Redux

The Bug “London Zoo”

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 29, 2008

Kevin Martin estaba condenado a hacer un disco tan bueno como London Zoo, y de hecho una de las alegrías de este 2008 es que por fin lo ha conseguido. Con Techno Animal, grupo en el que estuvo implicado junto a Justin Broadrick en los noventa, ya exploró a fondo su obsesión por las frecuencias agresivamente graves en discos estupendos y todavía hoy reivindicables como Re-entry o The Brotherhood of the Bomb. Alrededor de la fecha de edición de Re-entry, editado de manera sorprendente por Virgin, dado su contenido “difícil” para una multinacional, Martin se encargó de recopilaciones muy celebradas como Macro Dub Infection o Isolationism. Si os encontráis con una copia por ahí, no dudéis en comprarla, pues no son excesivamente fáciles de encontrar y contienen más de una sorpresa y, lo que es más importante en recopilaciones que, como estas, tratan de ofrecer una visión general de grupos y proyectos con intereses estéticos comunes; todavía transmiten la sensación de que algo excitante está pasando ante nuestros oídos. Habiendo hecho todo esto, cuesta creer que Kevin Martin todavía no había dado lo mejor de sí mismo, pero eso es precisamente lo que ha demostrado con su nuevo disco bajo el nombre de The Bug, proyecto que arrancó tras la disolución de Techno Animal.

Siempre atento a cómo las bandas inglesas trabajan con la herencia jamaicana del dub, no es de extrañar que se enganchase al dubstep y que durante el pasado año publicase tres singles muy celebrados por los seguidores del sonido asociado con el sur de Londres. Estoy hablando de “Poison Dart”, “Jah War” y “Skeng”, los tres incluidos en London Zoo, y que en su momento sirvieron para suponer que el nuevo disco de The Bug, cuyo proceso de creación se alargó durante más de dos años y medio, iba a ser algo muy por encima de la media.

Aunque el dub es el elemento común que conecta casi todos los proyectos en los que Martin ha participado, estos se caracterizan por el cruce constante de géneros musicales. De haber hecho sus discos en la etapa del post-punk, probablemente se habría sentido muy cómodo y sobre todo arropado por otros proyectos similares como The Pop Group. Ahora mismo, la mera existencia de The Bug es un motivo de celebración. London Zoo es un disco en el que las compuertas entre el dubstep, el grime y el dancehall de factura inglesa han caído para buscar un espacio común, o más bien una estrategia común que deje bien a las claras que es en esos contextos en donde hay que buscar la mejor música inglesa del momento.

El objetivo declarado del autor del disco ha sido el de retratar su propia visión de Londres, de modo que estamos ante otro de esos discos que buscan reflejar las tensiones y fricciones que caracterizan a las urbes inglesas contemporáneas, por encima de la aséptica e higiénica visión que ya se está intentando construir de la capital inglesa como sede de los futuros juegos olímpicos, un acontecimiento que ya está provocando una profunda transformación de la capital inglesa que intentará ofrecer una visión armónica y utópica de Londres. Esta es una visión oficial que contrasta claramente con el Londres caótico y distópico, pero con un necesario trasfondo optimista (o de resistencia), mostrado en London Zoo. En cualquier caso, resulta llamativo cómo en Londres se están jugando ahora mismo con distintas maneras enfrentadas de imaginar el futuro de la ciudad. Siempre resulta muy interesante observar cómo una institución, un colectivo o un grupo de gente proyecta en sus predicciones acerca del futuro los conflictos contemporáneos, y el choque entre visiones demuestra que las instituciones oficiales tratan de ignoran las fricciones que son la base de la identidad londinense, e intentan construir un simulacro de realidad que será rubricado a través de su difusión en los medios de comunicación. No es de extrañar, entonces, que la primera canción que aparece en este disco se titule “Angry”, cuya mayor sorpresa hay que encontrarla en el radical cambio de registro del MC invitado, el habitualmente amabilísimo y encantador Tippa Irie, pionero de lo que se conoce como fast chat e integrado en los ochenta en el Saxon soundsystem, que aquí transforma su voz para adecuarla al exabrupto de rabia recogido en una letra que incluye referencias a terroristas suicidas y otros lugares comunes del lúgubre zeitgeist contemporáneo. Musicalmente se trata de un atronador dancehall que establece el oscuro y denso tono que caracteriza al disco, al tiempo que nos advierte de que Kevin Martin está volcando aquí la rabia derivada de su difícil situación personal (según ha declarado en alguna entrevista para promocionar el disco), y las dificultades para tirar adelante de sus colegas en un Londres ya transformado en una megaurbe del siglo XXI. Pero esto no le va a impedir construir temazos con los que mover el bullarengue en la pista de baile, porque es en situaciones así de complicadas cuando hay que reclamar más que nunca la necesidad de diversión.

Obviamente, la rabia se transmite en el disco a través de las letras pero sobre todo a través de la agresividad sonora de las líneas de bajo, de frecuencias abrasivas y abstractas, con ocasionales explosiones de ruido que evidencian el caos sonoro de las ciudades occidentales, entorno geográfico también evocado por la neblina que exhalan temas como “Too Much Pain”. En definitiva, se trata de un acertado intento de reproducir el impacto sonoro que supone asistir a un soundsystem en directo, impacto inevitablemente muy atenuado por la mucho menor potencia de los equipos musicales que solemos tener por casa. Hay que recordar aquí que Kevin Martin contó en un número reciente de la Wire cómo su asistencia al soundsysem de Iration Steppas a finales de los ochenta fue uno de los acontecimientos que le ayudó a dirigir su carrera musical en la dirección adecuada. Simultáneamente, el disco se caracteriza por una atención al detalle que hace que ritmos y bases tengan unas texturas a las que merece la pena prestar atención, es por este motivo que el impacto inicial del disco tarda muchas escuchas en desaparecer, porque durante bastante tiempo es posible descubrir nuevos rincones sonoros altamente satisfactorios. Así, se pueden dar ejemplos como el crepitar de fondo de “You and Me”, la microscópica atención al detalle–a la manera del minimal techno y el microhouse- de “Freak Freak”, el único tema instrumental, o la textura arenosa del ritmo en “Too Much Pain”. Precisamente uno de los puntos fuertes del disco es su capacidad para sonar detallista y expansivo a partes iguales, permitiendo que el disco funcione igual de bien en un club que una habitación.

La mezcla de sonidos característicos del grime, el dancehall y el dubstep es una defensa de las músicas que se desarrollan, multiplican y entrecruzan en el subsuelo cultural de manera viral y por tanto impredecible. En Londres, ahora mismo, son este tipo de discos los que están reflejando una visión más crítica frente a las instituciones, aún a pesar de que no estén tan abiertamente politizados como este. Se trata de discos en los que se trazan mapas sonoros de Londres alternativos a los oficiales, una ciudad que, a juzgar por la predominancia de sonidos de origen afrocaribeño, sigue siendo uno de los centros neurálgicos del atlántico negro.

Las colaboraciones con MCs procedentes de distintos contextos como el grime (Flowdan, del colectivo Roll Deep), del dubstep (Spaceape, colaborador habitual de Kode9), y fuerzas de la naturaleza como Warrior Queen, permite insistir en el aspectos social que toda subcultura debe tener. No sabría decir quién es el que más destaca; el denso patois jamaicano de Flowdan en “Jah War” o “Warning” me suele parecer imbatible pero, claro, también lo es el flow envuelto en ecos de Warrior Queen en “Poison”, o un Spaceape menos narcótico que de costumbre. Todo este ejército de colaboradores han arrimado el hombro para demostrar los vasos comunicantes entre las distintas subculturas musicales que recorren el subsuelo de Londres y que hacen que se fortalezcan mutuamente. Esto es especialmente importante en el caso del grime, cuya histérica vigilancia policial ha hecho que casi no se puedan organizar conciertos de dicho género en la capital inglesa en la actualidad, ni siquiera tras el éxito comercial de Wiley y Dizzee Rascal en la lista de singles británica este año. A ver qué tal ponen el disco en Woofah, el fanzine/magazine que también se está esforzando en hacer piña con el dubstep, el grime y el dancehall inglés. En mi opinión, que supongo que no es dificil imginar después de toda esta chapa que os acabo de meter, se trata del disco más destacable del 2008 hasta el momento.

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Gorillaz y las olimpiadas de China

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 28, 2008

Supongo que a nadie se le escapa que los Juegos Olímpicos se han convertido en una institución que representa todo lo despreciable del capitalismo. No es ninguna sorpresa, siempre lo ha sido, y sus esfuerzos por presentarse como una organización ajena a cuestiones políticas nunca se las ha creído nadie. En cualquier caso, la antipatía hacia este megaespectáculo televisivo -cuya capacidad de entretenimiento no voy a negar- se ha materializado en los intentos de apagar la llama olímpica como protesta por la presencia china en el Tibet, y por las constantes denuncias de que esta edición de los Juegos Olímpicos no deja de ser una oportunidad para atraer a China al capitalismo. Y lo cierto es que tampoco hay que hacer un sesudo estudio para darse cuenta de que muchas multinacionales esperan incrementar su presencia en China tras las olimpiadas.

Tres cuartos de lo mismo pasa en Londres, en donde ya existe una corriente que critica que las olimpiadas del 2012 ya han puesto en marcha un proceso de renovación urbanística con el que se pretende limpiar la imagen de la ciudad, ocultando las fricciones y tensiones que la caracterizan, pero sin ninguna intención de resolverlas.

Por todo esto, es curioso que el animador James Hewlett y Damon Albarn (es decir, Gorillaz) se hayan prestado a participar en la maquinaria que convierte a los juegos olímpicos en un espectáculo televisivo creando un corto de animación de dos minutos para la BBC. Sorprende sobre todo en el caso de Damon Albarn, quien con su proyecto más interesante –The Good, The Bad & The Queen– se había presentado como un agudo observador de la sociedad británica actual, recuperando así el pulso que había perdido tras el Parklife de Blur. Pero eso sí, estas reticencias no me impiden decir que el corto, que es una adaptación de un cuento popular chino, sea una pequeña maravilla, y posiblemente uno de los mayores logros de la pareja Hewlett-Albarn, no solo porque la animación es una monada -perdón por el chiste fácil- y porque condensar en dos minutos una historia requiere una elevada capacidad de síntesis y narración, sino porque es imagen y sonido son aquí complementarios e interdependientes.

Es curioso, también, cómo Damon Albarn se ha convertido en una de las personalidades musicales británicas más interesantes de los últimos años, aunque con desiguales resultados. Por ejemplo, de Gorillaz me gustan mucho dos o tres singles, pero sus discos me parecen bastante flojos. A ver cuál es el siguiente paso de Albarn.

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Por qué vuelve a merecer la pena escuchar a Tricky

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 24, 2008
Uno de los discos que más me han llamado la atención en los últimos días es el Knowle West Boy, el estimable nuevo trabajo de Tricky. Supongo que a todos nos ha sorprendido en mayor o menor medida que haya vuelto a hacer un disco más o menos consistente, y que vuelva a desarrollar en sus canciones ideas interesantes, y que lo haga con éxito. También supongo que muchos fuimos perdiendo el interés en Tricky poco a poco, hasta el punto de que Vulnerable, su anterior disco, es un disco al que casi no se le prestó atención. Con Knowle West Boy, Tricky vuelve a ser un personaje interesante, contradictorio y sobre todo necesario. Ahí van unos cuantos motivos que he ido apuntando a lo largo de las primeras escuchas de un disco que tardé en decidirme a escuchar, pero que me está gustando cada vez más:

1. Maxinquaye fue publicado en el 1995, el mismo año de la explosión del Britpop, como si de un antídoto al soporífero triunfalismo de la época se tratase. Trece años después, la situación en la música británica hace que Tricky sea más necesario que nunca; con el indie convertido en el nuevo mainstream, y más hermético -y aburrido- que nunca a influencias externas, que llegue Tricky y se acuerde de lo que escuchaba cuando era un preadolescente en su barrio de Bristol Knowle West, de ahí el título del álbum- ya es todo un triunfo.

2. Este es el disco post- punk de Tricky. No olvidemos que The Pop Group eran de Bristol. De todos modos, de quien se acuerda de una manera explícita es de The Specials, sobre todo en el single “Council State“, con el que el inglés quiso hacer algo parecido a “Concrete Jungle“. Eso sí, a mí siguen sin convencerme cómo están usadas las guitarras en este disco, me siguen pareciendo demasiado planas y feas, algo especialmente doloroso en la versión del “Slow” de Kylie Minogue. Una idea en principio brillante que al final es uno de los puntos negros del disco. Volviendo al tema principal de este punto, el propio Tricky está explicando en las entrevistas promocionales que con este disco quiso regresar a esa mezcla de músicas blancas y negras que percibía a pie de calle en Bristol cuando era un niño, y que ahora echa de menos. No es el único.

3. Ya he mencionado que Knowle West es el barrio de Bristol en el que se crió Tricky. Knowle West Boy pertenece a ese tipo de discos que toman inspiración de un contexto geográfico muy concreto. Londres ha sido la inspiración directa para tres de los mejores discos publicados en los últimos tres años; los discos de debut de Burial y The Good, The Bad & The Queen y el reciente London Zoo de The Bug. Bristol fue uno de los puertos más importantes del imperio británico, y su huella permanece en la presencia de la comunidad afrocaribeña que emigró a Inglaterra a mediados del siglo XX. Que se haya fijado en los sonidos del Bristol de su infancia en vez de en los sonidos del Bristol actual (el lugar en el que dubstep y techno llevan confluyendo ya varios meses), quizás sea una reacción a su francamente obviable etapa estadounidense. El caso es que, mientras Maxinquaye y Premillenium Tension miraban hacia un futuro distópico, Knowle West Boy mira hacia el pasado, hacia el inicio de una utopia que no perduró; la de grupos como The Specials o colectivos como el Wild Bunch. También hay que señalar que Knowle West era un gueto blanco obrero, y que el hecho de que Tricky se criase ahí explica en parte por qué su obra está tan llena de múltiples puntos de vista; masculinos, femeninos, blancos, negros.

4. Pocos representan mejor que él el carácter rizomático de la identidad defendido por Deleuze y Guattari. Más que hablar de una identidad inestable, que es algo más o menos aceptado por casi todos, los franceses explicaban que la identidad se componía de múltiples planos superpuestos entre los cuales hay múltiples intersecciones que se multiplican sin parar, como el virus, como en el dub jamaicano. Este aspecto, tan presente en sus letras y en la manera de emplear las colaboraciones vocales, hacía tiempo que no funcionaba tan bien en un disco de Tricky.

5. “Council State” está construida sobre la base de las canciones más guitarreras de The Specials, mientras que “Bacative” tiene un ritmo que parece sampleado tal cual de “Bogus Man“, la mejor y más importante canción de Roxy Music y unos sintes de gelidez extrema, en la línea de los Residents de Eskimo. En estos momentos es esta la canción que más me gusta del disco, suena a una mezcla de glam, post-punk y sonidos jamaicanos difícil de encontrar en otra parte. “Past Mistake” podría estar, tal cual, en Maxinquaye y, en general, casi cada canción tiene suficientes recovecos para garantizar unas cuantas escuchas antes de poder tener una clara visión de conjunto.
6. Las fotos del artículo de portada que aparece en el número de agosto de The Wire son una maravilla. Con Tricky puedes aprender también algo sobre cómo vestir, y eso, aunque de importancia variable según el punto de vista, es algo que también influye. Debajo de estas líneas podéis ver un ejemplo de esas fotos, hechas por Jake Walters.
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The Monochrome Set – “Volume, Contrast, Brilliance” (la cara B)

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 23, 2008

Algo que no mencioné al hablar de la cara A de este vinilo es que The Monochrome Set se caracterizan por una formación cambiante en torno a los guitarristas Bid y Lester Square. El primero de origen hindú y el segundo canadiense. Algo que han cuidado siempre ha sido la sección rítmica, ya sea con Jeremy Harrington (bajo) y J. D. Haney (batería), en los inicios, o con Andrew Warren (bajo) a partir de 1980 y Lexington Crane (batería), a partir de 1981 hay que reconocer que la solidez rítmica es una constante, de tal modo que las distintas combinaciones no se hacen notar y, de hecho ese es uno de los aspectos que hacen este disco tan disfrutable a pesar de ser una recopilación de singles y grabaciones en emisoras de radio. Al fin y al cabo, se puede escuchar como un disco más de la banda, pues a pesar de que les muestra probando territorios diferentes, la visión de conjunto que ofrece es lo suficientemente coherente y, sobre todo, consistente, como para aplaudir con entusiasmo la edición –a precio medio- de este vinilo por parte de Cherry Red.
Una vez despachada la impresionante e imprescindible cara A, en la que se suceden sin respiro siete grandes canciones de la banda, hay que decir que la cara B no es tan contundente aunque tampoco se queda muy lejos en cuanto a pegada. No hay esa sobreabundancia de hallazgos melódicos y rítmicos, esa fluidez de paisajes sonoros que servían de escenario ideal a las letras de las canciones de la primera cara. Pero es que el inicio de este disco es absolutamente triunfal, y conseguir que le des la vuelta al vinilo y que la escucha de la cara B no decaiga ya es todo un triunfo.
Y no, insisto, no solo no decae sino que aquí todavía hay bastantes hilos en los que enzarzarse. En primer lugar se trata de canciones con un sonido algo más oscuro, y de hecho las letras ofrecen una visión de la humanidad más lóbrega. Hay varias canciones escritas desde el punto de vista de un personaje desagradable: “Fun for All the Family”, en la que la primera persona de la narración es ni más ni menos que un miembro de la familia real española quejándose a Goya por retratarles demasiado verazmente. Por otra parte, en “Ici Les Enfants” se nos cuenta el apasionado amor de un hombre de mediana edad por un muchacho de 12 años. Estoy seguro de que a más de uno se habrá quedado helado al leer las letras de estas canciones, aunque son totalmente coherentes con el catálogo de cretinos retratados a lo largo de sus primeros discos (es decir; pederastas, dictadores, las clases altas, miembros de la familia real), personajes que tienen en común poseer el poder sobre otro individuo o conjunto de individuos, algo que añade mucha grandeza a estas canciones. Muchas de las canciones aquí recogidas parecen apuntar a una crítica de la hegemonía, aunque es difícil determinar dónde está el límite entre la broma y la crítica, si lo hay, aunque este es un aspecto que hace que la banda sea más atractiva, al evitar la obviedad en sus canciones. Antonio Gramsci describió con detalle cómo la hegemonía es una de las más importantes características de las relaciones humanas en el siglo XX, relación que se hizo más insoportable cuanto más se afianzaba el capitalismo a lomos de la expansión colonial de los países europeos. Si menciono todo esto es porque Bid, recordemos, es de origen indio, y aunque no se trate de un grupo que persiguiese la influencia hindú -¿temporalmente quemada en la época del post-punk tras el abuso que se hizo en los sesenta de su simbología en occidente?- es relevante tener en cuenta su feroz crítica a este tipo de relaciones que Margaret Thatcher convertiría en la filosofía oficial del Reino Unido durante su mandato. A pesar de que las canciones de The Monochrome Set parecen referirse a una época pasada, si se leen las letras de las canciones incluidas en este disco de un tirón se puede obtener un retrato de cierta complejidad acerca de las relaciones de poder en las sociedades capitalistas occidentales de los setenta y ochenta. No he encontrado muchas entrevistas con la banda por ninguna parte –lo que demuestra lo infravalorados que están- y no he podido comprobar hasta qué punto apoyaban ideas marxistas como otros compañeros de generación. Es probable que incluso respondiesen a preguntas directas sobre el tema con alguna broma, pues sus entrevistas solían ser una auténtica locura. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que dichas ideas tenían una circulación muy amplia entre las bandas del post-punk.


En cuanto a las canciones, abre la cara “He’s Frank”, una de sus singles del 79, en el que subrayan con un marcador negro su filia por la Velvet Underground. De hecho, la voz de Bid, que siempre se caracterizó por un tonillo entre caradura e interesante, suena aquí en ocasiones muy similar a la de Lou Reed. Es, por lo demás, una de esas canciones con las que a uno le apetece bailar, bailar y golpetear con los pies y las manos, de modo que, sí, es un buen inicio de cara. De hecho, es de mis favoritas del álbum, y eso que la reciente revisión que ha hecho Norman Cook con Iggy Pop como estrella invitada es bastante apagada y, curiosamente, no me invita ni a bailar ni a golpetear ni nada. El buen humor continúa con la frenética batería que va pavimentando el camino de los demás instrumentos en “Fun for All the Family” y los chasquidos de dedos que se añaden a la estructura rítmica de “Lester Leaps”. “Ici Les Enfants” evidencia otro de los ingredientes mágicos de la banda; la francofilia, cuyos ecos están presentes en el título pero sobre todo en la interpretación vocal de Bid y en el formato de canción, con la creciente tensión en el estribillo disuelta al final del mismo, y de manera muy efectiva y acertada, en ecos, como si se tratase de una remezcla dub (¿escucharían dub? Pues también es probable). El final de la canción, un recitado sobre un ruidoso fondo de guitarras, es también reseñable como manera de construir una gran canción con sorpresas sonoras en su desarrollo. Desde luego, el componente de originalidad e inventiva en las canciones de The Monochrome Set es más elevado de lo que parece a simple vista, una escucha atenta de cualquiera de estos temas revela pequeños detalles que fortalecen el conjunto. La francofilia vuelve a estar presente en “Alphaville”, “Fat Fun” es una canción que podrían haber firmado los Buzzcocks, en especial ese estribillo minimal, en el que se pronuncian las dos palabras del título a toda pastilla, y con su letra filogay (rama bear) retoman su vena provocativa.


Volume, Contrast, Brilliance
es, desde luego un disco que hay que tener, a ser posible en vinilo, porque te da las claves necesarias para escuchar y disfrutar a una banda que sonaba totalmente engrasada y cohesionada, con una fortísima, desconcertante, provocadora y divertida personalidad que se materializó en varios puñados de grandes canciones. Es totalmente incomprensible que el revival post-punk haya pasado de puntillas por ellos.

The Monochrome Set — “Volume, Contrast, Brilliance” (la cara A)

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 15, 2008

Uno de mis eternos debates es si merece la pena entrar en la discografía de un grupo mediante un grandes éxitos. Supongo que depende del contexto, y hay grupos que soportan mejor que otros la escucha de sus temas más reseñables de un tirón, en muchos casos porque mediante esa escucha se puede entrever ese hilo genial del que hablaba Sisa en la celebrada entrevista publicada en el Rockdelux recientemente. Luego hay también quien tiene una gruesa discografía, aunque no conviene adentrarse en ella más allá del grandes éxitos. Lo que se conoce como grupo de singles, vaya, que tampoco está tan mal. Y no voy a dar nombres porque este tipo de clasificaciones son siempre muy discutibles. El caso de Volume, Contrast, Brilliance es distinto. Se trata de una colección de sus primeros singles y grabaciones de temas destacados en distintas emisoras de radio, sazonados por comentarios radiofónicos entre canción y canción. Es un disco perfecto para los que todavía no han esuchado ninguno de sus álbumes, porque recoge diversos momentos de una banda en pleno proceso de evolución. Dicho de otra manera, la escucha de este disco no justifica que dejes sin escuchar su más que notable discografía, además, es algo de lo que te das cuenta mientras escuchas el disco; piensas: “Tengo que encontrar la grabación en estudio de esta maravilla”. Todas las pistas de la grandeza de la banda están en esta recopilación editada por Cherry Red, pero no agota, ni mucho menos, las satisfacciones provocadas por escuchar discos redondos como Strange Boutique.
Volume, Contrast, Brilliance empieza bien. Muy bien. En “Eine Simphonie des Grauens” (una sinfonía del horror, subtítulo del Nosferatu de Murnau en su versión original, por cierto) ejemplifican su personalidad sonora mediante una superposición de instrumentos que en principio descolocan, aunque con las escuchas se va descubriendo que cada elemento está donde debería estar. Todo encaja y a la vez todo suena anguloso en esta canción, incluso afilado. La base rítmica apunta a la pista de baile, y esto quiere decir que estamos ante un ejemplo de post-punk bailable que no renuncia a sonar agresivo ¡ese bajo, que parece que te va a pegar un latigazo en la cara de un momento a otro! Y, sobre todo, hay que destacar la eficaz combinación de tensión y tirantez instrumental con líneas melódicas entrecruzadas, e incluso con rastros de psicodelia. Todo esto le va bien a la letra de amor loco post-morten, con líneas tan redondas e inquietantes como “Mi cadaver te ama, casémonos”, tampoco resulta tan sencillo encontrar bandas que suelten cosas de ese tipo sin sonar ridículos ni pretenciosos, menos mal que a The Monochrome Set iban más por el camino de la juerga que por el de la oscuridad mórbida transitada por colegas de generación.
“The Jet Set Junta” es otra de las canciones más conocidas de la banda. Aquí aparece en una versión ligeramente diferente, grabada en una emisora de radio. Pero el frenesí casi de dibujos animados de las onomatopeyas en la letra, y de la batería y los teclados suenan de maravilla. Un aspecto que pocas veces se trata al hablar de ellos es, ya que menciono los dibujos animados, su sentido del humor. Un vistazo a las fotografías promocionales y a las disparatadas entrevistas de la época nos hace darnos cuenta de que este era un grupo muy divertido. Es una auténtica lástima que el adjetivo divertido solo se emplee con grupos en los que este aspecto es muy obvio –Devo, por ejemplo- lo de Monochrome Set quizás tenía más con marear la perdiz, jugar con su representación en los medios, con la ironía y el sarcasmo, ambos tan británicos. Una auténtica locura que siempre debería ser bienvenida pero que en ocasiones provoca miradas por encima del hombro dentro de la música, el motivo es un misterio para mí, no me pregunten. Viva el humor de The Monochrome Set, porque además es tan absurdo y británico como el de los Monthy Python. Aquí se dedican a ridiculizar las dictaduras a lo bestia, meter en una misma frase una referencia a las ejecuciones y a los casinos – Rattle, rattle, goes the bullet round and round the roulette wheel– identificando a ambos como señales distintivas del violento lujo en el que viven los dictadores, en un entorno musical que invita, o más bien obliga, a bailar, es una genialidad. Estos juegos con las imágenes chocantes también les caracteriza y les pone de nuevo en la tradición de los grandes humoristas británicos rompe-tabús, que llega hasta los creadores de Little Britain.
“Love Zombies” -más menciones a seres de ultratumba, después de la canción que abre el disco-  tiene un gran título, inolvidable al igual que la larga introducción instrumental, con el bajo machacándote el oído a base de bien. Ya lo he dicho y seguro que lo volveré a decir antes de terminar la entrada: qué originales eran sus ritmos, qué bien aguantaban el peso sus líneas de bajo, qué texturas tan interesantes las de las guitarras. Le sigue en la cara A uno de sus primeros singles, “Silicon Carne”, con sus parones y reanudaciones de la canción y otra de sus memorables letras. “The Ruling Class” viene precedida, como todas las canciones, de un corte de un locutor radiofónico hablando de ellos. En este caso, nos encontramos con un ejemplo de cómo tomaban el pelo a los periodistas cuando preguntaban a Bid sobre el supuestamente contexto principesco de su familia, a lo que Bid suelta sin despeinarse que sus antepasados eran reyes indios. Bid hundía el dedo en la llaga de la fascinación británica por el exótico Oriente, superpoblado en su imaginación por personajes de sangre real.  En “Viva Death Row” terminan haciendo referencia al “I%92ve Got You Under My Skin” y, para cerrar la cara A del vinilo editado por Cherry Red a precio reducido en 1983, la juguetona “The Man With The Black Moustache” -título que me encanta, como Man with a man moustache que soy, aunque reconozco que me jode bastante que de repente sean tendencia los bigotes, I was a man with a black moustache before they were men with black moustaches y todo eso, ¡y tengo testigos!- grabada en una sesión para Capital Radio.

Mañana hablamos de lo que viene en la cara B.

El libro de Vainica Doble

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 13, 2008

Nunca estarán de moda porque huelen como esas canciones suyas que tan cuidadosamente envuelven, sin ocultarla, la amargura. Jaime Chávarri

Hace unos meses, hablando con Joan Vich, no sé muy bien cómo surgió en la conversación el libro escrito por Fernando Márquez “El Zurdo” sobre Vainica Doble, publicado en su 1983 por la extinta Ediciones Júcar. Joan me contó que era un libro difícil de encontrar, muy buscado por los seguidores de Carmen y Gloria. Yo recordaba haberlo visto en anteriores ediciones de la Semana Negra, en un puesto que hay todos los años y en el que se pueden encontrar montones de restos del stock de la mencionada editorial. Y, efectivamente, el pasado viernes me pasé por la Semana Negra y ahí estaba el libro, a 1.95 euros, de modo que me compré las seis copias que había (y otros cuatro libros de otra temática, como podéis ver en la foto) y me pasé una hora de lo más entretenida llamando a gente para regalárselos. Todos me dijeron “sí, sí, por supuesto” inmediatamente. Yo no había leído el libro antes, me lo he ventilado de una sentada durante el día de ayer, y entiendo por qué es tan celebrado.

Hay una manera inequívoca de saber si un libro sobre música es bueno o malo; si te hace tener unas ganas irreprimibles de escuchar las canciones de las que se habla, funciona. Eso es lo que ocurre con este libro, que me ha hecho volver a escuchar los discos de Carmen y Gloria casi como si fuesen nuevos, a pesar de que me los sé prácticamente de memoria. Este libro está estructurado alrededor de tres entrevistas en las que se van haciendo repaso a prácticamente todos los momentos reseñables de su peculiar carrera. La primera entrevista se centra en el contexto familiar del que proceden Vainica Doble, asimismo se empieza a apuntar que a lo largo de su carrera tuvieron muchos benefactores pero también, como se ve en las siguientes entrevistas, mucha gente que les hizo daño, sobre todo los empleados de las miopes discográficas. Más allá del detallado comentario de los pocos conciertos (muchos de ellos frustrados), las apariciones en televisión (también frustradas la mayor parte de ellas), las bandas sonoras (con resultados, como no podía ser menos, frustrantes en algunos casos, sobre todo en Furtivos), y el reconocimiento de influencias como la  Incredible String Band o los Rolling Stones, lo más interesante del libro está en detalles como la pequeña discusión entre Carmen y Gloria provocada por el contenido feminista de su canción “Mari Luz”; a Gloria le parecía que la canción se refería a una situación (la de muchachas forzadas a casarse con ingenieros) que ya no se daba. También es curioso comprobar que ellas con lo que más disfrutaban era con la composición de la música, cuando creo que muchos las recuerdan principalmente por sus letras. Quizás a que no nos hallamos fijado tanto en su música -a pesar de que sí que es cierto que han procurado escoger el estilo que mejor iba con la idea de cada canción- contribuye algo que en mi opinión es el único pero en sus carreras, y es que casi siempre han tenido muy mala suerte con la producción, aunque queda claro en este libro que ellas lucharon con insistencia para que sus discos sonasen como ellas imaginaban. Pero, claro, las relaciones con las discográficas fueron como fueron en su caso. El libro llega hasta El Tigre del Guadarrama, y al final se puede ver a unas Vainica Doble desencantadas, que habían tirado la toalla tras decidirse a entrar en el juego de las promociones que siempre habían evitado, con el fin de intentar vivir de la música. Como ya sabemos, no lo consiguieron. Es más, tras editar Taquicardia en el año 84, todavía tendrían que sufrir el horror de grabar el horroroso Carbono 14 antes de despedirse por todo lo alto con ese En familia que afortunadamente sí les salió bien.

Entre los “extras” que vienen con el libro, aparte de unas cuantas fotografías, destaca el cartel para unos frustrados conciertos, y textos de gente cercana que no podía faltar, como Jaime de Armiñán o Caballero Bonald. Al final, Fernando Márquez hace un comentario de todos los LPs y sus singles más reseñables, desde una óptica muy personal, y también se incluyen muchas de sus magníficas letras, una valiosa discografía y una escalofriante coda:

El día que las Vainica Doble cumplan su eternamente prometida jubilación, se habrá iniciado el Fin del Mundo

Dos de las cosas que más me gustan de las canciones de Vainica son la fuerza narrativa de sus letras y lo bien que encajan con su entorno más inmediato, el que sirve de contexto a sus historias. Precisamente estos dos aspectos son algunos de los que más me gustan del primer disco en solitario de Lidia Damunt, que es una delicia narrativa enraizada en el Mar Menor y sus olas, un paisaje geográfico que es un personaje más de los que aparecen en sus letras y… y… ¡eh, eh, frena, Iván! que En la isla de las bufandas se merece una entrada en exclusiva y no únicamente esta referencia al final de otra entrada.

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Live mix de Kode9

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 12, 2008

No sé muy bien si estoy escribiendo esta entrada para deciros que Kode9 ha participado en Mudd Up, el programa de radio de DJ/rupture, o simplemente para poner esta foto que me parece divertidísima:

El mix os lo podéis descargar buscando el programa del dos de julio en este enlace. Empieza alrededor del minuto 20. Después del mix, hay una interesante entrevista en la que Kode9 explica que no escucha mucho dubstep últimamente, algo que está claro echando un vistazo a los más recientes lanzamientos de su sello Hyperdub, o directamente escuchando este mix, en el que no hay tan apenas rastro del género que él mismo ayudó a construir. También anuncia que aunque a lo largo del año habrá nuevo material de Burial, tendremos que esperar al 2009 para escuchar su tercer disco, y que será también en el próximo año cuando salga a la venta el nuevo disco de Kode9 + Spaceape.

Pero lo más interesante de la entrevista es cuando DJ/rupture le pregunta sobre la influencia de J.G. Ballard (que por si alguien todavía no lo sabe es mi escritor favorito) en su música. Curiosamente Kode9 escoge un libro que se cita con mucha frecuencia a la hora de hablar del zeitgeist musical londinense de los últimos años:

A mediados de los noventa, en la época del jungle y en los inicios del drum’n’bass, leí El mundo sumergido, situado en un Londres sumergido, una especie de Londres tropical, la mayor parte de la ciudad está inundada. Las criaturas pasan por una especie de extraña evolución, de modo que hay pterodáctilos sobrevolando lo que había sido las calles de Londres, pero que ahora es una laguna. Y la humedad y el bochorno en esa idea de Londres, es algo que oía de alguna manera en el jungle

[…]

Y también hay una historia corta de Ballard que me encanta, titulada “The Sound-Sweep”, situada en una ciudad en la que el sonido no se disipa, sino que se acumula. Y hay un tipo que es como un coleccionista de sonidos, y el va conduciendo un camión, con una máquina llamada Sonovac, y el simplemente va por ahí limpiando espacios, absorbiendo el sonido. Esto fue escrito a principios de los sesenta, de modo que es como la música concreta o el sampleado. Es simplemente una historia fascinante y profética sobre las ciudades ruidosas y el sampleado. Y estas son las dos cosas de Ballard que más me han influido.

Un Londres tropical, sumergido y ruidoso. Así es, precisamente, como retrata The Bug a Londres en London Zoo. Pero de este disco ya hablaré en la siguiente entrada.  Por cierto, se ha reeditado El mundo sumergido en bolsillo, libro que os recomiendo encarecidamente, pues efectivamente está entre las cuatro o cinco mejores obras del escritor, y, desde luego, es un muy oportuno referente para la música más interesante que se viene haciendo en la capital inglesa en los últimos años.

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Sergio Algora

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 9, 2008

Menudo jarro de agua fría.

Toddla T – “Soundtape Killin”

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 2, 2008

Absolutamente todos los elementos que componen esta canción de Toddla T -productor del “Buff Nuff” de Roots Manuva– son tremendos: desde ese bajo atronador hasta los aires electro, dancehall, e incluso unos sintes ocasionales que casi me recuerdan al ambient jungle de Omni Trio, además de un marcado 4×4 y un acabado general que recuerda a los primeros Daft Punk. Juerga asegurada.

Toddla T, como Roots Manuva, es de Sheffield. Y solo tiene 23 años, a ver qué es lo que hace ahora, pero de momento es sugerente contraponer su sonido al de Rustie, otro de los jóvenes productores británicos que podrían dar la campanada en la música electrónica británica. Los dos se caracterizan por una mezcla de géneros bastante cohesionada, fruto sin duda de una adolescencia sobreexpuesta a todo tipo de músicas electrónicas, con el hip hop -en el caso de Rustie- y el dancehall -en el caso de Toddla T- como referencias especialmente importantes. Eso sí, cada uno se mueve dentro de unas coordenadas más o menos claras; Rustie dentro de los parametros de eso que todavía no se sabe bien si es wonky o qué, mientras que Toddla T es un representante de la tradición electrónica de Sheffield.

Hay una cosa en particular que me gusta de Toddla T, y es que, aparte de lavarle la cara a Roots Manuva -desconozco si su trabajo en el nuevo disco del MC inglés se limita a este single, pero estaría bien que colaborase en más cosas, “Buff Nuff” me encanta- proyecta una visión de Sheffield muy interesante y animada. De hecho, el propio Toddla T se sitúa a sí mismo en la tradición de la música electrónica de la ciudad inglesa,  que se remonta hasta Cabaret Voltaire, tal y como he leído en este estupendo artículo en el que también se describe el contexto del cual ha surgido este productor.

De momento, ya ha hecho dos de los temas más divertidos del año.

¿Habrá DjKicks de Burial?

Posted in Uncategorized by Iván Conte on julio 1, 2008

¿Qué pasa con el DjKicks de Burial? Las primeras noticias parece ser que surgieron de la propia lista de correo de la serie de mixes, y hasta The Wire se hizo eco de la noticia, pero me acabo de encontrar con este blog escrito por el propio Burial en su myspace:

DJKICKS

Un falso tracklist para un djkicks ha sido colgado en algunos sitios, y he recibido mensajes de gente y productores pensando que era real.

Si hago un djkicks será sobre todo con viejos temas de jungle y nuevas canciones.

Big Up (1)

Vaya, realmente estaba esperando con ganas este lanzamiento…

(1) Buscando una manera de traducir “Big up” que no quedase torpe, me he encontrado este diccionario urbano bien chulo… y, bueno, he decidido dejar el término en inglés porque no he encontrado nada que me gustase.