Redux

Loops, número 1

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 30, 2009

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Bueno, pues ya he terminado de leer el primer número de Loops, la nueva publicación semestral que es una aventura conjunta del sello Domino y de la magnífica editorial Faber and Faber. Hay una cosa que tengo que decir antes que nada, quizás porque resume mi opinión acerca de este primer número, y es que cuando leí el índice me desilusioné un poco porque había demasiados artículos –una gran mayoría, en realidad- que trataban sobre el pasado. De todos modos, una vez terminada la lectura, he de decir que las reticencias se disiparon simplemente por la alta calidad media de los artículos. Sí que es cierto que sigo echando en falta más artículos que traten la actualidad, algo que puede que remedien en el segundo número en el que ya se anuncia, entre otros contenidos, algo sobre los Dirty Projectors –definitivamente la debilidad del año para gran parte de la prensa musical, y sin embargo un disco al que no le acabo de encontrar la grandeza. Culpa mía, sin duda, seguiré intentándolo.

Un punto claramente a favor es el hecho de que, aunque algunos de los artículos que pensaba que más me iban a gustar al final no me parecieron para tanto me encontré con muchos otros que me sorprendieron muy gratamente. Entre las decepciones destacaría  el artículo de Simon Reynolds sobre bandas sonoras de ciencia ficción, quizás demasiado general aunque reconozco que el tema es complejo y de todos modos aprendí cosas como por ejemplo el origen de la canción que el ordenador HAL 9000 canta mientras está siendo desconectado en 2001: una odisea del espacio.

Luego también tengo sentimientos encontrados acerca de algunos de los mejores artículos que aparecen en este número, como los de Rob Young –sobre el folk y la brujería, en el que de paso cuestiona la autenticidad del folk británico- o el de Amanda Petrusich –sobre los coleccionistas de blues- porque revelan uno de los puntos más controvertidos de Loops, tal y como está planteado en este número, y que no es otro que hay más de uno y de dos artículos que sirven de adelanto a libros que sus autores publicarán sobre los mismos temas en los próximos meses, por supuesto sobre todo en la propia Faber and Faber. Nada que objetar en cuanto a la calidad de algunos de los textos, ya digo, y de hecho me he llevado una gran alegría al enterarme de que Rob Young está escribiendo un libro sobre el folk británico, que seguro será estupendo, y me ha parecido un descubrimiento el enfoque heterodoxo con el que Amanda Petrusich se acerca al mundo de los coleccionistas de blues, empezando porque ella es una chica en un terreno muy masculinizado. Sin embargo,  el adelanto del libro de ficción de Nick Cave, o los descartes del England’s Dreaming Tapes de Jon Savage no están a la altura de lo que sus autores pueden ofrecer, y en este caso sí que me parecen publicidad poco disimulada. En el terreno de los adelantos, también destacaría el original artículo de Geeta Dyal sobre cómo la relación entre Brian Eno y la comida refleja su enfoque de la producción musical y que sirve de adelanto a su esperadísimo libro -que le ha costado años escribir- centrado en el disco Another Green World.

Por lo demás, me gustó mucho la idea del artículo de Matthew Ingram, intentando reivindicar que la crítica de la música electrónica preste más atención y sea más detallista en cuanto a la importancia de los instrumentos empleados. Un auténtico descubrimiento ha sido, por otra parte, la recopilación que se hace del blog de Maggoty Lamb, alias bajo el que se esconde un periodista musical que prefiere mantener el anonimato debido al tema de su blog; retratar, mes a mes, la decadencia de la prensa musical británica. Su blog es fascinante, y tiene un montón de ideas con las que estoy de acuerdo –como por ejemplo cuando explica por qué le parece que los discos de Bon Hiver y Fleet Foxes fueron sobrevalorados en las listas de lo mejor del pasado año. Finalmente, otro artículo destacado es el de Anwyn Crawford, quien muestra su incomodidad ante el enfoque poptimista de críticos como Frank Kogan o Sasha Frere Jones porque, según ella, aunque reivindican los gustos de las adolescentes, ofrecen una imagen de la adolescente muy restrictiva, abriendo una polémica a la que sería interesante que Kogan y Frere Jones contestasen.

El primer número de Loops ofrece un balance muy positivo. Es natural que en los primeros números haya cosas que no nos gusten, pero en cualquier caso sí que se convierte en un refugio para un tipo de escritos que, salvo en The Wire –por cierto, la única publicación que Maggoty Lamb salva de la quema- no tienen sitio en la actual prensa musical y que en las discusiones sobre el estado de la crítica musical siempre son reivindicados como el tipo de cosas que debería publicar una buena revista para contrarrestar el hecho de que Internet le gana por goleada a la hora de seguir la actualidad musical.

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35 comentarios

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  1. Loops, número 1 | Voz Popular said, on julio 30, 2009 at 12:59 pm

    […] Leer más […]

  2. Álex said, on julio 30, 2009 at 1:36 pm

    Por dios, ¡no te disculpes por lo de Dirty Projectors! Que le den por culo. No tienen por qué gustarte.

  3. anhh said, on julio 30, 2009 at 5:25 pm

    Vamos por partes:

    Al disco de Dirty Projectors no le tienes que encontrar la grandeza. Es moderadamente ambicioso (si quieres verlo como una impostura conservadora o una pequeña ruptura con el consenso, ambas son iguales de válidas), resultón o comodón, pegajoso o adictivo según uno se deje o no, funciona mejor tomando las canciones como ejercicios de estilo que como disco en conjunto (que realmente no tiene dirección alguna aunque está claramente construido como una sucesión de escenas y como un conjunto, es corto, no aburre, tiene picos y bajadas, pero eso es todo) aunque las canciones no resultan tan deslumbrantes tampoco al escucharlas (se recuerdan más vivaces y enérgicas) y supongo que su (sobre)valoración viene más como un ejercicio de comodidad (no está mal, no es lo mejor, no es lo que más ponga pero…) y de si te resulta agradable la propuesta. El disco lo descubrí en el blog de Woebot (ya que en lo básico suelo pasar de los ciclos de hype en el circuito indie) donde tampoco recuerdo demasiado bien, en aspectos lo asimilaba a Captain Beefheart y en otros a Gentle Giant. En principio no es algo que me desagrada, pero no he leído ninguna entrevista ni he seguido la estela del grupo, que en lo básico es lo mismo que pensé el año pasado durante unos meses de una artista que se hacía llamar Lady GaGa.

    Volviendo al tema original de la entrada, lo has comentado ya un par de veces, pero no estoy seguro de que el artículo de Amanda Petrusich sea el adelanto de un libro (el libro suyo que conozco ya se publicó el año pasado, pero ignoro si esta sección está incluida en el texto de aquel). Sin conocer esto, lo que parece es que investigo esta “escena” de los coleccionistas de blues a 78 rpm y esta es una versión más extensa usando todo el material, aunque parte del material puede ser reutilizado para confeccionar artículos ad hoc para otras publicaciones, p. ej. este en el New York Times. Dicho lo cual el artículo me gusto bastante (ya que me interesa el asunto) y ahora mismo estoy escuchando un par (1, 2) de discos que pecan de ser lo que son: recopilatorios de rarezas por su escasez y no su excelencia (aunque parte de la música es excelente pero no es un flash en el sentido habitual).

    Y ya que lo comentas, mediante un anónimo en su blog le comenté la existencia del artículo de Anwyn Crawford a Frank Kogan. Básicamente le dije que el artículo iba contra él y le di un enlace a este en la web de la revista. Kogan contestó que no sabía por lo que había leído allí que tenía que ver aquello con él. De modo que tuve que transcribir algunas de las perlas del artículo para que conociera por donde iban los tiros. Es una cosa muy divertida eso de decirle a un lector habitual de Wittgenstein que no sabe lo que es el discernimiento o que es incapaz de generar un juicio sobre algo. De modo que Kogan respondió con tres mensajes que eran el equivalente textual de golpear a un chico en los genitales. Antes de poder responder, ya estaban borrados y había uno nuevo, más mesurado donde decía que no tenía ningún interés en leer dicho artículo, ya que, y en eso estábamos completamente de acuerdo, era una falacia.

    No tendría problema alguno con estar de acuerdo con la postura defendida por esta señorita, de no ser por el hecho de que no ha leído los textos que se supone está criticando y despellejando, o al menos, más allá de los blogs de otros colegas que si lo hicieron en su momento: Simon Reynolds, K-Punk, Owen Hatherley. Todo el nu-rockismo en pleno. El problema no está en que Kogan compare el disco de Paris Hilton con la guerra de Vietnam, ya que él no lo hace. Comenta una experiencia personal de su adolescencia, de cómo su opinión fue cambiando (a pesar del consenso de la opinión pública) de estar en contra de la gente que protestaba contra esa guerra a estar con ellos. Y la segunda aparición de otro texto suyo (seguramente habrá más, no he llegado a leer el artículo ni pienso hacerlo, me bastó con una cita en Poetix que parecía una celebración hooligan más que otra cosa, para no haber comprado la revista, pero ya la había encargado antes), donde los nu-rockistas en su momento se cebaron buscando todo tipo de lecturas en esa persona que Kogan había creado para verter sus opiniones más controvertidas. Salvo que en verdad es un amigo de Kogan, y la conversación si había ocurrido. Y que Kogan no defiende estas posiciones, sólo las toma para reflexionar sobre ellas. Tampoco defiendo ciegamente a Kogan, tengo mis más y menos con sus reflexiones, con cosas aquí y allá y me gustaría que fuera en otras direcciones que otras que toma. Los dos artículos citados, tampoco me parecen lo mejor suyo, pero estaban concebidos para tratar de generar debate y cascadas de respuestas en la versión online de un periódico, generar ecos, argumentos y gente hablando a favor o en contra. Que es básicamente lo que Kogan lleva haciendo desde los setenta y ochenta mediante fanzines como “Why Music Sucks?” (según la gente que lo ha leído, un foro de internet antes de internet) donde entre la nómina habitual de participantes estaba gente como Greil Marcus, Luc Sante, Mark Sinker o Simon Frith. Y puede que tampoco me guste del todo el uso que da a Thomas Kuhn y que su estilo tan verboso e hiperacelerado (todo vale, todo cabe) parezca una cima de relativismo y de aires postmodernos, pero ese estilo está basado en el de Manny Farber (lo considera uno de los primeros escritores rock) y quizá menos, en el de Richard Meltzer. Y leo a Frank Kogan porque cuando decidí que no simplemente escuchaba como un placer “perverso” u “oculto” música mainstream o teen-pop, sino que si pasaba tantas horas escuchándolo tal vez era porque en realidad me gustaba, porque era de los pocos críticos musicales que prestaba atención, y sí, pensaba realmente sobre la música y su funcionamiento en dichos artistas.

    No se si habrás notado a estas alturas que el conflicto poptimista-nu-rockista me pareció un horror de cuidado, ya que leo a diversos críticos de ambas facciones, y en realidad, todos los que participaron me parecieron más estúpidos, falibles y mundanos después de aquellos intercambios y el asunto era un tanto ridículo. Críticos que hablaban de artículos que no habían leído (K-Punk explícitamente decía que no podía leer nada de Kogan tras haber leído el titular sobre Vietnam y Paris Hilton, Hatherley estaba igual de ofendido y tampoco lo había leído pero suponía exactamente que sí sabía de lo que iba el artículo y Simon Reynolds, que fue el único que se digno en hablar con uno de los popistas en su blog en una discusión que se prolongó hasta los cien mensajes, también admitió que no lo había leído), que proyectaban todos los males de la postmodernidad y el capitalismo sobre la figura de una entidad llamada popista, a partir de una serie de declaraciones sacadas de contexto (un comentario de Matthew Perpetua en un blog privado sobre que el primer single de Dizzee Rascal no sonaba tan radical con el paso del tiempo, básicamente es el origen de que el popista sólo busca el disfrute y no reflexionar sobre la realidad, Hatherley en algún momento directamente enlazaba a FreakyTrigger (que es de donde surgieron muchos de los blogs que en su momento formaron la época dorada de discusión que Reynolds y otra gente tanto añora ahora) llamándola “La lógica cultural del capitalismo tardío” (suponemos una referencia inteligente al título de cierto libro de Fredric Jameson sobre el postmodernismo), aunque claro conociendo el pasado indie de uno y el gusto de los otros por el pop mainstream, no se, digamos que no estaba tan claro) y poca cosa más, que después se traducía en insultar a una serie de personas por su nombre por cosas que se suponían hacían pero que ellos no habían dicho (no es que lo hubieran dicho de aquel modo). Los llamados poptimistas (en realidad el nombre de una comunidad en internet y de una noche en un pub que organizan) tampoco salieron demasiado bien de aquello (mucha gente se ofendió pensando que las abstracciones de los otros en realidad se referían a ellos, o se sintieron traicionados en la intimidad (el propio Perpetua), o crearon hilos privados donde ponían de vuelta y media a K-Punk o Simon Reynolds, o en la conversación que comentábamos antes entre uno de los poptismistas y Simon Reynolds, el tipo, después de toda la discusión y siendo este el único sitio donde se habían desmontado muchos de los entuertos sobre los que estaba armada esta discusión, va y lo borra). Pero vamos, con Kogan se ensañaron y es del único que citaban directamente por su nombre. Mientras esto sucedía en otros foros de críticos en internet, la gente decidió que era una broma apropiada y basada en motivos reales, llamar a Kogan pederasta por tener al teenpop como uno de sus temas centrales. Las bases de esta opinión igualmente profundas: en una entrada en su blog de MySpace, Kogan usaba la opinión de una chica de 16 años sobre la música que escuchaba que había encontrado en MySpace. Sus motivos: saber de primera mano lo que escuchaba una adolescente de esta época (en lugar de suponerlo o presuponerlo) y usarlo como información sociológica. La lectura que otra gente le había dado: un merodeador. De hecho uno de los que solía hacer bromas se quedo un poco de piedra cuando alguien le comentó el porqué de aquella entrada. En fin, todo muy agradable, pero supongo que es lo que sucede en internet cuando no eres claro hasta la obviedad y dejas espacio a la gente para que saque sus propias consecuencias.

    Pero bueno, ya está bien de defender a Kogan, que ya es mayorcito y bien que se defiende él solo. Apliquemos la lógica nu-rockista a Arwyn Crawford. Es una mujer, escondida bajo seudónimo, que uno puede encontrar entre las amistades de algunos de los críticos mencionados anteriormente en Twitter, pero cuyas entradas están cerradas a la vista de los desconocidos. En el comentario sobre ella en la revista Loops, se incluye el comentario de que escribe un blog pero al buscarlo, el blog, en wordpress, existe, pero todos sus contenidos han sido borrados por la autora. También se dice que escribe para la revista The Wire, pero busco en la web en que números ha participado y me sale un número y supongo una reseña. Pero supongo que queda bien en el currículo. También es alguien al que se le da la oportunidad de escribir un artículo de gran longitud para una revista que quiere ser una referencia en la unión entre palabras y música, pero cuyo artículo no contiene reflexión alguna sobre la música. Más importante y trascendente que aquella el discurso de la crítica. Se ve que miento. Sí recuerdo un momento de comentario musical sobre el disco de Paris Hilton, algo así como que era tan ridículo que no llegaba a ser kitsch o que su música era tan aburrida que no merecía ser discutida. Comentarios que se pueden hacer sin haber escuchado ni una sola vez el disco o alguna canción de esta mujer. Pero lo que me fascina realmente de estas declaraciones es la supuesta obviedad del asunto. Siendo ingenuo, sería decir que es un poco ridículo que un crítico no pueda expresar sus opiniones más que con generalizaciones, pero bueno, uno y casi todo el mundo lo hace, para que nos vamos a engañar. Pero me interesa, porque Slavoj Zizek usa este tipo de argumento para establecer la unidad mínima del discurso ideológico, la parte que no hay que explicar porque ya sabemos lo que “significa”. Y me fascina porque a partir de aquí, todas las cosas que parece defender tan vehementemente esta mujer, parecen menos una cuestión de principios que una de prejuicios. ¿Por qué debería parecerme tan obvio? ¿Y si resulta tan obvio para que necesito (además pagando) a Arwyn Crawford para que me lo diga? Yo escuché ese disco, y había cosas que me parecían interesantes y otras no, como con todos los discos. ¿Por qué este debería resultar diferente? Si hace unos párrafos no podíamos ponernos de acuerdo ni sobre el disco de Dirty Projectors (o sobre el de Burial o el de SunnO))) o el que ustedes prefieran…) tal vez debería darme una razón mejor que la de ser “obvio”, un disco que en su momento fue criticado e insultado de manera tan unánime por la misma razón, que supongo era “obvia”. Que en el fondo era uno de los malentendidos de toda esta estúpida discusión entre popistas y rockistas. Aquellos se preguntaban cual era la razón de tanta unanimidad y si se trataba de una proyección (el odio justificado o no por la famosa, da igual si es la Hilton o no, todos los años una actriz, una presentadora o cualquier figura pública saca un disco y los comentarios en contra siempre parecen sonar iguales) de sentimientos más que una reflexión sobre a) la persona como cantante o b)los géneros musicales que usaba como medio de expresión, mientras que los otros veían en esta defensa numantina (nunca se molestaron en ver las conversaciones, verían los posts y el número de respuestas) un ejemplo de la banalidad postmoderna en la que está la crítica, la connivencia con la dinámica del mercado y la lógica capitalista o en la total falta de propuestas artísticas arriesgadas, diferentes, rupturistas, profundas o aquello que les suene mejor. Y un poco de verdad hay en ambas partes, pero la discusión era muy muy forzada, muy viciada y escasamente afortunada. Y por dejar de rajar ya de Arwyn Crawford, es alguien que toma un tema ridículos de hace ya unos cuantos años que nadie parece recordar ya, verter sobre él unas cuantas opiniones recicladas, muy medidas y reflexionadas, suponemos tratando de marcar la diferencia. Academicismo puro y duro (aquello que este grupo dice combatir con saña).

    Sobre los artículos del próximo número, no creo que los artistas mencionados sean los temas tratados sino los que escriben los artículos (como en este caso Nick Cave). De todos modos resulta prometedor.

  4. Iván Conte said, on julio 31, 2009 at 12:04 pm

    Mis reticencias acerca del disco de Dirty Projectors van, efectivamente, por dónde tu dices. De hecho la defensa de Woebot me ha sorprendido, y aunque sus argumentos me dieron un motivo para escucharlo de nuevo, sigo sin encontrar algo que me enganche al disco. Lo de que es culpa mía que no me guste el disco debería puntualizarlo, me refería a que en ocasiones escuchas un disco y, simplemente, no estás preparado para ello. Como oyentes creo que más o menos todos tendemos a ser comodones, y a intentar encajar un nuevo disco en los patrones de lo que ya nos gusta. Precisamente por eso creo que es muy sano desconfiar de los discos que nos llegan con una respuesta inmediatamente unánime; un disco realmente rupturista te obliga a redefinir tur elación con la música, qué cosas te gustan y que cosas no. Cada vez estoy más convencido de que hacer lo contrario es una postura inflexible que termina convirtiéndose en acomodada. Así que a lo mejor lo que pasa es simplemente eso, que las piezas que ofrece el disco no han hecho click en mí. Aunque también tengo que decir que referencias a grupos que ya en su momento no me gustaron nada (Fiery Furnaces o Cocorosie) son otro motivo de que el disco me eche para atrás, pero de nuevo esto sería un prejuicio de mi parte, ¿no?

    Sobre el artículo de Anwyn… bueno, yo no he seguido con tanta atención el debate poptimista / nurockista pero tal y como lo planteas y argumentas la verdad es que estoy bastante de acuerdo con lo que dices. El discurso de Frank Kogan creo que ha sido muy interesante, al menos porque en mi caso -y en buena parte a través de tu blog, anhh- consiguió derribar mis prejuicios de adolescente indie acerca de la música maisntream o teen.

    Hay una cosa que me desagradó del artículo de Anwyn, y es su tono abiertamente confrontacional. Y a mí también me llamó la atención que dijese que el disco de Paris Hilton es obviamente malo y se quedase tan ancha. Su tesis de fondo, que supongo que es que la idea de la adolescente fanática del teen-pop le parece un estereotipo limitador para las mujeres, me parece interesante, pero realmente no lo desarrolla y se dedica a intentar desacreditar a estos dos escritores. Yo esperaba que Kogan y Frere Jones contestasen pero ya veo que no va a ser así, en cualquier caso tu argumentación, como ya he dicho, me parece excelente.

  5. Iván Conte said, on julio 31, 2009 at 12:07 pm

    Y sobre la realción del poptimismo con la postmodernidad, me parece que en la música popular es imposible establecer distinciones tan categóricas. Eso es algo que es a la vez frustrante y excitante de la música; su caracter contradictorio en muchos aspectos. Pero eso es precisamente algo de lo que merece la pena hablar cuando escribimos sobre música.

  6. anhh said, on agosto 1, 2009 at 12:08 am

    “Precisamente por eso creo que es muy sano desconfiar de los discos que nos llegan con una respuesta inmediatamente unánime”

    A mi de una temporada a esta parte lo que me sucede con este tipo de discos que crean tanto revuelo de opinión, a favor o en contra da igual, necesario tener una, como aquel detalle de un foro de internet donde el hilo sobre el nuevo disco de Animal Collective, antes de filtrarse, ya tenía más de 100 páginas de comentarios, lo que consiguen es que decida no escuchar los discos. Es horrendo, pero de otro modo uno siempre acaba formando parte de ese círculo de opinión, no tengo ni idea de cómo escapar de eso. En cualquier sitio o momento alguien hará una declaración exagerada al respecto o cualquier otra cosa y de repente encontrarás tu opinión, no tus reflexiones, mediadas por aquellas. De modo que uno tiene que optar por aquello de si los discos son tan buenos resistirán el paso de los años… Muy triste.

    “Aunque también tengo que decir que referencias a grupos que ya en su momento no me gustaron nada (Fiery Furnaces o Cocorosie) son otro motivo de que el disco me eche para atrás, pero de nuevo esto sería un prejuicio de mi parte, ¿no?”

    No se, tiendo a usar el término prejuicio de forma más taxativa. Por ejemplo, en un blog alguien dijo “No hay ninguna canción de Kelly Clarkson que sea mejor que una canción de Interpol”. Eso sería un prejuicio. Después si quieres hay distintas intensidades y cosas que le suceden a uno durante la escucha: uno tiene sus reticencias (que creo se aproxima al caso que mencionas) que pueden ser justificadas o no, salvables o no, etc., tiene sus manías a la hora de afrontar las escuchas (en mi caso por ejemplo los distintos tiempos que tardo en escuchar un disco según el género al que pertenezca: el pop casi de inmediato, la electrónica cuando más abstracta más rato y los discos de música improvisada durante días completos) o a la hora de escuchar los discos, el humor con el que uno se enfrenta a la escucha, lo cansado que se esté o no (funciona a favor y en contra), en fin toda la serie de defectos que se tienen como máquinas de escucha imperfectas (además de subjetivas).

    En cierto modo prefiero restringir la idea de prejuicio a la de una postura adoptada por un oyente que colorea su escucha de acuerdo a la misma de un modo casi consciente. Se pueden tener manías, pasiones, fobias y demás donde uno tiene claro que hay un impulso hacia cierto tipo de reacciones pero no sabe demasiado bien a que se deben o no sabría como justificarlas. Me gusta más así, ya que de otro modo, todo acaba convirtiéndose en prejuicios, ideologías, construcciones del gusto estético y demás, todo se convierte en relativo y las discusiones terminan siendo farragosas y estancadas. No porque no crea que todo esto no sucede o que no esté posicionado de este modo. Mi propia experiencia personal me dice que sí: que uno aprende a ser oyente, aprende a ser crítico y su crítica, su escucha está en consonancia con los valores que uno ha tomado como propios en esa gestación, en esa maduración como oyente. Lo habitual es considerar que esto es un proceso de aprendizaje como tantos otros en la vida, uno se hace mayor, va aprendiendo a diferenciar lo que le interesa y termina escuchando lo que sabe que realmente le gusta. Algo de eso hay, pero eso es una superposición de varios procesos: uno es más consciente de lo que le interesa cuando ha encontrado su camino entre los digamos diferentes textos disponibles (por ejemplo, al comenzar a comprar libros sobre música rock a lo que va uno es a los tomos de referencia para después tras búsquedas, bibliografías o menciones en notas a pie de páginas, ir encontrando otros textos que se ajustan más a lo que uno buscaba al principio pero no sabía donde buscar), también con la edad uno reacciona de modo distinto a las emociones o no tiene tiempo material para poder enfrentarse a determinados requisitos de un tipo de música (digamos el oyente ocasional de música experimental, que encuentra un “reto” en encontrarle sentido a una obra, pieza o grabación pero que sin el tiempo o los guías necesarios va relegando esta franja de escuchas a lo ocasional o a lo ya conocido) y después, supongo entre otras cosas, tampoco soy exhaustivo o estoy tan interesado en ello, el propio proceso educativo que obviamente no es un proceso abstracto e imparcial, y que casi todos los oyentes de pop/rock hacen de modo autodidacta y por tanto de forma completamente irregular y casi única (considerar un tipo de sonidos como “intensos”, un tipo de interpretación como “impúdico” o “inapropiado”, demasiados o pocos conceptos como algo a favor o en contra, y demás sin querer entrar ya en los condicionantes sociales/económicos/geográficos, etc.). El problema es que cuando surge la cuestión del “gusto” o la “distinción”, sólo se hace para desmontar una de estas construcciones o criterios críticos o como reflexión sobre como afecta y condiciona el propio proceso a uno. Que en unas ocasiones está bien, en otras menos y en algunas ocasiones resulta inolvidable o te cambia la forma de ver la vida y el mundo. Pero que en la mayoría de los casos se convierte en problemas de comunicación por usar términos de modos divergentes y tener que ir continuamente acotando lo que significan para cada uno, o discutir si esto es apropiado o no y todo lo demás.

    A mi me interesaría más el tema, si en vez de querer generar un bestiario con todos los distintos tipos de formaciones que surgen de este proceso, se analizara el proceso de un modo digamos “serio” (en un blog mencionaban un texto de Fredric Jameson donde explicaba que si llegáramos a comprender cuales son los motivos por los que un lector o espectador encuentra la traumática experiencia del viaje espacial (la auténtica, la de la caja de cerillas que se destruirá al menor contratiempo) en un motivo de excitación en películas como “Star Wars” podríamos entender de un modo más claro como funciona la lógica cultural de esta época y la influencia del capitalismo en nuestras vidas cotidianas, y claro uno está de acuerdo, pero el libro tiene más de treinta años y el tipo del blog lo usa para iluminar sus reflexiones no para realizar ese trabajo y desentrañar el misterio). Es decir si se trata de una construcción, ¿qué materiales usamos? ¿qué unidades? ¿cómo se crean estos? ¿se pueden crear estas unidades de significado a partir de la nada o provienen de una tradición cultural, del modo en el cual está cableado nuestro cerebro o dependen de la propensión y debilidad que tenga cada uno? ¿sobre que cimientos establecemos esta construcción? No se demasiado bien como explicarlo, hay gente que se encuentra en un determinado momento que lo que escucha es demasiado artificial o que depende demasiado de un contexto y que decide volver a las “esencias”, aquello que en un primer momento le atrajo a escuchar música, porque es aquello que digamos le resulta auténtico, no procesado, no manipulado, emoción pura. Claro, esos orígenes también son una construcción pero ¿cómo nos afectan? ¿son inculcados, asimilados o provienen de uno mismo? ¿son arquetipos, nuestra programación genética trabajando de forma subrepticia (no digamos que estamos guiados por nuestros genes y que no podemos hacer nada contra ellos, que es una tendencia conservadora que surgió a finales de los setenta y durante los ochenta en el campo de la cognición y la filosofía de la mente, sino reacciones que tenemos cuando bebés, como reaccionar a los tonos de voz, interpretar los gestos faciales, los volúmenes, etc.), creaciones ideológicas tan profundamente ancladas en uno que la idea de desentrañarlas arroja el miedo de dejar sin sentido la vida propia, la forma de ver el mundo en la que uno ha forjado bastantes rasgos de su personalidad? El problema de esto, que es un tema que resulta fascinante, es que no tengo ni idea de por donde empezar. Uno cree que puede encontrar información en distintos campos (desde la mitología a la neurociencia pasando por el psicoanálisis y los estudios culturales) pero habitualmente suelen tomar otra dirección. Lo único que por referencias, parece aproximarse a lo que me interesa, son los últimos textos de Noel Burch, que es crítico cinematográfico y que ha pasado del estudio de la ideología (sus mecanismos de control, sus formas de imponerse y demás) desde una perspectiva marxista a estudiar directamente como se forma y forja la ideología, pero los textos son escasos, están en francés y seguramente tampoco llegarán tan lejos como a uno le gustaría. En fin, dejo de inundarte los comentarios con chorradas…

  7. koganbot said, on agosto 23, 2009 at 8:32 am

    (I just tried to post a comment here, but the post didn’t seem to work. If there turn out to be duplicate posts, feel free to delete the excess.)

    Hello. I do not know your language, so I am using my own. I read this through the Google translation program, the results of which are sometimes more amusing than accurate. In any event, here are some thoughts of mine, that I hope will have something to do with the thoughts of my anonymous friend who posted upthread.

    (1) I’ve decided to read the Anwyn Crawford article after all, and Geeta will scan it for me when she gets her copy, though this hasn’t happened yet. From the excerpts, I suspect that there will be little value in what Crawford says about me (though one never knows until one reads it), since, among other things, she seems to have read very little by me, and not to have understood what she did read. But it does seem as if she tries to give a serious answer to a question I pose about whether beauty can be oppressive (though she doesn’t seem to realize that I was quite serious myself in posing the question), and I would like to see what her answer looks like. Also, oddly enough, some of her concerns and even a few of her figures of speech are similar to mine, though she doesn’t seem to know this, as she never seems to have made the effort to find out what my ideas actually are.

  8. koganbot said, on agosto 23, 2009 at 8:34 am

    (2) My “Paris Hilton” piece isn’t actually about Paris Hilton, except for a brief paragraph at the end. Also, it’s not intended to be either provocative or controversial, except maybe to get people to ponder just how it is they come to like the music they like. The piece is fourth in a series of eleven that explores the question of where people’s tastes come from. In the first of these pieces I started with an apparent paradox: people like their favorite music for what I’ll loosely call “visceral” or “aesthetic reasons”: They like the sound, they like the way the music makes them feel, they like the mood, it’s got a killer beat and they like dancing to it, they’re taken intellectually and emotionally by what’s going on in the lyrics, they’re impressed by the philosophical questions the lyrics raise, they’re fascinated by the music’s form, and so forth. But what almost no one does is to like a music for strictly social reasons: that is, they won’t say to themselves, “I like this music because my friends like it; or I like it to differentiate myself from the people around me.” Those reasons are simply to weak, and will be trumped by the visceral or aesthetic ones every time. So the question I raise is, given that we base our taste on these “aesthetic” and “visceral” reasons, how is it that taste tends to cluster along the lines of social class, and social subclasses? Now, if we simply only met people in a single social group and only heard a small set of music, this would be easy to explain, but in fact we meet a variety of people all the time, and we’re exposed to a vast amount of music. The question I was probing in my “Paris” piece – also in the piece prior to it and the one that came after – is how do we come to favor some songs or performers more than we had previously or even come to like music we’d previously disliked and vice versa. How is it that what we hear in it and our visceral and aesthetic reaction can evolve or reverse? The analogy I was drawing was between (1) my wanting in 2007 to like Paris’s music because I disliked the way people thought they could take free shots at her, vilify and sneer at and abuse her at will, and (2) my starting to shift away from my support of the Vietnam War in 1966 because some other supporters of the war were beating up and throwing stones at antiwar protesters – the analogy being that each of these reasons were poor reasons for wanting to take or shift a position, since neither had anything to do with the merit of the position, and that neither of those reasons were decisive, either (being poor ones), but that nonetheless they were real reasons, ones that opened me up to hear Paris in favorable way, or to search for good arguments against the war.

    In any event, one ought to be able to understand the piece, and not swoon in disbelief, no matter what one’s opinion of the Paris Hilton album or of America’s role in Vietnam.

  9. koganbot said, on agosto 23, 2009 at 8:59 am

    (3) Also, I’m not a popist (nor am I a relativist or postmodernist, though I suppose that depends on what one means by those words, except I don’t think the people who use those words know what they mean).

    The whole “rockism” versus “popism”/”poptimism” debate is what I call a substitute issue, meaning that people are having this argument because they’re not willing to think through to what the real issues are that they need to be addressing, so they talk about “rockism” and “popism” instead. Here are links to two pieces where I make this argument:

    The Rules Of The Game No. 31: Rockism And Antirockism Rise From The Dead

    The Rules Of The Game No. 32: Where The Real Wild Things Are

    Crucial sentence: “Antirockism is rockism with a few of the words changed.”

  10. Iván Conte said, on agosto 24, 2009 at 12:07 pm

    Hi Frank!
    First of all, thank you for sharing your comments here, as I said in the post, I was looking forward to hearing your own responses to Anwyn’s article. By the way, I have scanned and emailed you a copy of the article, it should be in your inbox now.

    I would have to reread Anwyn’s article, but I will quote the part that I think best summarises what she wants to say:

    ‘All I can see is a solipsistic trap, a locked groove for these girls, stuck eternally in front of the mirror with nothing to refer to but themselves and a pop song. Pop songs can take you far, to be sure, but they need to function as more than simply reflections of what we already know’

    This is really a response to Frer-Jones article about Justin Timberlake (‘When Critics Meet Pop: Why are some writers so afraid of Justin Timberlake?). It seems as if Anwyn is anxious that mainstream pop is oppresive in itself, because she believes mainstream pop to be a postmodern/capitalist trap… she doesn’t use these words but it seems to be clear throughout that she is also trying to articulate an argument about the -in her opinion- stagnant current state of pop culture. But I won’t say more because I would like you to read it with as little preconceptions about its content as possible!!!

    Also, thank you for your interesting, inspiring thoughts about why we like the music we like, or why we sometimes may even reverse our positions about certain musics. As I said in one of the comments above, in my particular case your writings -and anhh’s in his own blog- were instrumental in my reassessemnt of my own stance towards mainstream pop with Britney Spear’s ‘Blackout’ as the catalyst.

  11. koganbot said, on agosto 25, 2009 at 3:17 am

    I have received the piece. Thank you very much.

    My first thought upon reading that quotation that begins “All I can see is a solipsistic trap…” is to say sarcastically, “Congratulations, Anwyn, for listening to popular music and learning nothing.” But I will now read the article before commenting further, and discover whether or not my response was appropriate.

    I would ask, when someone refers to girls who listen to pop songs: Which girls? And which songs?

  12. Iván Conte said, on agosto 25, 2009 at 11:33 am

    ‘Which girls? And which songs?’ That’s a good question, actually

  13. koganbot said, on septiembre 16, 2009 at 1:25 am

    Iván, I haven’t forgotten about you, or my promise to tell you my opinions here. My problem is that I’m actually having trouble finding my way to a tone that feels honest when I speak of this matter. Anwyn grievously misrepresented me (and not just me and not just Sasha; she was using us as examples and stand-ins for what she believes is a whole mode of thought). One impulse is to lash out like Kanye West and Serena Williams, and this feels honest when I’m doing it, but honesty isn’t a feeling, and I don’t believe that nastiness is my truth. The other impulse is to be unflappable like Obama. But unflappable is neither my truth nor what’s called for here. But this is why I’ve delayed posting my response.

  14. […] por Rob Young, Mark Fisher, Frank Kogan -quien me daba una muy agradable sorpresa comentando una entrada reciente en este mismo blog-  o el propio Reynolds. Por supuesto, en el artículo también se hace mención a The Wire, que […]

  15. koganbot said, on septiembre 20, 2009 at 8:02 pm

    I wish Simon had given fewer names and mentioned some of the actual ideas that were used for intoxication or resonance. That is, I wish he’d dipped his toe into the whirlpool rather than simply asserting that there is one.

    Despite what Simon says, I don’t think I’ve ever used Ashlee to understand Kuhn or Kuhn to understand Ashlee, though at this point I work Ashlee into so much of what I say online, even when I’m unconscious or I’m dreaming, that I may have forgotten.

    Not sure if one can abstract ideas from songs without reducing the ideas to simplicity, but I think of the Ashlee that appears in her singing and lyrics as on a romantic quest for self by way of her relationship with guys and also in relationship with the family she grew up in. Bred into her is the insistence that she be responsible for her own self-creation; but also within her is the desire, not just from her temperament but as a moral imperative, to love generously. One thing I find profoundly touching in her, even though the situation is common and the idea not new, is her sense that being able to do the second (loving generously) is utterly dependent on doing the first (self-creation), even if the loving and the self-creation often seem at odds.

    As for Kuhn, he thinks that scientists invent the world as much as they discover it (or that invention and discovery amount to six of one and half a dozen of the other), but this doesn’t grow from any kind of romantic impulse but merely from intellectual necessity: scientists periodically create new paradigms to get around limitations of the old.

  16. koganbot said, on septiembre 20, 2009 at 8:49 pm

    I read Kuhn’s work not just for what I can do with his ideas but for its own sake: here was a man who had these ideas; what were they, and why?

    But there are a couple of ways potentially to apply him to music and music criticism:

    (1) His history writing is a good example of how to overcome ethnocentrism and to understand modes of thought and modes of life that are different from one’s own. Basically, Kuhn practices close reading and close observation: look hard and notice what appear to be anomalies and absurdities in a smart person’s writing, and take these anomalies as evidence not that the person is inconsistent or absurd but that our own assumptions are at fault. And then we need to readjust our assumptions until the person’s intelligence returns in full evidence, in service of ideas we’d never known before.

    • koganbot said, on septiembre 21, 2009 at 9:39 am

      take these anomalies as evidence not that the person is inconsistent or absurd but that our own assumptions are at fault

      That is, as evidence that our own assumptions about the other person’s ideas are at fault

  17. koganbot said, on septiembre 20, 2009 at 9:23 pm

    (2) If Kuhn’s Structure Of Scientific Revolutions holds up, he’s succeeded at something no one else ever has, which is to create an actual model that works of social development, albeit a limited model that so far only applies to the “hard” or “natural” sciences. So, if correct, he’s done for history of science what Darwin did for natural history, which is to get rid of teleology (the idea that the outcome of a process can cause the events that lead up to the outcome) and given a model (or “structure”) and a mechanism for how scientific ideas evolve. We can’t apply Kuhn’s model directly to the evolution of music or music criticism, however, owing to “normal science” being unlike normal anything else. Which is to say that when a science or subscience is in a “normal” rather rather than “revolutionary” state, the scientists in the field all share a paradigm. This is not the case elsewhere, where the normal state is to always have competing and never fully formed ideas and practices. So Kuhn can’t be applied without modification; in fact, I doubt that even a modified Kuhnian structure could work for music and music criticism. What we can do is to contrast what we see in the discourse surrounding music with what we see in Kuhn, and in doing so maybe get a clearer picture of the former. (I talk about this a little in chapter 26 of my book, if you’re interested. It’s probably not hard to find a used copy of my book for cheap through Amazon.com or some other online service. “21 Used & new from $1.50”!)

  18. anhh said, on septiembre 20, 2009 at 11:41 pm

    Maybe Reynolds was just adjusting himself to the type of article requested for the magazine (even if is a blog entry and isn’t on the print edition), that is: just trying to answer the question on the cover “Whatever happened to theory?” Some of the other texts on that issue just assert (more than trying really to explain) why something that was such a big issue on the art world some decades ago doesn’t have any resonance with the new generations (not just the theory of those years, the ones that are developing now). And also, they don’t explain anything about the ideas discussed by those theory discourses. I like this text because it can be useful for somebody as a quick start, checking those names and finding which one tells him something. At least I would have loved finding one like this when I was a teenager.

    Maybe the big problem is that those journalists use and develop certain concepts, and maybe those crystallize on a worldview or simply they are used as praxis, but hardly materializes in a systematic theory or in drawing a big hypothesis from which explaining some phenomenon. Reading an interview with Adam Curtis that Tom Ewing linked in one of his blogs, Curtis says “The person I love best in the whole world is a sociologist from the late 19th century named Max Weber who believed that ideas have consequences. People have experiences out of which they form ideas. And those ideas have an effect on the world”. But Curtis doesn’t have in his work such a big idea or principle (ideas have consequences on the world) defining it. He just applies it to explaining different historical moments. I don’t really know if there is any critical discourse in a Weber-way in pop criticism, but I see many or at least some in a Curtis-way. Maybe is an economic problem, and we should expect some type of criticism developing on academia instead of in media that could fulfil this but I don’t really see it. I can imagine books like the ones that Tim Lawrence or Jeff Chang write, focusing on a scene and fleshing out a narrative working with new interviews and archival materials from a certain perspective, but is a different thing (nor good or bad) that, let’s say what Mark Sinker is trying to achieve with “The Electric Storm” (if he is still trying to finish it after all those years) or if Ian Penman one day do a book explaining his history of Song. But you have talked about this part before.

    The small problem in Reynolds’ text defending this passionate but often incorrect use of theory to justify your aesthetic options is that in many cases, and I’m talking from my own experience, is a way to talk about something without much anything to say about it, just the desire to change the way it is talked about. Later, reading much more, you find that it doesn’t work for you and that you have been quite unfair with a lot of people or you stick with that discourse or mix different elements to approach what you really want to talk about.

    About Kuhn, I can’t comment much about his ideas or how you use them (think that by now I’m working with other bricks), but in a tangential way I have found his name mentioned within Speculative Realism. It comes from Bruno Latour. In “We Have Never Been Modern” he tries (if I remember it correctly) to explain why anthropology can explain “primitive” cultures but can’t be applied to “modern” ones, and how to go outside this problem. Don’t know if you have read it or if you think it is just trash but would love to read your opinion about it.

  19. koganbot said, on septiembre 21, 2009 at 9:59 am

    I’ve never read Latour, unfortunately. I don’t know what speculative realism is, either. I have small islands of knowledge surrounded by vast oceans of ignorance.

    Perry Meisel, who used to write a bit to the Village Voice, is big into critical theory. I don’t recall any particular ideas of his, but I see that he has a book entitled The Cowboy and the Dandy: Crossing over from Romanticism to Rock and Roll.

    To change the subject, who are the influential rock critics/popular music critics writing in Spanish? I only know English, so I’d not be able to read them, but I would be happy to know that they exist.

  20. Ivan said, on septiembre 21, 2009 at 10:36 am

    Hey, thanks for the comments. I won’t be able to contribute to the discussion until tonight, but regarding your last question, Frank, some of the most influential music critics in Spain write in this blog: http://www.musicaenlamochila.net/
    and this is the most important magazine http://rockdelux.com/ although the latter has been much criticised in the last years… but well, the history of Spanish rock criticism is a strange one, and from my point of view a bit frustrating most of the time. Perhaps anhh would like to develop this idea -if he agrees with me, which I think he does. If not, I might do it later.

    So, as I was saying, I will write my comments on your ideas tonight.

  21. koganbot said, on septiembre 21, 2009 at 2:59 pm

    Ah, Tom’s brief commentary on SR’s piece, and Mark grousing about Simon’s factual error (which he generalizes into a sixteen-word critique of Simon’s career).

  22. Ivan said, on septiembre 21, 2009 at 3:09 pm

    The last sentence in that comment is brilliant.

    By the way, by tonight I probably mean later in the day in your case, it’s 3 pm now in Spain.

  23. koganbot said, on septiembre 21, 2009 at 3:18 pm

    Maybe Reynolds was just adjusting himself to the type of article requested for the magazine

    I’m skeptical, just because my experience across-the-board with almost every rock or pop critic is that, when it comes to “theory,” the critic will allude to ideas without stating them, and fundamentally without knowing them, if the ideas are even there to be known.

    But then, one of my own hypotheses is that to get philosophy to inform and inspire your criticism you have to misunderstand the philosophy. (And now I’m alluding to an idea without stating it, since I have take care of some work.)

  24. anhh said, on septiembre 21, 2009 at 5:14 pm

    My experience reading them is less or more the same so really I’m not very defensive about the stylistic choices used for the article or for Simon Reynolds, but reading this interview, where pretty much he states the same points, I think that he could have expanded his explanation about some theoretical devices. Or maybe, being more precise, he could have cut his explanation about his own devices and use the space for some others. And probably you are right there, I mean, to take an example, Simon Frith has done more things on his work (even if you limit it to that article about women & rock) to just to get a mention for where does he works. Probably is that I found the fact that he cites other names apart from the usual suspects a nice gesture. Even if later I remember that most of them used to work for the Village Voice and I think that he works there as part of the staff or something like that (and that’s the reason why he lives on New York). And then you start to think that all the other magazines that he mentions is where he use to get paid to work for, or have read them because friends have published articles there… Gosh, how depressing…

    I also agree with you about the way philosophy is used. Most of the times those theories are so posited, you have to believe or at least to accept so many things, that even recognizing how inventive can be their concepts or insights, pretty much they are useless outside those terms. You use them, maybe just a concept, or the way the approach something, to develop your thoughts or as a useful network from which to connect topics. I like that but maybe is not what you are talking about. Not my best day today.

  25. Ivan said, on septiembre 22, 2009 at 12:37 am

    I’ve never read anything by Kuhn but judging by what you (Frank) say about his ideas I’m really interested now; what you mentioned about overcoming ethnocentrism and readjusting preconceptions is something I myself have tried to do occasionally, e.g. when I wrote on reggaeton, which at the time of its popularity peak was (and still is I’m afraid) vilified by many here in Spain. I found it very rewarding trying to unlock the ethnocentrism implicit in the hostile reception towards reggaeton, and when I managed to readjust my initial reticences I ended up experiencing something close to an epiphany when I first djed a Tego Calderón track to a hostile audience half of which left the premises immediately upon hearing the dem-bow beat, the other half just let themselves go and kept on dancing, which was great. And that was also a key point in my attempt to articulate why Kanye West’s 808s and Heartbreak received mainly negative reviews here in Spain, owing in my opinion to preconceptions regarding what hip hop should be (a rockist stance of sorts perhaps?). So yeah, I will definitely check him.

    Haven’t read your book either, Frank. I remember anhh mentioning it when it came out, though. I have to admit also that I’ve just tried to snatch that second hand copy for less than two dollars, but the seller doesn’t dispatch it to Spain, so I’ll just go for a new one.

    I do think that theory is most of the times simplified when people try to apply it to music writing. But I have to say that it has helped me sometimes to see music in a different way. The ‘problem’ in my case I think has to do with the fact that if, say, I read Baudrillard with the intention of approaching popular music from another angle, I end up arriving at unexpected places, not usually music-related, which is good… I mean I really enjoy reading theory and it doesn’t really matter whether it leads me to readjust my ideas about music or about anything else, I just find it helps me to (re)assess my ideas about the world, and since music is part of the world it’s no wonder I end up relating theory and music sometimes. Unfortunately, I’m most of the times weary of using theory when I write about music because I tend to feel like I’m treading into moving sands. So unless I’m pretty sure of what I’m going to say -as if it was easy to be sure of something!- I don’t say it.

  26. koganbot said, on septiembre 22, 2009 at 11:51 pm

    I don’t think Simon R. has ever been on staff at the Village Voice (though his wife used to be as a book and TV critic), unless he joined it in the last couple of years. But as a freelancer he would sometimes write for the Voice‘s music section.

  27. koganbot said, on septiembre 23, 2009 at 12:15 am

    There’s a very good Thomas Kuhn essay that you can read for free here called “What Are Scientific Revolutions?” (it runs from pages 13 to 32). I love the part about how he came to understand Aristotle’s physics – I find it totally inspiring, where he starts off thinking that “Aristotle appeared not only ignorant of mechanics, but a dreadfully bad physical scientist as well. About motion, in particular, his writings seemed to me full of egregious errors, both of logic and of observation.” But Kuhn keeps working at it, and suddenly his mind does a flip flop: “I was sitting at my desk with the text of Aristotle’s Physics open in front of me and with a four-colored pencil in my hand. Looking up, I gazed abstractedly out the window of my room – the visual image is one I still retain. Suddenly the fragments in my head sorted themselves out in a new way, and fell into place together. My jaw dropped, for all at once Aristotle seemed a very good physicist indeed, but of a sort I never dreamed possible. Now I could understand why he had said what he’d said, and what his authority had been. Statements that had previously seemed egregious mistakes, now seemed at worst near misses within a powerful and generally successful tradition…”

    In the introduction to a collection of his called The Essential Tension, Kuhn tells of advice that he gives his students:

    “When reading the works of an important thinker, look first for the apparent absurdities in the text and ask yourself how a sensible person could have written them. When you find an answer…, when those passages make sense, then you may find that more central passages, ones you previously thought you understood, have changed their meaning.”

  28. anhh said, on septiembre 23, 2009 at 2:05 am

    Yes, I’m mistaken. I finally found the current staff and his name is not there, and I know some of his works as freelancer there (and thought about them in those terms), knew that his wife worked there for a very long time (10 years if you believe Gawker), changed to Salon and get fired last month (and maybe that is a good reason to establish yourself in another country but not a very good one for the health of my argument or at least the way I exposed it, so…).

    I think I understand what Kuhn says about the absurdities and the central passages, and how when you understand from where they come (or how they relate with the others) the first ones you see the latter ones in a different light. But reading it I remembered those type of situations when you hear a song or a track and you think that there is something in there that doesn’t quite work but the song could be great without that particular element. But later, you then realize you start to like that thing, and then you see the song working but not in the same way as you thought about it before. One example on my life was listening to the second Girls Aloud record. Coming from an indie context (but liking here and there some songs in the same style, but telling myself that my taste was just limited to those songs only and not that style or that genre), I could dig the sounds and the textures, even when they weren’t sharp enough, liked the lyrics but hated the type of vocal interpretations. But, after repeated listening, I could understand which my problem with them was or just how that stylistic choice informed the rest of the sound (not the ‘classy sounds’ many of his fans always want, the sound of having dreams in an environment that only gives you boringness, emptiness, etc.). It happened after and before, but maybe before I thought I was just learning and being deeper. One current example, a japanese girl band which in one of their singles, have a very kitsch sound on the electric guitar track and I ended asking myself if that was just ridiculous or the best thing ever. Reynolds said something along those lines as advice: if somebody rejects some subgenre or musical style as being cheesy go straight and listen to it. And to stick a little bit with Kuhn, is not just that you come to terms with the absurdities and doing that you get a deeper understanding of the central ones, is just that you the architectural disposition and you don’t have to reach to that meaning, you see it everywhere because everything is connected. Also I thought about your “Disco Tex Essay” and related them with this, but I think I better should re-read it again before doing that.

  29. anhh said, on septiembre 23, 2009 at 3:48 am

    Anyway, one of the problems that arise from this process is that you make a reading or a determinate lecture or an interpretation of a cultural artefact (song, record, artist, etc.). This maybe is better expressed in Latourian terms: is not that this reading exists, is that this reading is a network and you are part of it, and without all the terms it doesn’t exist. Those terms could be your thoughts, online conversations, your feelings, published texts that you read or inform other texts that you read, people which share your concerns about the group, how the group or the artist express themselves, or how the act, or if this particular streak of compositions last in time, their live shows, their interviews, etc. If something changes, this particular network ceases to exist. Maybe you could form part of another one that work along those lines, maybe even with the same artists, but you could also broke with them. They are moving in another direction and what moved you before isn’t there anymore, so is a waste of time to think that it could come back. But I don’t know if you could “universalize” this kind of experience. I have some with variable intensities each one, but I also listen to other records without all this, or just for pleasure, or for their conceptual meaning. Maybe those other listens to records are also networks, but I understand the other ones as a sort of compromise with whatever “good” you think that particular network creates.

  30. koganbot said, on octubre 1, 2009 at 12:43 am

    I’m marshaling my thoughts for a response to what you fellows have been writing above, but in the meantime I’m wondering if you have anything more to say about Spanish rock criticism and Spanish-language rock criticism. I intend to do a livejournal post in which I link the two sites that Iván linked at 20, but if you two have more to say about Spanish rock criticism in general and those two sites in particular I will include your ideas when I make the post.

    (Also, you’re quite welcome to post on the comment threads in my livejournal, if you’d like.)

  31. Ivan said, on octubre 1, 2009 at 3:10 pm

    I don’t have much time now to write everything I want to say in one go, so I’ll contribute with comments during the weekend.

    Regarding Spanish rock criticism, the most legendary magazine is Vibraciones, published in the 70s, which then became for a brief time Rock Espezial, and then finally Rockdelux, which will celebrate its 25th anniversary in November. Rockcdelux’s golden era was the 90s, during which time they championed writing about electronic music as well as rock and pop and, specially, indie. It must be noted as well that another offspring of Vibraciones / Rock Espezial was Ruta 66, which antagonised Rockdelux in an interesting way, with its overtly ultra-rockist direction, whereas Rockdelux took a decidedly more eclectic direction.

    Nowadays, Go Mag is an interesting magazine as well, its coverage of electronic music much more interesting than the one you can find in Rockdelux now, mainly because of Javier Blanquez, possibly one of the best Spanish critics, with a very personal, passionate and informed style –incidentally, I also contribute occasionally to this magazine-. Rockdelux is at the moment at a strange place, I think, while in the past it prided itself on being a mixture of the NME, Mojo and the Wire, nowadays it seems to have taken a more adult, Mojo-like direction. I also contribute to this one, but more sparingly.

    But in my personal opinion, the best Spanish rock criticism can be found at the moment in Ladinamo, which funnily enough is not a music magazine. Nevertheless, in its music section you can find many of the best music articles written in Spain in the last years. And the most amazing thing is that people write there for free!

    More about this later, anybody who wants to contribute to this topic is more than welcomed. I will give you links later.

  32. koganbot said, on octubre 7, 2009 at 5:08 am

    Iván, I’ve posted your comments about Spanish music criticism over on my livejournal, and invited people to post either here or there; and you and anhh and anyone else are quite welcome to join us there as well. (But I don’t know if anyone of my livejournal friends speaks Spanish or will comment.)

  33. koganbot said, on octubre 7, 2009 at 5:12 am

    (I’m not amazed that people write well for free; a lot of good thinking among English-speaking critics in the last decade has appeared on message boards and blogs, and before that it was in fanzines.)

  34. koganbot said, on mayo 2, 2011 at 8:20 am

    Iván, I’m just dropping in to ask if you’ve heard from anhh, who was posting frequently on my livejournal on the subject of K-pop but dropped from sight in the last few months. Livejournal has run into difficulty with spammers and denial of service attacks, and added extra restrictions on posting, so anhh may have tried to post anonymously without success. I’ve now changed the settings on my lj, so there shouldn’t be any more problems.

    Also, if you’d like to participate yourself in the conversation we’ve been having about K-pop, here it is:

    http://koganbot.livejournal.com/tag/k-pop


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