Redux

Más sobre la crítica musical

Posted in lecturas recomendadas, revistas by Iván Conte on junio 24, 2009

A continuación, una serie de cosas sobre las que pensé mientras leía este texto de Esteban Hernández (escribe en La Vanguardia / Ruta 66) al cual llegué a través del foro del Primavera Sound

Uno de los puntos principales en este artículo es el de la menor influencia que puede llegar a tener hoy en día un crítico musical. Creo que es realmente difícil saber a ciencia cierta si todavía existen nombres reconocidos y cuyo criterio es seguido con atención por un gran número de gente. Lo que veo es que más que hablar de la opinión de un crítico en particular se habla de la opinión de un medio. Una crítica escrita en Pitchfork parece que no representa al crítico sino la opinión en conjunto de sus redactores, algo que parece fomentado desde dentro y que provoca que digamos que la pitchfork puso bien a tal o cual disco, como ocurre en menor medida en España con el Rockdelux pero mientras en el caso de esta revista creo que a todos nos salen por lo menos media docena de nombres y qué tipo de música les gusta a cada uno  ¿Quién es capaz de citar nombres de los críticos de la Pitchfork? Yo me acuerdo de Joe Tangari, pero porque él suele hablar de discos de música africana tema sobre el que estuve leyendo muchas cosas para un artículo que publiqué el año pasado y para otro que saldrá después del verano en Ladinamo sobre blogs de música africana. Y si cuentan las columnas, recuerdo los nombres de aquellos que tratan sobre territorios afines a los de este blog como por ejemplo Philip Sherburne (electrónica) o Martin Clark (grime y dubstep) pero vaya, que no tengo para nada claro quienes son los nombres que encumbraron a Arcade Fire, Animal Collective o Dirty Projects.

En cualquier caso, creo que la falta de influencia no es algo negativo sino, como comenta Esteban Hernández, liberador. El papel de guía de las masas me parece desagradable, y al menos yo espero de un crítico que más que guiarme me haga pensar. Hernández habla de dos posibles objetivos de la crítica musical; influir o entretener. Aparte de que tengo la sensación de que los pone como opciones opuestas, cuando no lo son en absoluto, sí que es cierto que últimamente vemos en los medios generalistas un cierto énfasis en el entretenimiento, ¿o acaso Carlos Boyero, por ejemplo, no hace una crítica-espectáculo? En cualquier caso, me decanto por pensar que una crítica que hace pensar influye y entretiene de manera inevitable, aunque no persiga estos dos objetivos.

Otro tipo de critica mencionado en este artículo es la crítica impresionista, basada en metáforas que intenten explicar la respuesta emocional del crítico hacia el disco. No es un mal camino, pero hay que hacerlo muy bien para que la defensa o crítica del disco se base en algo más que un criterio caprichoso. Es tremendamente complejo explicar cómo nuestro cerebro reacciona a la música que escuchamos, y plantearse la crítica como un análisis de por qué reaccionamos como reaccionamos ante el disco de Sonic Youth, por ejemplo, abre, cuando se hace bien, muchas vías muy interesantes que tienen que ver con nuestros prejuicios, la posición social en la que nos situamos como oyentes, etc. De hecho, yo quiero pensar que me acerco a los discos con el mínimo de ideas preconcebidas –algo imposible, algo que desmonta también las demandas de objetividad que algunos reclaman de la crítica, una demanda que por cierto yo siempre he pensado que se lanza contra aquellos críticos que tienen una opinión diferente a la nuestra. La crítica debería, efectivamente, basarse en la escucha detenida del disco y sacar conclusiones a partir de nuestras reacciones. Pero claro, un disco nunca se puede escuchar abstrayéndonos de su contexto, y en esto estoy totalmente de acuerdo con Hernández cuando dice que la música surge de un tiempo y un espacio que suelen darle su sentido. Por enlazar este último argumento con el debate sobre el último disco de Sonic Youth, la respuesta que me produce su último disco es de deja vu y aburrimiento precisamente porque es música que se publica fuera de su tiempo y de su espacio. Muchas veces, sobre todo cuando este tipo de crítica que contextualiza la música se presenta con cierta ambición, la reacción que provoca es de rechazo y oímos los típicos comentarios de que ‘es solamente música, no hay que darle más vueltas’, algo que, simplemente, es una falsedad; al hacer y al escuchar un disco intervienen los mismos procesos de codificación y descodificación de códigos de todo tipo (lingüísticos, culturales, etc) que cuando empleamos una lengua (¿les suena Roman Jakobson?) y no se debería tener miedo al ridículo por hablar de este tipo de cosas a propósito de un disco. Si a alguien le parece mal que se tome este punto de vista es preocupante, porque suele implicar que el sujeto en cuestión piensa que tiene una relación ‘pura’ con la música, natural, sin complicaciones, algo que es también falso. Y en definitiva, si vamos a hablar de música, por lo menos hay que decir algo interesante y me parece más valioso no tenerle miedo al componente teórico en la crítica.

Uf, ya he escrito más de lo que tenía pensado. Lo dejo aquí por hoy.

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3 comentarios

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  1. Isidro said, on junio 26, 2009 at 11:27 am

    Hola Iván estoy bastante de acuerdo con tú posición respecto a la crítica. En alguna ocasión he argumentado en la mochila cosas parecidas.

    http://www.musicaenlamochila.net/?p=868#comments

    Resumiendo, creo que la crítica musical tiene que dar un salto cualitativo que ya han dado otros tipos de crítica, con mayor o peor fortuna, y que yo resumiría diciendo que hay que devolver a la música a sus contextos sociales y políticos. Decir que la música tiene un tiempo y un espacio es como decir que tiene una inscripción social o una historia propia de la que nace sus significado.

    La irrupción de la música electrónica pudo hacer mucho daño a la figura del autor-creador soberano y a la del crítico que descifra lo que quiere decir su genial discurso. Sin embargo, en lugar de aceptar el reto la mayoría de los críticos prefieron seguir encastillados en intepretaciones emocionales, muy funcionales para la burbuja íntima de la postmodernidad liberal, y en críterios artisticos (originalidad, etc) para medir el “talento”. La cosa además tiene un aire de “profecia autocumplida” porque se acaba hablando sólo de grupos que entienden la música en estos mismos términos y excluyendo a las tres cuartas partes del mundo que hace música por otros motivos y con otros sentidos.

    En fin, si se quieren lecturas para salir de este ensimismamiento crítico, aunque creo que basta con un poco de sentido común, quiza sea menos recomendable el formalismo de Jakobson que los escritos de Terry Eagleton, especialmente “la función de la crítica”, de Raymond Williams, de Jameson o, incluso, “La formación de la clase obrera en Inglaterra” de EP Thompson y “La distinción” de Pierre Bourdieu.

  2. Ernesto said, on junio 29, 2009 at 12:56 pm

    Hola,
    me uno con entusiasmo a la recomendación del libro de Thompsom. Tiene otro que se llama Costumbres en común que también está muy bien. Para la cosa “artística” supongo que también estara bien leerle la biografía de William Morris, pero yo este no lo he leído.
    Ivan, no entiendo porque dices que el disco de Sonic Youth se publica fuera de su tiempo y espacio. Tal como lo dices entiendo que tambien estarían “fuera de juego” los discos de Robert Wyatt o Tom Waits, no? Es como si dijeras que sus discos tienen pleno sentido en el 83 pero no en el 2009. Entiendo que el contexto del año 80 en Nueva York contribuye a entender su música, pero yo creo que también lo hace su contexto actual para entender el disco del 2009, aunque su contexto no sea una escena en constante evolución y en un momento de explosión como, por ejemplo, la del dubstep/wonky,etc. Quiero decir que esta escena puede conectar (o expresar las vivencias) con una determinada cantidad de personas en una determinada realidad, pero eso no quiere decir que la obra de Sonic Youth no conecte o hable de las vivencias de una cantidad de personas, igual tanto como la de Tom Waits, o incluso Black Crowes. Bueno, no sé si me he liado un poco, pero me gustaría que te extendieras sobre esto del tiempo y lugar.
    En todo caso, aclaro que a mi también me da un poco de pereza un nuevo disco de SY. En mi caso creo que es porque fueron un grupo muy importante para mi de adolescente, una vivencia parecida a la que hablaba anhh de creerse muy sabio e importante por escuchar determinado tipo de música, y que luego esto ha dado paso a escuchar muchas más cosas y a tener otro tipo de actitudes y/o gustos que hacen que cuando sale un disco de SY me coja un poco a contrapié, y con mis intereses en otras latitudes. Supongo que Internet para los que no vivimos en grandes ciudades ha tenido mucho que ver con esto.

  3. Ivan said, on julio 3, 2009 at 3:56 pm

    Mis respuestas a estos dos interesantes comentarios, durante el fin de semana. Perdón por no haber podido contestar antes, he estado en un curso de formación y cuando llegaba a casa no me quedaban ganas de encender el ordenador 😦


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