Redux

Monkey “Journey to the West”

Posted in pop by Iván Conte on octubre 16, 2008

He tardado en acercarme a este disco porque la colaboración de Monkey (Damon Albarn y Jamie Hewlett, es decir; Gorillaz) para las Olimpiadas de China y la naturaleza de encargo institucional de componer la música de la ópera basada en el clásico chino Viaje al oeste, hicieron surgir en mí las reticencias hacia un proyecto que bien podría no ser más que propaganda de unas idílicas pero falsas relaciones culturales entre Occidente y China. Y bueno, es cierto que todo aquí suena bonito e idílico, y como no me he leído la obra en la que se basa la ópera –más por su precio que por su volumen, todo sea dicho… ¡50 euros que pide Siruela por un ejemplar!- pues tampoco puedo decir si han dejado escapar una oportunidad de colar elementos que resonasen en el complejo proceso de transformación en el que se encuentra sumido el país asiático.

Por tanto, el jolgorio optimista de este disco, si ha de ser entendido como la visión oficial que desde Inglaterra se tiene de China en estos momentos, puede y debe ser criticado por negar la realidad de un país que avanza sobre complejas contradicciones. Pero ocurre que este disco es totalmente coherente con el discurso de Damon Albarn en sus otras aventuras paralelas a Blur. Tanto Gorillaz como The Good, The Bad & The Queen partían de dos premisas básicas; el carácter colaborativo de los proyectos, aunque la figura principal seguí siendo Albarn, y el diálogo con otras culturas. David Stubbs dice en su crítica de este disco en el número de Octubre de la Wire que Gorillaz es uno de los pocos grupos de pop de los últimos años de los que merece la pena hablar. No estoy de acuerdo en que sea uno de los pocos grupos de pop de los que merece la pena hablar, pero sí que estoy de acuerdo en que Gorillaz fue un proyecto muy valioso, porque le sirvió a Albarn para eludir esa fama que aparentemente tanto le incomoda y que se había traducido en Blur en unos discos ariscos pero francamente aburridos. En cambio, lo de Gorillaz era otra cosa. El hecho de que la imagen del grupo fuese un grupo de personajes animados era un inteligente juego, irónico y genuinamente postmoderno, que ponía al descubierto los mecanismos a través de los cuales el público se construye la imagen y personalidad de un grupo es filtrada a través de los medios de comunicación, una imagen altamente maleable y artificial. Esta idea en realidad no es nueva, en absoluto, pero sí que estuvo articulada de un modo bastante ingenioso, ¿recordáis que se editó hasta un dvd en directo de la “banda”? Lo mejor es que con Gorillaz, en vez de criticar esa estrategia, que sería lo fácil, se propusieron hacer algo realmente original; crear el definitivo grupo pop de laboratorio.

Gorillaz tomaba elementos sonoros de música como el hip hop, mientras que The Good, The Bad & The Queen exploraba las posibilidades del Afro-pop (vía Tony Allen, el batería de Fela Kuti) y el dub (vía Paul Simonon, bajista de The Clash). Este proyecto estaba más apegado a la realidad, aunque no dejaba de ser una estilización de un Londres contemporáneo ahogado por el fin de su época gloriosa. Y ahora, con Monkey se fija en músicas tradicionales chinas. Es como si Albarn fuese añadiendo elementos a su nueva personalidad sonora, elementos que resitúa en un contexto pop o que deforma hasta convertirlos en fuente de inspiración para sus imaginativas fantasías que abren nuevas posibilidades al pop. La coherencia de todos estos proyectos queda demostrada cuando al ver que temas de Monkey como “The Living Sea” o “I Love Buddha” habrían encajado a la perfección en el disco de The Good, The Bad & The Queen y supongo que es una obviedad decir que muchos otros momentos podrían haber estado en un hipotético tercer disco de Gorillaz.

Los elementos musicales chinos son integrados en breves pasajes instrumentales que, desligados de su función de acompañamiento de una acción determinada en ocasiones recuerdan a los experimentos del BBC Radiophonic Workshop. Es, precisamente, la electrónica el principal elemento que articula lo fantástico, la extrañeza (y, en el fondo, la otredad) representada por los monstruos que acechan al protagonista del libro que se está adaptando. En otras ocasiones Albarn y Hewlett consiguen piezas de pop redondas como “Heavenly Peach Banquet”, que parece escrita para Kate Bush. Por tanto, su acercamiento a la música china es respetuoso, mesurado y muy consciente del lugar desde el que ha sido producido. No es un ejemplo de una vieja gloria intentado revitalizar su carrera o de una celebración del pasado colonial británico, sino de un dúo de desbordante creatividad dialogando con una tradición cultural ajena. Por tanto, una vez más, tenemos entre manos un proyecto de Damon Albarn del que podría hablar durante horas. Que le dura la racha.

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Se ha muerto Alton Ellis

Posted in reggae, rocksteady by Iván Conte on octubre 14, 2008

Su interpretación del “I’m Still In Love With You” es uno de los momentos más hermosos en la historia del reggae.

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Entrevista a The Bug

Posted in dancehall, entrevistas, reggae, revistas by Iván Conte on octubre 14, 2008

En el número de octubre de la revista Go, y también en la página web de la revista.

Y este es el videoclip que han hecho de la canción “Skeng”.

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“Hay europeos que tienen todas las reediciones de Fela Kuti pero no te podrían decir ni un solo nombre de una banda nigeriana actual”

Posted in críticas publicadas, entrevistas, música africana, pop, pop africano, revistas, Uncategorized by Iván Conte on octubre 9, 2008

A continuación podéis leer las respuestas integras que me dieron Jace Clayton, Quinton Scott y Luis Lles durante el pasado verano con motivo del artículo sobre música africana publicado en el número de septiembre de la revista Go. Creo que dan una buena idea de la inmensa riqueza e importancia de estas músicas, así como de los múltiples debates que están siempre presentes en el modo en que estas músicas nos llegan o en el modo en que son percibidas desde Occidente.

Jace Clayton (DJ/rupture)

¿Qué importancia crees que tiene Internet en el creciente interés por las músicas africanas?
Es una pregunta difícil, pero Internet está ayudando a generar interés en todo tipo de músicas ¡no sólo africanas! Pero sí, por supuesto, para mucha gente es complicado escuchar o aprender acerca de las músicas africanas, de modo que los blogs musicales y las páginas web sí que ayudan a hacerlas mucho más accesibles.

¿Qué opinión tienes acerca de la presencia creciente de críticas de recopilaciones de música africana en revistas como Pitchfork?
Es un mero reflejo del hecho de que se están editando más recopilaciones africanas, en vez de tratarse de un interés repentino de Pitchfork por la cultura africana. A Pitchfork no le importa la música africana “contemporánea”, ellos solamente quieren saber acerca de bandas de rock africanas distantes en el tiempo y el espacio.

¿Qué piensas acerca de bandas de indie-pop como Vampire Weekend, que buscan inspiración en músicas africanas?
No me importan de ninguna manera… No creo que ayude a que se pague a los músicos africanos, y no creo que Vampire Weekend hagan “mejor” música por canalizar la negritud.  Por otra parte, pienso que es fantástico que bandas como The Ex hagan colaboraciones duraderas con músicos africanos, en las que el poder, el dinero y la información están compartidos de manera equitativa. Eso es inspirador.

¿Es realmente apropiado hablar de “música nigeriana”, por ejemplo?, ¿Podemos usar ese término para etiquetar una música determinada, o se trata de un término resbaladizo de connotaciones post-coloniales?
Por supuesto, sí que es apropiado hablar de “música nigeriana” – quiero decir; es cierto que los colonos europeos dividieron África y “crearon” un mapa nacional que casi siempre entraba en conflicto con las estructuras étnicas, religiosas o lingüísticas previamente establecidas en esos territorios. Esto es un hecho. Pero aún así, podemos hablar de “Nigeria”.

Pero por supuesto, necesitamos tener en cuenta que la música en África es casi siempre internacional, ¡y en especial todas las reediciones de rock, funk y afrobeat! De modo que la etiqueta “música nigeriana” no es más que un término muy vago, eso es todo… tan vago como “música española”, que puede referirse a cualquier cosa desde Las Ketchup a poesía cantada judeo-magrebí o bakalao.

La música góspel es el género más vendido en Ghana, me imagino que también es popular en Nigeria… de modo que lo que llega a los consumidores occidentales tiene poco o nada que ver con lo que es popular en esos países. Hay europeos que tienen todas las reediciones de Fela Kuti pero no te podrían decir ni un solo nombre de una banda nigeriana actual.

¿Qué aspectos de la música nigeriana encuentras más interesantes?
En realidad, no escucho mucha música de Nigeria. El país de África occidental con una historia musical más inspiradora es, en mi opinión, Guinea. Tienen una asombrosa tradición vocal y en los setenta había toda esta música de guitarras que surgió de la trasposición de la música marimba y Kora a las guitarras eléctricas.

Quinton Scott (Strut Records)

¿Qué importancia crees que tiene Internet en el creciente interés por las músicas africanas?
Es verdaderamente importante. Hay tanta información disponible. Blogs como Voodoofunk, webs de coleccionismo como DJ History o Vinyl Vulture así como distribuidores especialistas de vinilo por Internet como Diaspora, definitivamente han propulsado el interés.

¿Qué opinión tienes acerca de la presencia creciente de críticas de recopilaciones de música africana en revistas como Pitchfork?
Es genial para la música. Creo que sellos como Soundway, Strut y Analog Africa siempre intentan llevar la música más allá de los círculos de la world music. Por fortuna, en Pitchfork tienen a gente en sus filas como Joe Tangari, quien escribe críticas de estas músicas y entiende el amplio atractivo que tienen para los fans del rock mainstream. Y además tiene el conocimiento para escribir críticas con autoridad.

¿Qué piensas acerca de bandas de indie-pop como Vampire Weekend, que buscan inspiración en músicas africanas?
Personalmente me encanta. Durante años ha habido muchas bandas basadas en el modelo de Fela Kuti, tocando Afrobeat de una manera muy ortodoxa. Lo bueno es que ahora las influencias no se toman solamente de manera literal, sino que están modeladas por una desprejuiciada actitud a la hora de fusionar estilos. El tema “Cape Cod Kwassa Kwassa” de Vampire Weekend es genial, muy divertido.

¿Planeáis recopilar y editar más cds centrados en músicas africanas?
Sí, por supuesto. Con el Mercado tal y como está, no tenemos el mismo lujo de poder explorar proyectos que se centren en un solo artista como hicimos en años anteriores, pero por supuesto que seguiremos rebuscando en los archivos cada vez que podamos.

¿Crees que el recopilatorio Nigeria 70, publicado este año, está recibiendo más atención que el primer volumen , publicado en el 2001? ¿Cómo de importante crees que fue esa primera recopilación?
El primer recopilatorio tuvo mucha cobertura y consiguió llevar la música a un público más joven. El nuevo Nigeria 70 también está teniendo una gran repercusión, pero también es porque estamos en la cresta de la ola. Pero es necesario poner todo esto en contexto. Sellos como RetroAfric y Popular African Music, y recopilaciones como la excelente Afro Rock de Duncan Brooker en el sello Kona ya estaban mucho antes editando música increíble. Ahora hay más sellos editando material de archivo de buena calidad, con una gran atención al detalle.

¿Ves alguna similitud o diferencia destacable entre el actual interés por las músicas africanas y el interés que hubo en los ochenta? ¿Hay implicaciones políticas relevantes detrás de este tipo de interés?
Buena pregunta. En mi opinión, los éxitos mainstream de la world music en los ochenta tuvieron consecuencias encontradas. Los sellos y los directos despertaron la conciencia acerca de la música africana y artistas específicos, pero las presentaron con producciones demasiado suaves y arreglos para atraer a un público occidental. A pesar de que ese lado más pulido de estas músicas sigue vigente en las salas de conciertos más grandes y en los festivales, el mercado es afortunadamente más amplio ahora, y es genial ver que, más allá de las reediciones, bandas que no hacen concesiones como Konono Nº1 y Tinariwen son reconocidas.

A raíz de la música, creo que ha habido un interés en el contexto politico y cultural de los artistas africanos y sus países, pero en un sentido exclusivamente académico. En un nivel más profundo, no creo que las actitudes hacia África hayan cambiado de una manera significativa desde los días de la independencia, tristemente. Si somos honestos, todavía hay una veta colonialista-paternalista en la manera en que el continente es percibido por Occidente.

Luis Lles

¿Qué músicas africanas escuchas últimamente?  ¿Podrías recomendar algún disco en particular?
Para empezar, he de decir que me molesta un poco (no demasiado, pero sí un poco) que se pretenda convertir la música africana en algo cool, en primer lugar porque ya es cool de por sí (no hace falta que venga la gente del pop a descubrir su coolness), y en segundo lugar porque al fin y al cabo no es más que otra demostración del eurocentrismo cegato que ve lo africano como algo exótico y que cree que todo empieza y termina en la cultura pop occidental. Dicho esto, mi amor por la música africana, aunque ya conocía de antes nombres como Fela Kuti, Osibisa o Miriam Makeba, procede de principios de los años 80 con la eclosión de lo que en Francia se llamó sono mondiale, un término mucho más acertado y menos imperialista que el de world music. Fue la época de Ray Lema, Salif Keita, Toure Kunda, Youssou N´Dour, Manu Dibango y tantos otros que contribuyeron a acercar los ritmos africanos a una cierta sonoridad internacional contemporánea, que dio y sigue dando magníficos discos: no hay que perderse Medecine de Ray Lema, Soro de Salif Keita, Black President de Fela Kuti, Apartheid is Nazism de Alpha Blondy y cualquier cosa de Youssou N´Dour.

También hay que destacar a todos los trovadores de la música africana más relajada y hermosa: Ayub Ogada, Daby Touré, Habib Koité, Waldemar Bastos o Bidinte. O los discos del caboverdiano Teofilo Chantre.  Mucho antes de que estallara toda la fiebre Ethiopiques, se editó Ere Mela Mela, disco cumbre del etíope Mahmoud Ahmed, absolutamente fascinante, como también lo es toda la serie Taarab de música de Tanzania.

En cuanto a discos de música africana más o menos reciente plenamente recomendables, yo señalaría los de Konono nº 1, los de Issa Bagayogo (puro afroelectro sin complejos), los de los tuaregs Toumast y Tinariwen, los discos de kuduro que edita Frédéric Galliano en su sello Frikyiwa, el de Bassekou Kouyaté (Segu Blue),el de Colombiafrica (una fusión de música africana y champeta colombiana), los de Kékélé (una delicia de soukous moderno) o el primer disco de Tumi and the Volume, grupo de hip hop sudafricano buenísimo, con toques de jazz y post-rock. Además, claro está, de clásicos como Orchestre Baobab, Cesaria Evora, Amadou et Mariam, Tony Allen, Ali Farka Toure y tantos otros. El catálogo es inagotable, y yo nunca he dejado de prestarle atención a esta excitante parcela de la música.

¿A qué crees que se debe el interés que hay ahora mismo por la música africana, evidente en el éxito de recopilaciones como Ethiopiques y bandas como Vampire Weekend? ¿Ves algún paralelismo con la relevancia que tuvieron en los ochenta en artistas mainstream como Paul Simon o Peter Gabriel?
No, no creo que haya un paralelismo con lo que sucedió en los ochenta con Peter Gabriel y Paul Simon, porque entonces se percibía la música africana como un caudal sonoro real, capaz de interferir en el curso del pop occidental. Casi se creía en la posibilidad de que Youssou N´Dour pudiera competir en igualdad de condiciones con Madonna y Michael Jackson. Eso habría sido lo realmente positivo, y no haber conducido la música africana a ese reducto que es la world music, que en realidad es algo muy imperialista porque conmina a sus artistas a un gueto “buenrollista” y a un purismo absurdo que no se le exige a los artistas occidentales. Particularmente, me gustan mucho tanto El Guincho (que ha creado un concepto mabsolutamente original) como Vampire Weekend (que son  como la versión moderna y revival de los Talking Heads de su última época) y valoro positivamente el esfuerzo que está haciendo Damon Albarn por dar a conocer esta música, pero, en general, creo que en la actualidad la influencia africana no va mucho más allá de un cierto toque cool que queda muy bien, pero que en realidad responde a la enorme crisis de ideas que asola el mundo del pop y del rock. Creo que no es el soplo de aire fresco y de renovación que supuso en los ochenta, sino más bien un intento desesperado por no repetirse hasta el infinito, por encontrar salidas al pop. En cuanto al éxito de Ethiopiques, una serie sensacional, pienso que es una mezcla de esnobismo y de esos milagros que ocurren de vez en cuando en los que el público descubre, aunque sea tarde y mal, algo tan luminoso y fascinante como es esa música. Lamentablemente, aunque quizá peco de pesimismo, dudo que sirva para abrir los oídos de la gente y para que se pongan a descubrir otros tesoros insólitos de la música africana o, en otro orden de cosas, a artistas tan geniales como los caribeños Aurelio Martínez o el fallecido Andy Palacio.

¿Te parece que está muy presente este renovado interés en España? Hablo tanto a nivel de calle, presencia de material en tiendas de discos, conciertos, interés de grupos como Nisei, El Guincho, etc?
En España hay poca melomanía, así que no veo que esté muy presente  todo este fenómeno a nivel de calle. Artistas españoles que han introducido guiños africanos en su música ha habido siempre: Mestizos, Coyotes, Las Manos, Especialistas, 21 Japonesas, Mastretta y muchos otros. Pero en la actualidad, aparte de El Guincho, Gecko Turner y alguno de los proyectos de P3z, no se nota demasiado esa influencia en los grupos españoles, aunque hay una buena peña de adictos al afrobeat.

Y en cuanto a tiendas, siempre ha habido tiendas bien surtidas en material sonoro africano, aunque ahora que ya remitió la edad de oro, la verdad es que escasea bastante. Y conciertos, afortunadamente, nunca han faltado gracias a festivales como Pirineos Sur, La Mar de Músicas o Etnosur. Otra cosa es que ahora los festivales de pop quisieran incorporar la música africana a sus carteles, de igual forma que lo han hecho con el techno o el hip hop. Pero creo que eso es más difícil que se llegue a dar, porque, lamentablemente, me temo que esta nueva aproximación del pop a la música africana es algo pasajero.

El futuro, sugerido por el BBC Radiophonic Workshop

Posted in electrónica by Iván Conte on octubre 8, 2008

La recuperación y canonización de obras producidas en el seno del BBC Radiophonic Workshop rivaliza desde hace unos cuantos meses en buena salud e interés con las de pop africano. Dos artículos imprescindibles para orientarse son este de Simon Reynolds, que es una versión mucho más larga de un artículo publicado no hace mucho por The Guardian, y este de Martin Clark en Fact. Precisamente el de Martin Clark tiene una frase que me viene muy bien para volver sobre aquello que decía hace unos días con motivo de la entrevista a Bob Stanley sobre el poder de la música para proyectar visiones del futuro:

If you want to grasp what postmodernity is, compare the original recording of the Dr Who theme with the current version. Nearly fifty years after the theme first appeared, the original still sounds futuristic: chilly yet exhilarating, it resembles Acid House beamed back in time into the living rooms of the early 1960s. The new version, complete with soaring strings, seems older, more conservative, more recognisably ‘musical’. What you can hear in this melancholy comparison is the retreat of modernism from British everyday life, the decline of a popular avant-garde.

A Guy Called Gerald “Black Secret Technology”

Posted in críticas publicadas, hardcore continuum, jungle, minimalismo, revistas by Iván Conte on octubre 8, 2008

En el número de octubre del Rockdelux podéis leer mi crítica a la reedición del A Black Secret Technology.

También aparecen sendos artículos sobre JG Ballard y John Cage, el primero escrito por Quim Casas, el segundo por Roc Jimenez. Perfectos para que los no iniciados encuentren montones de motivos para leer a uno y escuchar al otro. También aparece la segunda parte del informe sobre el nuevo indie nacional.

El nuevo disco de Coconot

Posted in pop, pop africano, psicodelia, punk tropical by Iván Conte on octubre 8, 2008

Como hoy me toca entrevistar a Coconot, ya he podido escuchar al completo su nuevo disco. Ya escribiré con más detalle cuando se acerque su fecha de edición, pero no me resistía a adelantar que no solo es el mejor disco nacional del año, sino simplemente uno de los mejores que he escuchado este año. Y la portada es preciosa.

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Common feat. Pharrell “Universal Mind Control”

Posted in hip hop by Iván Conte on octubre 7, 2008

Hey, si todo el nuevo disco de Common va a ser como este primer single, ¡yo hago el pre-order ya mismo!

Electro afrofuturismo detroitiano. Tremendo.

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UK funky house

Posted in Uncategorized by Iván Conte on octubre 6, 2008

Es posible que en Londres esté despegando esto del UK funky house, al menos hay gente que está muy excitada con el asunto. Una excitación que para algunos es similar a la del dubstep cuando empezó, o incluso similar a la de los tiempos en que desde el 2step se adivinaba el grime. Este verano se ha confirmado el atractivo de esta música, la gente parece que ha venido de Ayia Napa convencida, y las radios piratas también están tomando buena nota de ello.

El bassline que vino del norte ha sido un ingrediente de no poca importancia en la eclosión del funky house londinense, como también lo ha sido la sensación de que el dubstep se había convertido en una cosa demasiado estirada, previsible, aburrida, masculina en los últimos meses. Así que Simon Reynolds seguro que tenía razón, una vez más, cuando decía aquello de que las músicas del hardcore continuum oscilan entre el placer y la innovación, el sexo y el ascetismo, la utopía y la distopia, la luz y la oscuridad, la aparente sencillez y la publicitada complejidad, la seguridad y el peligro, las voces femeninas y… bueno, la ausencia de voces femeninas o la presencia de voces masculinas cuanto más ásperas mejor, como en el ragga jungle o el grime. Y tenía también razón con eso de que el jungle, el 2step o el grime son más interesantes cuando están en un area intermedia entre ambos extremos, porque cuando se alcanzan los mismos la cosa pierde interés, se vuelve acartonada y formulaica que es lo que ha ocurrido en los últimos meses con el dubstep, o lo que ocurrió con el jungle cuando se convirtió en drum’n’bass y absorbió esa idea de que podía ser una música “respetable”, absorbiendo ideas del jazz más aburguesado y aburrido, sobre todo tras el New Forms de Roni Size / Reprazent.

El hardcore continuum no es, conviene tenerlo en cuenta, una narración causa-efecto; es algo mucho más fluído. Es algo similar a lo que decía Roland Barthes de las evoluciones en la longitud de una falda. Barthes decía que una minifalda no es simplemente una falda muy corta sino “la más corta posible con relación al ciclo completo”. De este modo, las voces femeninas, la primacia del DJ y del ritmo en el funky house lo son en relación al ciclo completo del harcore continuum en el cual se dan por sentados otros momentos anteriores (dancehall, grime) o posteriores en los que estos elementos darán paso a su elemento “opuesto” o estarán más o menos presentes. Esta evolución discontinua e imprevisible es uno de los factores más importantes a la hora de explicar que cada pocos años se produzca una reconfiguración de los elementos que, con suerte, dará con algo nuevo, como parece que está ocurriendo ahora mismo con el funky house.

En el blog de Prancehall se da en el clavo con esta comparación que expresa muy bien lo excitante de este momento:

Supongo que el bleep era el house estadounidense desfigurado por (entre otras coss) hip-hop y reggae, y el funky es el house estadounidense desfigurado por (entre otras cosas) grime, broken beats y dancehall.

Al leer esa entrada en el blog de Prancehall me acordé del disco Frequencies de LFO, un buen ejemplo de cómo el bleep desfiguraba el house con hip-hop, electro y demás. Ese disco es un hito indiscutible en la historia de la música electrónica. En el caso del Funky House, es imposible de momento saber si esconde nuevas vías a explorar en el futuro, pero la reconfiguración de aspectos del pasado  es excitante e imprevisible, y aunque de momento no he escuchado nada que lo convierta en algo realmente grande, al menos no están cayendo en un aburrido reciclaje sonoro. La propia idea de desfiguración mencionada por Prancehall impide que esto sea más de lo mismo, y lo verdaderamente atractivo del asunto es que esto todavía no ha tomado una forma definitiva. Ni siquiera hay consenso en el nombre, algo habitual en este tipo de escenas.

En cualquier caso, como digo, las piezas del juego están desordenándose de nuevo, y yo creo que todavía no se sabe muy bien qué es lo que saldrá de aquí, aunque parece que ya está claro que el ritmo pasa a primer plano, e incluso se recurre a percusiones analógicas… lo que quiere decir; montones de bongos, rastros caribeños, africanos y suramericanos y un interesante factor dancehall que a muchos les hace preguntarse cuánto tiempo falta para que se desarrolle una variedad ragga del funky house. Eso sí, lo de los bongos y las percusiones analógicas parece que le tira para atrás a Simon Reynolds, a pesar de que “Bongo Jam”, de Crazy Cousinz -uno de los nombres a tener en cuenta- ha sido uno de los grandes éxitos del verano, y a pesar de que este tema recuerde poderosamente, como he leído en algún sitio que no recuerdo, a los experimentos con percusiones tribales de recientes singles de Villalobos, así que añadid el minimal a la lista de rastros sonoros susceptibles de ser rastreados en el UK funky house. Eso sí, lo de incorporar ideas del minimal techno al hardcore continuum no es algo nuevo sitenemos en cuenta las colaboraciones entre Villalobos y Shackleton.

Algunos de los nombres ilustres que están abanderando este paso del grime / dubstep al funky house son el blogger Martin Clark, Geeneus y Kode9. El primero ha escrito hace unos días una estupenda entrada sobre el tema en su blog, tras cuya lectura a uno le quedan claras unas cuantas cosas, como que aparte de los ritmos el funky house se caracteriza por la preeminencia del DJ frente al MC -de nuevo, la cosa podría cambiar en el futuro dependiendo de las ganas que tengan los MCs de grime o ragga de meterse en esto, ya veremos, pero esta claro que es esa sensación de posibilidad lo que garantiza el interés a corto plazo en el UK Funky House- y la necesidad de recuperar las ganas de bailar y el público femeninos, perdidos tanto con el grime como con el dubstep. Nada que objetar por mi parte, siempre me han gustado las vocalistas femeninas en el hardcore continuum, a pesar de que a Prancehall le resulten un pobre remedo de las divas house estadounidenses. Personalmente, me encanta la falta de perfección de estas desconocidas voces femeninas, me emocionan más, me resultan más humanas, quizás porque tiendo a reaccionar en contra de las voces técnicamente demasiado perfectas, me gustan las imperfectas o las que están tan filtradas que no parecen humanas.

Simplemente, no me canso de escuchar este “Do You Mind”, me encanta ese ambiente fresco y cálido a la vez, melancólico, soñador e íntimo que le dan la voz y el piano.Esto me recuerda una barbaridad a los grandes himnos del 2step, pero con el ritmo mirando hacia el house y el dubstep / reggaeton. Es, sin ninguna duda, uno de los temas a destacar al terminar el año. La producción es, de nuevo, responsabilidad de Crazy Cousinz.

Otros nombres a seguir son los de Donaeo o Marcus Nasty, este último quizás más que ningún otro está concentrando muchas expectativas. A él se le puede escuchar todos los miércoles en Rinse FM de 7 a 9 (horario británico).  El siguiente link es del programa de radio de Marcus Nasty en Rinse FM, y esta sesión en particular ha sido celebrada por muchos como uno de esos hitos que multiplican -via Internet, sobre todo- el público potencial:

Marcus Nasty & Mac10 (RinseFM set)

Rinse FM, precisamente, está precisamente detrás de las fiestas que podrían dar una limitada pero eficaz proyección mediática al asunto, ahí va el flyer de la primera:

Y Donaeo es el responsable de otro de los temas más potentes del año; bajos metálicos y percusiones a borbotones que apuntan hacia el elemento africano en esta escena:

La gran cuestión de fondo, que es si el UK funky house crecerá hasta convertirse en un tipo de música que nos de momentos excelentes y que influya en cosas que vengan después, no se podrá saber hasta que pase un tiempo. Pero el bassline, por ejemplo, ya se puede legitimar por canciones como el “Heartbroken” de T2, que supuso el punto álgido en su popularidad, y, de hecho, por haber sido uno de los causantes de este renacido interés por las ganas de bailar en Londres. Y yo creo que canciones como las que se pueden escuchar en esta entrada dan sobradas muestras de que esto merece la pena.

Pero es evidente que no todo es idílico. Simon Reynolds, como ya he señalado y linkado convenientemente en un parrafo anterior, es una de las voces más críticas, y señala, por ejemplo, que la estética melting pot que caracteriza en estos momentos al UK funky house hace que sea una música demasiado dispersa en intenciones y personalidad. Otra línea crítica apunta al hecho de que esta idea del funky house ya lleva años desarrollándose en otros países europeos, y que por tanto es un poco extraño el revuelo que ha causado al llegar a las calles de Londres. Por cierto, de ahí que yo lo denomine Uk funky house, aunque quizás sería más adecuado denominarlo London Funky House. En cualquier caso, ya he renovado mi interés por rebuscar en foros, mixtapes, sesiones de radios pirata.

El pop “futurista”

Posted in Uncategorized by Iván Conte on octubre 2, 2008

Bob Stanley habla sobre las cosas (discos, pelis, libros, etc) que más le han gustado en los últimos meses y, curiosamente, escoje el “Paris is Burning” de Ladyhawke, el disco de Sebastien Tellier, y el single “Electric Feel” de MGMT. Coincido en destacar a estos tres nombres entre lo medianamente interesante de los últimos meses, y de hecho es más que probable que los tres aparezcan en alguna de mis listas de lo mejor del año, si las hago. Pero me pasa lo mismo que a él;

Creo que este es un buen momento para el pop electrónico. El único problema, y creo que ha sido mi problema con el pop electrónico desde hace unos años ya, es que no es realmente, genuinamente nuevo. Es muy difícil imaginar cómo sonaría la música en el futuro. Quizás es simplemente que ya tengo una edad, pero siempre das por sentado que la música va a avanzar hacia adelante y que va a sonar “futurista” en el futuro.

Esto de hacerse mayor y sentirse cada vez menos inspirado por las novedades, que cada vez nos parecen menos “innovadoras”, es algo de lo que también habla Derek Walmsley en su editorial para el número de octubre de la revista Wire. Este editorial me ha gustado mucho porque Derek Walmsley explica que es natural que

según absorbes más y más datos al envejecer, es menos probable encontrarse con música que logre dinamitar esas experiencias acumuladas con el tiempo.

Para Walmsley, esto no significa que las “epifanias musicales” dejen de ocurrir, sino que ocurren con menos frecuencia y, de hecho, al final resultan ser más significativas porque se basan en desmontar ideas preconcebidas, asumidas como naturales, sobre la música.

Lo que más me gusta del editorial de Walmsley es que es una llamada a perseverar, a no dejarse vencer por la sensación de que todo ha sido ya dicho antes y mejor. Si uno tiene una intención aventurera a la hora de escuchar música, quizás simplemente solo sea una cuestión de esforzarse un poco más, o de replantearse los límites de nuestro criterio musical. En este sentido, plantearse qué es lo que hace que el pop siga siendo una palabra malsonante me parece un muy buen punto de partida, un hilo del que podría tirar o no, ya veremos.

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