Esto tiene toda la pinta de que se va a convertir en una de las canciones que más voy a escuchar durante este verano. El vídeo está dirigido por Kanye West… y, ejem, se nota. Drake prepara álbum para finales de año, y ha anunciado que en ese disco colaborarán el propio Kanye West, Lil Wayne, Young Jeezy y Jay Z. Si hacéis una breve búsqueda en este blog veréis que esta es una lista de invitados perfecta para mí. A ver que tal el largo, que de momento con este single ya se ha ganado un hueco entre lo más destacado del año.

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New Amerikah Part One (4th World War) de Erykah Badu fue una de las sorpresas más agradables del año pasado. No solo porque en los anteriores años la cantante no se había dejado ver demasiado, sino porque reanimaba  un soul que ella misma se encargó de renovar en los inicios de su carrera. Detrás de siete de las canciones de ese disco estaban Sa-Ra Creative Partners, privilegiados productores que han trabajado también con Common, Dr Dre o Herbie Hancock entre muchos otros y que ahora por fin presentan su primer disco propiamente dicho.

En Nuclear Evolution: The Age of Love –por cierto, tremendo título, como el del disco de Erykah Badu, ofrecen una vuelta de tuerca más al soul mediante una psicodelia que tiene efectos esponjosos sobre buena parte de los sonidos con los que están construidos las canciones. Los sintes suenan reblandecidos, resbaladizos tal y como corresponde a un disco de la era post-J-Dilla. La conexión con el fallecido productor de hip hop también permite establecer lazos con productores de wonky e incluso con Joker, pues todos ellos están explorando similares territorios estilísticos a ambos lados del atlántico, estableciendo un interesantísimo diálogo y abriendo fascinantes territorios sonoros de la mano de innovaciones tecnológicas.

Uno de los elementos más representativos de este disco son las líneas de bajo, que dan (musculado) cuerpo a casi todas las canciones, como si fuese una sólida espina dorsal alrededor de la cual resbalan los sintes y tropiezan los ritmos, creando por el camino novedosas y fluidas alianzas sintéticas y orgánicas, analógicas y digitales. Sirva como ejemplo de este último punto la relación de algunos de los instrumentos empleados en la grabación del disco (lo que sigue es un corta-y-pega de las notas del disco según aparecen en discogs);

Akai MPC 3000, EMU SP 1200, Maestro Rhythm King, JoMox, Percussion, Electric Guitar, Fender Rhodes, Hohner Clavinet C, Wurlitzer Electric Piano, Yamaha Grand Piano, Gretch Drums, Zildgian Cymbals, Roland Juno 106, Juno-6, Jupiter-8 & SH-101, MOOG (THE SOURCE, VOYAGER, & MICROMOOG), Sequential Circuits Prophet 5, Yamaha SK-30, & Arp String Ensemble & Omni…

Con muchos de estos sintes consiguen un sonido espacial, que también permite relacionarlos con la tradición de afrofuturismo, que en su caso es una reivindicación de la ambición de mirar siempre hacia adelante e innovar en cuanto a sonidos y técnicas de producción tomando elementos de la tradición o prolongando propuestas de productores afines.  Esta capacidad omnívora, imprevisible porque no sabes con qué estilo te van a sorprender en el siguiente corte, sitúa su disco en paralelo a otros ambiciosos e históricos álbumes de música negra caracterizados por un generoso minutaje, conciencia social y amplios horizontes estilísticos como pueden ser el Sign O The Times de Prince o el Stankonia de Outkast. De hecho, el álbum de Sa-Ra tiene en común con Stankonia el servir de equivalente en esta década al There’s A Riot Going On de Sly & The Family Stone, a quienes, reveladoramente, versionan en este disco. Es  muy llamativo, en este sentido, que esta décadaque está a punto de terminar parece enmarcada entre la publicación de los discos de Outkast y Sa-Ra, porque ambos son discos conceptualmente muy parecidos y que funcionan como espejos de una sociedad estadounidense en estado de crisis.

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Con 23 canciones, algo más de hora y media de duración, y renunciando a recurrir a ganchos melódicos demasiado obvios, es un disco que requiere paciencia para ir reconociendo los distintos componentes y puntos de referencia. Su carácter oblicuo probablemente le aleje de un mainstream que en la presente década ha sido un hervidero de buenas ideas, empezando por la declaración de intenciones que fue el ‘Get Ur Freak On’ del mágico combo formado por Missy Elliot y Timbaland. Una de las tácticas habituales en las  canciones que conforman Nuclear Evolution: The Age of Love tiene que ver con cómo las letras son interpretadas por uno, dos, tres e incluso más vocalistas, cuyas voces aparecen superpuestas en capas o interactuando, pero prácticamente siempre con un carácter relajado e incluso un poco narcótico que es característico del tono del disco, algo que contribuye a crear esa desconcertante sensación esponjosa de  la que hablaba antes al caracterizar el tipo de psicodelia que practican Sa-Ra.

Resulta inevitable pensar en las incertidumbres y dudas razonables provocadas por el escenario de crisis económica total en el que se sitúa el arranque de la era Obama al escuchar este disco. Esta idea es, precisamente, el punto de partida de la crítica que sobre este disco ha escrito Mark Fisher y que aparece en el número de julio de la Wire. Si entendemos el disco de Erykah Badu como un precedente directo del álbum de Sa-Ra, la preocupación por la realidad social es evidente. Además, el disco se ha publicado de manera oportuna en un momento en el que la desorientación psicodélica permite canalizar de manera muy adecuada esa mezcla de cauto optimismo, franco escepticismo, desencanto e incluso miedo con la que estamos claramente inaugurando una nueva etapa en la historia de occidente.

El disco, a pesar de los múltiples enfoques desde los que se puede contemplar –tantos como canciones- tiene una inaudita unidad y coherencia de tono. No importa que la canción tome elementos del funk, del soul, del jazz, del hip hop o de mil y una cosas más, pues cada una de estas canciones suena a Sa-Ra y solamente a Sa-Ra, lo cual es muy revelador respecto de la solidez de su propuesta y sobre todo de que el trío angelino se ha tomado muy en serio su primer álbum en condiciones (el anterior, titulado The Hollywood Recordings,  era una mezcla de temas nuevos y ya conocidos, que se editó para contestar a sus fans mientras ellos lidiaban con problemas en sus contratos con multinacionales).

Otro de los aspectos que hacen de este un disco tan interesante en el presente momento de derrumbe del capitalismo es que se distancia de la hipermasculinidad y glorificación del capitalismo que han sido las señas de identidad más visibles y estereotipadas del hip hop durante muchos años, al menos en su faceta mainstream. Precisamente, Sa-Ra tienen puntos de conexión con dos de las figuras que más han hecho por reconstruir la masculinidad y la relación con la industria y el mainstream en los pasados años, y es que el trío estuvo durante un tiempo bajo la protección de Kanye West, quien con sus canciones de corazones rotos en Heartbreak & 808s proyectó una masculinidad muy diferente de la habitual. No es casualidad, claro, que en la infame parodia de Kanye West en South Park apareciesen también Sa-Ra.  En cuanto al capitalismo, la producción de Sa-Ra es heredera, al igual que la de Flying Lotus, de J-Dilla, quien dio la espalda a la industria –o la industria se la dio a él en un momento dado, que parece que fue un poco de todo- y se decidió a publicar su música en pequeños sellos independientes. En definitiva, Nuclear Evolution: The Age of Love es uno de los discos más excitantes que he escuchado en lo que llevamos de año

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A continuación, una serie de cosas sobre las que pensé mientras leía este texto de Esteban Hernández (escribe en La Vanguardia / Ruta 66) al cual llegué a través del foro del Primavera Sound

Uno de los puntos principales en este artículo es el de la menor influencia que puede llegar a tener hoy en día un crítico musical. Creo que es realmente difícil saber a ciencia cierta si todavía existen nombres reconocidos y cuyo criterio es seguido con atención por un gran número de gente. Lo que veo es que más que hablar de la opinión de un crítico en particular se habla de la opinión de un medio. Una crítica escrita en Pitchfork parece que no representa al crítico sino la opinión en conjunto de sus redactores, algo que parece fomentado desde dentro y que provoca que digamos que la pitchfork puso bien a tal o cual disco, como ocurre en menor medida en España con el Rockdelux pero mientras en el caso de esta revista creo que a todos nos salen por lo menos media docena de nombres y qué tipo de música les gusta a cada uno  ¿Quién es capaz de citar nombres de los críticos de la Pitchfork? Yo me acuerdo de Joe Tangari, pero porque él suele hablar de discos de música africana tema sobre el que estuve leyendo muchas cosas para un artículo que publiqué el año pasado y para otro que saldrá después del verano en Ladinamo sobre blogs de música africana. Y si cuentan las columnas, recuerdo los nombres de aquellos que tratan sobre territorios afines a los de este blog como por ejemplo Philip Sherburne (electrónica) o Martin Clark (grime y dubstep) pero vaya, que no tengo para nada claro quienes son los nombres que encumbraron a Arcade Fire, Animal Collective o Dirty Projects.

En cualquier caso, creo que la falta de influencia no es algo negativo sino, como comenta Esteban Hernández, liberador. El papel de guía de las masas me parece desagradable, y al menos yo espero de un crítico que más que guiarme me haga pensar. Hernández habla de dos posibles objetivos de la crítica musical; influir o entretener. Aparte de que tengo la sensación de que los pone como opciones opuestas, cuando no lo son en absoluto, sí que es cierto que últimamente vemos en los medios generalistas un cierto énfasis en el entretenimiento, ¿o acaso Carlos Boyero, por ejemplo, no hace una crítica-espectáculo? En cualquier caso, me decanto por pensar que una crítica que hace pensar influye y entretiene de manera inevitable, aunque no persiga estos dos objetivos.

Otro tipo de critica mencionado en este artículo es la crítica impresionista, basada en metáforas que intenten explicar la respuesta emocional del crítico hacia el disco. No es un mal camino, pero hay que hacerlo muy bien para que la defensa o crítica del disco se base en algo más que un criterio caprichoso. Es tremendamente complejo explicar cómo nuestro cerebro reacciona a la música que escuchamos, y plantearse la crítica como un análisis de por qué reaccionamos como reaccionamos ante el disco de Sonic Youth, por ejemplo, abre, cuando se hace bien, muchas vías muy interesantes que tienen que ver con nuestros prejuicios, la posición social en la que nos situamos como oyentes, etc. De hecho, yo quiero pensar que me acerco a los discos con el mínimo de ideas preconcebidas –algo imposible, algo que desmonta también las demandas de objetividad que algunos reclaman de la crítica, una demanda que por cierto yo siempre he pensado que se lanza contra aquellos críticos que tienen una opinión diferente a la nuestra. La crítica debería, efectivamente, basarse en la escucha detenida del disco y sacar conclusiones a partir de nuestras reacciones. Pero claro, un disco nunca se puede escuchar abstrayéndonos de su contexto, y en esto estoy totalmente de acuerdo con Hernández cuando dice que la música surge de un tiempo y un espacio que suelen darle su sentido. Por enlazar este último argumento con el debate sobre el último disco de Sonic Youth, la respuesta que me produce su último disco es de deja vu y aburrimiento precisamente porque es música que se publica fuera de su tiempo y de su espacio. Muchas veces, sobre todo cuando este tipo de crítica que contextualiza la música se presenta con cierta ambición, la reacción que provoca es de rechazo y oímos los típicos comentarios de que ‘es solamente música, no hay que darle más vueltas’, algo que, simplemente, es una falsedad; al hacer y al escuchar un disco intervienen los mismos procesos de codificación y descodificación de códigos de todo tipo (lingüísticos, culturales, etc) que cuando empleamos una lengua (¿les suena Roman Jakobson?) y no se debería tener miedo al ridículo por hablar de este tipo de cosas a propósito de un disco. Si a alguien le parece mal que se tome este punto de vista es preocupante, porque suele implicar que el sujeto en cuestión piensa que tiene una relación ‘pura’ con la música, natural, sin complicaciones, algo que es también falso. Y en definitiva, si vamos a hablar de música, por lo menos hay que decir algo interesante y me parece más valioso no tenerle miedo al componente teórico en la crítica.

Uf, ya he escrito más de lo que tenía pensado. Lo dejo aquí por hoy.

Cuando hablamos en este blog, hace unas semanas, acerca de para qué sirve la crítica musical en el momento presente, una de los puntos recurrentes tenía que ver con la posibilidad que debería aprovechar la prensa escrita de suplir su incapacidad de seguir el presente a la misma velocidad que los medios electrónicos con artículos en profundidad, sin los límites de espacio de dos o tres páginas que suelen imponerse para intentar embutir cuantos más artículos sobre grupos y cantantes con disco nuevo como sea posible. The Wire es el ejemplo recurrente de revista que ya hace esto, de modo que creo que a mucha gente le interesará una oferta que han puesto en su web de cuatro números por 15 libras (doce si estas subscrito) más gastos de envío. La única pega es que no se pueden elegir los cuatro números que quieras, sino los cuatro que ellos han decidido (ver foto más abajo) pero me va a resultar difícil resistirme porque no tengo ninguno de estos números y en ellos hay artículos sobre Miles Davis, Rhythm & Sound, Fennesz, Lightning Bolt, Melvins, etc así como reportajes sobre deejays jamaicanos y el hip hop tejano. Los cuatro números vienen acompañados de cd.
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Aunque el verdadero motivo de esta entrada es la próxima publicación del primer número de Loops una nueva ‘revista’  -lo pongo entre comillas porque va a tener más de 200 páginas- auspiciada por la editorial Faber and Faber y el sello Domino Records, anhh la mencionó el otro día en los comentarios de este blog, y hoy Simon Reynolds -uno de los autores de uno de los artículos de este primer número da más detalles acerca de los contenidos. Aquí más información, y aquí la página web de esta nueva publicación, en la que de momento no hay nada pero que en el futuro alojará contenidos extra.

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Si el pasado año el disco de Flying Lotus fue el encargado de continuar el trabajo de J Dilla, este año les toca a Sa-Ra Creative Partners hacer lo propio. Atentos a su inminente disco, titulado Nuclear Evolution – The Age of Love, porque apunta a ser uno de los más celebrados del año. Este pasado fin de semana he empezado a escucharlo, pero no hablaré de él por aquí hasta dentro de unos días -es un disco doble y no conviene apresurarse, es de esos discos que revelan más y más cosas con las escuchas. Bueno, en realidad tampoco voy a hablar de J Dilla, porque hace solo unos días que Simon Reynolds lo hizo en The Guardian, porque en el número 290 de The Wire podéis encontrar un artículo magnífico sobre la trayectoria y sorprendente evolución del  fallecido productor y supongo que porque hablaré de él cuando hable del disco de Sa-Ra Creative Partners. ¿Y por qué esta entrada, entonces? Muy fácil; aunque ya conocía casi todos los cortes del recopilatorio Dillanthology Vol 1, es un auténtico placer escuchar seguidas las once canciones aquí incluídas. Al recopilatorio se le puede acusar de escueto, pero como su obra sigue siendo una de las más influyentes en estos momentos, y en definitiva como es casi imposible terminar el disco y no volver a ponerlo desde el principio, necesitaba al menos mencionarlo por aquí y recomendarlo por si todavía queda algún rezagado que no se haya acercado a la obra de un productor cuya prematura muerte ha provocado que su influencia se extienda de manera, hasta el momento, imparable en el terreno del hip hop independiente -que no indie!.

The Pharcyde – ‘Runnin’


Common – ‘The Light’

En este interesante  artículo de Simon Reynolds para el periódico The Guardian, en el que resume los motivos de la influencia que J Dilla ejerce actualmente sobre la música,  el crítico inglés aprovecha para señalar las conexiones entre Dilla y el wonky. Dicha conexión reside en el característico sonido resbaladizo de los sintes, algo que tiene que ver con los conocidos como soft synths, que permiten  conseguir que los teclados suenen inestables sin hacer que la programación sea una pesadilla. Reynolds cita al bloguero, crítico y ahora también músico Woebot para señalar como estos dispositivos están marcando algunas de las producciones más interesantes en el terreno de la música electrónica.  No hace falta recordar que uno de los elementos más importantes en la evolución de la música electrónica tiene que ver con los progresos tecnológicos, sobre todo cuando estos facilitan la vida a los productores, así que me parece que está claro, tal y como señala Matthew Ingram que lo que tienen en común la mayoría de productores etiquetados como wonky es precisamente el uso de soft synths o tácticas similares. El que la identidad del wonky resida en el uso de los soft synths explica también que el wonky no esté radicado en un lugar geográfico concreto. Esta parece ser una explicación muy plausible de la originalidad del wonky, y si se confirma que los productores están recurriendo a este tipo de cosas, imagino que tenemos wonky para rato, al menos hasta que se exploren las posibilidades que ofrece la facilidad de juguetear con los sintes como si estuviesemos ante los botones de un sinte analógico.

Sonic Youth han publicado un disco más, pero la noticia es que nunca antes se habían alzado tantas voces en contra de la banda neoyorquina a propósito de la publicación de un nuevo disco suyo. El último lugar en el que he leído opiniones encontradas ha sido en esta entrada de César Estabiel en Música en la mochila. En los comentarios, Víctor Lenore recuerda una comparación de los Youth con Dire Straits, y esto me ha recordado esta entrada en el blog de Mark Fisher, que contiene una comparación muy parecida:

how can a group that is “combining and recombining previously-deployed moves into technically ‘new’ but very familiar shapes” be effectively differentiated from Status Quo?

Lo cierto es que a mí también me ha dado muchísima pereza ponerme con su último álbum, porque sabía perfectamente que es lo que me iba a encontrar, y eso es algo que ya he escuchado más veces y mejor en otras ocasiones. No solo eso, que Sonic Youth suenen inofensivos y acomodados, dando a su público lo que este espera de ellos, va en contra de los motivos que hicieron de los primeros discos de la banda algo excitante e impredecible, es eso lo que hace que las comparaciones con Dire Straits o Status Quo no sean una boutade sino algo dolorosamente cierto.  Cito de nuevo la entrada de Mark Fisher, porque en mi opinión la clava:

It hardly needs pointing out that if there is a mainstream now, it is alternative rock – not only the manifestly appalling mealy-conservatism of BritIndie, but also and especially, the ostensibly more experimental likes of Sonic Youth, which is now actually “experimental” in terms of brand identification, not in terms of any formal properties.

Como ya he hablado de Joker un par de veces en lo que va de año, y seguramente lo volveré a hacer antes de que termine el 2009, esta vez solo voy a decir que este nuevo 12″ contiene ‘Purple City’, una canción ni más ni menos buena que ‘Digidesign’ o ‘Do It’, y por tanto candidata, al igual que las que acabo de mencionar, a canción del año.

FACT le ha metido un gol a la prensa española publicando un artículo sobre las actividades relacionadas con la música electrónica británica en la ciudad catalana. Es un buen, ambicioso artículo, pese a cosas que no me gustaron demasiado como por ejemplo sugerir que en Barcelona es difícil estar triste ‘cuando hay un loro en el balcón y una banda de salsa al final de tu calle’ (ya, ya sé que el tono es irónico, ¡pero aún asi!).

Lo que sí consigue es señalar una serie de locales y de nombres que son los que están cimentando las posibilidades de una escena, en el sentido de fiestas y sobre todo un público fiel y, parece ser, en aumento. En semana santa, una amiga de Barcelona precisamente me comentaba lo que está pasando. Sin ir más lejos, un fin de semana después de aquella conversación actuaba Joker, en una actuación poco menos que histórica si aceptamos que el 2009, de momento, está siendo suyo sin dificultades. Tan solo unos días antes, había actuado Zomby, el gran productor del 2008.  En aquella ocasión no pude ir porque la semana santa había disparado los precios de los transportes.

La afluencia en su momento de máximo esplendor de jóvenes productores británicos más allá del Sónar es una señal inequívoca de que algo está pasando. Este domingo, por ejemplo, estará por allí Hudson Mohawke, y la mala suerte quiere que tampoco pueda ir debido a que tengo una boda el sábado. En cualquier caso, dejo el flyer por si hay alguien a quien le interesa.

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Y, por supuesto, las felicitaciones por el artículo tienen que ir a la gente de Plat du Jour, fiesta en la que tienen un papel muy importante algunos lectores de este blog y vecinos blogueros y responsables últimos de este artículo. El próximo 18 de junio celebran una fiesta off-Sonar en la que estará otro productor favoritísimo de este blog como es  Flying Lotus. Especialmente interesante resulta que se distancien en el artículo de la revista FACT de ese público autoconsciente e irónico con el que muchos asociamos, desde fuera y seguro que en parte injustamente -solo en parte- con Barcelona. Como la orientación de estas fiestas está muy cercana a la de este blog, realmente me gustaría que todo esto fuese a más, ojalá que así sea. Para celebrarlo, me permito enlazar aquí el estupendo mix que K**O -búsquenlo en los comentarios de este blog- ha hecho en exclusiva para FACT, con el tracklist que podéis leer aquí debajo.

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1. Joker “Do It” (Kapsize)

2. JME “Shut Up And Dance” (Boy Better Know)

3. Lil Silva “Funky Flex” (White)

4. Emvee “Glitch Dub” (Wireblock)

5. R1 Ryders “Rubberband VIP” (R1 Ryders)

6. Hard House Banton “Sirens” (Spoilt Rotten)

7. SLK “Hype! Hype!” (Smoove)

8. Busy Signal “The Grades” (Stainless)

9. Bok Bok “No Need To Front 2009″ (Dress 2 Sweat)

10. Jimmy Jones “Watch Out For The Big Girl” (Unruly)

11. Blackfinger “UMF (Supra1 Remix)” (Trouble & Bass)

12. D1 “Ongie Bongie” (Tempa)

13. Qualifide “Lego” (White)

14. Moves!!! “Playaz” (Dress 2 Sweat)

15. Terror Danjah “Jelly Bean” (After Shock)

16. Snoop Dogg feat. R. Kelly “That´s That” (Geffen)

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