Otro que ha conseguido un éxito comercial inesperado e igualmente merecido es Lil Wayne. Su “Lollipop” ha sido su primer número uno en la lista de singles de EEUU, lo que ha hecho que las expectativas en torno a su nuevo disco se eleven aún más. Expectativas que, por cierto, ya estaban muy arriba en parte por la excelente acogida de Da Drought 3, su mixtape del pasado año -que incluso se coló en la lista de los mejores discos del año de la revista Wire- pero también porque el rapero estadounidense ya ha retrasado demasiadas veces la fecha de edición de su nuevo disco, The Carter III, en parte porque según se van filtrando temas nuevos a Internet, Wayne los va descartando e incluso ha llegado a editar un EP en formato digital, con el revelador título de The Leak. Mareando la perdiz, y también porque hay muchos que lo consideran el mejor rapero del momento, lo que ha conseguido Lil Wayne es que todos miremos en su dirección y prestemos atención a cada uno de los pasos que conducirán al que es, incuestionablemente, el disco de hip hop más anticipado del año. Vistos los resultados comerciales de este primer single, lo que se espera de él es ni más ni menos que un álbum que triunfe entre la crítica y el público, algo así como el Graduation del 2008.

“Lollipop” es un tema construído en torno a dos o tres elementos formales muy claros. En primer lugar, la ciencia vocal aplicada a la voz de Lil Wayne mediante el Auto Tune, un procesador de audio muy usado para ajustar el tono de los cantantes, pero que en esta producción busca el efecto de deformar y alterar la característica textura de pajarraco que tiene la voz del rapero. El efecto, aunque lejos de ser novedoso, tiene un efecto muy positivo visto en conjunción con el resto de los elementos más característicos de esta canción: la línea de bajo creada con un 808 y los sintes del estribillo. Este último aspecto es el que más me gustó en las primeras escuchas, porque lo relacioné con dos de las canciones que más me han gustado en los años 2007 y 2006 respectivamente; el “Can’t Tell Me Nothing” de Kanye West, y el “What You Know” de T.I., ambos producidos por DJ Toomp, quien de haber trabajado también en “Lollipop” seguramente estaríamos hablando de la canción del año. Tampoco es novedoso que las distintas partes instrumentales y rítmicas se paren y vuelvan a empezar después de varios segundos en distintas partes de la canción, este es un efecto que ya exploró Timbaland en profundidad en su momento, con Aaliyah, por ejemplo, pero también contribuye a un efecto sonoro global extraño y atractivo, y con ese mismo aire de ambiente urbano despersonalizado y solitario que describen las imágenes -¡y la banda sonora!- de las películas de Michael Mann. Lástima, eso sí, que Wayne no demuestre estar precisamente inspirado en la letra de esta canción, que retrata un calentón sexual demasiado convencional en comparación con los sonidos que se escuchan aquí, o que no despliegue la verborrea de conexiones inesperadas a la que nos tiene acostumbrados. Hay ganas, muchas, de escuchar su nuevo disco, esperemos que la fecha del 10 de junio sea la definitiva.