Redux

Nuevas vías para el pop hipnagógico en 2011

Posted in Uncategorized by Iván Conte on enero 2, 2012

Durante el año 2011 el hypnagogic pop ha visto como sus principales figuras rompían con el molde sonoro que había caracterizado a esta escurridiza etiqueta, malinterpretada por muchos como cualquier cosa que cite a los ochenta (1). Quizás el límite estético de esta primera oleada hipnagógica se puede encontrar en el séptimo volumen de la interesante serie FRKWYS, promovida por el sello Rvng, y cuyos nombre y concepto son un homenaje al sello Folkways y su aventura de dejar constancia de músicas de distintos puntos del globo. Esta serie, cuyo principal objetivo es juntar a nombres del underground contemporáneo con sus mentores, reunió para este volumen a Samuel Godin, Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never), Laurel Halo y James Ferraro. Los tres últimos son nombres que, en el pasado año, llevaron al pop hipnagógico a nuevos territorios estéticos. Junto a ellos, el pionero minimalista David Borden, cuyo Music for Amplified Keyboard Instruments es una influencia confesada por el propio Lopatin, una admiración que de hecho fue la que dio la idea de esta colaboración. El interés de este disco va más allá de lo simbólico, ya que se pueden identificar algunos de los rasgos individuales de sus contribuyentes, pero al mismo tiempo consiguen sonar completamente compenetrados, trabajando drones en los que lo que importa es la riqueza de los matices y las texturas. Que se haya escogido el método de la improvisación, con sus connotaciones utópicas en las que la identidad del músico individual se sumerge en el colectivo, contradice a quienes acusan al pop hipnagógico de solipsista, una línea que, en cualquier caso, bordean con frecuencia sus grabaciones. FRKWYS Vol 7 es, por tanto, mucho más que una anécdota. Es un resumen, y una de las cimas estéticas, del pop hipnagógico hasta el momento.

Pero veamos lo que hicieron Halo, Lopatin y Ferraro este año, y comprobaremos que a finales del 2011 el pop hipnagógico está en una posición muy diferente.

En primer lugar, es de sobra conocido el caso de Lopatin y su Replica, con el que por fin ha conseguido cierta unanimidad, metiéndose en prácticamente todas las listas, y en puestos destacados en la mayoría de ellas, además de aumentar de manera sensible su popularidad, aunque todavía en círculos muy limitados. Todo gracias a un disco en el que se pueden encontrar sentimientos más fácilmente reconocibles, y estructuras que juegan con un formato de canción más clásico. Atrás quedan, de momento, la abstracción y los temas de larga duración, pero su inspiración, de momento, sigue intacta.

Por otra parte, también es conocido lo que ha hecho James Ferraro, pegando un considerable volantazo a su carrera y a todo el pop hipnagógico, con “Far Side Virtual” sustituyendo el amasijo sonoro de sus docenas de discos anteriores por una especie de estética que a partes iguales se inspira e ironiza sobre la música creada en los ochenta con fines corporativos. Para que la cosa no se quedase en algo totalmente retro, la portada fusionaba un iPad con una estética visual claramente deudora de la época en la que la realidad virtual era una utopía bastante naif. Los títulos de las canciones también hacían referencia a elementos que han invadido nuestra vida diaria, como google. La controversia, en su caso, es si su música es una glorificación encubierta o una crítica del corporativismo, algo que no ha aclarado el tono jocoso que Ferraro mantiene en sus entrevistas. Sin embargo, merece la pena apuntar aquí que el pop hipnagógico nació más o menos justo al mismo tiempo que la crisis global, y que su conexión con la música mainstream y corporativista ochentera, asociada con los intereses neoliberales de aquella década, ofrece innegables tentaciones a la hora de debatir la relación de esta gente con la música, la estética y la cultura a la que hacen referencia. Es un debate que no está finiquitado, y en el que yo me inclino a pensar que, desde el underground, el pop hipnagógico sirve para subvertir los códigos sonoros de los ochenta, y por tanto neutralizar, o al menos cuestionar, su componente ideológico. Además, a James Ferraro se le ha relacionado, a raíz de este disco, con el interesante trabajo de Ryan Trecartin, quien ha desarrollado una estética deudora de una visión claramente influida por la sobreabundancia tecnológica y estímulos audiovisuales. En este sentido, James Ferraro no ha estado solo, ya que el EP Genre-Specific Xperience de Fatima Al Qadiri también cubre unas inquietudes similares, y de hecho en su portada también se puede ver un iPad, y uno de los vídeos fue realizado por el propio Trecartin.

Laurel Halo consiguió con Hour Logic el mejor ejemplo del acercamiento a la música de baile por parte de una serie de productores blancos ajenos, en principio, a cualquier escena de clubes en la que normalmente se desarrolla la música de baile. Por eso, su música recuerda a multitud de referencias, y quizás también por eso suene algo aséptica, al igual que ocurre con la mayoría del catálogo de 100% Silk, el sello paralelo de Not Not Fun (uno de los pilares del pop hipnagógico) con el que se dieron a conocer en el 2011 otros nombres con intereses similares como el de Ital, quien por cierto está a punto de sacar disco en Planet Mu. Que conste que también he disfrutado bastante con este Hour Logic y otros singles similares, pero se trata de una vía que no me interesa tanto de momento.

Ninguno de estos discos, aunque excelentes en su mayoría, consiguió eclipsar la magia del 936 de Peaking Lights, cuya primera edición corrió a cargo de Not Not Fun. Sus creadores dieron con una fórmula perfecta en la que caben elementos del dub, de la música de baile o del folk psicodélico perfectamente amalgamados. Algo así como los Broadcast americanos. Un disco inundado de calidez que ha sido el que más he disfrutado en este año tan complicado en muchos aspectos.

(1)en parte, claro está, por el estilo un tanto críptico de David Keenan en su artículo para el número de agosto del 2009 con el que se dio pistoletazo de salida a todo esto. En cualquier caso, conviene recordar las primeras líneas del artículo: “El pop hipnagógico es música pop refractada a través del recuerdo de un recuerdo. Obtiene su poder de la cultura pop de los 80 en la que muchos nacieron, y que no ha sido hasta ahora cuando se ha empezado a incluir en la música unerground como una influencia espectral. Los reinos hipnagógicos están entre la vigila y el sueño, zonas liminales en las que alucinaciones auditivas alimentan la formación de los sueños”. Curiosamente, el propio David Keenan arremetió en el número de enero del 2011 contra los que aplicaban manga ancha al pop hipnagógico, quizás sin comprender que la etiqueta se ha hecho tan popular que su definición ha escapado a su control.

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