Supongo que a nadie se le escapa que los Juegos Olímpicos se han convertido en una institución que representa todo lo despreciable del capitalismo. No es ninguna sorpresa, siempre lo ha sido, y sus esfuerzos por presentarse como una organización ajena a cuestiones políticas nunca se las ha creído nadie. En cualquier caso, la antipatía hacia este megaespectáculo televisivo -cuya capacidad de entretenimiento no voy a negar- se ha materializado en los intentos de apagar la llama olímpica como protesta por la presencia china en el Tibet, y por las constantes denuncias de que esta edición de los Juegos Olímpicos no deja de ser una oportunidad para atraer a China al capitalismo. Y lo cierto es que tampoco hay que hacer un sesudo estudio para darse cuenta de que muchas multinacionales esperan incrementar su presencia en China tras las olimpiadas.

Tres cuartos de lo mismo pasa en Londres, en donde ya existe una corriente que critica que las olimpiadas del 2012 ya han puesto en marcha un proceso de renovación urbanística con el que se pretende limpiar la imagen de la ciudad, ocultando las fricciones y tensiones que la caracterizan, pero sin ninguna intención de resolverlas.

Por todo esto, es curioso que el animador James Hewlett y Damon Albarn (es decir, Gorillaz) se hayan prestado a participar en la maquinaria que convierte a los juegos olímpicos en un espectáculo televisivo creando un corto de animación de dos minutos para la BBC. Sorprende sobre todo en el caso de Damon Albarn, quien con su proyecto más interesante -The Good, The Bad & The Queen- se había presentado como un agudo observador de la sociedad británica actual, recuperando así el pulso que había perdido tras el Parklife de Blur. Pero eso sí, estas reticencias no me impiden decir que el corto, que es una adaptación de un cuento popular chino, sea una pequeña maravilla, y posiblemente uno de los mayores logros de la pareja Hewlett-Albarn, no solo porque la animación es una monada -perdón por el chiste fácil- y porque condensar en dos minutos una historia requiere una elevada capacidad de síntesis y narración, sino porque es imagen y sonido son aquí complementarios e interdependientes.

Es curioso, también, cómo Damon Albarn se ha convertido en una de las personalidades musicales británicas más interesantes de los últimos años, aunque con desiguales resultados. Por ejemplo, de Gorillaz me gustan mucho dos o tres singles, pero sus discos me parecen bastante flojos. A ver cuál es el siguiente paso de Albarn.