Redux

¿Para qué sirve la crítica musical?

Posted in revistas, Uncategorized by Iván Conte on mayo 14, 2009

Como aficionado a la crítica musical como género literario -¡sí, como género literario!- que he sido desde que era muy joven, me llama mucho la atención el momento de convulsión que está viviendo este genero. La crisis económica ha sido en parte responsable; en muchos de los grandes periódicos anglosajones, los críticos musicales han sido los primeros en caer, pero a nadie escapa que el principal causante ha sido los cambios en la manera en que nos llegan los discos. Se ha abierto un debate acerca del papel que debería cumplir la crítica en prensa, un papel que claramente no pasa por ofrecer una criba de qué se debe escuchar. Si la prensa escrita espera mantener un público en el futuro, se tiene qué plantear qué es lo que quieren encontrar sus lectores. La cuestión es mucho más compleja y afecta también a la función de los blogs y revistas online, que cada vez más ofrecen lo que hace décadas se podía encontrar en el NME o el Melody Maker, pero tampoco hay que olvidar que en la Wire todavía es posible leer muy buenos textos sobre música en papel, no es de extrañar que la revista se haya convertido en el refugio de varios veteranos de la prensa musical inglesa en los ochenta.  Os invito a todos a participar en el debate en los comentarios, aunque seguro que volveré sobre el tema en las próximas semanas. Mientras tanto, aquí corto-y-pego una serie de declaraciones que he leído estos últimos días acerca del tema:

Abel Suárez (DJ Coco) en Commonpeoplemusic:

Sí, pero ha cambiado todo. Incluso webs como Pitchfork no tienen ya casi sentido, sí como medios que ofrecen información pero no como medios que crean opinión. La crítica se hace en foros, porque tú el disco lo tienes meses antes. Yo, cuando sale la crítica del RDL, ya he oído el disco. Uno de los grandes problemas es que en los periódicos generalistas son gente mayor que se ha quedado muy lejos y que no pueden o no quieren llegar a la cantidad de información que se genera hoy en día. Ahora se les envía el disco, pero cuando les llega el disco está en internet hace meses. […] la revista especializada es demasiado lenta para la velocidad a la que va la música.

Nick James (director de la revista Sight & Sound) en el número de mayo de la edición española de Cahiers du Cinema:

Debemos adaptar la crítica cinematográfica a nuestro momento. Un indicador positivo de lo que podría pasar es el revival en la venta de vinilos justo tras el pinchazo de la primera burbuja ‘punto com’. De forma extraña, las ventas de vinilos en el Reino Unido se incrementaron en paralelo al éxito del iPod. Las inteligentes y satinadas revistas de cine podrían beneficiarse, en consecuencia, de una futura preferencia de culto por los objetos bien diseñados y bien escritos que denotan un estilo de vida alternativo en la joven cinefilia.

Simon Reynolds en su blog (ya puse esta cita en una entrada anterior, pero me gusta mucho)

if Music was just about “good music” I could spend the rest of my life listening to what I’ve already got and what’s already been made that I’ve not got around to hearing… what Music in the capital M sense needs to do is give us new concepts, new sensations, to create both new disagreements and new convergences/communalities…

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15 comentarios

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  1. funkfow said, on mayo 14, 2009 at 3:17 pm

    estos tres comentarios son bastante certeros, sí señor; DJ Coco mete el dedo en la llaga, las críticas (a novedades, no las revisiones o cajas antológicas) es que ni las miro de anticuadas que están… en realidad el prestigio que antes te otorgaba salir en RDL (por citar el mismo ejemplo) ahora es muy relativo, a mí de hecho me quita las ganas de escuchar a los grupos que recomiendan, sobre todo pq aparecen tb en casi todas las demás publicaciones impresas… el segundo comentario me parece la única solución a la que se pueden aferrar las revistas: aspirar a la excelencia, es decir, que realmente haya diferencia entre leer cualquier post escrito en cinco minutos y tener Entre Tus Manos un artículo de calidad, bien maquetado, con buenas fotos y sobre todo bien escrito. volviendo a la citada RDL, hace años que apenas encuentro entrevistas o artículos de estas características que no hayan sido sacados de Mojo o Wire. y del tercer comentario pues qué añadir: quesque tó está inventao!

  2. funkfow said, on mayo 14, 2009 at 3:22 pm

    y en relación a lo de la crítica musical cómo género literario, yo no sé si diría tanto, pero lo que hace Javier Blánquez, mezclando periodismo de investigación exhaustiva, referencias al Siglo de Oro español, espanglish so fresh y paridas descojonantes como la de dividir un artículo sobre Lady Suv con frases del tío de “la mierda la sole, que te meto con el mechero” a modo de epígrafes sólo puede calificarse de Arte.

    ya me callo

  3. José María Bermejo said, on mayo 14, 2009 at 5:12 pm

    Yo creo que al final de lo que se trata es de la calidad de los textos, por supuesto, pero también de la forma en la que uno ejerce la crítica musical. Lo que uno puede encontrar en Wire, por ejemplo, son textos desde la pasión, que ayudan transmitir unos niveles de sentimiento hacia la música a los que ni todas las críticas sarcásticas negativas del mundo podrán siquiera aspirar. Basta ya de condescendencia disfrazada de erudición.
    Por lo que respecta al caso español, como en tantos ámbitos en este país, el periodismo musical tiene una actitud adolescente de la que debería salir. Una actitud que hace que a los críticos les guste más escribir que la música sobre la que escriben.

  4. Edgar Ducasse said, on mayo 14, 2009 at 9:18 pm

    Hola,
    Iba a dejar aquí mi opinión sobre el tema, pero Jose María ha reflejado a la perfección mi manera de enfocar todo este asunto.

  5. Matías said, on mayo 15, 2009 at 12:37 am

    En 1993, el argentino Pablo Schanton escribió este articulo:

    PRENSA PERIODISMO CRÍTICA
    Información Explicación Interpretación
    Objetividad Biografía e influencia Experiencia Cultural
    Mercado Música Cultura
    Lector=Aficionado Consumidor Experimentador
    Dar a conocer Convencer Estimular

    Prensa, periodismo, crítica.

    “La agrupación británica Suede, enrolada en ese “neoglam” que parece estar invadiendo las islas, acaba de lanzar sup laca debut, titulada simplemente Suede, bajo el sello Nude. Según los informes de Tower Records, el álbum ya se habría convertido en disco de oro, a apenas días de su lanzamiento. Todo un récord.”

    “¿Estás tan harto como yo de esos grupitos ingleses con peinados a la Brian Jones y varios pedales de guitarra que susurran sus letras bajo un mar de distorsión? Pues bien, han llegado los Suede, muchacho. Este combo oriundo de Londres, liderado por el carismático Brett Anderson, no te va a defraudar, te lo aseguro. Su debut es un cóctel de glam, soft noise, Iggy Pop circa “Lust for life” y los primeros Kinks, donde crescendos de guitarras épicas se trenzan a duelo con la sensual voz de Anderson. Me tienen tan atrapado que no puedo apretar el eject de mi walkman!!! Pero empecemos por el principio. La historia comienza una tarde….”.

    “PJ Harvey es un buen contraste para comprender a Suede. Brett y Poly son los dos íconos ded 1993. Sus bandas son tradicionalistas que reniegan de las innovaciones de finales de los 80 (el sampler, los ritmos secuenciados, la magia de estudio a la My Bloody Valentine). Ambos aparecieron como personalidades ocónicas en oposición a la falta de imagen que esgrimen los chicos del noise rock y el tecno. Y además ambos se desvían de su género sexual: Brett envidia los “privilegios” femeninos (la pasividad, el arreglo personal, el ser penetrado), mientras que Poly usurpa los privilegios masculinos (la “neutralidad” del rockero masculino que no tiene que pensar en términos de género)”.

    He aquí tres ejemplos de qué y cómo se puede escribir sobre rock. El primer párrafo no es más que una neutra(l) información de PRENSA. El segundo es un típico fragmento de PERIODISMO biografista, donde la información puede ser desarrollada desde un punto de vista subjetivo y cómplice. Por último, figura la traducción de un texto de CRÍTICA en el cual cuentan la hipótesis y la interpretación antes que la lógica historiográfica.

    Ya podríamos sintetizar las diversas acciones que le competen a cada disciplina. A la prensa le basta INFORMAR (la “objetividad” es su valor esencial); al periodismo le gusta EXPLICAR e historificar; y a la crítica le interesa EXPERIMENTAR a través de la música e interpretar.

    PRENSA

    Con la democracia, el discurso del rock bifurca su flujo informativo según dos parámetros: la “info” de la semanalidad y la “data” del libro de rock, que le impusieron un pulso inédito hasta entonces. La prensa, básicamente semanal, no es tan inocente como parece.

    Opina por omisión o exceso de reconocimiento, o simplemente porque análoga lo informable a lo vendible (aquello que resulta exitoso sólo en términos económicos).

    PERIODISMO

    En los 70, cuando el rock argentino aún no era oficial (como lo fue después del gobierno de Galtieri), las revistas Mordisco –dirigida por Jorge Pistocchi- y Expreso Imaginario instauraron el desafío de reflejar el contexto cultural en que la música rock tenía su lugar. Entre poemas de Henri Michaux, posters de Escher, notas sobre genética y recetas para hacer pan de alpiste, el modus vivendi acorde a aquella época de resistencia hippie desde los parques era estimulado a lo largo de esas páginas.

    Llegados los 80, el Expreso, en manos de Pettinatto y Alfredo Rosso, se dedicó a Eno, Kubrick, “La máquina delicada” y Burroughs bajo un nuevo diseño, tratando de reflejar el comienzo de la para-cultura que insinuaba Einstein y el advenimiento de la estética “New Wave”. La revista dejó de existir apenas el rock se oficializó.

    A partir del 83, surgieron dos medios que continuaron el proyecto de “acompañar” culturalmente las nuevas tendencias musicales del rock: Twist & Gritos y Cerdos & Peces, militantes del “under” surgido como contraofensiva frente a la oficialización.

    Si bien las dos primeras publicaciones fundaron una convivencia periodística más disciplinada del rock con la contracultura (digamos menos espontánea que la que bocetaran previamente Pinap, La Bella Gente, Cronopios, y Pelo) , exhibían todavía un estado rudimentario de su acto fundacional. Las interconexiones entre las Artes, los rituales cotidianos, y la música que inauguró el rock no se llegaban a percibir ni desarrollar, por eso las notas eran distribuídas conforme a los parámetros de burocratización cultural pre-rockeros: “Música”, “Pintura”, “Poesía”, “Filosofía”, “Vida Cotidiana”, etc. Es cierto, Música, Arte y Vida estaban juntos, pero en compartimentos estancos. Las notas sobre música reducían su alcance y su estilo a los siguientes recursos:

    • una biografía (de grupo o solista)

    • una inclusión en tendencia musical

    • recuento de influencias

    • una comparación con el contexto actual

    • descripciones adjetivadas de los temas y los discos

    A partir de entonces, el uso de la primera persona y el método de colección e investigación quedaron instituidos, creando una figura periodística más digna que la del traductor y el reportero: el ESPECIALISTA.

    Con el tiempo, esos recursos periodísticos se fueron cristalizando en clichés que nadie se atrevía a poner en cuestión, porque se los creía la única forma de hablar sobre un grupo, tendencia o solista desde un país tan excéntrico como la Argentina. Ya es hora de instalar la duda.

    LOS CLICHÉS DEL PERIODISMO ESPECIALIZADO

    La biografía y el retrato sirven para explicarlo todo. Si el músico fue drogadicto durante el año X, su disco de ese año va a reflejar su estado de ánimo; si tuvo problemas con la grabadora o poco éxito, lo mismo. Lo que le pasa al especialista es que no puede despegarse de la figura del lector como escolar que tiene que aprender aquello que figura en los programas, ni de la idea de que conocer es estudiar fechas e historias coherentes como las de los manuales de la primaria.

    También de la época escolar, recuerda otros rasgos más tiernos y naif: la excitación consumista y la necesidad de diferenciarse de los otros por tener “el disco difícil, el que no se consigue fácilmente, el agotado, el pirata” (en esto, la verdad es que no superó la etapa de coleccionista de figuritas).

    Los dos únicos ámbitos que necesita el típico periodista de rock para desarrollar su discurso se reducen a: el cuarto donde está el equipo y la disquería. El especialista sería entonces un curador que media entre el comprador de discos y le vendedor, algo así como un publicista de su propio gusto que, en el peor de los casos, rellena y decora gacetilllas. El subtexto periodístico dice: “Yo lo escuché antes y me gustó, así que comprátelo”. La elocuencia lo desespera. Necesita convencer, que le crean.

    Cuando no encamina la biografía por la línea recta de esa Gran Epidemia de Influenzas que sería el rock (como no alcanza a dimensionar la cultura rockera, lo único que puede hacer es establecer relaciones entre una música y otra que suena “parecida”), es víctima de la descriptividad. Hay dos estrategias: una es la sobreadjetivación desesperada, y otra el pseudo análisis técnico. Para cumplir con la primera, siempre esperan calificaciones como “maravilloso”, “exquisito”, “fascinante”, “bello” y otros síntomas de afasia e imaginario pobre. Mientras que en el segundo caso, se confía en el materialismo ingenuo que consiste en creer que una música puede explicarse con sólo describir su construcción. (¿No sería como creer descifrar un enamoramiento mediante la endocrinología? ¿O una novela sometiéndola al análisis sintáctico?).

    Aún de mayor patetismo kitsch, resultan las alusiones impresionistas al otoño, la lluvia, el atardecer, los árboles desnudos y demás postales de melancolía Image Bank, que entablan competencia con ese decorativismo doméstico que consiste en poner una linda frase “culta” –aquella de la maestra en el pizarrón, junto a la fecha- antes de empezar la nota, porque “queda bien”.

    CRÍTICA

    El crítico asienta su discurso en la CULTURA ROCK. El lector pasaría de ser un mero consumidos a quien asesorar a ser considerado un experimentador cultural. Siguiendo el ejemplo de la música que intenta re-producir, atraviesa Artes, Ciencias y Vivencias con el fin de habilitar situaciones culturales inéditas.

    El crítico necesita sacudir los clichés periodísticos si quiere ser realmente “alternativo” (¿cómo es eso de escribir sobre “música no convencional” de un modo convencional?), y además porque comprobó que “escribir sobre música es como bailar acerca de arquitectura” (Elvis Costello): Habiendo despreciado el salvavidas periodístico, el crítico se deja naufragar en un mar de posibilidades igual que un escritor ante el papel en blanco. No en vano, la crítica a veces deriva en literatura o samplea recursos poéticos. No desvía así los objetivos informativos, no escribe “cualquier cosa”. Elige una forma más sutil –más artística- de brindar información. Cambia la comunicación convencional por la “comunión estética”[1].

    El rock es una práctica “culturodélica” permanente que nos hace incorporar manifestaciones artísticas como estímulos con los cuales vivenciar el mundo de una manera nueva cada vez. El crítico practica rock porque multiplica estímulos, conectándolos a los que ya proveen la tapa de un disco, un clip, una “postura social”, un “look”, una letra, un grito, una declaración, un ritmo, un logo, un sonido. No quiere que la cadena de experiencias se termine con el acto de comprar un disco. Ayuda a encontrar más placeres desconocidos.

    Un crítico no es un universitario aficionado al rock. En todo caso, es un ex-universitario afectado por el rock. En general, los académicos “bajan” al rock “a ver si analizamos un poquito ese fenómeno juvenil”, para arrimar más síntomas a sus conclusiones. No pueden incorporar la ESTETOSCOPÍA (visión estética con ritmo de vida) rockera donde la experiencia artística consiguió incluirse definitivamente en la cotidianeidad adoptando y adaptándose a las leyes del Mercado.

    Aun cuando ninguna de estas tres formas merece ser desechada (de todos modos una lavadita de cara no les vendría nada mal) porque cada una es necesaria para el funcionamiento comunicativo del rock, RUIDO, desde su primer número prefirió desarrollar la crítica, por considerarla la más capacitada para reproducir la Cultura Rock y, además, porque era el discurso que quedaba por desarrollar. A partir del 4, intentaremos dar a conocer y analizar textos de críticos como Nick Cohn, Richard Meltzer, Greil Marcus (“Lipstick Traces”, el mejor libro sobre Cultura Rock, ya está traducido), Lester Bangs, Juan Carlos Kreimer (el de “Agarrate!”), Ian Penman, Julie Burchill, los Vermirel, Paul Morley, Roberto Pettinato, Diedrich Diederichsen, Barney Hoskyns, Biba Kopf, Oscar D´Armage, Chirs Bonn, Karl Lippegaus, Mark Sinker, Ricardo Aldarondo-Luis Clemente, Joe Carducci, Jon Savage, Chis Roberts, Greg Tate, Simon Reynolds, Dave Maready, Steve Malkmus y otros.

    El objetivo es demostrar que existe otra forma de escribir sobre rock, más acorde a su dinámica cultural (más cercana a la experiencia que fueron definiendo aquí, por ejemplo, las ideas y las músicas de L. A. Spinetta y Daniel Melero).

    Si es cierto que nuestra avidez de experiencias se basa en la superación de estereotipos, seamos justos. ¿De qué vale consumir música rara y nueva de un modo perimido y viejo? Al fin y al cabo, nuestro enemigo es uno solo y espera en cada instancia (en el producto musical, en al forma de escuchar y en el modo de escribir sobre él). Se llama conservadurismo.

    Pablo Schanton
    © Sonomanía Press, 1993
    [revista Ruido, nro. 3]

  6. José María Bermejo said, on mayo 15, 2009 at 1:11 am

    Interesante texto. Sin duda, el modelo que defiende, según los nombres que cita, es el de una crítica musical “literaria”, basada en el reportaje, género que en España no tiene especial tradición. Sin embargo, desecha algunos elementos que en mi opinión son fundamentales en la crítica, como las referencias, no como un simple recurso erudito, sino como herramienta didáctica, que pueden ayudar a la crítica musical a traspasar la barrera de lo efímero, para convertirse en un recurso que puede seguir interesando con el paso del tiempo. Para poner un ejemplo de esto, tengo que citar a José Luis Guarner, que era crítico cinematográfico, y cuyas críticas podían ser utilizadas como auténticas lecciones de historia del cine sin pero sin perder su función.

  7. loveof74 said, on mayo 15, 2009 at 9:36 am

    Bastante de acuerdo con Pablo, la verdad. El periodista musical (normal, habitual) se dedica a vender un disco, a presentarlo según la actualidad a unos oyentes a los que puede interesar.

    Es más normal y acertado hablar de “franz ferdinand” a la hora de compara un nuevo CD que empezar a mentar a Devo, referencia desconocida para casi todo aquel nacido tras 1975

  8. Ivan said, on mayo 15, 2009 at 8:25 pm

    Me he leído con mucho interés todos vuestros comentarios, y veo que tenemos muchas cosas en común, me gustaría añadir algunas ideas más, pero me temo que tendrá que esperar hasta mañana, que acabo de llegar de un curso de formación que ha empezado a las nueve de la mañana (ahora son las ocho y media de la tarde) y comprenderéis que no tengo la cabeza para esto, je. En cualquier caso, gracias por los comentarios y en especial por el texto de Pablo Schanton.

  9. Gafapasta said, on mayo 15, 2009 at 8:34 pm

    ¿Para qué sirve la crítica musical?

    Respondiendo a las interesantes reflexiones de Iván Conte, escribo a vuelo pluma algunas valoraciones desordenadas:

    La crisis que comenta afecta a toda la prensa. No sólo a la musical. Lo que está claro es que, en tiempos de crisis, lo “superfluo” desaparece antes. Y la cultura se considera superflua.

    La prensa —y más las revistas— no deben aspirar a ser cronistas de una actualidad ya periclitada, sino a ofrecer elementos de juicio.

    La función de la crítica no es decir qué se debe escuchar. Uno debe escuchar lo que le apetezca. La función de la crítica es posicionarse sobre los méritos o deméritos de un álbum, sea del presento o del pasado. Y la del oyente, decidir por sí mismo si está de acuerdo con esa crítica o no.

    Y ahora, respecto a las declaraciones incluidas:

    Seguro que DJCoco se ha escuchado el disco antes de que salga publicada una reseña, pero DJCoco es un profesional del sector, no un oyente tipo, Éste último, aunque se haya oído el disco, puede estar interesado en leer qué dicen “medios de referencia”, aunque sólo sea para insultarlos y disentir. El morbo es una de las principales motivaciones del ser humano. Coincido con él en que la distancia entre medios generalistas y música actual es insalvable. Y, principalmente porque el capital que los sustenta está absolutamente desconectado de lo que puede interesar de treintañeros para abajo. Yo no creo que la revista especializada sea demasiado lenta para seguir la actualidad más inmediata. No es su función. La revista especializada debe ofrecer un “canon” con el que comulgarás o no. La actualidad no es su principal tema, la calidad sí. Es lo mismo que el periodismo tradicional: El diario no puede competir en inmediatez con la radio, pero sí en análisis.

    Respecto a lo que dice José Maria Bermejo sobre la actitud adolescente que hace que “a los críticos les guste más escribir que la música sobre la que escriben” es una frase brillante pero también una simplificación. Esos no son críticos, son vendedores de ego, víctimas de su necesidad de ser celebridades. Los verdaderos críticos son aquellos a los que les gusta escribir sobre la música que. Y su pasión es doble: escribir bien para poder expresar lo que opinan sobre lo que escuchan ¿Hay pocos? Sí, pero existen.

    En cuanto a la incontinencia verborreica de Schanton, sólo decir que la atribución a Elvis Costello de una frase de Frank Zappa ya deja en evidencia la rigurosidad de su análisis. Un ejemplo perfecto de quien entra como elefante en cacharrería para demostrar que la tiene más larga que el resto.

    Por ahora, eso es todo amigos.

  10. Ivan said, on mayo 16, 2009 at 7:46 pm

    Estoy totalmente de acuerdo en que las revistas en papel deberían animarse a apostar por reportajes más largos y ambiciosos, incluso desde un punto de vista teórico. En vez de publicar una entrevista con todos los grupos mínimamente interesantes que han publicado disco en las últimas semanas, ¿por qué no seleccionar con cuidado la media docena más interesante y dedicarles el doble, e incluso el triple de espacio? No deja de ser la táctica de Wire, y para los que leemos la revista es algo que funciona a la perfección porque cuando se publica un artículo / entrevista sobre un grupo que nos gusta sabemos que casi seguro (no siempre ocurre así, nadie es perfecto) va a ser un artículo de referencia, resultado de un montón de horas escuchando todo lo posible y leyendo lo que otros dicen sobre el grupo. La Wire tiene, en ese sentido, un papel canonizador muy interesante, y en este sentido cuida sus movimientos al máximo. Que Wiley sea el primer y hasta el momento único artista de grime que ha aparecido en su portada no es casualidad si tenemos en cuenta su papel como padrino del género. Lo mismo puede decirse de la reciente portada a Kode9, aunque en su caso la importancia que tiene para el dubstep es más a un nivel teórico y como dueño de Hyperdub.

    A mí también me gustan las críticas en las que el crítico se posiciona, siempre y cuando tengan argumentos y un discurso mínimamente complejo detrás, algo que distingue a los críticos con personalidad. Personalmente, siempre reviso lo que escribo y si veo algo que pudiese estar en una hoja de prensa lo cambio, hay muchas veces que lees una crítica y no sabes qué diferencia hay entre lo que estás leyendo y la hoja de prensa del grupo… por no hablar de que en ocasiones se toma como referencia la misma hoja de prensa para escribir la crítica, pero esa es otra historia. Eso sí, a veces es difícil mantener a raya el tono de entusiasmo cuando tienes un disco entre manos que de verdad te vuelve loco.

    También habría que buscar el equilibrio perfecto entre seguimiento de la actualidad y el pasado. A mí me dio mucha rabia cuando en el RDL cambiaron la maquetación y la sección Revisión –una de mis preferidas de la revista- quedó drásticamente reducida, aunque siga ocupando un par de páginas. Estoy seguro de que muchos de los que leéis este blog escucháis mucha música de otras décadas a través de reediciones y recopilaciones –no hay más que ver el elevado número de reediciones y recopilatorios, incluso sellos dedicados al pasado musical, que nos han alegrado esta década; Souljazz, Strut, Sublime Frequencies…- y creo que a los que escuchamos estos discos también nos gustaría leer sobre ellos.

    Eso sí, que conste en acta que todo lo que digo por aquí no es como creo que debería ser la crítica musical, sino como me gustaría que fuese teniendo en cuenta los cambios drásticos en la manera en que nos llega la música.

    Tengo más que decir, pero hoy no me da tiempo para más. Continuad vosotros, o yo mismo seguiré tirando del hilo mañana o el lunes.

  11. […] que aún salen en formato papel? ¿Cómo pueden sobreponerse a Internet y la inmediatez que ofrece? La Increíble Verdad abre el […]

  12. Adrian Vogel said, on mayo 18, 2009 at 1:25 pm

    Chapeau Gafapasta!

  13. JxSx said, on mayo 18, 2009 at 8:01 pm

    Es cierto como se extraña la vieja Revision de la RDL!!!

  14. Jooklo said, on agosto 15, 2009 at 11:04 pm

    Desde las propias tiendas de discos también se hace crítica musical.

    http://www.volcanictongue.com/tips

    http://www.weirdorecords.com/cpCommerce/category.php?id_category=159

  15. […] que aún salen en formato papel? ¿Cómo pueden sobreponerse a Internet y la inmediatez que ofrece? La Increíble Verdad abre el […]


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