Redux

Vídeo: Robyn ‘Dancehall Queen’

Posted in pop, pop mainstream, vídeos by Iván Conte on noviembre 30, 2010

Es curioso, entre muchas otras maravillas pop contenidas en las distintas entregas del sobresaliente Body Talk a lo largo del 2010, casi paso por alto ‘Dancehall Queen’, que suena como si Abba hiciesen un disco en Jamaica. Y si con esa definición no te convenzo, no sé cómo hacerlo.También me gusta mucho la letra: además de citar el ‘Under Me Sleng Teng’ de Wayne Smith, como en muchas otras de Robyn, pasa de lugares comunes románticos y canta sobre la necesidad de pasárselo bien desde un punto de vista femenino, sin que le agobien los hombres. El vídeo, por cierto, está dirigido por Diplo, y si musicalmente esto es Jamaica en Suecia, visualmente es Jamaica en Japón (!!)

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Los mejores sellos del 2010 según Fact

Posted in hypnagogic pop by Iván Conte on noviembre 24, 2010

Como todos los años, los medios ya están metiendo presión con lo de las listas del año, cuando aún quedan unas cuantas semanas y todavía puede pasar cualquier cosa. Sin ir más lejos, ayer mismo se publicó el quinto disco de Kanye West, que está teniendo el mismo tratamiento –casi unánime: obra maestra- que tuvo el de Animal Collective el año pasado. De todos modos, está claro que hay algunas cosas que están  más o menos definidas, por eso no me parece apresurada la publicación, en Fact, de una lista sobre los mejores sellos del año. Y es, además, una lista muy acertada, porque los sellos que aparecen en las primeras posiciones han publicado el grueso de lo más interesante que he escuchado este año. De muchos de esos discos todavía tengo intención de hablar, pero por si acaso no tengo tiempo antes de sacar mis propias listas a finales de diciembre, aprovecho la ocasión para mencionarlos.

Empezamos, entonces, por el número uno, que es para Olde English Spelling Bee, decisión comprensible por ser el sello que más se asocia con el sonido más interesante desarrollado este año: el hypnagogic pop. En este sello se ha publicado el precioso disco de Julian Lynch, que redefine el folk estadounidense, y del que ya hablé en su momento, además de excelentes discos de Forest Swords (recomendados por un lector, ¡gracias!) y, por supuesto, de James Ferraro. El único problema que le veo a esta decisión es que me parece que editan demasiadas cosas, y algunas de ellas no pasan de ser meramente interesantes.

El segundo lugar es para Night Slugs, pero como de este sello ya hablé cuando comenté el single de Girl Unit, e incluso tengo un playlist en Spotify, paso al tercero, que es Mego, ¡Mego en el 2010! Pues sí, sobre todo por publicar una de las rotundas obras maestras de este año –el Returnal de Oneohtrix Point Never– además de otro disco que no le va a la zaga como es el de Emeralds, gracias a los cuales el sello europeo está viviendo una interesantísima segunda primavera, apertura estilística mediante.

El cuarto puesto es para Honest Jons, que al publicar Shangaan Electro nos entregó una de las recopilaciones del año, sin duda uno de los mayores impactos sonoros de los últimos meses. Los discos de Actress y T++, también editados por Honest Jons, sitúan al sello en la vanguardia de la exploración rítmica.

Aunque yo cambiaría el orden, no hay duda de que estos cuatro sellos han definido buena parte de lo que me ha gustado este año.  Fact pone en quinto lugar a Planet Mu,  aunque yo adelantaría algunos puestos un sello que se quedó algo más atrás, quizás por no agobiar con lo del hypnagogic pop. Hablo de Not Not Fun, sello que, personalmente, prefiero a Olde English Spelling Bee, y que nos ha dado memorables discos de psicodelia cósmica como los de Sun Araw, Dylan Ettinger o el encantador EP de LA Vampires con Zola Jesus.

Del resto del top 10 lo más reseñable es el bajón de Hyperdub, que ya he comentado por aquí, debido sobre todo a algún que otro decepcionante LP (Ikonika, Darkstar), y a que sus singles no han sido por lo general tan interesantes como en años anteriores. Aparte de Mego, otro sello rejuvenecido e incluido en la lista es R&S, que ha publicado uno de los celebrados EPs de James Blake, pero de este sí que tengo intención de hablar en breve y no diré más aquí.

Añadid a todo esto el poker de ases del mainstream negro estadounidense (Janelle Monae, Big Boi, The-Dream y Kanye West), convertidos en repoker con el as underground de Das Racist, y sale un año más que interesante. Os voy a decir más: en mi opinión, el más interesante en muchos años.

Video: Sufjan Stevens en el show de Jimmy Fallon

Posted in Uncategorized, vídeos by Iván Conte on noviembre 20, 2010

Junto a Joanna Newsom y Dirty Projectors, Sufjan Stevens consiguió en la pasada década conectar el folk -rama singer/songwriter- con la música clásica estadounidense. Quizás porque esperábamos que continuase por ahí, su nuevo disco está entre los más impenetrables del año. Entiendo que quisiese hacer algo lo más alejado posible de Illinois para quitarse de encima de una vez el proyecto inacabado -¿alguna vez pensó terminarlo?- de los discos dedicados a cada uno de los EEUU, pero desde un principio sus acercamientos a la electrónica siempre me han parecido poco atractivos, de modo que no es de extrañar que mis favoritas de su último disco sean las pocas canciones más continuistas, como ‘Futile Devices’.

En cualquier caso, el disco, como ya he dicho por alguna red social estos días, se salva por ser una bizarrada, algo que ratifica esta actuación de Sufjan acompañado de multitud de instrumentos y ¡con coreografía! Una puesta en escena tan extravagante como las de Peter Gabriel en su etapa con Genesis. Esto me gusta, porque se carga ese cliché rockista según el cual el folk es lo opuesto a la música ‘prefabricada’ y con coreografías en los vídeos del mainstream, la idea preconcebida de que el pop vende una superficie, y el folk, para escapar de eso, ha de eliminar la parte visual. Algo que seguramente en un momento dado tuvo sentido pero que, con el tiempo, se ha convertido en un lugar común listo para ser cuestionado.

Al final, entonces, lo que le salva es su capacidad para reventar expectativas. Y vale que The Age of Adz no es un Gran Disco Americano como sí lo era Illinois, pero su temática de ciencia ficción añeja, como de comic o película de los cincuenta, le sigue permitiendo filtrar en su música algunas de las manifestaciones más interesantes de la cultura popular estadounidense de los últimos… cien años. Disco difícil, obra menor, de la que espero se recupere pronto, pero, como ocurre con las obras menores de los grandes -y Sufjan Stevens lo es- no exenta de cosas interesantes.

Vodpod videos no longer available.

Sufjan Stevens @ Jimmy Fallon, posted with vodpod
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Sun Araw – On Patrol

Posted in hypnagogic pop, LPs by Iván Conte on noviembre 18, 2010

Uno de los nombres indiscutibles del hypnagogic pop es el de Sun Araw, lo cual es fácil de comprobar en el aspecto visual de este disco, tan acorde con los intereses  de esta nueva generación del DIY. Así, la portada de On Patrol recuerda  a los gráficos que se podían generar por ordenador en los ochenta, dándoles la habitual vuelta de tuerca hipnagógica para provocar el necesario dislocamiento de la perspectiva que permita ver esa década desde el extrañamiento, un extrañamiento que está en la base del carácter psicodélico de una renovación de las fuentes de inspiración del underground estadounidense que han marcado el 2010 hasta el punto de que Pitchfork ha creado una web dedicada a cubrir –con bastante manga ancha, eso sí- el asunto.

Ahora bien, también hay que tener en cuenta que Sun Araw, siendo como es una de las personalidades más singulares dentro del pop hipnagógico, tiene casi más cosas que le separan del mismo que cosas en común, empezando por un mayor interés en la década de los setenta, con influencias que van desde el funk espacial de Sun Ra, al rock cósmico alemán, reflejadas en ritmos repetitivos, sintes oxidados y texturas espaciales. Eso sí, aunque aquí hay mucha tecnología analógica, también está presente un elemento muy común a otros como Oneohtrix Point Never o Dolphins into the Future: las grabaciones de sonidos de la naturaleza, una de las huellas más evidentes de la influencia del New Age. En el 2010, el pop hipnagógico, lejos de contraponer la naturaleza y la tecnología como ocurría con el New Age, las obliga a convivir en el mismo espacio sonoro sin que chirríen, una prueba de que no estamos ahora ante un ejercicio de ingenuidad o cinismo en su uso de sonidos de la naturaleza, que aquí son un elemento más para construir espacios sonoros de gran fuerza física, junto a una textura granulada proporcionada por la instrumentación analógica y la estética lo-fi.

On Patrol juega con una paleta sonora trópico-psicodélica, reflejada desde el comienzo con ‘Ma Holo’, entre el funk, el free jazz  y la psicodelia, evocando imágenes de atardeceres tropicales en una novela de ciencia ficción. ‘Beat Cop’ suena a unos Animal Collective terrosos, y cuenta con un climax liberado por la percusión que convierte al tema en uno de los más tensos de un disco por otra parte de tono relajado. En ‘The Stakeout’ ralentizan el Afrobeat al tiempo que las pulsaciones del bajo remiten al dub, otro elemento esencial del álbum reflejado sobre todo en los efectos de sonido. Este excepcional comienzo del álbum tiene su culminación en los quince minutos de ‘Conga Mind’, que recorren el camino de los Tangerine Dream más oscuros hasta el free jazz, con una línea de bajo  en la segunda parte del tema que se encuentra entre lo más físico y satisfactorio del disco. A partir de ahí el álbum, sin perder el interés, sí que se vuelve algo más predecible, aunque siguen sucediendo cosas interesantes como el acento orientalista de ‘Deep Cover’.

En una entrevista para Tiny Mix Tapes, el líder de Sun Araw comentaba que su estética está basada en parte en la técnica cinematográfica del plano secuencia y, de hecho, muchos de los grandes y expansivos, cósmicos, momentos del pop hipnagógico tienen mucho que ver con ese cine de la contemplación que ha dominado la estética cinematográfica más inquieta en la última década. De hecho, dos referentes cinematográficos claros para el pop hipnagógico son los de Apichatpong Weerasethakul y Tsai Ming Lang, en cuyas películas estiran el tempo narrativo hasta irritar a algunos y fascinar a otros, del mismo modo que ocurre en el pop hipnagógico con los drones, los sintes planeadores o la ralentización a lo DJ Screw, al tiempo que establecen diálogos –a veces encontronazos- entre tradición y modernidad que en discos como éste aparecen reflejados, por ejemplo, en la combinación de sintes y sonidos de la naturaleza. Tanto en el caso del cine como de la música, los efectos son similares: alterar la percepción de la realidad -de una realidad tan lóbrega como la de nuestro tiempo.: en definitiva, una nueva psicodelia.

Este es el camino. ¡Más de esto, por favor!

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Salem – King Night

Posted in LPs, witch house by Iván Conte on noviembre 14, 2010

El debut en formato LP del trío estadounidense Salem es la culminación de un proceso que les ha llevado a ser los abanderados de una nueva etiqueta, llamada witch house, que explora un territorio virgen entre el shoegaze y el rap sureño. Si  no los has escuchado nunca, y esta descripción de su sonido te parece sorprendente, no es de extrañar: es lo que debería ocurrir y sobre esa base se cimenta buena parte del impacto que están causando con un sonido saturado de sintes-apisonadora, bajas frecuencias, distorsión y ritmos inspirados por el ralentizamiento del tempo hip hop propiciado por  DJ Screw, el fallecido productor de rap sureño que se ha convertido en la figura más influyente en la música estadounidense de los últimos años –recordemos que él es también una de las principales fuentes de inspiración para Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never, Games).

La sorpresa, por tanto, es una consecuencia de la solidez del resultado, que tan solo resbala un poco cuando se arrancan a rapear en ‘Sick’ o ‘Trapdoor’, haciendo que esos temas se acerquen peligrosamente a una parodia del arrastrado fraseo característico del rap sureño. Algo que, por cierto, ha provocado acusaciones de racismo sobre el grupo por reírse de la música negra. Acusaciones comprensibles pero que en este caso me parecen injustas, pues su flow, aunque torpe, nace de la admiración. No es la única controversia en la que se han visto envueltos, teniendo en cuenta sus tortuosas biografías y el hecho de que sus ininteligibles letras han sido interpretadas como una glorificación a la violencia –algo que ellos ya han negado en entrevistas.

Pero no es conveniente que estas polémicas, que con el tiempo se olvidan, condicionen la apreciación de su música y las ya innegables ondas expansivas que está causando con un sonido que es como una losa wagneriana, solamente aligerada por la ensoñadora voz de la cantante, en la onda del sello 4AD, que es otro de los grandes referentes estéticos no solo de ellos sino de un buen montón de bandas del underground estadounidense. Añadamos a la lista de referencias el carácter emborronado y etéreo de Flying Saucer Attack, cuyo shoegaze fue reivindicado por Joseph Stannard en el número de septiembre de The Wire como uno de los referentes clave de las nuevas ideas que se están moviendo en la música en la actualidad.

En definitiva, el valor de Salem reside en revelar con claridad cómo esta combinación de influencias ha dado lugar a algo nuevo, dándole entidad mediante un álbum sólido de principio a fin, en ocasiones tan mórbido y subyugante como el black metal, e igualmente físico e imponente. Si acaso el único problema es que, como consecuencia de esta fascinación por la oscuridad, King Night acaba convirtiéndose en un disco al que uno solo se acerca cuando está de humor para ello, ya que la atmósfera asfixiante termina por provocar las ganas de escuchar algo más ligero, solo en parte paliadas dentro del mismo disco por el carácter soñador de alguna textura, sobre todo en el caso de las voces.

Por supuesto, no falta quien señala la oscuridad de su música como un reflejo de la sociedad actual, aunque creo que ahora mismo es difícil sacar conclusione sociológicas, habría que esperar a tener un poco de perspectiva para ello. Lo que sí que esta claro es, porque la estética ya lleva unos años extendiéndose con perseverancia, que la ralentización como técnica y estética le viene a la perfección a un momento histórico en el que tantos avances -sociales, económicos, etc-  se han visto, y se verán durante mucho tiempo, frenados hasta el paroxismo.

The Streets – ‘Trust Me’

Posted in vídeos by Iván Conte on noviembre 12, 2010

Como Original Pirate Material es uno de mis discos favoritos de cualquier época, me duele bastante ver la caída en picado que fue la carrera posterior de The Streets. Ahora, Mike Skinner anuncia un último disco bajo ese nombre, y aunque en principio prefería ni pensar en él, no fuese a estropear aún más el recuerdo de su primer disco, me ha alegrado saber que ‘Trust Me’, una canción que el mismo distribuyó por Twitter hace unos meses, va a estar en el disco. La alegría, claro, es porque ‘Trust Me’ suena casi tan bien como las canciones de su debut. Si tan solo el resto de su último disco estuviese a la altura de esta canción, igual hasta conseguía redimirse un poco.

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Darkstar – North

Posted in electrónica, LPs, pop, pop electrónico by Iván Conte on noviembre 11, 2010

Qué complicado es acercarse a discos como el primero de Darkstar o el de Single. Son discos que levantan una expectación muy grande entre su público potencial para luego entregar algo que se parece poco a lo que ese público esperaba, y entre el desconcierto provocado, se corre el riesgo de dejar pasar un gran álbum. En estos casos, se impone ser paciente y dejar que el disco se vaya ganando su espacio, o que nos vayamos acostumbrando a que no vamos a encontrar en ellos lo que esperábamos al tiempo que empezamos a apreciar lo que sí hay en ellos.

En el caso de Darkstar, el dúo –ahora trío- británico venía de publicar un puñado de singles que son auténticos hitos en el recorrido del dubstep, subrayando la herencia 2Step en el genial ‘Need You’, o inundando los oídos de emociones robotizadas-pero-humanas en la singular y extraordinaria ‘Aidy’s Girl Is A Computer’. Sin embargo, en North lo que prevalece es un synth-pop con la mirada puesta en bandas de principios de los ochenta en el norte de Inglaterra como Human League –a quienes de hecho versionan en ‘Gold’-  con ese sonido tan característico de sintetizadores fríos, distanciados emocionalmente e incluso agresivos que surgió en paralelo al punk y que sirve de perfecta ilustración sonora a una época social y económicamente deprimida e incluso paranóica, al igual que la nuestra. De este modo, la coyuntura histórica es favorable a una revisión de un pop de sintes con un registro emocional diferente al más festivo que ha dominado en los últimos años. Eso sí, Darkstar no intentan una fiel réplica de un sonido pasado, sino que lo mezclan con elementos presentes en la estética indietrónica –las guitarras, por ejemplo, son muy parecidas a las que se podían encontrar en un disco de Morr Music a finales de los noventa y principios de la pasada década- Radiohead –la frialdad emocional, el modo en el que mezclan sintes e instrumentos ‘tradicionales’- o Portishead –a quienes casi se puede decir que plagian en el tema que da título al disco.

El problema, sin embargo, con North es doble: por una parte, la mayoría de las ideas ya se habían escuchado antes en otra parte y mejor. Se nota que la lección se la saben muy bien, pero el resultado no consigue tener la inquietud o la capacidad de sorpresa que sí tenían el Kid A de Radiohead o el Third de Portishead, lo que me lleva al segundo problema: todo me suena demasiado correcto, es como si fuesen demasiado conscientes de lo que están haciendo, y les ha salido un notable ejercicio de caligrafía que quizás deberían haber dejado de pulir a medio camino de su creación, alargada durante casi un año.

¿Significa esto que North es un mal disco? En absoluto, se escucha bien, tiene momentos muy buenos, y sobre todo los sintes suenan siempre interesantes, pero no me parece en absoluto un disco imprescindible. Lo cual tampoco está mal, no todos los discos tienen que ser imprescindibles. North es un buen pequeño disco,  al que sin duda será agradable regresar en el futuro. Así, sería injusto decir que este disco es una decepción. Se trata, simplemente, de un buen disco, incluso notable, pero algo lejos del sobrealiente.

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Games – That We Can Play

Posted in electrónica, EPs, pop, pop electrónico by Iván Conte on noviembre 9, 2010

En los primeros segundos de de ‘Strawberry Skies’, la canción que abre este EP de Games, suenan unos sintes sobre un fondo como de lluvia cayendo y una voz sampleada. Por unos momentos parece que la canción va a irse por los derroteros sintéticos planeadores de Oneohtrix Point Never. Pero no tarda en entrar un ritmo reminiscente del mismo italo disco sobre el que gente como Sally Shapiro han construido en los últimos años una más que sólida carrera. Este tema inicial suena a Sandra producida por Jan Hammer, comparación nada gratuita si se tiene en cuenta que a la primera ya la metieron en un par de aquellas mixtapes en las que ralentizaban éxitos de los ochenta y que fue la banda sonora indiscutible de mi verano 2010. El segundo es una referencia clave, pues es en su estudio donde el dúo formado por Daniel Lopatin y Joel Ford está grabando su primer LP que, a la vista de lo escuchado aquí, va a ser uno de los más esperados del 2011.

Por supuesto, lo que redime a Games al igual que a otros compañeros de viaje hipnagógico es la absoluta falta de ironía –esa peste- en su mirada a una zona de los ochenta que hasta ahora había estado vedada al underground. Aunque ya se intuía el gusto por las lustradas producciones mainstream de los años ochenta en la música de Oneohtrix Point Never, el carácter eminentemente experimental de este proyecto había impedido que aflorase, salvo en puntuales casos, la vena más luminosa y melódica. Por eso, a Daniel Lopatin hay que darle el crédito que se merece por moverse igual de cómodo en ambientes experimentales como en el pop con mayúsculas reflejado en Games, un pop que parece querer continuar donde el New Pop lo había dejado a mediados de los ochenta, inyectando ideas nuevas en un formato inmediatamente reconocible por cualquier oyente habitual de emisoras FM.

Además de la ausencia de ironía, lo que permite en última instancia separar a Games del kitsch en el 2010 es el hecho de que este dúo surge bajo la sombra de DJ Screw, quizás el músico más influyente de los últimos años. De DJ Screw viene, como ya sabréis de sobra, la idea de ralentizar los temas escogidos en las mixtapes, permitiendo que salgan a la luz detalles que permanecían escondidos hasta entonces. Y es ahí, en ese terreno abierto por la ralentización, donde reside el encanto de Games, un proyecto que ha cogido sonidos que nadie quería y, influido por el hip hop, le ha dado la vuelta a muchas ideas preconcebidas acerca del mainstream en los ochenta –con el precedente, durante la década pasada, de nombres como Daft Punk o Ariel Pink que ayudaron a muchos a allanar el camino-, asimilado finalmente como una fuente de sonidos excitantes.

That We Can Play es más inmediato y resultón que su single de debut, publicado también en este 2010. Aquí suenan más centrados, se lanzan directamente a levantar una estética propia a partir de su arsenal de sintes analógicos y líneas melódicas memorables desde la primera escucha como la de la adictiva ‘Planet Party’ o la extática ‘Shadows in Bloom’. Un par de remezclas cierran el lote sin desentonar en absoluto con el tono de los temas precedentes, y confirmando, en el caso de ‘It Was Never Meant To Be’, su potencial en las pistas de baile. Irresistible.

Girl Unit – Wut

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 7, 2010

Frente a los agoreros que insisten en la falta de interés de la escena electrónica británica en los últimos años, y en particular en la ralentización en el ritmo innovador de la denominada de modo genérico bass music, de su viraje conservador -dicen ellos- al patrón rítmico del house, resulta reconfortante comprobar cómo año tras año surge al menos un single tan contundente que permite acallar, al menos momentáneamente, la mayoría de esas voces. En el 2oo9 ese papel recayó en manos de gente como Joker (‘Digidesign’), Joy Orbison (‘Hyph Mngo’) o Guido (‘Orchestral Lab’), entre otros, mientras que en el 2008 fue el turno de Kyla (‘Do You Mind?’) o Darkstar (‘Need You’), y ahora en el 2010 es el productor londinense que se esconde tras el alias de Girl Unit quien se encarga ahora mismo de llevar la antorcha con un single de esos con pinta de himno, capaces de captar la atención del oyente desde el primer segundo, de emocionarle e invitarle a bailar.

‘Wut’, el tema en cuestión, ya llevaba rondando por internet unos cuantos meses antes de su edición precipitada para evitar que los djs pinchasen versiones ripeadas directamente de la radio, una anécdota que explica a la perfección la expectación alrededor de este lanzamiento llevado a cabo por Night Slugs, el sello propiedad de Bok Bok y L-Vis que este año también se ha situado en la vanguardia, adelantando al todopoderoso -pero algo titubeante este año- Hyperdub. Es interesante tener en cuenta que mientras Hyperdub se ha especializado en lanzamientos más ‘serios’, llegando al clímax con el definitivamente arty y en parte por eso algo soso disco de Darkstar, Night Slugs tira más por el lado de la fiesta. Que ellos hayan sido quienes hayan tirado del carro este año es especialmente interesante porque parecería indicar un, siempre de agradecer, viraje de la experimentación hacia territorios más lúdicos. De hecho, a pesar del gran peso de los sintes mastodónticos en su música, el hecho de que Girl Unit contenga en su nombre la palabra ‘chica’, o de que en ‘Wut’ la ciencia vocal a partir de líneas vocales R’n’B recuerde a la del UK Garage, parecen confirmar un desplazamiento del peso en la balanza hacia la parte femenina ya intuido en el Funky House, siguiendo la teoría de Simon Reynolds según la cual la electrónica británica oscila entre períodos en los que la masculinidad y la feminidad se alternan como fuerza principal.

Lo que hace de ‘Wut’ un tema tan destacable, que lo distingue del resto de las producciones de Girl Unit, es su luminosidad, su capacidad para provocar euforia con sus sintes de neón, sus voces recortadas y agudas e incluso algún que otro bocinazo dispuesto estratégicamente para subrayar los momentos climáticos de la canción, en los que sintes, voces, ritmo y sirenas se precipitan a la vez. Es indudable, e incluso deseable, que esto tiene un gran potencial para cruzar los límites de su público potencial alcanzando el mainstream. Independientemente del público que finalmente logre atraer este tema, es indudable que la primacía absoluta de los sintes en este tema  revela un interés común con el hypnagogic pop practicado por Oneohtrix Point Ever entre otros en el uso de los mismos en el hip hop estadounidense de los noventa y la pasada década, que así se ha afianzado como una de las principales influencias en el underground británico y estadounidense.

The-Dream – ‘Love King’

Posted in Uncategorized by Iván Conte on noviembre 1, 2010

Amor, monarquía y música negra. ‘Your Love is King,’ que decía Sade en los ochenta. Ahora, The-Dream, recuperador/continuador oficioso de las aventuras de pop negro llevadas a cabo en los ochenta por el príncipe de Minneapolis, se autoproclama rey del amor desde el título de un disco que tiene algo de culminación de los cruces entre los caminos del pop, el hip hop y el R’n’B en los últimos años de un modo similar a la libertad con la que Prince en los ochenta cruzaba el pop, la música disco, el funk e incluso el rock y la psicodelia.

Previamente a la publicación de este disco, el tercero en su carrera, The-Dream ya se había asegurado un lugar de honor en la historia del pop estadounidense gracias a dos pelotazos grabados a fuego en el inconsciente colectivo: en primer lugar el ‘Umbrella’ interpretado por Rihanna y, poco tiempo después, el ‘Single Ladies’ de Beyoncé. Si el primero de estos singles redibujaba las posibilidades de un R’n’B futurista en el que tenían cabida desde la ciencia vocal en el tratamiento de la voz de Rihanna hasta el hip hop de Jay-Z sobre un fondo de sintes torrenciales, el segundo superaba el desliz de un mensaje conservador en su letra con una producción prodigiosa, mareante, adictiva y, sorprendentemente, capaz de convertirse en omnipresente por unos meses incluso en los medios de comunicación más mainstream. Aparte de estos grandes éxitos, la carrera de The-Dream se afianzó definitivamente con una serie de producciones para otros artistas con diverso nivel de éxito pero, en general, similar pegada. Incluso Mariah Carey se benefició de su toque en su último disco, y sobre todo en su muy infravalorado single ‘Obsessed’.

Con Love King, además de certificar una vez más su buen estado de forma, The-Dream ha conseguido algo que tantos han intentado en la música negra en los últimos años y que pocos han conseguido: un conciso –solamente incluye doce canciones, aunque existe una versión deluxe con un buen puñado de temas extra- y cohesionado álbum conceptual que funciona a la perfección para escuchar de un tirón. Al igual que  en otros grandes álbumes de música negra de los últimos años como son los más recientes discos de Kanye West, Sa-Ra y el de Big Boi, The-Dream prescinde del algo limitante contexto gangsta para dejar paso a una mayor dosis de humanismo, canciones de amor mediante, e incluso de una bienvenida extravagancia que deja entrever que, definitivamente, algo está cambiando en la música negra. También, hay que decirlo ya, es el mejor disco de R’n’B desde Futuresex/Lovesongs de Justin Timberlake. Un disco por cierto, este último, producido por un Timbaland a quien The-Dream poco menos que ha borrado del mapa.

Si hay algo que distingue las producciones de The-Dream es, aparte de su propia interpretación del patrón rítmico del R’n’B, cómo consigue que sus lustrosos sintes suenen expresivos, capaces de expresar emociones épicas además de construir ambientes sonoros tan sólidos, poderosos, elegantes, imaginativos y sugerentes que consiguen levantar sin ningún problema unas letras que pasean peligrosamente por los clichés del amante obsesionado con el sexo. Más allá de estos sintes, que funcionan como la granítica fachada de los temas, The-Dream mete detalles y más detalles que a veces solo saltan al primer plano de la atención tras varias escuchas.

Aunque se trata claramente de un disco secuenciado para ser escuchado de un tirón, la canción estrella es ‘Yamaha’, uno de los más claros candidatos a tema del año, de estructura muy libre en cuanto a la distinción y el orden entre estrofas y estribillos y tan intrincada como un corte del Remain in Light de los Talking Heads, es un subidón garantizado desde el primer segundo y aderezado con brillantina. En la secuenciación, el final de esta canción está acertadamente entrelazado con el comienzo de ‘Nikki Pt.2’, que lleva al oyente de manera gradual hasta un tono más relajado pero no menos extático. Otros cortes a destacar son las chillones y colorista ‘Love King’ y ‘F.I.L.A.’, así como la más espaciosa ‘Make Up Bag’, que aseguran la atención del oyente a lo largo de todo el disco, uno de los más significativos del presente musical.

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