Redux

Roland Barthes y el punk

Posted in Uncategorized by Iván Conte on junio 27, 2008

Dice Roland Barthes:

La ventaja enorme de la situación de amateur, es que no implica ni imaginario ni narcisismo. Cuando se hace un dibujo o una pintura como amateur, uno no se preocupa por la imago, por la imagen que se va a dar de sí haciendo ese dibujo o esa pintura. Es, pues, una liberación; casi diría, una liberación de civilización. Que debe ser incluida en una utopía a lo Fourier. Una civilización donde los seres actuarían sin preocupación de la imagen que van a desencadenar en otros. Ese tema es muy importante en el plano de la práctica; lo convierto en teoría, en la medida en que puedo imaginar una sociedad por venir, totalmente desalienada que en el plano de la escritura no conocería más que las actividades del amateur. Sobre todo, en el orden del texto. La gente escribiría, haría textos por el placer de hacerlos, aprovecharían del goce de la escritura sin preocupación por la imagen que podría suscitar en el otro.

Estas declaraciones de Barthes las he sacado del libro El grano de la voz. Entrevistas 1962-1980. Me gusta mucho Barthes -a pesar de que no siempre estoy de acuerdo con lo que dice- entre otros motivos porque suele ser una lectura muy agradable, lo cual es todo un logro en los terrenos por los que se movía el francés. Aquí esboza una mini-teoría sobre lo amateur que nos podría hacer pensar en el punk y, de hecho, esta cita es parte de una entrevista publicada en el año 1975, de modo que más oportuno, imposible. La mención a Fourier y las connotaciones revolucionarias que acarrea una “liberación de la civilización” tampoco deberían pasar desapercibidas. Esa ruptura con la civilización es precisamente lo que buscaba el punk, al menos en sus presupuestos teóricos y al menos tal y como nos lo contó Greil Marcus en Lipstick Traces, mientras que el ideal de una sociedad desespectacularizada ya está presente en el folk psicodélico inglés de los sesenta, que en muchos sentidos fue un momento de liberación de una civilización tan rígida como la británica bastante parecido al punk.

Lo que es todavía más curioso, es que inmediatamente después el entrevistador le pregunta por su relación con la música, esta es parte de su respuesta:

Toda la sensualidad que hay en la música no es puramente auditiva, sino también muscular.

Aquí está haciendo una referencia directa a la necesidad de tocar un instrumento para apreciar todo el impacto de la música, pero esta idea encaja muy bien con esas acertadas ideas que circulan sobre el cuerpo como un gran sistema auditivo, algo que se repite mucho en relación con las músicas que potencian los graves, como el dub, por cierto, género al que volveré más abajo. Mientras tanto, Barthes vuelve a discutir la cuestión de lo amateur en los siguientes términos:

El amateur no es el consumidor. El contacto entre el cuerpo del amateur y el arte es muy estrecho, presente. Eso es lo bonito y allí está el futuro. Pero aquí nos encontramos ante un problema de civilización. El desarrollo técnico, el desarrollo de la cultura de masas, acentúan terriblemente el divorcio entre los ejecutantes y los consumidores. Somos una sociedad de consumo, si me animo a decirlo, jugando con el estereotipo, y no somos en absoluto una sociedad de amateurs.

Esto entra de lleno en la crítica económica a la separación entre público y músicos implícita en el punk. Y, aunque Barthes no solía pretender dar a pie a lecturas de tipo ideológico, lo cierto es que esta condena a la cultura de masas se puede leer como una crítica a la forma de ordenar los bienes culturales por parte del capitalismo. En definitva, Barthes se queja del rol pasivo del espectador en la sociedad de masas, tal y como ya había hecho Guy Debord con anterioridad. Nada nuevo ni sorprendente, claro, pero eligió el momento oportuno para decirlo, justo cuando el punk como liberación del deseo colectivo se estaba fraguando, y es muy agradable encontrarse este tipo de cosas en un libro que trata sobre todo de significantes, signficados, funciones del lenguaje y cosas así.

Más:

Hubo tiempos alienados (las sociedades monárquicas o incluso feudales), donde había un amateurismo real en el seno de las clases dirigentes. Lo que se necesitaría sería encontrar eso en otro lugar de la socialidad, en otro lugar que no sea la “élite”.

Y dicho y hecho, eso fue lo que ocurrió con el punk (¿o más bien en el post-punk?). Se puede discutir todo lo que se quiera sobre la neutralización última por parte de la sociedad del espectáculo de las demandas del punk, lo cierto es que sirvió para que mucha gente, muchos colectivos, pudiesen tomar distancia con respecto a la manera hegemónica de organizar la emisión y recepción de objetos culturales. Fue un impulso de distanciarse de la civilización y los restrictivos códigos sobre la cultura de innegable impacto.

Ahora bien.

De un tiempo a esta parte le estoy dando vueltas a un asunto que me da bastante rabia, y para explicarlo tengo que mencionar un libro que terminé de leer hace un tiempo, titulado Dub, y escrito por Michael E. Veal, un texto académico pero escrito con bastante gracia, en el que se explican aspectos técnicos, culturales, económicos, ideológicos, etc. en torno a esta forma musical originaria de Jamaica. En algunas partes de este libro Veal explica que mucha gente tiene una visión distorsionada del dub como glorificación de lo lo-fi, de lo amateur, cuando en realidad gente como Lee Perry o Scientist estaban intentando sonar todo lo profesional que podían con los medios que tenían, al tiempo que sacaban el máximo partido a esos pocos medios. Esto demuestra que hay que tener mucho cuidado al analizar músicas procedentes de otras culturas. Es, también, una prueba de que en Occidente a veces encuentro una glorificación de lo amateur y el lo-fi un tanto acomodada. Curiosamente, al final se trata de una visión burguesa/elitista de la música. No se trata de ser deliberadamente amateur, sino de que la falta de medios no sea un obstáculo. Por eso he descubierto que me molesta que, habiendo medios, no se utilizen por una cuestión meramente elitista. Y esto vale, por ejemplo, para los que critican los últimos discos de Sr. Chinarro. Ese deseo de una estética del lo-fi como expresión de la humildad del artista me parece, en realidad, una idea bastante burguesa y, paradojicamente, restrictiva y solipsista, me aburre. Y, de hecho, si me pongo a pensar, muchos de mis favoritos eran grandes arrogantes y ambiciosos musicalmente hablando: Kevin Rowland y James Brown son dos buenos ejemplos que se me acaban de ocurrir. En definitiva, lo que quiero decir es que me da bastante rabia la idea de querer sonar lo-fi porque sí, y la idea de asociar esa estética con la autenticidad. La idea, en mi opinión, no debería ser esa, la idea debería ser que si tu no puedes acceder a lo que la sociedad de un momento determinado interpreta como “mínimos de profesionalidad” (un concepto capitalista), eso no sea obstáculo para que hagas música. Una anécdota muy reveladora en este sentido es que alguien comentó su disgusto por el Tenori-On y su promesa de que con él un niño puede hacer música como la de Radiohead, algo sin duda ofensivo para los que creen en la creación artística como el coto exclusivo de una élite.

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4 comentarios

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  1. anhh said, on junio 29, 2008 at 11:58 pm

    Supongo que habría que tirar más del hilo, pero bien podría ser el caso que esa idea de autenticidad en la que descansa el lo-fi provenga del punk. Todo el mundo más o menos está de acuerdo, que en lo básico el punk era rock simple (tres acordes, en muchos casos el grupo de instrumentos tradicional en el rock, formas convencionales, etc.) pero en lo que destacó sobremanera fue en la expresividad de las interpretaciones, llámese virulencia, inocencia, rabia, energía, contundencia, visceralidad, emotividad, proximidad, urgencia, etc. Supongo que en ese aspecto si puedo ver la conexión con lo que dice Barthes: la simplicidad de las formas permite una elasticidad en la que los intérpretes pueden intentar cosas, asombrarse de su poder, ser caprichosos, dejarse llevar por el humor de ese momento y no tener que pensar en cual es la imagen que proyecta de si mismo o buscar un mensaje superior: no tanto el que se dice sino como se dice. Supongo que habrá gente que pueda dar nombres de gente, que quizás no tan brillantemente o mejor, sorprendentemente como en sus inicios pero ha continuado explorando esas posibilidades expresivas, del mismo modo que en muchos otros grupos eso ha acabado cuajando en una “personalidad”, unas características formales y unas maneras de hacer, más o menos predecibles, esperables, deseables. Supongo que el lo-fi se podría asemejar en todo esto e igualmente destaca por la emotividad, pero más que una necesidad expresiva como una afirmación de un rasgo de la personalidad, lo mismo que uno se viste llamativamente para destacar algo que el resto del mundo quiere que vea.

    También puede ser una tendencia más o menos latente durante la historia del rock, pero del mismo modo podría ser puro revisionismo histórico. El tipo de Spiritualized alguna vez definió el rock como un tipo tocando un solo acorde en la guitarra y descubriendo el poder de la música. Estaría el antecedente de recopilatorios como Nuggets, en el tipo de discos que les gusta a gente como The Cramps, en The Shaggs, en aquella crítica del “Metal Machine Music” que escribió Lester Bangs donde celebraba la llegada del músico que no sabía lo que estaba haciendo pero que era un genio, etc. Pero la expresividad heredada del blues, siempre ha sido uno de los puntos fuertes del rock. Pero ahora que menciono el blues, en muchas entrevistas a músicos de rock, más que entender de donde procedía el blues les impactaba el salvajismo, la aparente falta de convenciones, etc. más la fantasía que la realidad (la preferencia por el blues rural frente al que representaban los más populares números cercanos al vodevil, la individualidad de uno frente al “acomodamiento” del otro).

    Por eso mismo tengo bastantes dudas sobre esa idea del amateur, tanto en la versión acomodada como en ese mismo modo del que hablábamos en el primer párrafo sobre el punk. Supongo que también dependería de que consideras puede representar la idea de amateur: un improvisador, un no-músico, alguien que aporta conceptos o visión, un organizador de materiales sonoros, etc. Hay una cita de Ornette Coleman que resulta interesante en este momento: “Let’s play the music and not the background”. Ornette grabó un disco con su hijo a la batería cuando tenía unos doce años y según mucha gente nunca ha aprendido a tocar aunque sigue tocando en los grupos de su padre. Ese perderse en las posibilidades de la música, no adherirse a la experiencia y los conocimientos que se tienen acumulados. La leyenda cuenta que el primer disco de Nurse With Wound se grabó sin ellos tener ninguna experiencia y tenían la posibilidad de aprovechar las horas de un estudio donde conocían a alguien. Pero cuando lo escuché, aparte de que no era un churro y la emoción que se nota que están sintiendo al construir todo eso desde la nada, lo que se notaba era el background, la famosa lista, las horas, horas y horas de escuchar discos “oscuros”. Lo que puedo expresar en esta respuesta depende de mi propia capacidad de interpretación, conocer la teoría, poder articular e interconectar los conceptos, mi vocabulario y la capacidad para que mis frases transmitan con claridad y certeza. Así que mi mensaje está condicionado por mi técnica, lo mismo que alguien que no sabe tocar una guitarra tiene un universo de sonidos para explorar pero depende de su imaginación para poder crearlos o usarlos. Rasgar todas las cuerdas, pulsar notas, arrastrar los dedos sobre las cuerdas, la fuerza del impacto o aquello que impacta contra las cuerdas, la presión que se hace sobre estas, tocar un grupo de cuerdas a la vez o en sucesión, etc. Brian Eno usaba las cartas de las estrategias oblicuas para salir de los lugares comunes, de los territorios conocidos. No se, quizás tenga dudas ¿lo importante es el placer de escribir el texto o el resultado que se obtiene?

    También me intriga ya que en determinados círculos de la música contemporánea durante esos años y también antes existían, aparte de las piezas conceptuales donde se tenía que interpretar un dibujo, los grupos en los que convivían músicos profesionales con amateurs, la Scratch Orchestra o The Porstmouth Sinfonia (http://youtube.com/watch?v=WMLOs6b_e3Y), donde los intérpretes no conocían la técnica o no la dominaban, creando música de manera aleatoria, respondiendo a lo que hace el grupo. Y por lo menos, el primero y el resto de la obra de Cornelius Cardew estaba muy, muy cargada políticamente. En Ubuweb está su “Stockhausen Serves Imperialism”. Bueno, derivo como siempre, esto bastante de acuerdo con el resto aunque me sobra algo de situacionismo y es un texto fantástico.

  2. anhh said, on junio 30, 2008 at 12:01 am

    Por cierto que yo comencé a escribir una respuesta para citar esto:

    What about the indie sector? Stunned by the speed and thoroughness with which the record industry co-opted and mainstreamed the entire late ’80s Amerindie ensemble of stylistic traits, tropes and attitudes, the underground has struggled to find a way forward, to re-vive la difference. Lo-fi was its first response, and a weak one, since lo-fi is just grunge with even grungier production values. If grunge is created by and for burn-outs (i.e. kids who were born to lose), lo-fi is by and for slackers (post-graduates who choose-to-loose). This class factor explains why lo-fi’s version of the twentysomething blues is more irony-clad than grunge’s earnest, artless passion, and why lo-fi’s reference points are more arcane (the perennial bourgeois-bohemian desire to distance oneself from the herd). And so we get Pavement & co’s entertaining but ultimately inconsequential reconfigurations of the underground canon of Beefheart/Fall/ Can/ Faust, as opposed to grunge’s Sabbath/Black Flag/Husker Du matrix.

    http://reynoldsretro.blogspot.com/2008/06/post-rock-america-directors-cut-wire.htm

  3. mr sloane said, on junio 30, 2008 at 5:38 pm

    la cita es buena… e ingeniosa… aunque si se sigue el hilo (mejor aun con la L final de “html”) veremos su contexto real… como el astuto ideólogo que es, Simon Reynolds está manipulando la historia para adecuarla a lo que intenta explicar, que no es el lo-fi, sino el post-rock… el lo-fi es, en esos momentos, el género a “dejar de lado”, mientras Reynods deja claro que el protagonista otro. El lo-fi no le cuadra en la ecuación post y lo empuja a la cuneta apresuradamente…

    me da la impresión de que Reynolds podría haber escrito perfectamente el artículo complmentario, con el lo-fi de protagonista y el post vilipendiado y abandonado en tres líneas…

    eso sí, está bien esa expresión de “twentysomething blues”…

  4. Iván Conte said, on julio 1, 2008 at 10:16 pm

    Gracias por vuestros comentarios, me han hecho pensar un montón sobre el tema. Desgraciadamente, estos días no puedo extenderme demasiado (estoy opositando!) , pero en cuanto tenga un respiro prometo hablar sobre un aspecto acerca del cual, mientras tanto, podéis escribir aquí si queréis: ¿son lo mismo la estética lo-fi y la actitud amateur? ambos se solapan con frecuencia, pero no siempre. Ah, y he de decir que hay cosas lo-fi y amateur que me encantan, como Beat Happening, así que tendré que hilar muy fino para explicar exactamente qué es lo que no me gusta del asunto (bueno, va, lo adelanto: la fetichización que a veces se hace de la estética y la actitud). Ahí lo dejo de momento. Gracias de nuevo 😉


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