Redux

Vídeo: Peaking Lights – “Hey Sparrow”

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 30, 2011
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Fatima Al Qadiri – Genre-Specific Xperience

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 28, 2011

Kate Bush – 50 Words for Snow

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 27, 2011

Reconozco que mi primera reacción frente a este disco no fue todo lo entusiasta que yo mismo me esperaba. Y sin embargo, con el tiempo lo que más echaba en falta –melodías, esa capacidad de la británica para hacer canciones de pop con una perspectiva indiscutiblemente femenina, llenas de pasión romántica y pegadas a la naturaleza – se convirtió  en una de sus mayores virtudes.  Aquí  la pasión de sus discos de juventud se ha visto atenuada por la aceptación de la madurez por parte de Kate Bush. De hecho, ya escribí en su momento que uno de los aspectos más interesantes de “Director`s Cut”, su otro disco de este año, es precisamente ver como su textura vocal, definitivamente cambiada, afronta canciones en las que la llama de la juventud todavía alumbra con fuerza. Ahora esa llama no está apagada, sigue estando ahí, pero sería como el calor que todavía se conserva en la leña tras apagarse el fuego.

 

En el fondo, eso sí, sus grandes temas siguen estando presentes: la naturaleza como estado de ánimo, como inspiración y reflejo de los sentimientos humanos, el amor como un estado cercano a la locura, o como una pulsión que lleva a sus personajes a asomarse a la autodestrucción vital, como por ejemplo en la soberbia “Misty”, que cuenta –en una de las mejores letras de toda su carrera- la historia de una mujer que se acuesta con un muñeco de nieve y cómo, al aumentar la pasión de parte de ella, él se va consumiendo poco a poco. Las imágenes en esta canción son de las que se quedan clavadas en la memoria durante mucho tiempo: “Domingo por la mañana, no le encuentro, las sábanas están empapadas, y sobre mi almohada: hojas muertas, pedazos de ramas enrolladas y jardín congelado”. “Misty” es, también, el tema más largo del disco, casi 14 minutos que, como en el caso de los mejores momentos de Joanna Newsom, parecen poco más de cinco si te dejas llevar por su lento, parsimonioso, fluido discurrir.

 

Quizás con la excepción de “Wild Man”, la única canción con un mínimo de potencial radiofónico, Kate Bush parece haberle dado la espalda definitivamente al formato pop tradicional –entendido como canción de tres o cuatro minutos- algo que, en realidad, ya se podía atisbar en Aerial, aunque ha sido aquí donde ha llevado su apuesta formal un poco más allá.  50 words for snow son sesenta minutos en siete canciones a las que hay que aclimatarse para darse cuenta de  que, en realidad, aquí Kate Bush está jugando a estirar el formato de canción y llevarlo a un terreno nuevo para ella, de algún modo similar a la larga duración de las canciones de Joanna Newsom, aunque sustituyendo el arpa de la estadounidense por el piano, omnipresente aquí, desplegándose como soporte a su voz en estructuras relajadas, depuradamente simples, pero capaces de sostener casi exclusivamente la personalidad de Kate Bush, volcada aquí en horizontes más amplios. El motivo de esta transformación es evidente: la madurez, la distancia que permite a Kate Bush abordar lo que cuenta desde una perspectiva más meditada.

 

Musicalmente hablando,  otras referencias interesantes son las de David Sylvian,  Talk Talk y, sobre todo, el disco de Mark Hollis, pues puesta en perspectiva la carrera de la inglesa, se puede observar un similar proceso de despojamiento de elementos pop hasta llegar a una estética aparentemente espartana pero que, con las escuchas, revela todo su potencial en forma de pequeños detalles, consiguiendo abrir de esta manera nuevos caminos para una especie de pop progresivo. Kate Bush tampoco es ya aquella joven a la vanguardia en cuanto a producciones mainstream que jugueteaba con las posibilidades del sample o llevaba los sintes a nuevas cotas de emoción, sino que aquí juega más que nunca a sacarle partido a la sutileza, a los matices que pueden pasar desapercibidos al principio.  Hay que destacar aquí también que Kate Bush ha editado este disco en su propio sello, y es evidente que, de haberlo sacado en una multinacional, probablemente la habrían presionado para acortar las canciones o meter más temas comerciales. Siempre se ha intuido que Bush ha mantenido un control más o menos férreo sobre su carrera, pero ahora es más evidente que nunca. El límite ya es únicamente el que le marque su propia ambición y talento que, afortunadamente, siguen siendo muy grandes. Sin dudarlo: uno de los grandes logros en una carrera llena de cimas.

Conferencia de Daniel Lopatin en el Red Bull Music Academy de Madrid

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 23, 2011

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 18, 2011

Otro vídeo memorable para una canción no menos memorable

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 18, 2011

Atención a la descripción del vídeo en youtube:

Hip Hop Spa posits an uncanny parallel between the luxurious solitary confinement of a spa experience and the introspective image of prison solitary confinement often presented in contemporary, genre specific, Hip Hop cultural product. Solitary subconscious is the experience of virtual age Hip Hop culture. The track expands the lexicon of the genre, while questioning the general public’s consumption of rap and hip hop aesthetics.

No hace falta decir más, pasen y vean/escuchen un tema de uno de los mejores EPs del 2011

Kuedo – Severant

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 8, 2011

Empecemos por los puntos fuertes de este disco, que son: el dramatismo; la apuesta por melodías cercanas al pop, y que aumentan el impacto emocional; la habilidad para conseguir que un híbrido aparentemente imposible entre Vangelis (los sintes,), ciertos tipos de hip hop contemporáneo como el coke rap o el UK road rap y el footwork (los hi hats acelerados) suene futurista y se beneficie de la contraposición entre la belleza melódica de los sintes y la brutalidad rítmica; la coherencia estética del álbum de principio a fin, de hecho es uno de los pocos álbumes publicados este año por un productor procedente del dubstep que funciona como tal, prácticamente todo el disco es una sucesión de buenas y/o memorables ideas tanto melódicas como rítmicas o sonoras.

 

El componente futurista en este disco es interesante, en un momento histórico en el que estamos en el cual es complicado pensar en el futuro más allá de unas semanas, y en el que la posibilidad de un colapso de magnitudes inimaginables parece factible de un día para otro. Musicalmente, ha sido de sobra debatido en los últimos meses la aparente incapacidad de la música popular, y especialmente electrónica, para generar un discurso estético genuinamente modernista, de ahí el interés que plantea el hypnagogic  pop al ofrecer una revisión de las aspiraciones utópicas que planteaba el futuro en la década de los ochenta, o el libro Retromania de Simon Reynolds. En este sentido, resulta iluminador que Kuedo dijese en una reciente entrevista publicada en Fact que el futuro ya ha llegado y que es complicado mantener esa sensación de incertidumbre o admiración por el futuro porque no ha resultado ser algo especialmente diferente, una idea que es muy interesante tener en cuenta porque es la principal impulsora de la manera de entender el futuro en este disco como algo que ya no es inminente, sino paradójicamente parte del pasado.

 

Aunque la principal referencia es la música de sintes de los ochenta, ejemplificada por Vangelis o Tangerine Dream –algo que difícilmente se puede considerar futurista cuando han pasado más de veinte años- el disco consigue esquivar la etiqueta de nostálgico –incluso a pesar del tono emocional- gracias a su atrevimiento en el plano rítmico con elementos de la música negra estadounidense contemporánea. De hecho, uno de los grandes aciertos del álbum es el de confrontar los acerados sintes europeos con los ardientes ritmos estadounidenses. También hay que tener en cuenta el hecho de que los ritmos hechos con 808s son característicos de los ochenta, pero también un elemento clave en el footwork. El disco parece jugar con esa doble mirada puesta en el futuro, pero partiendo sin ningún tipo de pudor del pasado. En palabras del propio Kuedo para una entrevista en el blog de Martin Clark:

 

Una de las cosas que siempre he querido es tener algo de genuina modernidad en mi música. Y son siempre esas escenas underground las que son más modernas. El footwork es hiper moderno, comparado con cualquier otra cosa. Suena a tecnología alienígena.

 

Y en cuanto al uso de los 808:

Creo que la fecha en la que una caja de ritmos se popularizó no hace que [su uso] sea siempre una referencia retrospectiva a esa época. Es simplemente el momento en el que se coló en el lenguaje musical colectivo.

Oneohtrix Point Never – Replica

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 7, 2011

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 2, 2011

Pues ya se conocen unas cuantas canciones de uno de los discos más esperados en la recta final del 2011, repasemos:

Me gusta cómo se ha creado un sonido absolutamente personal: la producción, so flow, la textura de la voz… vale, igual las letras podrían estar mejor, pero en cualquier caso no está nada mal como ha llevado a un terreno nuevo el hip hop introspectivo del 808s and Heartbreak de Kanye West, también explorado por los también canadienses The Weeknd, que por supuesto colaboran en este disco. Incluso he de decir que en lo que se refiere a poner en un primer plano ideas musicales más introspectivas partiendo de una música totalmente extrovertida, Drake le gana la batalla estética a James Blake. A pesar de lo mucho que me gusta el disco de James Blake, sus EPs de este año me han provocado reacciones encontradas, en cambio, Drake me parece que cada vez está más seguro de si mismo. Habrá que escuchar el disco entero, de todos modos, para ver si todo encaja como se espera.

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 2, 2011

En Una habitación con vistas, el principal personaje femenino le dice a otro lo siguiente:

You may understand beautiful things, but you don’t know how to use them

Si aplicamos esta idea a escribir sobre música, se podría decir que un buen crítico es el que no solo entiende una canción o un disco, sino el que sabe usarla.