Redux

Lecturas recomendadas: palos para Sonic Youth

Posted in Uncategorized by Iván Conte on junio 18, 2009

Sonic Youth han publicado un disco más, pero la noticia es que nunca antes se habían alzado tantas voces en contra de la banda neoyorquina a propósito de la publicación de un nuevo disco suyo. El último lugar en el que he leído opiniones encontradas ha sido en esta entrada de César Estabiel en Música en la mochila. En los comentarios, Víctor Lenore recuerda una comparación de los Youth con Dire Straits, y esto me ha recordado esta entrada en el blog de Mark Fisher, que contiene una comparación muy parecida:

how can a group that is “combining and recombining previously-deployed moves into technically ‘new’ but very familiar shapes” be effectively differentiated from Status Quo?

Lo cierto es que a mí también me ha dado muchísima pereza ponerme con su último álbum, porque sabía perfectamente que es lo que me iba a encontrar, y eso es algo que ya he escuchado más veces y mejor en otras ocasiones. No solo eso, que Sonic Youth suenen inofensivos y acomodados, dando a su público lo que este espera de ellos, va en contra de los motivos que hicieron de los primeros discos de la banda algo excitante e impredecible, es eso lo que hace que las comparaciones con Dire Straits o Status Quo no sean una boutade sino algo dolorosamente cierto.  Cito de nuevo la entrada de Mark Fisher, porque en mi opinión la clava:

It hardly needs pointing out that if there is a mainstream now, it is alternative rock – not only the manifestly appalling mealy-conservatism of BritIndie, but also and especially, the ostensibly more experimental likes of Sonic Youth, which is now actually “experimental” in terms of brand identification, not in terms of any formal properties.

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11 comentarios

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  1. Ferchi said, on junio 18, 2009 at 8:12 pm

    dime qué grupos/artistas que lleven 30 años (o más) haciendo música no están combining and recombining previously-deployed moves into technically ‘new’ but very familiar shapes.
    que sí que sí, The Fall son como Status Quo. Y Neil Young, incluso Julio Iglesias.

  2. anhh said, on junio 18, 2009 at 11:57 pm

    El problema no es que lo sean o no, el problema es que lo sean simplemente porque deben ocupar dicho lugar dentro de su discurso (el indie) de modo independiente a cuales sean sus logros artísticos (sean justificados como en este caso o no como en otros muchos casos).

  3. probertoj said, on junio 20, 2009 at 1:07 pm

    Iván: Por lo que entiendo, más allá de las conclusiones posteriores, la pereza hacia la banda ya la tenías antes de escuchar el disco, ¿no?

    Comparar a Sonic Youth con Dire Straits en los 90 porque hacen justo lo que su público espera y mantener esa comparación después de “Experimental Set…”, “Goodbye 20th Century”, “A Thousand Leaves” o “Murray Street”, que no dieron justamente lo que sus seguidores esperaban, me parece algo así como “joder, qué frase más buena he hecho, voy a usarla siempre”.

    (Y, ojo, no estoy diciendo que todos esos discos me gusten)

  4. anhh said, on junio 20, 2009 at 8:15 pm

    El problema que parece surgir en todas estas discusiones, aquí, en Música en la Mochila o en las reacciones a la entrada de Mark Fisher, es que aunque se intenté hablar de dos elementos diferenciados: digamos las grabaciones y carrera discográfica del grupo interpretada como grupo y la crítica a la propuesta estética/política/ideológica que se articula o se sobreentiende o está adherida culturalmente a una determinada escena social y temporal. Y supongo que resulta difícil porque están bastante entrelazadas y una lleva continuamente a la otra y viceversa. Leo la entrada que has escrito sobre el disco en Hipersónica y decido escuchar uno de los videoclips que enlazas. La interpretación de la música suena vigorosa, no tensa, la música suena reconocible pero no apoltronada. Que es algo que se puede decir de muy pocos grupos tras tantas décadas. Pero las imágenes del video me dan grima. La estética de las imágenes son un pastiche del digamos, cine de la no-wave. Y los cúmulos de citas a otros artistas, grabaciones y demás (que podemos admitir, tenían muchísimo más valor antes de internet). Y las chicas, que en algún momento de mi vida deberían haberme parecido el epítome de lo cool y lo culto, me parecen una pose sin contenido alguno. ¿Por qué se creen diferentes? ¿Contra que protestan? ¿Cuáles son las acciones y propuestas que les dan tanta seguridad y certeza sobre la bondad de sus acciones? Lo único que me parece que hacen es aquello que decía George Bush padre, cambiar unos estereotipos por otros estereotipos, consumir diferente pero dejar intacto las estructuras de mercado (más allá del campo de las elecciones posibles o deseables). Y cuando entra la voz de Kim Gordon, en eco evidente con la actitud de las chicas entre la agresividad, la apatía y el conformismo, simplemente no me creo su “rabia”. Me puede parecer impostada, un mero modo interpretativo conocido en el repertorio del grupo, y supongo que eso depende de la valoración personal de cada uno. Pero si lo uno a la crítica anterior, si la “rabia” proviene de la gente que no compra sus productos, su línea de ropa,… Uf. Si te pones en esa postura supongo puedes admitir que puede resultar un poco infumable.

    Obviamente, podríamos desechar las imágenes del videoclip o criticarlo en si mismo, quedarnos con la música y disfrutarla por lo que es. Pero resulta un tanto difícil hacer esto con Sonic Youth. Los collages de imágenes en los discos, las conexiones entre propuestas artísticas de diferentes ámbitos (lo popular y la alta cultura, la televisión y el cine de vanguardia, la poesía experimental y los ripios en las canciones pop, etc.) forman parte de la música, de las letras y títulos. Y esto se traslada también a la actitud que ha mostrado el grupo durante décadas en las entrevistas recomendando grupos y artistas de toda especie para ampliar los márgenes culturales de la gente, o simplemente por sustituir con un panteón nuevo “las naderías” populares del momento. Así que está todo un tanto entrelazado.

    De modo que todas estas discusiones no creo se refieran sólo a las grabaciones de Sonic Youth aunque las mencionen como conformistas o adocenadas. El grupo simplemente ha creado algo tan sólido y grande (todas las grabaciones en singles, colaboraciones, ediciones limitadas, etc.) como para poder generar una ruptura “real” en el sentido de tener que comenzar a construir todo de nuevo. No se, digamos ponerse a componer reggaeton. Y eso, en si mismo, no tiene, para mi, nada de malo. La ventaja de Sonic Youth es que tienen tal variedad de palos para tocar, tal cantidad de registros que pueden conectar entre sí, que la simple yuxtaposición de estos, la modificación de la intensidad con la que se exploran (los discos que mencionas no dieron lo que esperaban a los seguidores) hacen que siempre puedan encontrar variaciones. Pero esto mismo es el inconveniente, que esto pueda parecer algo vanguardista, algo a contracorriente, algo que esté en contra del acomodamiento. Es simplemente que no lo parece. No sabemos si hay un trabajo real o simplemente son perros viejos que saben como montar un disco variado y sin demasiados bajones. Pero nos quedamos con la apariencia, con el discurso del cambio constante, el no-acomodamiento. Y volvemos a la “rabia” del primer párrafo.

    Muchas de las referencias estéticas o de los modos de comunicar de Sonic Youth tienen un momento bastante identificable temporalmente: finales de los setenta y los ochenta. Fanzines, sellos minúsculos sin distribución alguna, listas de correo artísticas, pequeñas distribuidoras, etc. etc. Sin entrar en la discusión de la perseverancia de estos, su utilidad o su validez, lo que no creo posible en estos momentos es imaginarme volviendo a la cultura asociada: leer incontables veces una crítica o una entrevista y estar años tratando de encontrar un libro, un disco o una fotografía citada por alguien como “muy importante” sólo para saber de lo que estaba hablando. Ese proceso de decantación, para bien o para mal, en el momento actual sirve de bien poco. Lo que sucede es que todo este tipo de significantes (añadidos o no) sirven para construir una identidad cultural: el indie (al menos determinado tipo). Simplemente son rasgos, costumbres que uno asumía para sentirse integrado dentro de una cultura. Y quizá este es un discurso demasiado prolijo y estéril, pero consiste en aquello en lo que ha evolucionado el indie. En cierto sentido todo este tipo de objetos materiales (singles de vinilo, los fanzines que editaba el propio grupo, revistas poco conocidas pero influyentes, casetes, etc.), conocerlas o poseerlas te daban “caché”, tenías un bagaje cultural o como quieras llamarlo y saber que tenías este bagaje te hacía, o te daba la impresión de, sentirte diferente de tu compañero de clase o algunos conocidos del barrio, pueblo o ciudad donde estabas. El problema es que ese “bagaje” puede no tener ningún valor real. ¿En qué se diferencia del fanático de los coches que puede soltarte de carrerilla todas las prestaciones de un tipo particular de coche de una marca determinada? Alguien, en Idolator, soltó en un comentario que tenía un amigo que podía hablarte durante horas de grupos indies de los ochenta cuyos discos nadie conocía o le importaban y que el mismo tipo ya ni siquiera escuchaba, pero que los defendería a muerte. ¿En que se diferencia del coleccionismo obsesivo? Obviamente, en el mejor de los casos, este consumo de discos te hacía obtener una educación estética/emocional y una manera de mirar el mundo. El problema, y lo digo por haberlo experimentado en mis propias carnes, es que en la mayoría de las ocasiones simplemente servía para crearte aires de grandeza o de diferencia aunque no tuvieras sitio alguno en los que apoyarlos. Sí, podías estar de acuerdo o no con determinada propuesta musical y podías exponer tus razonamientos, pero el problema es que eran simplemente tu opinión y que la única validez que podías otorgarles era porque estaban de acuerdo con tu forma de mirar el mundo. Supongo que la formula puede cambiar en cada uno, pero hay algo de pensamiento circular en muchas de estas discusiones, de haber colocado las posiciones antes de haber comenzado la discusión y de ser estas inamovibles. Y la cosa es que la política, las noticias en los medios de comunicación y todo lo demás parece ir en la misma dirección, lo que desde luego no resulta demasiado positivo o encomiable.

    El problema de esto es que das muchas cosas por supuestas, porque simplemente crees en ellas. Lo primero que escribí para hacer esta respuesta fue esto:

    En un Invisble Jukebox, en la revista The Wire, Keith Rowe al tratar de explicar cual era el trabajo del intérprete de música experimental o improvisada, arremetió contra los Sonic Youth de “Goodbye…” diciendo que más o menos no tenían ni idea de lo que estaban haciendo. Es decir, tener que interpretar las ideas y formas del compositor. Esto no quiere decir que Sonic Youth no hagan música experimental o gran música experimental. Sólo que es una impostura. Que se supone que entienden de música contemporánea o que son buenos improvisadores ya que trabajan con compositores o músicos que pertenecen a dichas esferas.

    Otro comentario, creo que anónimo, criticaba el trabajo de Thurston Moore en su columna de crítica musical en Arthur Magazine, diciendo que sí, había un gusto y una estética muy clara, pero ni un solo argumento justificando porque dichos discos (normalmente de amigos o conocidos) eran tan buenos o al menos que tratara de explicar, no de que iba la música, sino el motivo de su selección (y por tanto, cuales eran los criterios para los discos que no pasaran el corte). Lo cual no quiere decir que la gente de Sonic Youth sea incapaz de articular sus apreciaciones sobre la música de otros artistas. Sólo que es una impostura.

    Thurston Moore fue recientemente entrevistado por la revista de metal Decibel, con el susodicho comentando por su pasión por el black metal. Por muy interesante que sea la lectura y lo fáciles que resultan algunos de los comentarios de los lectores, otra gente apunta más al grano y se preguntan ¿por qué sólo el black metal? ¿Cuáles son las razones? Lo cual no quiere decir que la gente de Sonic Youth no escuche más black metal en una gira que lo que uno hará en toda su vida. Sólo que es una pose.

    También hay algo de político en esto. El indie nació en contra de una uniformidad cultural y unos valores de un momento histórico concreto: el neoliberalismo de Tatcher en Reino Unido y el de Reagan en USA. Si los valores eran los de la derecha (hazte rico, se individual, visteté como debe ser, ten la apariencia estética y el cuerpo que debe tener alguien en tu posición, consigue una pareja sexual que luzca como debe ser, consume como los demás, etc. etc.) la protesta se erigía en reclamar los valores contrarios: el lo-fi, la apatía sexual, lo sucio, lo íntimo, lo privado, lo slacker, etc. El problema de esto es que el punto de partida es que el sistema no es malo, sólo sus representaciones. Gran parte de la cultura universitaria durante los ochenta y los noventa fueron las guerras de imagen. El hacer personajes femeninos más creíbles, hombres y mujeres que fueran como los que te encontraras en la calles y no un tipo de peinado impecable y sonrisa brillante perfecta, la aparición de mejores tratamientos de minorías raciales, étnicas o sexuales, etc. Todo muy ochentas, todo muy postmoderno y muchas más cosas. La frase de George Bush se refería a esto (que en teoría es el germen de lo “políticamente correcto”). La cosa es que la política, tanto de izquierdas como de derechas, justamente se dedicó a combatir este “pensamiento único” que cada una achacaba a la otra. A lo mejor parece que estoy divagando y puede ser. Pero la cosa es que el discurso de lo que es ahora mismo el neoliberalismo, ese convertirte en individual, no ser masa, pensar por ti mismo, ser un ser consciente y sensible que no se deja llevar por las modas, todas esas chorradas que uno saca del lenguaje de los anuncios, se pueden trasladar sin demasiadas complicaciones a lo que significa ser ahora indie. La música suena en las cortinillas de TVE, artistas sensibles como Bjork o Antony and the Johnsons aparecen en grandes periódicos o en las noticias en televisión, si uno mira revistas tan distintas como FHM, Vogue o cualquier otra que busca más un lifestyle que una temática concreta se encontrará que paradójicamente para un público tan diferente a los que van dirigidas, las propuestas musicales suelen ser más o menos las mismas. Tal vez hablen del último disco de Soraya o de Usher, pero en muchas ocasiones son grupos que pueden englobarse dentro de los parámetros indies: Cat Power, M.I.A., Nacho Vegas, El Guincho, Mando Diao, Franz Ferdinand, etc. Lo difícil resulta encontrar aquello tan obsceno que se supone consume todo el mundo. Gente que cuando quiere demostrar que tiene buen gusto cita a Animal Collective o Radiohead. En una entrevista reciente Pixie Lott, lo menos radical que uno puede imaginar, al preguntarle sobre la música que escuchaba contestaba: “MGMT y Kings of Leon, como todo el mundo”. Y simplemente la música se puede ver como una opción de estilo, como quien decora su casa de un modo determinado, se compra una ropa para tener un estilo propio, ve un determinado tipo de cine y televisión y se moriría si tuviera que ver otro, etc. Y en este sentido habría que encajar las llamadas de “mainstream” o el decir que tal o cual grupo, en lo que hacen para su público, no se diferencian en nada de Dire Straits.

    Claro, a toda esta homogenización cultural se puede contestar diciendo que es “indie desnatado” y se pueden citar las referencias más oscuras o más interesantes. El problema en este grado es que ya se trata de un asunto de discurso y que poco o nada tiene que ver con las bondades artísticas de dichos artistas o discos. Es que esa respuesta es la misma que la del indie en los ochenta, mirar hacia dentro o hacia lo minoritario como respuesta a lo generalizado. Simplemente es un cambio de escala y no creemos que tras tres décadas de indie, eso sirva de mucho, más allá del consuelo que aporta.

  5. anhh said, on junio 20, 2009 at 8:27 pm

    Algo más que añadir por si sale aquello de ¿qué tiene que ver la política con la música? Que bastaría por si sola para justificar mi postura, pero es más sencillo que eso: la música indie es apolítica. Un amigo mío, anarquista e hijo de guardia civil, al irse a la universidad se quedó a vivir durante una temporada en una residencia que tenían para otros estudiantes hijos del cuerpo y al tratar de encontrar gente que escuchara lo mismo que él (Los Planetas, El Niño Gusano, Belle & Sebastian, etc.) se encontró que aquellos que coincidían con sus gustos eran justamente los tipos más fachas. También algo parecido pasó cuando Rockdelux se puso político y de izquierdas y descubrió mediante la sección cartas que muchos de sus lectores eran de derechas y votaban al PP. Esa indiferencia política, ese tras caer “El Muro” ya no quedan ideologías, no me parecen cosas precisamente a ignorar.

    • Ernesto said, on junio 21, 2009 at 11:23 am

      Hola,
      creo que un buen punto de vista para distinguir a Sonic Youth de Status Quo, sería el tema de la identidad o de los territorios que cada uno habita. En sus primeros discos SY se forjaron una identidad bastante clara, a partir de ahí han ido recorriendo con mayor o menor fortuna las distintas combinaciones que esa identidad permite, igual con algún pequeño salto a territorio colindante de vez en cuando. Esto los hace perfectamente reconocibles, igual que si tengo amigos desde hace cuarenta años será dificil que mi compañía les depare muchas sorpresas. Lo de Status Quo o Dire Straits es diferente porque son sonidos completamente estereotipados, sin identidad propia.
      Me ha sorprendido que con este disco que se le ha ido mucha gente a la piel a SY, le haya gustado mucho a Igancio Juliá del Ruta 66, fan confeso pero que hubo una época que se le veía pelín decepcionado, igual es un disco para viejos rockeros.;-)
      Me ha gustado mucho tu comentario, anhh, sobre el indie y eso de “El problema de esto es que el punto de partida es que el sistema no es malo, sólo sus representaciones.”
      A mi han gustado bastante las críticas de este blog sobre el disco:
      http://camarilhadosquatro.wordpress.com/2009/05/13/sonic-youth-%e2%80%93-the-eternal-2009-matador-eua/

  6. probertoj said, on junio 21, 2009 at 11:14 am

    Anhh: Yo entiendo las exigencias a Sonic Youth como artistas y tu exposición podría hacerme comulgar con la idea de que ‘The Eternal’ es alimenticio, adocenado, etc… Lo de los Dire Straits me sigue pareciendo un exceso paródico. Lo que pasa es que yo escucho el disco y, emocionalmente, sí me suena vivo. Creo que Sonic Nurse era mucho más merecedor de toda esta polémica que The Eternal.

    Respecto al vídeo de Sacred Trickster y todo lo que representa, también de acuerdo. Es un error, pero uno más de un grupo al que no le recuerdo un buen videoclip (¿el término suena viejo y chungo o aún vale?). Siempre he tenido la sensación de que SY no entienden el medio audiovisualy que, por ello, no han sido capaces de rodearse de gente o ideas interesantes.

    Su DVD recopilatorio es tremendo: o les graban tocando y casi exhibiéndose (algo que sí creo que es uno de los grandes peligros de la banda, la alta estima en que se tienen), en plan ‘Silver Rocket’, o directamente con chorradas como la cara del Culkin en primer plano. Cuando Beaves & Butthead dijeron a propósito de ‘Bull In The Heather’ algo así como que Kim parecía retrasada, creo que andaban bastante atinados.

    Más allá de eso, mi sensación es que la crítica está aprovechando ‘The Eternal’ para tildar a la banda de irrelevante (a estas alturas) y creo que se han tenido mejores ocasiones que ésta. También que muchos de quienes están tomando esa postura (sobre todo en USA) son los mismos que están encumbrando a propuestas recientes nacidas del recuerdo de Sonic Youth, muchas de ellas incapaces de hacer canciones como varias de las que hay en The Eternal.

    Quizás querer que, 30 años después, SY sigan siendo coherentes con sus planteamientos vitales y artísticos de juventud sea un poco iluso, teniendo en cuenta la capacidad del pop para fagocitar talentos en una media de 6/7 años. Desde este planteamiento, yo lo único que les pido es que, al menos, me entretengan durante los 40 minutos que duran sus discos. A mí me vale, mientras que eso mismo es lo que a Iván le da pereza previa.

  7. Ernesto said, on junio 21, 2009 at 12:34 pm

    Vaya! No prentendía dirigirme sólo a anhhh!! Me despiste ;-)No se si se podrá cambiar?

  8. anhh said, on junio 21, 2009 at 7:25 pm

    Teniendo en cuenta que no soy Iván y que no se lo que pasa por su cabeza, no creo que su “pereza” a priori sea tan distinta de la mía. En mi caso funciona como una página web cuyos contenidos te pueden interesar pero los pop-ups son tantos y tan insistentes que acaban ahogando cualquier posible disfrute de la experiencia. Lo puedes llamar significantes añadidos, recuerdos y traumas, cansancio con lo que representan algunos de los elementos. Iván en alguna entrada anterior mencionaba algo. Tomemos como una cuestión de intensidades la idea de Simon Reynolds y digamos que el arte es la reflexión de los humanos sobre su existencia y las dudas que genera esta en ellos. Si sólo se tratara de dar la respuesta más sublime a esas dudas seguramente no quedaría gran cosa que decir a estas alturas, pero hasta las respuestas sublimes están atravesadas por el momento de la historia en la que fueron formuladas. Si aceptamos que Sonic Youth, durante los ochenta y parte de los noventa (por seguir con el tópico : D), encapsularon una forma de ver el mundo y de relacionarse con este y por reafirmar aquello que hemos dicho antes en otra respuesta, esta visión del mundo ya no es apropiada o está tan lastrada que ha dejado de ser útil, resulta más útil, si es eso lo que buscas en la música que escuchas, buscar aquellas reflexiones que creen algo similar en la actualidad. Y por poner un ejemplo, que Animal Collective digan ahora mismo más sobre como es la escena indie, el estado de la tecnología y el consumo cultural en estos momentos, que lo que puedan hacero Sonic Youth (sin tener relevancia para este argumento cual es la calidad intrínseca de los discos). Que supongo que no es lo mismo que ser un hipster, o un dedicated follower of fashion, ya que es una reflexión crítica sobre aquellas formas sonoras que se están produciendo en estos momentos (en el caso de Iván, entre otras cosas, el continuo hardcore británico) más que un caso de admiración de estas y que supongo será una cuestión más o menos subjetiva y/o razonada de cada uno.

    Sobre las comparaciones con Dire Straits o Status Quo, vayamos por partes. La gente que ha hecho dichas comparaciones (Víctor Lenore y Mark Fisher) suelen ser muy dados a la frase incendiaria o lapidaria, el primero no se hasta que punto es consciente (o no) sobre lo áspero y borde que puede llegar a sonar y el otro suponemos por demasiadas lecturas de textos de Adorno y otra gente, pero los que llevamos leyéndolo varios años pues ya estamos un tanto acostumbrados. De modo que sí, te doy la razón en que las comparaciones tienen un punto despectivo y de sorna muy gratuito. Pero también es quedarse un poco en la anécdota. Por ejemplo, esta mañana recordé que hace un montón de años, Ignacio Julía, decía que como “dinosaurios” de la escena indie, era algo así como los Grateful Dead. Obviamente no tiene el tono peyorativo de aquellas, pero en abstracto, la crítica puede ser la misma: un grupo que da a su audiencia más o menos aquello que se espera de ellos por trayectoria, continuidad o lo que sea. Por ser estrictos con este razonamiento, gran parte de la música (sobre todo la que se interpreta en directo) sería poco más que eso, no un acto que implique la contemplación, la interpretación y la reflexión (pongamos el caso como se escucha una sinfonía clásica) sino una réplica más o menos animada, idéntica o con más volumen de aquello que aparece en el disco. En el caso de Fisher, esta ausencia de propuestas se interpreta de un modo negativo, como un momento de decaimiento de la cultura popular, la sumisión de la energía de esta a las leyes del mercado y todo este tipo de cosas. A mi esta lectura, en este aspecto en particular, no me dice gran cosa y lo encuentro más un engorro que algo productivo (aunque es algo a tener en cuenta).

    No se, Jaime Rosales en una entrevista comentaba que para él hay dos categorías de cine, una de entretenimiento y otro para pensar (en el sentido de un cine de propuesta formal no necesariamente sobre la gravedad de los temas que se tratan). Y dentro de estas categorías había cine que cumplía con aquello que se le pedía (cautivar si se quiere) o no. Un libro que me resultó bastante revelador sobre este asunto (para liberarme de los problemas de la postura de Fisher) es “The Way Hollywood Tells It” de David Bordwell. En lo básico trata de afirmar que las formas usadas en el Hollywood clásico (la forma de contar las historias y el modo de filmarlas) siguen estando presentes en casi todo el cine que se hace allí en el presente, salvo que hay una serie de tendencias expresivas (los planos de duración breve, el montaje brusco y rápido, los primerísimos planos de los rostros de los actores, el uso de la iluminación y el sonido, etc.) que se han ido acentuando durante las décadas recientes. Y lo hace viendo cientos de filmes de cada década para establecer cuales son los rasgos en lugar de tomar el pulso a una tendencia que uno aprecia. Y creo que es un modelo válido por ejemplo, para tratar de explicar la creatividad del indie, que siempre es como una minúscula variación de la postura anterior, más útil y flexible que una idea de un presente y continuo eterno postmoderno donde todo se recicla y se vende como nuevo para ser consumido.

    Respecto a lo que dice Ernesto, supongo que he contestado ya que la comparación entre grupos no era algo tan literal, no estoy tan de acuerdo con la idea de que los sonidos de aquellos grupos son estereotipados sin ninguna identidad. No creo que convenza a nadie sin extenderme mucho, pero la producción de discos, simplemente por funcionalidad se resume en varios estilos de grabación, más o menos expresivos o acordes con aquello que pide la música. Uno tiene la expectativa de cómo puede sonar por ejemplo un disco de americana y que no será como suena por ejemplo, un disco de noise o música industrial. O que el nuevo single producido por Timbaland vaya a sonar como una producción de Javier Limón (no es comparación, uno tiene que sonar en móviles, supermercados, radios de coches que pasan o fiestas con mucha gente, el otro puede hacerlo también pero está más orientado a la escucha doméstica que permita una mayor apreciación de los detalles (no se como de mal ha sonado esto, lo que quiero decir es que mucha música mainstream tiene que estar ecualizada subrayando los sonidos que tampoco deben de resultar muy confusos en número, de manera más evidente para que puedan apreciarse en estos contextos aunque después aparezcan más capas de sonidos que no se aprecien a primera vista). Y dicho esto, hay una segunda cosa. La gente codifica determinadas texturas como expresivas y otras no, y es una cuestión totalmente subjetiva o de aprendizaje. Mucha música indie, no necesariamente buena, se basa simplemente en eso, las guitarras haciendo raca-raca sin importar demasiado el acorde que se toca, sólo la textura que aporta, como la brevedad de esto da la sensación de urgencia. O en las grabaciones de música clásica los montajes de varios micros para crear la sensación de que los dedos están tocando las notas sobre el violín justo delante de tus ojos. El uso de pequeños altavoces en el metal para dar la sensación de nerviosismo etc. Conjurar una serie de lugares comunes aprobados por una determinada comunidad y considerar esto como genialidad. No se, ¿no eso lo que pasaba con el disco de La Bien Querida? ¿O el disco de Leonard Cohen con Phil Spector? ¿Qué la producción no daba, no se si de forma premeditada o no, ese “extra” que el oyente quisiera oír para que el disco le pareciera perfecto? ¿Qué falta la lectura que ayuda a autentificar y validar las emociones generadas en uno?

    Respecto a lo “caprichoso” de la crítica, que quieres que te diga, siempre hemos dicho que no teníamos ni idea tras leer durante años cuales eran los criterios de calidad para RDL, de modo que ya sin línea editorial siquiera y sin ninguna necesidad de ser coherente con lo que se predica… De todos modos creo que la razón para el ahora de muchas de estas críticas (supongo que más allá de recoger la actualidad como en el caso de esta entrada o las opiniones más o menos claras desde hace unos cuantos años como es el caso o el de mucha otra gente) es simplemente el hecho de que ahora están publicando con una “indie” y la línea de argumentación positiva, un grupo radical permaneciendo fiel a si mismo dentro del mainstream, se esfuma para dejar paso a un grupo que vuelve al redil y ya no es tan fiero como cuando lo estaba. Que es algo bastante vengativo, premeditado, infantil y banal que no tiene ningún respeto por la carrera del grupo o el artista en cuestión (por estar de acuerdo con lo que dices sobre la ocasión y el disco que eligen para ello). Pero no es algo impredecible, más bien que está en el centro del discurso (aunque los artistas de ahora estén más “vendidos” que nunca a ellos no se les aplicará hasta que caigan fuera de favor). Sobre los vídeos (yo aún los llamo así pero para artistas mainstream en los que la imagen es algo consustancial hablo de imagen o identidad visual) no tengo gran cosa que decir. Y el problema de la longevidad. Bueno eso es ya una entrada o un libro entero. A ver si Iván aparece y dice algo al respecto.

  9. Ivan said, on junio 21, 2009 at 11:05 pm

    Perdón por mi silencio, motivado por una boda y un resfriado, me acabo de leer con mucho interés todo esto que habéis escrito, pero os contesto mejor mañana (lunes), ¡es que me habéis dado mucho que pensar!

  10. Ivan said, on junio 22, 2009 at 4:24 pm

    La verdad es que me resulta complicado tener en cuenta todas las cosas que habéis dicho, por favor, tened en cuenta que el debate se ha ramificado mucho y yo sigo teniendo algo de fiebre -¡y encima hoy he ido a trabajar!- así que voy a intentar dejar un par de cosas por escrito ahora y seguramente más tarde volveré.

    Por finiquitar ya lo de las comparaciones odiosas; está claro que son frases lapidarias y provocativas, pero tengo que aclarar que si la comparación me parece buena no es porque Sonic Youth me parezcan tan malos como Status Quo o Dire Straits, como ya he ido aquí o en musicaenlamochila, la comparación se basa más en la relación del público con la obra de un grupo que ya dificilmente va a darnos más sorpresas. ¿Se entendería mejor si la comparación fuese con U2? Los últimos discos de los irlandeses también intentan volver a sus orígenes, o reinterpretar aquello que les hizo populares en un principio. Claro, nadie mejor que ellos para hacerlo, pero ¡no es lo mismo! ni el momento ni nada es lo mismo, y el resultado está lejos de ser interesante. Cuidado, que el último disco de Sonic Youth ni siquiera me parece malo, no es que haya sufrido escuchándolo y de hecho me lo podría poner más veces, lo que ocurre es que es un disco que me ha provocado la misma sensación de más de lo mismo que casi todo lo que han publicado después de ‘Daydream Nation’.

    Por recuperar la cita de Simon Reynolds de una entrada anterior a este blog:

    if Music was just about “good music” I could spend the rest of my life listening to what I’ve already got and what’s already been made that I’ve not got around to hearing… what Music in the capital M sense needs to do is give us new concepts, new sensations, to create both new disagreements and new convergences/communalities…

    Y el problema con Sonic Youth es que basan su crédito en ofrecer nuevos conceptos, nuevas sensaciones, nuevas discordias -recordemos sus raíces en el entorno de la No Wave-… y Sonic Youth consiguieron hacer eso al principio de su carrera, para luego hacer carrera a partir de ello, sin hacerle ascos al mainstream -‘Dirty’, el infame recopilatorio¡EN EXCLUSIVA! para Starbucks-. Me podréis decir que es muy digno hacer carrera de tus logros artísticos, que no se puede esperar que sigan proporcionándonos fogonazos creativos, pero precisamente por eso lo que no debería la banda y / o sus seguidores más fieles es que aceptemos que otro disco más de Sonic Youth es realmente un buen disco, un disco a tener en cuenta en la música del 2009, en el año de Animal Collective o Sunn 0))).

    Lo que subyace también es el peligro de canonizar a un grupo, de permitir que los logros obtenidos en su momento justifiquen que cualquier disco que saquen, con tal de que entretenga, merece la pena. Dudo mucho que a los Sonic Youth del 82 les hiciese ninguna gracia que se dijese de sus discos que son entretenidos y ya está. Y lo peor de esta canonización es que la gente se lleve las manos a la cabeza porque se intente desacralizar a un grupo, aunque sea de una manera matizada como la mía -insisto en que los primeros discos de Sonic Youth sí que me gustan-

    en relación con sus discos más ariscos de los últimos años, como por ejemplo el ‘Goodbye 20th Century’, me hace gracia que se use como ejemplo de que el grupo es insobornable, cuando es un disco tremendamente miope y que vacía de contenido a todos aquellos a los que versiona. Sus interpretaciones de Pauline Oliveiros, John Cage y demás son planas y predecibles, en absoluto atrevidas o vanguardistas. Y aquí está un gran problema de la banda; su condición de comisarios del arte, de generadores de citas; ‘Goodbye 20th Century’ basa su concepto en los nombres seleccionados, me resulta dificil de creer que haya gente que se haya animado a escuchar a estos compositores gracias a este disco; en mi caso al menos no fue así, de hecho me echó bastante para atrás.

    Dicho todo esto, tengo una curiosidad malsana por ver en qué posición queda este disco en la lista de The Wire, revista que ha colocado todos sus discos de esta década en los primerísimos puestos.

    Tengo la sensación de que me quedan mcuhas cosas por comentar, luego me releo vuestras respuestas y sigo.


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