Redux

Kate Bush – 50 Words for Snow

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 27, 2011

Reconozco que mi primera reacción frente a este disco no fue todo lo entusiasta que yo mismo me esperaba. Y sin embargo, con el tiempo lo que más echaba en falta –melodías, esa capacidad de la británica para hacer canciones de pop con una perspectiva indiscutiblemente femenina, llenas de pasión romántica y pegadas a la naturaleza – se convirtió  en una de sus mayores virtudes.  Aquí  la pasión de sus discos de juventud se ha visto atenuada por la aceptación de la madurez por parte de Kate Bush. De hecho, ya escribí en su momento que uno de los aspectos más interesantes de “Director`s Cut”, su otro disco de este año, es precisamente ver como su textura vocal, definitivamente cambiada, afronta canciones en las que la llama de la juventud todavía alumbra con fuerza. Ahora esa llama no está apagada, sigue estando ahí, pero sería como el calor que todavía se conserva en la leña tras apagarse el fuego.

 

En el fondo, eso sí, sus grandes temas siguen estando presentes: la naturaleza como estado de ánimo, como inspiración y reflejo de los sentimientos humanos, el amor como un estado cercano a la locura, o como una pulsión que lleva a sus personajes a asomarse a la autodestrucción vital, como por ejemplo en la soberbia “Misty”, que cuenta –en una de las mejores letras de toda su carrera- la historia de una mujer que se acuesta con un muñeco de nieve y cómo, al aumentar la pasión de parte de ella, él se va consumiendo poco a poco. Las imágenes en esta canción son de las que se quedan clavadas en la memoria durante mucho tiempo: “Domingo por la mañana, no le encuentro, las sábanas están empapadas, y sobre mi almohada: hojas muertas, pedazos de ramas enrolladas y jardín congelado”. “Misty” es, también, el tema más largo del disco, casi 14 minutos que, como en el caso de los mejores momentos de Joanna Newsom, parecen poco más de cinco si te dejas llevar por su lento, parsimonioso, fluido discurrir.

 

Quizás con la excepción de “Wild Man”, la única canción con un mínimo de potencial radiofónico, Kate Bush parece haberle dado la espalda definitivamente al formato pop tradicional –entendido como canción de tres o cuatro minutos- algo que, en realidad, ya se podía atisbar en Aerial, aunque ha sido aquí donde ha llevado su apuesta formal un poco más allá.  50 words for snow son sesenta minutos en siete canciones a las que hay que aclimatarse para darse cuenta de  que, en realidad, aquí Kate Bush está jugando a estirar el formato de canción y llevarlo a un terreno nuevo para ella, de algún modo similar a la larga duración de las canciones de Joanna Newsom, aunque sustituyendo el arpa de la estadounidense por el piano, omnipresente aquí, desplegándose como soporte a su voz en estructuras relajadas, depuradamente simples, pero capaces de sostener casi exclusivamente la personalidad de Kate Bush, volcada aquí en horizontes más amplios. El motivo de esta transformación es evidente: la madurez, la distancia que permite a Kate Bush abordar lo que cuenta desde una perspectiva más meditada.

 

Musicalmente hablando,  otras referencias interesantes son las de David Sylvian,  Talk Talk y, sobre todo, el disco de Mark Hollis, pues puesta en perspectiva la carrera de la inglesa, se puede observar un similar proceso de despojamiento de elementos pop hasta llegar a una estética aparentemente espartana pero que, con las escuchas, revela todo su potencial en forma de pequeños detalles, consiguiendo abrir de esta manera nuevos caminos para una especie de pop progresivo. Kate Bush tampoco es ya aquella joven a la vanguardia en cuanto a producciones mainstream que jugueteaba con las posibilidades del sample o llevaba los sintes a nuevas cotas de emoción, sino que aquí juega más que nunca a sacarle partido a la sutileza, a los matices que pueden pasar desapercibidos al principio.  Hay que destacar aquí también que Kate Bush ha editado este disco en su propio sello, y es evidente que, de haberlo sacado en una multinacional, probablemente la habrían presionado para acortar las canciones o meter más temas comerciales. Siempre se ha intuido que Bush ha mantenido un control más o menos férreo sobre su carrera, pero ahora es más evidente que nunca. El límite ya es únicamente el que le marque su propia ambición y talento que, afortunadamente, siguen siendo muy grandes. Sin dudarlo: uno de los grandes logros en una carrera llena de cimas.

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