Redux

The Monochrome Set – “Volume, Contrast, Brilliance” (la cara B)

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 23, 2008

Algo que no mencioné al hablar de la cara A de este vinilo es que The Monochrome Set se caracterizan por una formación cambiante en torno a los guitarristas Bid y Lester Square. El primero de origen hindú y el segundo canadiense. Algo que han cuidado siempre ha sido la sección rítmica, ya sea con Jeremy Harrington (bajo) y J. D. Haney (batería), en los inicios, o con Andrew Warren (bajo) a partir de 1980 y Lexington Crane (batería), a partir de 1981 hay que reconocer que la solidez rítmica es una constante, de tal modo que las distintas combinaciones no se hacen notar y, de hecho ese es uno de los aspectos que hacen este disco tan disfrutable a pesar de ser una recopilación de singles y grabaciones en emisoras de radio. Al fin y al cabo, se puede escuchar como un disco más de la banda, pues a pesar de que les muestra probando territorios diferentes, la visión de conjunto que ofrece es lo suficientemente coherente y, sobre todo, consistente, como para aplaudir con entusiasmo la edición –a precio medio- de este vinilo por parte de Cherry Red.
Una vez despachada la impresionante e imprescindible cara A, en la que se suceden sin respiro siete grandes canciones de la banda, hay que decir que la cara B no es tan contundente aunque tampoco se queda muy lejos en cuanto a pegada. No hay esa sobreabundancia de hallazgos melódicos y rítmicos, esa fluidez de paisajes sonoros que servían de escenario ideal a las letras de las canciones de la primera cara. Pero es que el inicio de este disco es absolutamente triunfal, y conseguir que le des la vuelta al vinilo y que la escucha de la cara B no decaiga ya es todo un triunfo.
Y no, insisto, no solo no decae sino que aquí todavía hay bastantes hilos en los que enzarzarse. En primer lugar se trata de canciones con un sonido algo más oscuro, y de hecho las letras ofrecen una visión de la humanidad más lóbrega. Hay varias canciones escritas desde el punto de vista de un personaje desagradable: “Fun for All the Family”, en la que la primera persona de la narración es ni más ni menos que un miembro de la familia real española quejándose a Goya por retratarles demasiado verazmente. Por otra parte, en “Ici Les Enfants” se nos cuenta el apasionado amor de un hombre de mediana edad por un muchacho de 12 años. Estoy seguro de que a más de uno se habrá quedado helado al leer las letras de estas canciones, aunque son totalmente coherentes con el catálogo de cretinos retratados a lo largo de sus primeros discos (es decir; pederastas, dictadores, las clases altas, miembros de la familia real), personajes que tienen en común poseer el poder sobre otro individuo o conjunto de individuos, algo que añade mucha grandeza a estas canciones. Muchas de las canciones aquí recogidas parecen apuntar a una crítica de la hegemonía, aunque es difícil determinar dónde está el límite entre la broma y la crítica, si lo hay, aunque este es un aspecto que hace que la banda sea más atractiva, al evitar la obviedad en sus canciones. Antonio Gramsci describió con detalle cómo la hegemonía es una de las más importantes características de las relaciones humanas en el siglo XX, relación que se hizo más insoportable cuanto más se afianzaba el capitalismo a lomos de la expansión colonial de los países europeos. Si menciono todo esto es porque Bid, recordemos, es de origen indio, y aunque no se trate de un grupo que persiguiese la influencia hindú -¿temporalmente quemada en la época del post-punk tras el abuso que se hizo en los sesenta de su simbología en occidente?- es relevante tener en cuenta su feroz crítica a este tipo de relaciones que Margaret Thatcher convertiría en la filosofía oficial del Reino Unido durante su mandato. A pesar de que las canciones de The Monochrome Set parecen referirse a una época pasada, si se leen las letras de las canciones incluidas en este disco de un tirón se puede obtener un retrato de cierta complejidad acerca de las relaciones de poder en las sociedades capitalistas occidentales de los setenta y ochenta. No he encontrado muchas entrevistas con la banda por ninguna parte –lo que demuestra lo infravalorados que están- y no he podido comprobar hasta qué punto apoyaban ideas marxistas como otros compañeros de generación. Es probable que incluso respondiesen a preguntas directas sobre el tema con alguna broma, pues sus entrevistas solían ser una auténtica locura. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que dichas ideas tenían una circulación muy amplia entre las bandas del post-punk.


En cuanto a las canciones, abre la cara “He’s Frank”, una de sus singles del 79, en el que subrayan con un marcador negro su filia por la Velvet Underground. De hecho, la voz de Bid, que siempre se caracterizó por un tonillo entre caradura e interesante, suena aquí en ocasiones muy similar a la de Lou Reed. Es, por lo demás, una de esas canciones con las que a uno le apetece bailar, bailar y golpetear con los pies y las manos, de modo que, sí, es un buen inicio de cara. De hecho, es de mis favoritas del álbum, y eso que la reciente revisión que ha hecho Norman Cook con Iggy Pop como estrella invitada es bastante apagada y, curiosamente, no me invita ni a bailar ni a golpetear ni nada. El buen humor continúa con la frenética batería que va pavimentando el camino de los demás instrumentos en “Fun for All the Family” y los chasquidos de dedos que se añaden a la estructura rítmica de “Lester Leaps”. “Ici Les Enfants” evidencia otro de los ingredientes mágicos de la banda; la francofilia, cuyos ecos están presentes en el título pero sobre todo en la interpretación vocal de Bid y en el formato de canción, con la creciente tensión en el estribillo disuelta al final del mismo, y de manera muy efectiva y acertada, en ecos, como si se tratase de una remezcla dub (¿escucharían dub? Pues también es probable). El final de la canción, un recitado sobre un ruidoso fondo de guitarras, es también reseñable como manera de construir una gran canción con sorpresas sonoras en su desarrollo. Desde luego, el componente de originalidad e inventiva en las canciones de The Monochrome Set es más elevado de lo que parece a simple vista, una escucha atenta de cualquiera de estos temas revela pequeños detalles que fortalecen el conjunto. La francofilia vuelve a estar presente en “Alphaville”, “Fat Fun” es una canción que podrían haber firmado los Buzzcocks, en especial ese estribillo minimal, en el que se pronuncian las dos palabras del título a toda pastilla, y con su letra filogay (rama bear) retoman su vena provocativa.


Volume, Contrast, Brilliance
es, desde luego un disco que hay que tener, a ser posible en vinilo, porque te da las claves necesarias para escuchar y disfrutar a una banda que sonaba totalmente engrasada y cohesionada, con una fortísima, desconcertante, provocadora y divertida personalidad que se materializó en varios puñados de grandes canciones. Es totalmente incomprensible que el revival post-punk haya pasado de puntillas por ellos.

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Una respuesta

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  1. Héctor said, on julio 24, 2008 at 11:51 am

    Totalmente de acuerdo en que la versión de Fat Boy Slim e Iggy Pop suena apagada y sin mordiente ninguna.


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