Redux

Teoría y música

Posted in lecturas recomendadas by Iván Conte on diciembre 19, 2010

Confieso que me sorprendió el rechazo en esta entrada de Música en la mochila -y en los comentarios- a las etiquetas que pujaron fuerte este 2010. Entiendo las reticencias cuando de repente expresiones como witch house, juke o hypnagogic pop aparecen por todas partes, y es evidente que las revistas hacen un uso comercial de ellas, pero me parece que también hay un rechazo a los grupos, basado en el argumento de que estas escenas viene sustentadas más por un armazón teórico que por discos musicalmente interesantes, que no hacen sino reciclar sonidos ya conocidos. Parte del rechazo, por tanto, también se deriva del hecho de que estos discos para muchos no confirman la promesa de un sonido nuevo (1). Estos días estaba intentando hacer una entrada sobre estos temas, basándome en algunos mensajes en twitter de los últimos días, pero reconozco que me cuesta hacerlo, al menos de momento, de un modo que evite una polémica innecesaria que no tengo ninguna intención de levantar. Mi única intención es reiterar mi interés por la teoría como medio para entender y disfrutar la música, en ningún caso para quitarle el interés. Este es un prejuicio curioso, por cierto, y me gustaría saber de algún caso en el que una crítica con una sólida base teórica quitase interés a la música, más bien yo creo que es al contrario: cuantos más argumentos, mejor. Pero bueno, tampoco es la primera ni será la última vez que hablamos del tema, y además he encontrado un párrafo en la revista Frieze que en cierto modo resume lo que quiero decir:

Pocos libros sobre música dirigidos a un lector medio son solamente sobre música. La mayoría suelen ser sobre las vidas e historias de la gente y las comunidades, y la música es normalmente una excusa para hablar sobre ellos. Este es ciertamente el caso de una serie de nuevas publicaciones, todas las cuales están imbuidas de imaginación y cuestiones de identidad social y personal. (Dan Fox. La traducción es mía)

Solamente hay una cosa con la que no estoy de acuerdo: la idea de que la música es una excusa para hablar de estas cuestiones. Al menos en mi caso, me resulta imposible separar una cosa de la otra, sin que ello quite el valor a una crítica más impresionista-romántica, que en realidad es la que hasta yo mismo hago la mayor parte de las veces, puesto que ambas formas de crítica no son, en absoluto, incompatibles. Supongo que existe la ide preconcebida de que al usar la teoría se está anteponiendo a la música, pero de nuevo al menos en mi caso si recurro a la teoría es para intentar explicar por qué determinado disco me gusta tanto.

(1) De hecho, el hypnagogic pop tiene una relación muy compleja con la idea de lo nuevo en la música. Aún estando obsesionado con un momento en concreto en la historia de la música popular del pasado, no es exactamente un revival de los ochenta. Sería algo así como una perspectiva nueva, una exploración de caminos que se quedaron por explorar en los propios años ochenta.

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Adelanto del libro de Steve Goodman

Posted in lecturas recomendadas by Iván Conte on noviembre 23, 2009

Otro libro muy interesante, aunque para leer este tendremos que pasar por caja. Steve Goodman (Kode9), publicará el próximo mes el libro cuya portada podéis ver aquí arriba y que le ha llevado años escribir. Si queréis comprobar de qué va antes de animaros a comprarlo, aquí tenéis un link en el que os podréis descargar la introducción y el primer capítulo.

Noise & Capitalism

Posted in lecturas recomendadas by Iván Conte on noviembre 23, 2009

Siguiendo este link podréis descargaros el interesante libro Noise & Capitalism, cuyo índice podéis ver aquí debajo, y que ha sido muy bien valorado por Mark Fisher en el número de diciembre de The Wire. Me parece especialmente interesante porque en la última década algunas ramificaciones del Noise se han caracterizado por la ausencia de contenido ideológico, así que tengo interés por ver cómo se aborda aquí la relación entre Noise y Capitalismo.  Ha sido la propia editorial la encargada de poner en circulación el pdf, por cierto.

The Wire Primers

Posted in lecturas recomendadas by Iván Conte on noviembre 9, 2009

Estupendo. Eso sí, no os lo compréis si tenéis pensado ahorrar y/o poneros el cinturón en cuanto a gastos. A ver quién es el guapo que se resiste a comprarse un puñado de discos de The Fall o Sun Ra, por ejemplo, después de leer este libro que recopila algunos de los más destacados artículos de la sección Primer de la Wire, en la que se da un repaso a un artista prolífico o a géneros como el free jazz por los que resulta fácil perderse. Incluye algunos Primers nuevos y, en lo que respecta a los intereses de este blog, el Primer que Simon Reynolds escribió en su momento acerca del grime, que es una lectura realmente imprescindible.

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Hablando de libros, el otro día me lo encontré en una librería y también en la lista de los mejores libros músicales según el RDL; se trata de la traducción al español de The Rest is Noise, la original narración / biografía / anecdotario / analísis musical de los principales compositores del siglo XX uno de los libros sobre música más celebrados de los últimos años. Es una buena noticia ver que no hemos tenido que esperar lustros para su traducción -como ocurrió con England’s Dreaming, por ejemplo… Rip It Up todavía espera turno de manera vergonzosa-, y el libro es efectivamente formidable, sobre todo en su primera parte, una vez superada la segunda guerra mundial pierde bastante el pulso y se convierte en una lectura fatigosa, pero aún así, es de los libros con los que más he aprendido.

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El atractivo de la teoría es, precisamente, su poder para intoxicar

Posted in lecturas recomendadas by Iván Conte on septiembre 19, 2009

Far from being born of a cold-blooded drive to dissect and demystify, the attraction of critical theory (especially the French kind) was that it set your brain on fire.

it was the expression of a fan-boy enthusiasm for texts that seemed to writhe with the same unruly and reality-rearranging energies as the music.

But beyond that the combination of the ideas and the music had a potentiation effect, to use the pharmacological term for when two drugs synergize to create a fiercer buzz.

El título de esta entrada, y las citas que aparecen encima de este párrafo, están sacados de este artículo de Simon Reynolds en Frieze sobre las relaciones entre la teoría y la crítica musical, que es también una historia de las relaciones entre ambas en la crítica musical inglesa y en menor medida en la estadounidense… que a su vez implica listar a mis críticos musicales favoritos de Ian Penman a David Toop pasando por Rob Young, Mark Fisher, Frank Kogan -quien me daba una muy agradable sorpresa comentando una entrada reciente en este mismo blog–  o el propio Reynolds. Por supuesto, en el artículo también se hace mención a The Wire, que precisamente en su número de octubre (con los cada vez más imprescindibles Broadcast en la portada), cuenta con al menos tres críticas memorables de tres nombres capitales en esta historia; la de Ian Penman al disco de David Sylvian, la de Mark Fisher acerca de la caja de Kraftwerk y el de David Toop sobre el disco de Walt Dickerson.

Y muy divertido el comentario de pasada al lado hedonista de algunos de estos críticos, para contradecir que el interés por la teoría es característico de geeks sin sangre en las venas.

En todo el año no he leído nada que me haya reafirmado tanto en lo que algún día me gustaría llegar a conseguir con este blog, incluso ha sido el estímulo necesario para volver a él después de unas semanas descuidándolo por distintos motivos. Así que, ¡ea, el lunes vuelvo! (esta vez sí, espero que sí!)

crítica musical (III)

Posted in lecturas recomendadas, Uncategorized by Iván Conte on agosto 25, 2009

Desde mis anteriores entradas acerca del estado actual de la crítica musical, he continuado recogiendo citas aquí y allá, pero el motivo principal por el que ahora escribo esta entrada es una pequeña trifulca entre algunos bloggers relacionada, precisamente, con lo que significa para ellos la crítica musical. Esta discusión parece ser que tiene su origen en esta entrada de Matthew Ingram, en la que critica el enfoque que el veterano crítico Paul Morley dio a su especial sobre la música clásica en The Guardian. Morley se interesó por la música clásica del siglo XX tras leer The Rest is Noise, el sorprendente, entretenido y muy didáctico -aunque algo cojo en su parte final- best-seller del crítico Alex Ross sobre el tema. La crítica de Ingram se refiere al hecho de que Morley se muestre inseguro e incluso avergonzado como crítico musical por su desconocimiento* acerca de cuestiones teóricas sobre música, mientras que para Ingram la crítica musical

No tiene que ver con la ortografía, la gramática, la filosofía, la historia, la sociología y desde luego que no tiene que ver con la musicología. Es sobre montar el zeitgeist, sentir pre-ecos [no estoy seguro de cómo traducir ‘pre-echos’], perseguir fantasmas en callejones sin salida, el pasado derrumbandose y re-ensamblándose ante tus ojos – cosas así. Y tiene que ver con comunicar esos sentimientos con tanta veracidad e intensidad como sea posible. Y esto, que podría ser aplicable a cualquier disciplina, en cuanto intentas erigir unos criterios de acceso o cualificaciones o reglas, se marchita y muere.

El extremo opuesto a esta perspectiva sería la de Rouge’s Foam, expresada precisamente como reacción a la crítica que Ingram firmó con su seudónimo (Woebot) acerca del One Foot Ahead of the Other de Zomby en la revista Fact. Dice el autor del blog Rouge’s Foam lo siguiente:

Aunque bien merece ser leído (como siempre ocurre con Woebot) esta crícita del nuevo EP [de Zomby] me dejó un poco frio aunque solo sea porque es fuertemente indicativa de cierta forma prevalente de crítica […] A Zomby se le representa de modo reduccionista como un infante capacitado por las drogas – definitivamente debemos más a esta música que esto. ¿Es hora de una nueva forma de crítica, quizás?

Por supuesto, como os habréis imaginado, el enfrentamiento esconde una lucha de poder, pues en ambos casos se intenta justificar que su enfoque crítico es el adecuado a costa del otro. Para una visión satirizada de esta discusión, merece la pena leer esta entrada del siempre mordaz The Impostume. Pero Rouges Foam no está solo en su defensa de una crítica que se apoye en terminos estrictamente musicales; en la primera entrada de su prometedora serie sobre los ritmos más importantes del dubstep, Martin Clark comenta lo siguiente:

Explicar por qué ciertos temas destacan me pareció una idea entretenida, sobre todo cuando tantos blogs musicales estos días parecen basarse en tomar referencias tangenciales de nombres de canciones, e implicar/fabricar capas de narrativa enmarcadas en agendas político-filosóficas.

Pienso que está muy bien que los críticos y los bloggers pongan las cartas sobre la mesa y digan cómo quieren que su crítica, porque el debate es muy interesante y curiosamente se puede aprender mucho examinando cómo nos enfrentamos a la música y prestando atención al modo en que los críticos enfocan su trabajo. Sin embargo, muchas de estas declaraciones me suenan a autojustificaciones a la defensiva. Es como si percibiesen que su parcela está amenazada y pasasen a defenderla frente a los invasores, que serían los defensores de la postura opuesta en cualquier caso. ¿Realmente la teoría y la apreciación impresionista de la música son herramientas incompatibles en la crítica musical? Lo digo sobre todo porque yo siempre he disfrutado mucho de ambos tipos de crítica, y me han servido en distintos momentos para acercarme / entender / apreciar distintos tipos de música. Tampoco estoy diciendo que lo deseable sería tocar todos los palos, porque hay críticos que usan la teoría muy bien, y otros que destacan por cómo explican el impacto de la música sin recurrir a la teoría y de hecho creo que es necesario que haya críticos que defiendan posturas tan definidas porque, como decía, te hacen plantearte cómo te enfrentas tú a la música.

*aparentemente total; no era capaz ni de distinguir acordes mayores de menores… ¡por Dios, Paul; Radiohead = acordes menores!

‘Militant Modernism’

Posted in lecturas recomendadas by Iván Conte on julio 28, 2009

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El pasado fin de semana terminé de leer Militant Modernism, libro que el crítico y bloguero Owen Hatherley ha publicado en la interesante editorial Zero Books, que a su vez es responsable de la publicación de otro libro que espero leer en las próximas semanas –Fear of Music– , y editará a finales de año algún que otro libro más que interesante. Aunque en un principio está planteado como un libro sobre el modernismo en la arquitectura, lo cierto es que abandona pronto esa área, tras los primeros capítulos acerca del brutalismo británico de posguerra y el modernismo soviético, para pasar a hablar del modernismo desde un punto de vista más general que incluye el cine, el teatro y la música. Eso sí, la música aparece en sus argumentos de un modo más puntual, y es una pena porque casi todos los argumentos que proporciona Owen son fácilmente aplicables a la música popular, incluyendo la que se hace en estos momentos.

El auge que parece ser que el modernismo ha tenido en los últimos años se ha manifestado en el campo musical en las celebradas reediciones de los trabajos de los miembros del BBC Radiophonic Workshop,  señalado en este libro como ejemplo de modernismo por su adaptación de la ampliación de lo que entendemos por música llevada a cabo por la música concreta a la vida diaria de los británicos mediante su presencia en sintonías, bandas sonoras y ruidos incidentales de programas  de la BBC.

Según Owen, en los últimos años se ha venido llevando a cabo un rastreo de los restos (culturales) de los intentos socialdemocráticos en la Inglaterra de posguerra, apuntando que esa mirada hacia el pasado no es tanto nostálgica –el modernismo tiene alergia a todo lo que huela a herencia cultural- sino una crítica a la falta de ambición  futurista y desigualdades del presente. Curiosamente hace mención al Stalker de Tarkovsky, película cuya estética ya estaba basada en los setenta en esta mirada a los restos de la arquitectura modernista soviética, no para recrear un pasado glorioso sino para crear una estética a partir de materiales  y texturas degradadas en un contexto, por supuesto, futurista pero que servía de reflexión acerca del presente histórico.

Similar estética de la degradación es la que se puede ver en músicos como William Basinsky y, sobre todo, The Caretaker, quienes llevan a un primer plano las señas de degradación del material sonoro procedente del pasado -y procedente de casetes en el primer caso, de vinilos en el segundo- para crear sus magníficos discursos musicales. Owen también menciona la estética vorticista que emplea recursos como la reproducción, el bajo coste y el grano creado por el acto de copiar, que es algo que tiene mucho que ver con la degradación de las cintas de William Basinsky al copiarlas-recordemos, en el contexto del 11 de septiembre-, y con el subrayado que The Caretaker hace del crepitar de los vinilos.

La intersección con la hauntologia (o fantología, que creo que es la traducción correcta del término hauntology de Derrida)  es otro territorio interesante, porque los trabajos editados en un sello como Ghost Box –tanto la música como las imágenes de Julian House– tienen un fuerte sabor a observación de los rastros de la Inglaterra de posguerra y en especial de una institución pública de marcado servicio social como era la BBC entonces para criticar un presente en el que las instituciones públicas se desmoronan.

Pero lo que más me gustó el libro es cómo se puede ver un hilo argumental aquí y allá, defendiendo un arte hostil al concepto de patrimonio cultural (‘heritage’, en inglés), que es un terreno en el que creo que Sonic Youth están ahora, y uno de los motivos de mi desconfianza hacia ellos. Creo que con mucha frecuencia se comete el error de canonizar a costa de despreciar el carácter coyuntural de nuevas músicas, y ese es el origen de actitudes hostiles como la que hubo en Inglaterra en contra de la música rave durante los primeros años. La música popular tiene integrada su propia obsolescencia, que es lo que permite su actividad incesante, y que nuevas formas sucedan a otras cuando estas ya no cumplan con su función, del mismo modo que el modernismo proponía cambios artísticos derivados de las nuevas necesidades de la gente. Esta sería, al menos, una manera de evitar caer en las respuestas automáticas a las nuevas formas musicales provocadas por un punto de vista que defienda la música desde un canon establecido y que los juicios sobre las nuevas propuestas o sobre cosas como el Autotune se lleven a cabo en base a cómo se ajusten a ese canon de ideas preconcebidas acerca de cómo debe ser la música, cuando en mi opinión cuando se escribe sobre música lo que hay que hacer es observar, describir y modificar nuestra perspectiva en consecuencia, sin olvidarnos de  la frustrante paradoja que resulta del hecho de que la música popular sea efectivamente hija del capitalismo, algo que no debería impedir pensar en músicas que puedan superar esarelación, quizás dando pistas de cómo podría ser un hipotético futuro posterior al capitalismo. Estando como estamos en un momento de debilidad de la etapa neoliberalista, esto no debería de sonar tan descabellado, al menos eso es lo que Owen defiende, y yo estoy bastante de acuerdo.

El regreso del soul psicodélico

Posted in hip hop, lecturas recomendadas by Iván Conte on julio 10, 2009

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But Sa-Ra are not alone: it is possible to hear their music as the culmination of an anti-gangsta tendency – including J Dilla, OutKast and Kanye West – that has quietly coalesced in hip-hop over the past decade. In fact, it is difficult to classify West’s last album, 808s and Heartbreak (2008), with its strange electronic melancholy and uncanny auto-tuned singing, as straightforwardly a hip-hop record at all. Instead, West and Sa-Ra are perhaps best considered a return to psychedelic soul, the genre synthesised from out-there rock, jazz and funk by Sly Stone and developed by the Motown sonic conceptualist Norman Whitfield in his experimental productions for the Temptations and the Undisputed Truth.

Quien dice esto es Mark Fisher en este magnífico artículo, en el que desarrolla la idea básica detrás de su crítica al disco de Sa-Ra en The Wire, acerca de cómo la psicodelía está presente en Outkast, J-Dilla, Kanye West y Sa-Ra y cómo estos son exponentes de una alternativa al gangsta rap, cuyas conexiones con el neoliberalismo también son trazadas en este artículo. Si esto significa que en los próximos meses veremos algún disco más que vaya en la dirección de liberar la mente para que el culo la siga -a la manera de Funkadelic / Parliament– por mí encantado, y no es que el gangsta rap me haya parecido un horror -me parece un género sintomático del neoliberalismo, no una simple celebración del mismo, y pensar que genera violencia es pensar de una manera paternalista; si yo no me he puesto a pegar tiros tras escuchar a Dr Dre, ¿por qué debería pensar que un chaval negro lo va a hacer? Me parece muy simplista pensar que el gangsta hip hop es la causa de males sociales.  De todos modos, los cuatro nombres mencionados por Fisher forman un poker de lujo para la música negra de esta década. Es imposible entender los 00 sin discos como Stankonia, Donuts o 808s and Heartbreak, y tiene sentido agruparlos.

Por cierto, al artículo llegué a través del twitter de anhh.

Más sobre la crítica musical

Posted in lecturas recomendadas, revistas by Iván Conte on junio 24, 2009

A continuación, una serie de cosas sobre las que pensé mientras leía este texto de Esteban Hernández (escribe en La Vanguardia / Ruta 66) al cual llegué a través del foro del Primavera Sound

Uno de los puntos principales en este artículo es el de la menor influencia que puede llegar a tener hoy en día un crítico musical. Creo que es realmente difícil saber a ciencia cierta si todavía existen nombres reconocidos y cuyo criterio es seguido con atención por un gran número de gente. Lo que veo es que más que hablar de la opinión de un crítico en particular se habla de la opinión de un medio. Una crítica escrita en Pitchfork parece que no representa al crítico sino la opinión en conjunto de sus redactores, algo que parece fomentado desde dentro y que provoca que digamos que la pitchfork puso bien a tal o cual disco, como ocurre en menor medida en España con el Rockdelux pero mientras en el caso de esta revista creo que a todos nos salen por lo menos media docena de nombres y qué tipo de música les gusta a cada uno  ¿Quién es capaz de citar nombres de los críticos de la Pitchfork? Yo me acuerdo de Joe Tangari, pero porque él suele hablar de discos de música africana tema sobre el que estuve leyendo muchas cosas para un artículo que publiqué el año pasado y para otro que saldrá después del verano en Ladinamo sobre blogs de música africana. Y si cuentan las columnas, recuerdo los nombres de aquellos que tratan sobre territorios afines a los de este blog como por ejemplo Philip Sherburne (electrónica) o Martin Clark (grime y dubstep) pero vaya, que no tengo para nada claro quienes son los nombres que encumbraron a Arcade Fire, Animal Collective o Dirty Projects.

En cualquier caso, creo que la falta de influencia no es algo negativo sino, como comenta Esteban Hernández, liberador. El papel de guía de las masas me parece desagradable, y al menos yo espero de un crítico que más que guiarme me haga pensar. Hernández habla de dos posibles objetivos de la crítica musical; influir o entretener. Aparte de que tengo la sensación de que los pone como opciones opuestas, cuando no lo son en absoluto, sí que es cierto que últimamente vemos en los medios generalistas un cierto énfasis en el entretenimiento, ¿o acaso Carlos Boyero, por ejemplo, no hace una crítica-espectáculo? En cualquier caso, me decanto por pensar que una crítica que hace pensar influye y entretiene de manera inevitable, aunque no persiga estos dos objetivos.

Otro tipo de critica mencionado en este artículo es la crítica impresionista, basada en metáforas que intenten explicar la respuesta emocional del crítico hacia el disco. No es un mal camino, pero hay que hacerlo muy bien para que la defensa o crítica del disco se base en algo más que un criterio caprichoso. Es tremendamente complejo explicar cómo nuestro cerebro reacciona a la música que escuchamos, y plantearse la crítica como un análisis de por qué reaccionamos como reaccionamos ante el disco de Sonic Youth, por ejemplo, abre, cuando se hace bien, muchas vías muy interesantes que tienen que ver con nuestros prejuicios, la posición social en la que nos situamos como oyentes, etc. De hecho, yo quiero pensar que me acerco a los discos con el mínimo de ideas preconcebidas –algo imposible, algo que desmonta también las demandas de objetividad que algunos reclaman de la crítica, una demanda que por cierto yo siempre he pensado que se lanza contra aquellos críticos que tienen una opinión diferente a la nuestra. La crítica debería, efectivamente, basarse en la escucha detenida del disco y sacar conclusiones a partir de nuestras reacciones. Pero claro, un disco nunca se puede escuchar abstrayéndonos de su contexto, y en esto estoy totalmente de acuerdo con Hernández cuando dice que la música surge de un tiempo y un espacio que suelen darle su sentido. Por enlazar este último argumento con el debate sobre el último disco de Sonic Youth, la respuesta que me produce su último disco es de deja vu y aburrimiento precisamente porque es música que se publica fuera de su tiempo y de su espacio. Muchas veces, sobre todo cuando este tipo de crítica que contextualiza la música se presenta con cierta ambición, la reacción que provoca es de rechazo y oímos los típicos comentarios de que ‘es solamente música, no hay que darle más vueltas’, algo que, simplemente, es una falsedad; al hacer y al escuchar un disco intervienen los mismos procesos de codificación y descodificación de códigos de todo tipo (lingüísticos, culturales, etc) que cuando empleamos una lengua (¿les suena Roman Jakobson?) y no se debería tener miedo al ridículo por hablar de este tipo de cosas a propósito de un disco. Si a alguien le parece mal que se tome este punto de vista es preocupante, porque suele implicar que el sujeto en cuestión piensa que tiene una relación ‘pura’ con la música, natural, sin complicaciones, algo que es también falso. Y en definitiva, si vamos a hablar de música, por lo menos hay que decir algo interesante y me parece más valioso no tenerle miedo al componente teórico en la crítica.

Uf, ya he escrito más de lo que tenía pensado. Lo dejo aquí por hoy.

The Wire y Loops; la crítica musical más ambiciosa

Posted in lecturas recomendadas, revistas by Iván Conte on junio 23, 2009

Cuando hablamos en este blog, hace unas semanas, acerca de para qué sirve la crítica musical en el momento presente, una de los puntos recurrentes tenía que ver con la posibilidad que debería aprovechar la prensa escrita de suplir su incapacidad de seguir el presente a la misma velocidad que los medios electrónicos con artículos en profundidad, sin los límites de espacio de dos o tres páginas que suelen imponerse para intentar embutir cuantos más artículos sobre grupos y cantantes con disco nuevo como sea posible. The Wire es el ejemplo recurrente de revista que ya hace esto, de modo que creo que a mucha gente le interesará una oferta que han puesto en su web de cuatro números por 15 libras (doce si estas subscrito) más gastos de envío. La única pega es que no se pueden elegir los cuatro números que quieras, sino los cuatro que ellos han decidido (ver foto más abajo) pero me va a resultar difícil resistirme porque no tengo ninguno de estos números y en ellos hay artículos sobre Miles Davis, Rhythm & Sound, Fennesz, Lightning Bolt, Melvins, etc así como reportajes sobre deejays jamaicanos y el hip hop tejano. Los cuatro números vienen acompañados de cd.
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Aunque el verdadero motivo de esta entrada es la próxima publicación del primer número de Loops una nueva ‘revista’  -lo pongo entre comillas porque va a tener más de 200 páginas- auspiciada por la editorial Faber and Faber y el sello Domino Records, anhh la mencionó el otro día en los comentarios de este blog, y hoy Simon Reynolds -uno de los autores de uno de los artículos de este primer número da más detalles acerca de los contenidos. Aquí más información, y aquí la página web de esta nueva publicación, en la que de momento no hay nada pero que en el futuro alojará contenidos extra.

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