Redux

Tony Allen / Oumou Sangare

Posted in música africana by Iván Conte on julio 27, 2009

En lo que va de año, la revista Go Mag me ha pedido algunas críticas de discos, de entre las cuales rescato dos correspondientes a álbumes editados por el sello World Circuit porque los he estado escuchando de nuevo estos últimos días y los dos tienen bastantes posibilidades de acabar en mi lista de lo mejor del año.

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El sello World Circuit se ha encargado de recuperar a  Oumou Sangare con el disco Seya, el primero de la malinesa en trece años. Grabado en Bamako y producido por la propia Sangare junto a Nick Gold y Cheick Tidiane Seck, se trata de un disco soleado, arenoso y sereno, como la propia voz de la malinesa. Su máximo atractivo reside en la cuidadosa manera en la que músicos y cantantes engarzan sus respectivos instrumentos para dar como resultado once temas que fluyen como el agua cristalina, en los que con un tono principalmente pausado se suceden repetitivos ritmos tradicionales, las características estructuras de llamada y respuesta entre la voz de Sangare y los coros o entre los instrumentos, y algún ocasional instrumento occidental perfectamente integrado en el discurrir de las canciones, sin pretender llamar la atención sobre sí mismos para facilitar su consumo por un público occidental. Seya es un disco de sonido limpio, freso, detallista e intrincado en su instrumentación, en el que la voz de Sangare preside con serena seguridad.

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Tony Allen, una de las piezas clave en la gestación del afrobeat, vuelve con su primer disco tras el magistral álbum que hizo hace un par de años con Damon Albarn, Paul Simonom y Simon Tong bajo el nombre The Good, The Bad & The Queen. Es, además, el primer LP del legendario batería nigeriano para el sello World Circuit. En Secret Agent no hay muchas huellas de su paso por la superbanda ideada por Albarn, y sí en cambio un regreso a las constantes musicales con las que cimentó su estatus como uno de los baterías más importantes de los últimos cincuenta años. A lo largo de estas once canciones, se suceden grooves coloreados por metales, sintes funky y voces declamatorias que, aunque con unas letras mucho menos feroces que en décadas anteriores, consiguen efectos hipnóticos y extáticos en los momentos climáticos, con un tono relajado pero bailable. En definitiva, Secret Agent no se aleja demasiado del modelo delimitado junto a Fela Kuti en los sesenta y setenta, pero el regreso es solvente y más que satisfactorio.

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