Redux

Gary War – ‘Horribles Parade’

Posted in Uncategorized by Iván Conte on septiembre 25, 2009

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El hypnagogic pop es la etiqueta que usó David Keenan para hablar, en el número de agosto de la Wire, de la última reconfiguración del underground estadounidense. Gente como James Ferraro, Zola Jesus, Pocahaunted o el propio Gary War, con Ariel Pink como precedente inmediato, llevan el Noise a terrenos cercanos a un pop influido de manera más espectral que estética por cierto pop de los ochenta del cual el ‘Boys of Summer’ de Don Henley funciona como ejemplo paradigmático. El hypnagogic pop es también una nueva forma de psicodelia;  la recuperación del pop de los ochenta no se lleva a cabo reproduciendo fielmente la estética sonora sino filtrando el recuerdo que tiene esta gente de una década en la que muchos de ellos solo vivieron unos pocos años, pues la mayoría nació a mediados o finales de los ochenta. Esos recuerdos se filtran en la música, supuestamente,  a través de estados de semiinconsciencia funcionan como portales a otros estados alterados.

Aunque se trate de un underground impulsado por el formato CD-R, este disco de Gary War se publica en cd y en vinilo, de modo que su distribución será probablemente más normalizada y hará que se convierta en uno de los referentes más visibles de este nuevo sonido. Coincide, además, que Horribles Parade es un gran disco. En él, Gary War acentúa el componente pop, aunque sea a través de melodías semiescondidas entre las capas de ruido, guitarras, ritmos rudimentarios y sobre todo sintes planeadores, acechantes y con tendencia a extenderse hacia el horizonte como si fuesen drones de Klaus Schulze. Personalmente es en estos sintes en donde encuentro el punto de mayor satisfacción del álbum. Para empezar porque, como la referencia a Klaus Schulze indica, me recuerdan a los de la kosmische musik, que no por casualidad también pretendían ser pasaportes a estados alterados. Aquí los sintes suenan degradados y retorcidos, como el resto de la instrumentación, subrayando la parte rugosa de una tecnología obsoleta, funcionando como un medio ambiente oxidado e industrial que también remite a aquellos inicios del techno pop en Mute, cuando las fronteras entre el synth pop y el industrial no estaban tan claramente delimitadas. El aspecto emborronado del sonido, la reverberación y el eco son estrategias compartidas con el dub, género que también dejaba irreconocibles músicas previas para proponer nuevos y fantasmales caminos.

En definitiva, hay mucho aquí también de esa tradición que avanza a fogonazos y que casa pop psicodélico con la experimentación sonora más rigurosa, esa que va de White Noise al inminente y también magnífico EP de Broadcast con The Focus Group. Y en conexión con este último grupo, el hypnagogic pop no es más que una versión estadounidense del catálogo de Ghost Box, con el que comparte no tanto estética sino la táctica de utilizar los recuerdos del pasado, de la infancia de sus artífices, para proyectarse al futuro.

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6 comentarios

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  1. anhh said, on septiembre 26, 2009 at 9:56 am

    ¿Will Sweeney? ¿No era David Keenan?

  2. Ivan said, on septiembre 26, 2009 at 10:57 am

    Es cierto, Will Sweeney es el autor de la ilustración ¿verdad? Ahora mismo lo cambio!

  3. anhh said, on septiembre 26, 2009 at 5:01 pm

    Por aportar algo más positivo sobre el tema (¿parece que ambos son la misma persona?). Aunque realmente no he escuchado a los artistas mencionados en el artículo (Emeralds, Ariel Pink) ni he llegado a terminar el artículo, porque su retórica no parece aportarme nada, supongo que mi reacción puede asemejarse a la de la crítica sobre el disco de James Ferraro en el número de este mes de The Wire:

    “Now that the hypnagogic pop genie has been let out of the bottle, it’s probably too late to question whether emulating the effects of listening to 1980s chart pop while in need of a nice long nap really constitutes a sound enough conceptual bedrock on which to build a new musical genre. But ultimately what most disappoints – no, infuriates – about prime hyp-ster James Ferraro’s work is its essential cowardice. The only vaguely noteworthy component of Citrac, a rare double LP outing for Ferraro, is its deployment of (piss-poor) simulacra of 80s musical motifs – Harold Faltermeyer-style synthcrimes, Hair Metal fretboard wankery – but all this comes wrapped in modish and, by this late stage, artistically threadbare no-fi murk. The cliches of an earlier age are simply superimposed with those of the late-noughties underground, to no obvious purpose other than to (unwittingly?) throw the poverty of imagination that dogs current lo-fi noisemaking into unforgivingly sharp relief”.

    Leyendo por ejemplo este intercambio, y la forma de experimentar el pop mainstream de Shakira o The Dream, o la manera de expresar sus intenciones en el artículo, uno se encuentra más o menos lo mismo de siempre: el acercamiento a lo desconocido digamos a través de la psicodelia es visto como una forma de “poder” personal, una manera de aumentarse, alcanzar tus deseos, expresarte, conocerte, llegar a otro nivel de conciencia, etc. Muy hippie todo si se quiere y ahora que lo veo, una curiosa tradición de autoexploración de los limites que conduce al noise, free folk y demás. Normalmente este discurso no me suele aportar nada. Por eso no se si ves tan clara la traslación directa de unas ideas a uno y otro lado del atlántico, del pop hipnogógico a la fantología.

    Leyendo por ejemplo la entrevista a Broadcast, con su acumulación de nombres de artistas psicodélicos enunciados y clasificados según sus distintas propuestas formales, uno ve ese acercamiento digamos de nuevo a lo “desconocido” como algo más percibido que experimentado, algo que explorar más que vivir, más conceptual, una serie de aperturas distintas al mundo generando todo tipo de posibilidades: procesos emancipatorios, autoconocimiento, reflexión artística, etc. Por ejemplo, Broadcast mencionan las bandas sonoras, como lo que a ellos les interesa es la presencia de otra clase de sonidos de la escena además de la música compuesta para la ocasión, como ese corte de sonido tiene una resonancia espacial y temporal (la de la escena en cuestión, la de la sucesión de escenas en la película) y como quieren incorporar esa serie de “cortes” dentro de su música, convirtiéndola en un caleidoscopio de espacios y tiempos sucediendo en el presente, mientras los otros quieren ser portales a lugares de “poder” (bueno, estamos hablando de magia en un sentido serio, otra constante del “reverso oculto”, de modo que…), nuevas dimensiones y perspectivas que vivir. Creo que están correlacionadas en lo temático aunque no en el tipo de intenciones que se buscan, aunque tampoco se explicarlo mejor. ¿Una busca la reflexión, la otra los efectos del mismo tipo de eventos? Ah, no se, no me interesa demasiado este asunto. ¿Tú que crees de toda esta tontería que acabo de escribir?

  4. Ivan said, on septiembre 28, 2009 at 10:52 am

    Te doy parte de la respuesta ahora, y la otra parte cuando lea el artículo de David Keenan que has enlazado, necesito tiempo para leerlo y digerirlo!!!

    La relación entre el pop hipnogógico (gracias por la traducción) y el pop fantológico tal y como yo lo veo se reduce simplemente a la táctica de utilizar los espectros del pasado para abrirse camino en el presente, tal y como planteó Derrida que ocurriría. De los ochenta en el caso del pop hipnogógico y de los sesenta y setenta en el caso de la fantología. En este sentido sí que me parece que ambas propuestas son válidas desde un punto teórico, es un presupuesto similar pero que parte de historias y pasados culturales muy distintos, pero ambos representan para mí maneras interesantes de usar el pasado musical sin que suponga una influencia agobiante uqe nos lleve a pensar que ya está todo hecho.

    Claro, luego está el hecho de que en el caso del pop hipnogógico las intenciones tienen más que ver con la herencia hippie estadounidense o con las ínfulas mágickas del entorno post-Throbbing Gristle. Este es un punto que estuve a punto de meter en esta entrada, y ahora me arrepiento, porque acabo de recordar que Keenan es el autor de ‘England’s Hidden Reverse’, el libro clásico sobre Coil, Current 93 y demás. En realidad partiendo de aquí seguro que se pueden establecer muchos más paralelismos con la rama de la música industrial que tiene sus raices en la psicodelia hippie. Supongo que de algún modo David Keenan quiere enfocarlo para que veamos la continuidad con la música industrial, con el Noise como punto intermedio. He de reconocer que a mí todas las ínfulas espirituales de estos tipos de música me patinan bastante, pero también reconozco que en el siglo XX ha sido un acicate para mucha experimentación sonora que en sí misma sí que me resulta de interés. Dicho esto, me encuentro más cómodo, o me siento más identificado, con el armazón teórico detrás de la fantología. En principio soy capaz de disfrutar de ambos por igual, aunque en realidad siempre vuelva más a Ghost Box que a Ariel Pink. Pero insisto, en el caso particular de Gary War me parece un señor disco.

  5. anhh said, on septiembre 28, 2009 at 11:06 am

    No te puedo responder con el suficiente tiempo (me voy ahora mismo), pero pensando sobre ello, dos propuestas diferentes sobre en principio, un mismo momento:

    En las proyecciones de Broadcast, o en general en el sello Ghost Box, en lo cinematográfico, o en lo visual, hay superposiciones de capas, no necesariamente un collage, distintas capas de celuloide superpuestas. En lo sonoro, hay un cierto juego, si quieres parecido al dub, con elementos que se escapan del desarrollo normal del tema como prolongaciones, desvíos, etc. La realidad que parece una es múltiple y desconocida.

    Un ejemplo de visión “mágica” es algo similar al cubismo: ver el mismo objeto desde todos los puntos de vista posible a la vez (si te fijas en la ilustración del blog de Keenan, eso está presente) y esto en particular me chirría por la completa certidumbre que tienen en su concepto de lo humano, como sólo hay que aumentarlo. La realidad se vuelve múltiple desde lo único (yo).

  6. […] Esto se escribió de Gary War, antihéroe celebrado y aplaudido por la revista […]


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