonía de The Twilight Zone, las infiltraciones en el mainstream, samples de Kid Cudi y Lady Gaga mediante en ‘IMake Her Say’, el sedoso acento R’n’B de ‘I Can’t Control the Feeling’,  el exabrupto de ‘Fuck Dat’, la reducción a la mínima expresión de ‘Girl When You Dance’, compuesta casi exclusivamente de ritmo, sample vocal y línea de bajo, la referencia al propio proceso en ‘Make Crack Like This’, o la emocionante ‘Take His Ass Out’.

Hay tantas cosas interesantes en este disco que, aún ofreciendo supuestamente una visión parcial del juke resulta uno de los más importantes del 2010 debido a que será la primera exposición a dicho sonido para miles de personas, sobre todo en el continente europeo. Qué repercusiones tendrá esto en la música solo lo sabremos durante los próximos meses, aunque teniendo en cuenta que en Pitchfork veían huellas del juke hasta en el mismísimo My Beautiful Dark Twisted Fantasy, tenemos juke para rato y probablemente lo escucharemos todavía en muchas más partes durante el 2011. Lo dicho: el pasado, presente y futuro de la música pasan, entre otros, por este disco.

Rangers – ‘Suburban Tours’

Posted in hypnagogic pop, LPs by Iván Conte on diciembre 2, 2010

Si aceptamos los cincuenta como la década en la que los suburbios –con el significado de barrios de clase media estadounidense- eclosionaron como quintaesencia del estilo americano, al tiempo que el referente más transparente del conservadurismo estadounidense, no debería sorprender la fijación que también se tuvo alrededor de este entorno en otra década conservadora como fue los ochenta, ya sea desde la nostalgia de Steven Spielberg o la subversión en el caso de David Lynch. Este año, en el comienzo de lo que promete ser otra década conservadora, han salido al menos dos discos que giran en torno a la idea de los suburbios. El que se ha llevado todas las portadas ha sido el de Arcade Fire, pero lo de Rangers en este Suburban Tours es mucho más interesante.

Su sonido se puede encajar con -¿demasiada?- facilidad en el pop hipnagógico, aunque según lo leído en alguna entrevista, el carácter lo-fi de esta grabación se debe más a limitaciones de equipo que a un principio estético. Algo más animado que muchos de los discos más representativos del pop hipnagógico, su pop-rock de fm con toques funk es una evocación de los suburbios como entorno frio, pero también como un lugar al que echar de menos, un lugar humanizado y lleno de recuerdos, al fin y al cabo: recordemos que este disco surgió como un intento por parte del líder de Rangers de recordar con la música su Dallas natal, tras mudarse a San Francisco. Y es aquí donde toma la delantera a otras bandas, ya que mientras la idea de suburbio se ha venido tomano como representación de la angustia existencial de la clase media blanca, Rangers consigue lo que Ballard en sus novelas: demostrar que hasta en los contextos más deshumanizados -¡esa portada!- uno puede sentirse cómodo. No es una sumisión a lo que representan los suburbios, sino una zona de claroscuros entre la añoranza y la angustia, en donde conviven cristalinas melodías de guitarra que en ocasiones recuerdan al indie de los ochenta -¿no suena ‘Bel Air’ al post punk de grupos escoceses como Orange Juice o The Associates?-  ritmos oscuros, sintes metálicos, loops repetitivos o la libertad de la guitarra. Cuando se combinan todos estos aspectos en la misma canción, es cuando el disco alcanza sus mejores momentos, como en ‘Out Past Curfew’, ‘Woodland Hills’ o en la casi krautrock ‘Ross Downs’ que reimaginan el mainstream musical de los ochenta como un nuevo, inquieto, inquietante pero también emocionante underground listo para hablar hacer un ejercicio de psicogeografía en EEUU equivalente al llevado a cabo por gente como Burial en Inglaterra. Desde la primera canción hasta la luminosa ‘Airport Lights’ final, que recuerdan a otro referente del post punk como es el Bowie de su etapa germana, este es un gran disco.

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Sun Araw – On Patrol

Posted in hypnagogic pop, LPs by Iván Conte on noviembre 18, 2010

Uno de los nombres indiscutibles del hypnagogic pop es el de Sun Araw, lo cual es fácil de comprobar en el aspecto visual de este disco, tan acorde con los intereses  de esta nueva generación del DIY. Así, la portada de On Patrol recuerda  a los gráficos que se podían generar por ordenador en los ochenta, dándoles la habitual vuelta de tuerca hipnagógica para provocar el necesario dislocamiento de la perspectiva que permita ver esa década desde el extrañamiento, un extrañamiento que está en la base del carácter psicodélico de una renovación de las fuentes de inspiración del underground estadounidense que han marcado el 2010 hasta el punto de que Pitchfork ha creado una web dedicada a cubrir –con bastante manga ancha, eso sí- el asunto.

Ahora bien, también hay que tener en cuenta que Sun Araw, siendo como es una de las personalidades más singulares dentro del pop hipnagógico, tiene casi más cosas que le separan del mismo que cosas en común, empezando por un mayor interés en la década de los setenta, con influencias que van desde el funk espacial de Sun Ra, al rock cósmico alemán, reflejadas en ritmos repetitivos, sintes oxidados y texturas espaciales. Eso sí, aunque aquí hay mucha tecnología analógica, también está presente un elemento muy común a otros como Oneohtrix Point Never o Dolphins into the Future: las grabaciones de sonidos de la naturaleza, una de las huellas más evidentes de la influencia del New Age. En el 2010, el pop hipnagógico, lejos de contraponer la naturaleza y la tecnología como ocurría con el New Age, las obliga a convivir en el mismo espacio sonoro sin que chirríen, una prueba de que no estamos ahora ante un ejercicio de ingenuidad o cinismo en su uso de sonidos de la naturaleza, que aquí son un elemento más para construir espacios sonoros de gran fuerza física, junto a una textura granulada proporcionada por la instrumentación analógica y la estética lo-fi.

On Patrol juega con una paleta sonora trópico-psicodélica, reflejada desde el comienzo con ‘Ma Holo’, entre el funk, el free jazz  y la psicodelia, evocando imágenes de atardeceres tropicales en una novela de ciencia ficción. ‘Beat Cop’ suena a unos Animal Collective terrosos, y cuenta con un climax liberado por la percusión que convierte al tema en uno de los más tensos de un disco por otra parte de tono relajado. En ‘The Stakeout’ ralentizan el Afrobeat al tiempo que las pulsaciones del bajo remiten al dub, otro elemento esencial del álbum reflejado sobre todo en los efectos de sonido. Este excepcional comienzo del álbum tiene su culminación en los quince minutos de ‘Conga Mind’, que recorren el camino de los Tangerine Dream más oscuros hasta el free jazz, con una línea de bajo  en la segunda parte del tema que se encuentra entre lo más físico y satisfactorio del disco. A partir de ahí el álbum, sin perder el interés, sí que se vuelve algo más predecible, aunque siguen sucediendo cosas interesantes como el acento orientalista de ‘Deep Cover’.

En una entrevista para Tiny Mix Tapes, el líder de Sun Araw comentaba que su estética está basada en parte en la técnica cinematográfica del plano secuencia y, de hecho, muchos de los grandes y expansivos, cósmicos, momentos del pop hipnagógico tienen mucho que ver con ese cine de la contemplación que ha dominado la estética cinematográfica más inquieta en la última década. De hecho, dos referentes cinematográficos claros para el pop hipnagógico son los de Apichatpong Weerasethakul y Tsai Ming Lang, en cuyas películas estiran el tempo narrativo hasta irritar a algunos y fascinar a otros, del mismo modo que ocurre en el pop hipnagógico con los drones, los sintes planeadores o la ralentización a lo DJ Screw, al tiempo que establecen diálogos –a veces encontronazos- entre tradición y modernidad que en discos como éste aparecen reflejados, por ejemplo, en la combinación de sintes y sonidos de la naturaleza. Tanto en el caso del cine como de la música, los efectos son similares: alterar la percepción de la realidad -de una realidad tan lóbrega como la de nuestro tiempo.: en definitiva, una nueva psicodelia.

Este es el camino. ¡Más de esto, por favor!

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