Redux

El álbum, ¿formato en crisis?

Posted in Uncategorized by Iván Conte on agosto 17, 2009

En los últimos tiempos está cobrando especial fuerza la idea de que el álbum es un formato obsoleto. En realidad se trata de una idea que ni mucho menos es nueva, pero se pueden encontrar renovados argumentos aquí y allí, en unas entradas del blog de Sasha Frere-Jones, o en las ambiguas declaraciones de la banda Radiohead acerca de su intención de abandonar el formato largo.

Supongo que a nadie se le escapa el hecho de que, si el álbum es un formato comercial desarrollado durante el capitalismo, no resulta extraño que en estos momentos de traspiés del mismo dicho formato pierda su posición hegemónica. Al menos en cuanto a ventas, los datos son abrumadores; en EEUU, por ejemplo, ya es muy difícil que un disco alcance un millón de copias después de meses a la venta. Esta caída en ventas no se debe atribuir exclusivamente a la pujanza de las descargas ilegales, puesto que de todos es sabido que en el terreno de las ventas de singles y canciones sueltas el desplome no solo ha sido mucho menos contundente, sino que se reafirma cada vez más como el nuevo formato hegemónico.

Pero ¿se corresponden estos cambios en el modo de consumir la música con cambios de tipo creativo? Pues lo cierto es que al menos en el terreno de la crítica el álbum sigue siendo hegemónico y no parece que vaya a dejar de serlo en un futuro próximo. Puede que los críticos estén siendo un poco lentos a la hora de detectar los cambios, pues no hay más que echar un vistazo al espacio privilegiado todavía reservado a los discos en Pitchfork o Fact –aunque en ambos casos han potenciado últimamente su cobertura de las canciones, en un espacio secundario- y no digamos en la prensa escrita como el Rockdelux Wire.

En lo que llevamos de 2009 podemos encontrarnos con numerosos ejemplos de cómo el álbum, entendido como formato ambicioso y conceptual, coherente más allá de ser una relación de canciones sin conexión, sigue teniendo una vigencia considerable. Ahí están los ejemplos de los discos de The Horrors, Bat For Lashes, Animal Collective, Sunn 0))) y un largo etcétera que certifican que para muchos grupos la idea de componer unas diez canciones más o menos relacionadas en cuanto a forma y contenido, y con un tema o atmósfera en común sigue suponiendo el desafío más importante de sus carreras, el terreno en el que demostrar todo aquello de lo que son capaces artísticamente.

Por otra parte, se pueden ver intentos de modificar el carácter hegemónico del formato álbum. Más allá del caso Radiohead, a mí me llaman más la atención lo que han hecho gente como Zomby o Dam Funk. El primero publicó el pasado año su primer LP en el que ventiló su pasión por los sonidos hardcore de una manera mucho más ortodoxa de lo que es habitual en sus oblicuos singles. De hecho, se puede decir que Where Were U in 92 es más bien una anécdota –aún siendo formidable- en su carrera, cuya idiosincrasia está mucho más apropiadamente representada por sus singles. Aquí también hay que tener en cuenta, por supuesto, la ya lejana predominancia del formato single en la música electrónica. Esto es algo que plantea cuestiones interesantes, porque desde luego está claro que buena parte de la prensa no especializada desde siempre ha tenido problemas para dar cuenta de la música electrónica porque han privilegiado el álbum como el formato definitivo en el que un artista ofrece la medida de sus posibilidades, relegando a un desafortunado segundo plano a muchos productores por el mero hecho de publicar su música en el formato más útil para la electrónica, que sigue siendo el single –y como mucho la mixtape o la recopilación. En fin, ejemplos hay a patadas, pero me quedo con Wiley, que nunca ha conseguido hacer un disco en condiciones pero que aún así cada vez hay más consenso en señalarle como el padrino del grime, e incluso el productor más influyente en la bass music británica de esta década.

En cuanto a Dam Funk, como ya he dicho en la anterior entrada, está publicando su primer disco por entregas en formato EP, algo que plantea la cuestión de si el doble cd que los reunirá se debe considerar realmente un álbum o un recopilatorio. Sasha Frere Jones recuerda que en su momento las obras de Charles Dickens fueron publicadas en entregas y que es ahora cuando las consideramos una novela. Quizás ocurra lo mismo con Dam Funk, que está ofreciendo un disco por entregas, y que en el futuro se recordará como una obra unitaria. Es una idea interesante, sobre todo porque dudo mucho que se le prestase tanta atención si publicase de repente un disco de más de dos horas.

Seguro que hay más ejemplos de alternativas al álbum tradicional como manifestación de las mayores ambiciones artísticas, pero creo que todavía es demasiado prematuro decir que el álbum está en decadencia, sobre todo porque en este año se han publicado unos cuantos que a mí me parecen formidables. Pero no sería extraño, y sería deseable, que en los próximos años fuese perdiendo su lugar privilegiado. En cualquier caso, esto es algo que no se puede predecir, solo el tiempo lo dirá, y será interesante ver qué pasa.

Anuncios

8 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. probertoj said, on agosto 17, 2009 at 1:37 pm

    Hombre, yo creo que la caída del disco como formato fundamental lleva ya desde finales de los 90 y, en especial, desde la aparición de iTunes, que es cuando la industria decide renunciar de manera definitiva a venderte los dos singles + las 10 de relleno habituales.

    Hasta ese momento, todas las tiendas digitales que querían crear habían intentado seguir con la misma moto: el álbum completo o nada. Cuando Steve Jobs les “convence” para sacar cada canción a 0,99$ es cuando finiquitan el álbum como formato. Que entonces no lo pensaron y luego hayan comprobado que se dispararon sobre su propio pie… pues también.

    Tampoco estoy muy de acuerdo con eso de que “el álbum es un formato comercial desarrollado durante el capitalismo”… Toda la música pop desde la explosión de los pioneros del rock’n’roll se basa en crear una nueva capa de consumidores: los millones de adolescentes del baby boom. Y entonces tiraban de singles.

  2. Ivan said, on agosto 17, 2009 at 2:04 pm

    Sí, sí, está claro que la crisis del álbum como formato comercial comenzaría en ese momento que dices. Por supuesto que no creo que sea algo nuevo, no es eso lo que quería decir con la primera frase de la entrada, sino recalcar que cada vez hay más gente hablando de esto y de las consecuencias que está teniendo.

    En cuanto a la cuestión del single. Este fue, efectivamente, el formato estrella en un primer momento, pero en los setenta, ochenta y noventa el álbum fue la niña de los ojos de la industria, algo de lo que se podían despachar con el tiempo más de 20 millones de copias, cifras a las que los singles, por su caracter más ‘efímero’, no podían aspirar. Single y álbum corresponden a distintos momentos del capitalismo y sobre todo a momentos muy diferentes de desarrollo de la industria discográfica. Lo llamativo de la crisis del álbum es, entonces, que sea precisamente el formato estrella del capitalismo reciente el que se ha… estrellado. Aunque insisto en que todo esto es muy matizable y estoy convencido de que se seguirán publicando buenos álbumes durante mucho tiempo, pero creo que sería entretenido ver algunos cambios.

  3. probertoj said, on agosto 17, 2009 at 4:08 pm

    Más cosas que se me ocurren al releer tu post de hoy:

    -Es curioso que el nuevo intento de salvar el “album” como manera de vender sea eso que (aparentemente) van a sacar Apple, por un lado, y las discográficas por otro: además de las canciones, habrá otro tipo de añadidos extras y no sólo un libreto en pdf. No especifican qué, pero lo veremos, casi seguro, el próximo mes de septiembre. Expect The Unexpected: auguro un “odorama” musical o alguna tontería así.

    -A finales de los 70, el boom de la música disco, con millones de lps vendidos, estuvo a punto de finiquitar a la industria musical. Casi mueren de éxito por culpa del fórmato album (sí, curiosamente los hits disco se vendían mejor en formato álbum): cuando llegó la reacción contra aquella música, los almacenes de las discográficas se encontraron un stock que nunca iban a poder vender, que se llevó a alguna por delante y que propició fusiones de todo tipo para aliviar las pérdidas. O sea, que el álbum ya estuvo en crisis.

    De hecho, la aparición de la MTV estuvo a punto de provocar un resurgir del single como manera de vender música, pero antes las discográficas encontraron en el CD la gallina de los huevos de oro y cortaron por lo sano.

    Lo que yo creo que de verdad puede permitir todos los cambios artísticos que tú analizas (muy fino eso de Dickens y los seriales considerados ahora novelas) no es la crisis del álbum como formato (creativo o comercial), sino la facilidad que nos da la tecnología para encontrar otras maneras de distribuir música.

    Por ejemplo, estaría bien que alguien se hiciese un recopilatorio de la cantidad de iniciativas tipo “12 meses /12 singles” que está habiendo últimamente gracias a que las canciones se cuelgan en la web del grupo o en youtube o donde sea.

    Por otro lado, ojala sea cierto que las revistas y las webs prestan más atención a la canción en sí: Pitchfork ya lo ha hecho tímidamente con sus análisis de temas+puntuación, pero en papel van muy atrás, como tú dices. Ya han pasado unos añitos desde que myspace llegará y nos enseñase canción a canción cada disco, o hasta nos dejase opinar sobre demos, primeras tomas y versiones con arreglos diferentes. Eso sí: es difícil cambiar cuando eres un neoludita. 😉

  4. anhh said, on agosto 17, 2009 at 4:47 pm

    Cuando uno se encuentra con artículos de esta temática en cualquier medio, siempre encuentra uno la horrorosa sensación de que se están mezclando distintos significados/ usos/acepciones del concepto “álbum”. Digamos que para lo que nos interesa discutir, lo podríamos reducir a tres conceptos distintos: el formato, la forma y el contenido (sin ser ni querer ser exhaustivos, se pueden imaginar más: el objeto en si como expresión artística (el disco sin cubierta de Christian Marclay (y otras cosas suyas), la caja metálica de PIL, aquellas cubiertas en papel de lija que hacía algún sello que no recuerdo ahora mismo,…), etc.).

    Con formato nos referiríamos, por hablar en términos sacados del mundo del vinilo, del LP frente al EP o el SP (¿existen estas siglas?), sus versiones correspondientes en formato CD, MP3 y lo que se inventen ahora para poder venderte todo el fondo de catalogo de nuevo. Es decir, establecer una escalera de precios acordes con distintas longitudes de tiempo. Este artículo puede ser interesante al respecto en ese tema y es lo que probertoj se refería con el conocido tema de los CDs con dos canciones y relleno hasta llegar a los 80 minutos.

    Con el segundo término, la forma, nos referimos al concepto de disco como forma artística propia que surgió con la contracultura. Es decir, una obra que requiere una mayor longitud para dar cabida a las reflexiones del artista que se complementa con otros elementos que habilita el formato comercial: letras impresas, fotografías, dobles, triples cubiertas, arte, textura del papel, etc. Es decir, aproximarse hacia la opera, en el sentido de conjunción de distintas artes en una presentación, y hacia la novela, en el desarrollo narrativo. Lo que quiero decir es que el formato LP pasa de ser un recopilatorio de singles a un conjunto de canciones nuevas y de allí al disco “conceptual”. Y digamos que el “momento” de esta forma fue ese periodo entre “Tommy” y “Marquee Moon”, para después caminar hacia otros usos u otras formas, si quieren menos pomposas o más flexibles. Obviamente hay una relación directa entre este término y el anterior. Durante los 60 y 70, la contracultura buscaba un concepto de libertad interior, de exploración, mística, química, sexual, etc. que terminó canalizándose en una cultura del “Yo” y la expresión propia como principio de organización del mundo. Esta expansión de los horizontes “artísticos” fue tomada de muy buena gana por la industria del disco, que vio como sus clientes optaban de este modo por el formato más caro frente a los habituales hasta dicho momento. Tampoco estoy seguro de si la escalada de precios tenía en aquel momento un sentido real y proporcional (es decir, si la galleta de vinilo al ser más grande y la carpeta lo mismo, repercutían en el precio) y esto fue aceptado como lo “normal” por el público, instituyéndose del mismo modo en la época del CD. Y en parte las ventas se desplomaron tras los años dorados de los primeros 90, con la mercadotecnia, el marketing y la sinergia de medios provocando ventas millonarias semana sí y semana también, en parte por la llegada del MP3, en parte por la llegada de las grabadoras de CD. Y uno cree que las segundas tienen mucha más culpa que la primera. Es decir, era y es imposible no quedarse pasmado el ver la completa artificialidad de los precios de venta conociendo cuanto puede costar el material de base (¿como pagar el doble por un doble CD?). Y el MP3, entonces como medio de canalizar esto.

    El tercer término, el contenido, se refiere al contenido del objeto, es decir una grabación musical que se extiende durante un tiempo concreto. Según cuentan, la duración de 80 minutos del CD se debe a que el inventor tomo la duración de una sinfonía de Beethoven (del cual era admirador) y la estableció como idónea. Yo creo que esto ya es un tema más filosófico o estético si se quiere: una grabación musical, si ese es nuestro objeto de discusión, lo sigue siendo si dura veinte segundos (la grabación de la primera voz humana, más o menos) o si son seis horas de feedback ofrecidas en descarga gratuita por un músico de improvisación. Incluso si se trata de una pieza de John Cage que sólo contiene silencio (el objeto físico sigue siendo una grabación, aunque hay gente que ya hecho versiones con silencio digital, y entonces ya entramos en otro tema). Es decir, que para mi un disco o un “álbum” es una grabación musical cuya integridad encuentro expresiva, interesante, profunda, apasionante o cualesquiera cosa que haga que me llame la atención. Y obviamente esto puede ser un DVD de seis horas y media de La Monte Young o un “single” de dos temas de Joker, o doce temas y unos cuarenta minutos de duración.

    Y establecido esto, las tres tonterías que realmente venía a decir:

    – La mayoría de los artículos que anuncian la muerte del álbum, más bien hablan del formato. La tendencia reciente en blogs que hablan sobre marketing y música es la de buscar un objeto menos monolítico y conseguir lograr un rendimiento óptimo en un sistema de feedback entre artista y público. Es decir, el artista ofrece singles o EPs de tres, cuatro canciones, sin relleno alguno cada pocos meses y mantienen el ritmo de actuaciones sin la estructura de trabajo hiperconocida de la industria del disco, el público a cambio de esto, recibe más música por año, puede comprobar de una forma más rápida, en el sentido de documentación, la evolución de los artistas y demás. Obviamente esto es una patraña y el concepto de artista que se tiene en mente es un grupillo de rock que descansa en una serie de estructuras ya existentes en la actualidad, pero aceptando esto, tiene sus pros y contras. La única industria discográfica nacional que ha optado por este formato, creo, que es la surcoreana. Allí, las ventas de los CDs se desplomaron de manera apocalíptica y decidieron cambiar al formato mini-LP, con dos, tres entregas por año y una media entre 6 a 10 canciones. Las ventas de los artistas más populares están ahora por las 80.000 a las 120.000 copias, pero tampoco se cuales fueron los registros estrella en su momento. Y ya aparte, los discos que he escuchado resultan más cajas de herramientas que “narraciones”: aquí una balada, aquí un solo, aquí un medio tiempo, aquí el single que seguramente es la única canción memorable del disco, etc. Pero la piratería sigue registrando cifras record. Lo que quiero decir, es que en modo alguno la industria discográfica puede soñar con volver a como las cosas eran, cuando su producto ya ha quedado obsoleto históricamente (sí, los politonos, las descargas a móviles, el streaming, los MySpace, las tiendas de MP3s, las cuotas fijas por mes, etc.)

    – La forma, la idea de Dickens, la serialización que es canonizada en su recopilación podría entenderse como un nuevo “uso” (o no tan nuevo, eso eran los primeros discos de los Beatles o The Kinks) en lugar de la forma del disco como novela, el lugar donde los escritores (de canciones) se demuestran y todas estas cosas tan masculinas y artesanales. Vale, no era una gran cosa que decir, pero creo que todo el mundo ya está acostumbrado a que su lista de discos no sea una conjunto de formas únicas, sino de formas variadas: puede ser una suite conceptual, puede ser una pieza de noventa minutos, pueden ser una consecución de canciones donde unos personajes desarrollan un ciclo narrativo, pueden ser una serie de baladas ordenadas temáticamente, pueden ser cuatro canciones punk que no bajan el pistón en ningún instante y terminan antes de hacerse monótonas, pueden ser ocho canciones inconexas en sus estilos y temas pero cuya secuencia se torna “mágica” y le emociona a uno, pueden ser una serie de bloques bien definidos (la cara de temas animados y de slowjams del soul clásico), etc. etc.

    – Y esto tal vez quiera decir que los críticos tal vez deberían ser menos materialistas a la hora de establecer sus votaciones, o que deberían sino aparcarse, si debatirse cuales son los criterios de “excelencia” que se toman por supuestos a la hora de hacer listas y todas esas cosas. Sí, claro, tal vez un disco sea, o genere la sensación de ser, “más profundo”, pero un cuento, una poesía o una colección de artículos no dejan de ser literatura por adaptarse a unas formas concretas (otra cosa es que en su momento no lo fueran o que el propio concepto de lo que se considera literatura sea totalmente arbitrario desde el punto de vista estético, pero eso es otro asunto) y ya que los criterios de selección de los discos son completamente libérrimos (mi disco favorito es aquel que más he escuchado durante todo el año), que lo sean también aquello que pueda ser votado (mixtapes, recopilatorios, descargas, remixes, canciones, discos, etc.). Perdón por haber dado la lata.

  5. anhh said, on agosto 17, 2009 at 6:38 pm

    Sobre el nuevo formato de Apple (o su competidor por las discográficas) según parece por este artículo es… la versión nostálgica (y Kindle) del CD+ que sacó Disney sin consecuencia alguna hace uno o dos años. Aquel te permitía ver videos exclusivos, tener acceso a galerías privadas en flickr, animaciones, etc y el nuevo ni siquiera parece tener la sensación de exclusividad y de pertenecer a un club privado.

    Aparte al leerlo, por otro lado in estupendo texto sobre el “envoltorio” de los discos, recordé algo que describían en “Art Into Pop” de Simon Frith: el disco funcionaba del mismo modo que la prensa underground de la época, en la que arte e información eran indivisibles y se solapaban, quedando en cargo el lector de la descodificación de los mensajes ocultos en toda aquella amalgama de citas y claves.

    (Y una cosita más al hablar de lo que podía ser votado, debería haber sido más amplio, sesiones de radio pirata, conciertos emitidos por radio, LOD, DVDs, recopilatorios de videoclips, apariciones en televisión memorables, etc.)

  6. probertoj said, on agosto 17, 2009 at 6:52 pm

    annh: en lo de Apple no sé hasta qué punto fiarme del enlace de Independent, habida cuenta del secreto con el que los de Copertino mueven absolutamente todo a su alrededor. Si su proyecto es sólo lo que cuenta el texto, es un nuevo fiasco y, además, no tiene pinta de que la idea sea de Apple y no de las discográficas: principalmente, es poco exclusivo y fácilmente imitable. A ver con qué salen en septiembre, tengo bastante curiosidad.

    En lo que respecta al concepto del ocaso del álbum, mi idea era centrar el debate en el formato, porque es el único donde podemos constatar que realmente desaparace. En el aspecto artístico, doy por supuesto que vendrá el péndulo y ahora se harán obras más cohesionadas (¿un ep de cinco canciones temáticas no es un “álbum”, en ese sentido?) y después se preferirá lo contrario.

  7. joan said, on agosto 17, 2009 at 8:03 pm

    a mí hace años que me molesta mucho que en las revistas “serias” no se hable de los mejores grupos del momento hasta que editan su álbum de debut cuando, en algunos casos, lo mejor de sí lo dieron precisamente con sus primeros singles.

  8. Iván Conte said, on agosto 19, 2009 at 12:05 pm

    Yo creo que me estaba refiriendo a cómo la crisis del formato cd como objeto de consumo -y asociado al álbum- puede tener repercusiones en la forma y el contenido, por utilizar la terminología de anhh. No hay que subestimar la importancia del cd, auténtico antes y después en la industria musical, producto estrella de unos triunfalistas años ochenta para las industrias mainstream occidentales y auténtico símbolo de su decadencia actual.

    Y también me interesa cómo los posibles experimentos futuros con formas/formatos ponen en evidencia que la supuesta primacía de los álbumes en la prensa -algo que se daba por sentado- es simplemente falsa. Como bien dice Joan, mucha gente da lo mejor de sí mismos antes de sacar el primer disco. Por volver a usar el ejemplo, si lees la mayoría de las revistas en las que se ha hablado de Wiley únicamente a través de sus álbumes, se tiene la sensación de que es un productor mediocre, unos pasos por detrás de Dizzee Rascal, cuando como he dicho en la entrada se le considera cada vez más desde dentro de la ‘escena’ (odio esta palabra, pero supongo que entendéis lo que quiero decir)como el productor más importante.

    En cuanto a lo que sugiere anhh acerca de meter en una misma lista todo tipo de formatos, eso es lo que intenté hacer con mi lista de hace un par de años. El pasado año opté por dividirlos en formatos -y meter un poco con calzador las mixtapes en recopilatorios- porque quería destacar los diez ‘artefactos sonoros’ (como los llamé en la lista de hace dos años) que más me habían gustado, y me salían casi todo recopilaciones, y tampoco quería dar la sensación de que me habían gustado pocas cosas nuevas porque no es algo que refleje la realidad. Este año no sé lo que haré, pero desde luego lo que está claro es que una mixtape o un programa de radio pueden tener un impacto y una influencia tanto o más grandes que un álbum. Supongo que lo que ya no se debería hacer es seguir entendiendo las listas de álbumes como la más importante sin justificar por qué es así, pues ese es el problema, que nunca se justifica; este año, sin ir más lejos, en mi opinión se han publicado muchísimos más singles y EPs interesantes que LPs. Pero en definitiva, volviendo a lo que dice anhh, lo que se debería evitar es privilegiar un formato sobre otro.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: